EL CORONAVIRUS ROMPE LA ORTODOXIA ECONÓMICA

El virus cambia el paradigma neoliberal: llega la era del capitalismo de Estado

Las políticas de libre mercado que desarrollaron Reagan y Thatcher, y que sobrevivieron a 2008, han dado su último aliento con el coronavirus. El mundo se prepara para más intervención pública

Foto: Ilustración: El Herrero.
Ilustración: El Herrero.
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Poca gente sabe que el principal arquitecto ideológico de las instituciones centrales del sistema económico global, surgido tras la Segunda Guerra Mundial y modificado en los años 70, fue un funcionario estadounidense acusado de colaborar con la URSS. Harry D. White, número dos del Departamento del Tesoro estadounidense, cuyas tesis triunfaron frente a las de John M. Keynes en Bretton Woods, llegó a escribir: "Rusia es el primer ejemplo activo de economía socialista, ¡y funciona!". Estado y mercado nunca han vuelto a estar tan cerca… hasta ahora, con grandes paquetes de gasto público, intervenciones en el comercio privado, restricciones sin precedentes e incipientes nacionalizaciones de empresas en problemas.

La pandemia del coronavirus ha paralizado la economía global, con pronóstico de recesión por primera vez desde 2009, como nunca antes desde las guerras mundiales. De hecho, hay que remontarse a ese trágico suceso para encontrar previsiones de desempleo igual de alarmantes. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) prevé la destrucción de 230 millones de empleos, lo que tras el aspecto humano y sanitario, que es el principal drama de esta crisis, anticipa una hecatombe que exige nuevas políticas económicas. Gestoras y bancos de inversión ya se están preparando para esta nueva realidad.

"Los gobiernos ya no tienen otra opción, deben intervenir masivamente no solo en los mercados, sino sobre todo en la economía real para evitar un escenario de desastre al estilo de los años treinta", admite Yves Bonzon, director de inversiones de Julius Baer. "Estamos entrando en la era del capitalismo patrocinado por el Estado, casi de la noche a la mañana. Estamos perdiendo los mercados libres. Este cambio radical requiere que adaptemos varios de nuestros modelos de inversión", agrega.

Los gobiernos ya no tienen otra opción, deben intervenir en los mercados y, sobre todo, en la economía real para evitar el desastre de los años 30

El ejecutivo del banco suizo, enfocado en altos patrimonios, admite que aún es pronto para evaluar los cambios políticos o sociológicos, pero añade: "Ya se puede ver que la única respuesta efectiva a esta crisis requiere un grado de intervención gubernamental en la economía y los mercados sin precedentes en el pasado reciente".

Es decir, inversores institucionales y entidades financieras que crecieron en la ortodoxia neoliberal, que elevó la demanda de productos de ahorro por parte de las clases medias, trabajan en otro paradigma. En la década de 1980, después del fracaso de las políticas de demanda para mitigar la crisis del petróleo, y sufrir un periodo de estanflación —alta inflación y bajo crecimiento—, Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Thatcher en Reino Unido establecieron el neoliberalismo como corriente económica dominante, pero casi nadie ve la salida a esta crisis por esta vía.

La crisis de 2008 ya golpeó a la ortodoxia

Este neoliberalismo, a grandes rasgos, se basa en las premisas de los economistas clásicos como Adam Smith o David Ricardo. Pero ya desde 2008, recuerda Alejandro Ruiz, economista de CaixaBank Research, ha habido un debilitamiento de los cuatro principios fundamentales de las políticas liberales: "Que los mercados deben ser competitivos, que el marco macroeconómico e institucional debe generar un entorno que facilite la estabilidad, que la integración en la globalización es fundamental para mejorar las posibilidades de crear prosperidad, y que la política económica crítica a largo plazo es la de oferta".

El giro iliberal, como lo define Ruiz, se podría acelerar en la respuesta a la pandemia: "Es un riesgo que tenemos que vigilar, ya que los factores fundamentales que hemos identificado tras este movimiento hacia la 'iliberalidad' (como los efectos económicos duraderos de las crisis, la polarización política o la desigualdad) van a seguir activos o incluso podrían aumentar si no llevamos a cabo las políticas económicas adecuadas". Por ello, pide "una apuesta muy ambiciosa que combine reducir la recesión actual e intensificar el crecimiento inclusivo".

Ronald Reagan y Margaret Thatcher. (Reuters)
Ronald Reagan y Margaret Thatcher. (Reuters)

"El colapso de la Unión Soviética, la globalización y las tecnologías alcanzaron su triunfo hasta la Gran Crisis Financiera. Desde entonces se ha mantenido laboriosamente, pero el coronavirus habrá sido su sentencia de muerte", asevera Bonzon. "La crisis marcará un profundo cambio a largo plazo en la política económica. Es probable que sea un punto de inflexión en la historia. Los historiadores podrán mirar hacia atrás y decir que marcó el final del período 1980-2020 de un capitalismo efectivamente desenfrenado en Occidente", arguye Robin Parbrook, corresponsable de inversión alternativa en acciones para Asia de Schroders.

Esta opinión es generalizada entre los economistas y responsables de análisis de las gestoras y bancos privados, así como de sus directores de inversiones. Hay que detenerse en ello. No es solo la opinión de una corriente económica, y esta es la novedad. Los que mejor conocen los mercados, y las consecuencias en ellos de las políticas de gobiernos y bancos centrales, en las inversiones, intentando adelantarse a la economía real, se inclinan por el cambio. Y hacia él enfocan las nuevas políticas de inversiones.

Así, la pandemia marca un punto de inflexión, de ruptura o de cambio radical. Para el economista jefe de BNP Paribas, William de Vijlder, el neoliberalismo no está muerto del todo, pero sí abocado a abrir las puertas a una intervención pública: "Los gobiernos tendrán un papel más relevante en el funcionamiento de las economías. Se trata de redescubrir el papel de la política industrial, identificando los sectores estratégicos que influirán en las decisiones de producción, pero que también pueden impactar en las inversiones extranjeras directas".

Grosso modo, simplificando la historia económica más reciente, la Gran Depresión tras el 'crash' de 1929 estuvo marcada por políticas intervencionistas y proteccionistas hasta la Segunda Guerra Mundial. En 1944, las conferencias y reuniones de Bretton Woods dieron lugar a las instituciones mundiales que perduran hoy, como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial.

Se suele decir que Keynes fue el economista clave para estas décadas en las que se consolidaron las socialdemocracias, con capitalismo controlado e intervenido por los gobiernos, pero no es del todo cierto. El intelectual británico fue el representante de Gran Bretaña en Bretton Woods, donde tuvo fuertes disputas con el citado Harry D. White, como describe el economista y escritor Benn Steil en su libro 'La Batalla de Bretton Woods'. Ambos querían instaurar un mecanismo que fomentara el comercio internacional con estabilidad en los tipos de cambio. Pero se hizo a través del patrón oro, anclado al dólar, como quería White, y no con una cámara de compensación internacional para cuadrar balanzas comerciales como pedía Keynes.

Keynes y White en Bretton Woods
Keynes y White en Bretton Woods

Este sistema estuvo combinado de intervenciones públicas, tanto en cada país, como a nivel internacional con el Plan Marshall desde Estados Unidos, que tanto resuena estos días por la reclamación del Gobierno de Pedro Sánchez para Europa y de otros países vecinos del sur. Pero el sistema entró en crisis con el abandono del patrón oro decretado por Richard Nixon y la crisis del petróleo de la década de los 70, con un periodo de estanflación —inflación y bajo o nulo crecimiento— que desembocó en las políticas neoliberales de los años 80. Estas sobrevivieron a la crisis de 2008, o a la crisis de deuda europea de 2011 y 2012. Tanto, que la austeridad fue epicentro de las políticas fiscales en Europa, aunque las monetarias desplegaron estímulos sin precedentes, que han sido superados en las últimas semanas.

Hay un matiz sobre la salida de la Gran Crisis Financiera, que es importante al encarar esta pandemia y entender cómo podremos salir de ello, apunta Jeremy Lawson, jefe del instituto de investigaciones de Aberdeen Standard Investments: "La crisis financiera mundial dio paso a la flexibilización cuantitativa, el estancamiento secular y el populismo político".

En cualquier caso, prosigue Lawson, "muchas de las crisis más importantes provocan cambios de paradigma en el entorno económico, normativo y político y en la forma en que interactúan". Así, agrega: "Dada esta pauta histórica, es muy probable que la crisis actual provoque cambios a una escala similar".

También hay expertos que creen que esta crisis es la puntilla para un sistema que ya estaba finiquitado. "El neoliberalismo ya estaba muerto. Los electores se habían vuelto escépticos sobre los beneficios de los mercados libres y la competencia, y estaban molestos por la inseguridad laboral y la creciente desigualdad". defiende Simon Ward, economista jefe de Janus Henderson. Con él coincide Randeep Somel, director de inversiones de renta variable de M&G: "El panorama neoliberal había comenzado a cambiar con el sentimiento nacionalista creciendo en Reino Unido con el Brexit, en Italia con Matteo Salvini, en Brasil con Jair Bolsonaro, o en Estados Unidos con Donald Trump. Creemos que esta tendencia continuará".

La mano invisible ya no guiará la economía

Los manuales de economía enseñan a los alumnos que llegan a la universidad que Adam Smith fue el primer economista de la historia. En realidad, hubo corrientes filosóficas anteriores que salen mencionadas por haber abordado cuestiones económicas, como la Escuela de Salamanca en el siglo XVI, o los mercantilistas en los dos siglos previos a la Revolución Industrial. Pero Smith acuñó un concepto que guía a los liberales, la famosa mano invisible.

Esto simplemente hace referencia a la capacidad del mercado para organizar el mundo, sin necesitarse una intervención pública. Este argumento es difícil de defender en estos días. "Estamos viendo una intervención masiva del gobierno en el sector privado, ya sea obligando a los propietarios a ofrecer períodos de alquiler gratuito, dando instrucciones a los bancos para que cancelen los dividendos y concediendo directamente préstamos bancarios. Todo esto marca el fin de la 'mano invisible' del economista Adam Smith", apunta Robin Parbrook desde Schroders.

Estamos viendo una intervención masiva del gobierno en el sector privado. Esto marca el fin de la 'mano invisible' del economista Adam Smith

"La creencia de que la 'mano invisible' de Adam Smith puede traer equilibrio y prosperidad muchas veces ha alcanzado sus límites", evoca Sebastien Galy, responsable de estrategia macro de Nordea AM. Sin embargo, decir adiós al eje del neoliberalismo no significa decir adiós al capitalismo. Este matiz es importante, por si acaso alguien no lo da por hecho. Los expertos en analizar economías y mercados coinciden en algún tipo de intervención pública que reduzca la libertad del mercado, expulsando o restringiendo el neoliberalismo en las políticas dominantes, pero siempre con las leyes de oferta y demanda o la propiedad privada como las claves del nuevo sistema.

Lo que parece probable, es que las acciones de los próximos meses marcarán las recetas políticas, sociales y económicas durante décadas. "Existe un punto óptimo entre el seguro, el control y las fuerzas del mercado. Países como Estados Unidos y China son extremos. El objetivo es adoptar el mejor enfoque basado en las megatendencias esperadas para las próximas décadas. Esto ayuda a establecer prioridades educativas, modos de cobertura o seguros de las personas y decidir qué ganancias se acumularán para el trabajo y el capital en función de los impuestos", expresa Galy, que prosigue: "Es poco probable que esta crisis sea el final del orden actual porque las alternativas a menudo son mucho peores, aunque algunos modelos como los nórdicos probablemente sean atractivos para algunos y se necesitan cambios fundamentales en países como Estados Unidos".

Lo que sí podría provocar esta crisis, según la hipótesis que manejan en Schroders, es lo que llaman el final del "capitalismo amiguista". "Las recompras serán penalizadas al igual que las compensaciones exageradas de los directores generales. La tendencia según la cual la remuneración de los directores generales multiplica cada vez más los ingresos medios de los empleados se invertirá", argumenta Robin Parbrook. Ahondando en esta idea, matiza: "En realidad, el mundo dentro de dos años puede parecerse más al período posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando los gobiernos de Occidente se enfrentaron a una enorme carga de deuda y las poblaciones, agotadas y cansadas de la guerra, recurrieron a las políticas mencionadas para crear una sociedad más justa y poder soportar unas cargas de deuda insostenibles".

Gráficos de remuneración de los CEO respecto a los trabajadores, del sueldo total de los CEO y de los programas de recompras. (Fuente: Schroders con datos de EPI, Macquarie Research y Factset)
Gráficos de remuneración de los CEO respecto a los trabajadores, del sueldo total de los CEO y de los programas de recompras. (Fuente: Schroders con datos de EPI, Macquarie Research y Factset)

El cambio dependerá de la magnitud del agujero económico, explica Xavier Lépine, presidente de La Française: "Por mucho tiempo que dure esta crisis sanitaria y por mucho que se extienda, no es muy arriesgado afirmar que 'cueste lo que cueste', los Estados y los bancos centrales pondrán de su parte para apoyar a sus pueblos y sus economías, pero también que los modelos económicos y sociales se revisarán a fondo".

¿Sobrevivirá la globalización?

El sistema de Bretton Woods quiso asegurar el comercio mundial. En esto White y Keynes coincidían, tras haber observado el daño ocasionado por el proteccionismo de los años 30. La globalización de las últimas cuatro décadas, con políticas neoliberales, potenció el comercio global. Siempre con matices y críticas multilaterales, desde la producción siderúrgica de China a la política agraria en Europa. Pero esta pandemia y la escasez de material sanitario en algunos países, como en España, ha cuestionado el modelo de las cadenas globales de producción.

"Cuando la pandemia del Covid-19 disminuya, habrá preguntas sobre nuestra forma actual de globalización. Este virus ha resaltado las debilidades en las cadenas de suministro mundiales y, por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial, llevó a los gobiernos de todo el mundo a cerrar sus fronteras y espacio aéreo", señala Randeep Somel, desde M&G. Por ahora, el comercio mundial se ha hundido a cerca de mínimos, como muestra el Índice del Báltico, que recoge el transporte por mar de materias primas.

Somel pone el acento en que los gobiernos buscarán asegurar los suministros básicos, frente a fiar el abastecimiento al comercio global, como ha ocurrido hasta ahora. Pero varios países, incluido el español, han comprobado dramáticamente las dificultades para importar productos necesarios cuando hay una emergencia mundial. "Tanto las empresas como los gobiernos priorizarán la seguridad y la accesibilidad frente a los costes. Es probable que los alimentos y suministros médicos sean las primeras necesidades", prevé el experto.

Empresas y gobiernos priorizarán la seguridad y la accesibilidad en los suministros frente a los costes. Especialmente, alimentos y suministros médicos

Hay consenso en este pronóstico. "Las cadenas de valor que son óptimas desde una perspectiva de costes, pueden ser muy largas, complejas y expuestas a países específicos. Esto aboga a favor de cadenas de suministro más cortas, menos complejas y menos concentradas. Esto puede suponer un incremento de costes, pero reducirán significativamente el riesgo de cola, es decir, de grandes caídas en la generación de beneficios debido a las interrupciones de la cadena de suministro", apunta el economista jefe de BNP.

¿Quién cargará con esta inflación de costes? "Solo con el tiempo veremos quién asume este coste, ya sean empresas o si se transfiere al consumidor. Nosotros esperamos una combinación de ambos", valora el ejecutivo de M&G. Por ahora, "la única certeza que podemos intuir es que estamos ante el fin de la ultraglobalización, y que la reubicación tendrá un coste financiero estructural imposible de cuantificar ahora", asegura Xavier Lépine, presidente de La Française.

Invertir ante un conflicto generacional

"Las políticas anglosajonas sirvieron muy bien a los intereses de la generación del 'baby boom'. Tuvieron un periodo de ahorro y luego se retiraron [aunque en España hay un decalaje con Europa en esta generación, y se retirarán durante la próxima década]. Necesitaron años de precios altos de activos y los obtuvieron, gracias a la globalización, la mano de obra flexible, y la represión financiera tras el 2000", opina Raphaël Gallardo, economista jefe de Carmignac.

¿Y qué pasa con las siguientes generaciones, como los 'millennials' o la generación 'Z'? "Viven la segunda recesión en 12 años. Las medidas de cierre se enfocan en proteger a los 'boomers', ya jubilados, pero la pérdida de empleos es para las siguientes generaciones. Esta crisis lleva una nueva exaltación del conflicto de intereses entre generaciones", responde Gallardo. La consecuencia de ello podría ser "una gran agitación política en los próximos meses y cambios de políticas para reequilibrar las ganancias económicas hacia las generaciones más jóvenes".

Este punto es relevante para analizar futuras tendencias de inversión. El economista jefe de Carmignac también asume un crecimiento más débil de China, inflación más alta en los bienes físicos por una asignación de los recursos más ineficiente por menor comercio global y, también por mayor proteccionismo, especialmente en Estados Unidos, menos flujos de capital hacia los países emergentes.

Otro elemento clave, dice Ward, desde Janus Henderson, es la creencia de que los gobiernos no están sujetos a una restricción financiera: "Los costes del servicio de la deuda seguirán siendo modestos. La austeridad, desde este punto de vista, era un dogma neoliberal. Los gobiernos gastarán libremente en servicios públicos y transferencias de ingresos". Aunque se prevén más impuestos, los expertos esperan que el grueso del gasto se traslade a mayores niveles de deuda pública. Para España, las proyecciones son de un incremento del 20% del endeudamiento sobre el PIB en dos años, especialmente si no hay algún tipo de deuda europea con riesgos mutualizados, como los posibles coronabonos.

De esta forma, indirectamente (por ahora los bancos centrales rechazan el 'helicóptero de dinero') habrá una financiación monetaria de los déficits. "Los niveles iniciales de deuda pública en Asia son mucho más bajos que en Occidente, por lo que el alcance del reajuste de políticas puede ser menor", comenta Parbrook, desde Schroders. El experto desconfía del efectivo y de los bonos, y señala a acciones de inmobiliario por su cobertura respecto a una potencial inflación futura. No obstante, cree que "la clave será centrarse en aquellas áreas menos propensas a la intervención de los gobiernos".

También hay otras tendencias que podrían acelerarse. Alejandro Ruiz enumera la digitalización, nuevas formas de trabajo —hay consenso en el crecimiento del teletrabajo— y modelos más sostenibles en términos medioambientales. Este último aspecto ya era central en muchas estrategias de inversión. BlackRock, la mayor gestora del mundo por volumen de activos, avisó a las empresas que votará en contra de las propuestas de los consejos de administración si no hay transparencia medioambiental.

Su CEO, Larry Fink, ha seguido ahondando en esta idea. Más aún cuando se barrunta la posibilidad de que el covid-19 esté siendo más dañino en las zonas más contaminadas. Como recuerda Somel, de M&G, "las ciudades han quedado libres de contaminación, la calidad del aire ha mejorado y la vida silvestre ha regresado. Tenemos las herramientas para mejorar nuestro nivel de vida y hacerlo más sostenible. Si algo bueno puede salir de esto, es que podemos acelerar nuestra transición a una forma de vida más sostenible”.

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