LOS INVERSORES ESPERAN ESTÍMULOS FISCALES

El hundimiento del mercado señala a los gobiernos: los bancos centrales no bastan

La intervención de la Fed no ha evitado la mayor sangría bursátil desde 1987. Los inversores temen un desplome cada vez mayor de la economía y hay ventas desordenadas

Foto: La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. (Reuters)
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. (Reuters)
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El histórico discurso de Mario Draghi en 2012 aseguró, de forma premonitoria, “créanme, será suficiente”. Y así fue, porque marcó el punto de inflexión en la economía para empezar a dejar atrás la Gran Recesión y salvaguardar el proyecto europeo. Ocho años después, la crisis que provoca el cisne negro del coronavirus ha roto el mercado, y las actuaciones extraordinarias de los bancos centrales, especialmente de la Reserva Federal (Fed), no detienen la sangría, con la mayor caída de Wall Street desde 1987. Inversores y banqueros centrales tienen claro que la respuesta a este desafío debe ser fiscal.

Las caídas se producen en un contexto de ventas desordenadas porque ha estallado la histeria. Bancos de inversión y gestoras siguen apuntando a una recuperación en forma de U. Es decir, una caída dramática de la actividad económica con una recuperación posterior con la misma intensidad. Pero con la curva de contagios de Covid-19 sin aplanarse en España o Italia, y emergiendo peligrosamente en otros países, no se ve el final de la crisis sanitaria por la pandemia y, con ello, tampoco el final de la incipiente crisis económica.

Pese a las críticas iniciales a Christine Lagarde, que la propia presidenta del Banco Central Europeo (BCE) justificó con varias matizaciones, los inversores han dado la razón a la ejecutiva francesa. La respuesta tendrá que ser fiscal, porque la Fed no ha conseguido calmar al mercado. Pero por ahora no hay una acción decidida desde Europa y, en Estados Unidos, ni siquiera están claras las medidas de Donald Trump para evitar la propagación del virus, antes de que el Senado apruebe esta semana un plan de estímulo fiscal que no parece suficiente para los inversores. El presidente norteamericano, además, vaticinó que el colapso seguirá hasta agosto.

“La respuesta política adecuada respuesta va a requerir una acción coordinada y contundente de los frentes fiscal y monetario”, argumentan en Bank of America. De hecho, el grado de volatilidad “dependerá de la expansión del virus y también de las políticas monetarias y fiscales”, agregan en Aberdeen Standard.

El consenso ya da por hecho una recesión, y no una cualquiera. “Ya pronosticamos un crecimiento negativo del PIB en el segundo trimestre, pero el riesgo es que resulte ser una contracción mucho más profunda y prolongada en la actividad económica”, apuntan en Bank of America. Goldman Sachs, por su parte, ha publicado un informe que estima una caída anualizada del PIB norteamericano del 5% en el segundo trimestre, lo que sería la mayor contracción desde la caída de Lehman Brothers. Aunque el banco norteamericano espera una recuperación en la segunda mitad del año para acabar el ejercicio en positivo, pero por debajo de lo esperado anteriormente. A escala mundial, en Aberdeen predicen que “será necesario esperar hasta finales de 2022 para que el PIB mundial alcanzara los niveles previos al coronavirus”.

Sectores más afectados en EEUU por la crisis del coronavirus. (Fuente: Goldman Sachs)
Sectores más afectados en EEUU por la crisis del coronavirus. (Fuente: Goldman Sachs)

Pero estos pronósticos parten de la base de que la pandemia se frenará en Europa y Estados Unidos como ha ocurrido en China, con una recuperación de la actividad económica sin secuelas. “La profundidad, amplitud y duración del contagio viral y las respuestas políticas hacen especialmente complicado estimar el impacto económico del coronavirus”, admiten en Aberdeen Standard, y esta incertidumbre es la que dispara la histeria en forma de volatilidad.

La incertidumbre también se traslada al crédito, clave para evitar que la crisis coyuntural por la pandemia sea estructural, como recordó este lunes la ministra española Nadia Calviño. Los bancos europeos llegan a este ‘shock’ después de 12 años destruyendo valor, con la rentabilidad (ROE) inferior a la que piden los inversores (coste del capital). Y en algunos países, como en Alemania, aún exhiben debilidad de solvencia y eficiencia. El país germano mostró el camino con un paquete ilimitado de avales para la financiación a pymes, que todavía no es generalizado en otros países. El sector financiero está entre los más castigados en bolsa, junto a las empresas más afectadas por el parón en los viajes y en las cadenas de producción.

Hay muchos indicadores que evidencian lo excepcional de este momento, aunque lo más claro es ver las calles vacías y fronteras cerradas. El índice del miedo, el VIX de Chicago que recoge la volatilidad de la bolsa americana, está en máximos históricos, cerca de los 80 puntos. Está muy por encima del pico alcanzado en 2008, en los 60 puntos. Esta comparativa puede dar muestra de la magnitud del momento, acrecentado por hecho de venir de récords alcistas en Wall Street pero, a la vez, facilidad para tender al nerviosismo que se acelera con las órdenes automáticas.

La Fed de Jerome Powell ha actuado de forma extraordinaria dos veces este mes. Si la primera recortó dos peldaños los tipos de interés, el 3 de marzo, confirmando que el Covid-19 es el cisne negro que acaba con el mayor ciclo de crecimiento de la historia de Estados Unidos, esta vez rebajó el ‘precio del dinero’ a mínimos. Es decir, pasó desde el 1-1,25% al 0-0,25%, en el mayor ‘tijeretazo’ desde 1984. Además, anunció una inyección de liquidez de 700.000 millones de dólares con la compra de activos y coordinó medidas con otros bancos centrales para evitar crisis de liquidez en los mercados de financiación de corto plazo. Pero la respuesta del mercado también ha sido histórica, y para mal.

En otros tiempos, hubiera sido un balón de oxígeno para unos mercados dependientes del estímulo monetario, pero esta vez se agolparon las órdenes de ventas en todos los mercados. En Europa no ha habido refugio posible, porque las ventas del lunes se han producido en renta variable y en renta fija. En Estados Unidos ha habido compra de bonos del Tesoro y otra huida de la bolsa, saldada con caídas de entre el 12% y el 13%, las más fuertes desde 1987.

Desplomes históricos

Los desplomes de este lunes y el del jueves están entre las seis mayores caídas del S&P 500 en 100 años. Solo por detrás del desplome del ‘crash’ de 1987 y 'compitiendo' con tres caídas en 1929, cuando se inició la Gran Depresión. Aunque el rebote del viernes, del 9,3%, fue la décima mayor subida de la historia. Los números rojos ganan, aun así, con un retroceso del 26% desde el 20 de febrero, son más agudos que los vistos en 2008. Sin embargo, no aumenta el precio del futuro sobre el oro, habitual activo refugio descorrelacionado de la renta variable. El petróleo, activo al que se le junta la falta de acuerdo entre la OPEP y Rusia para recortar la producción, el excedente de oferta y la caída previsible de la demanda, retrocedió otro 10% hasta los 30 dólares si se mira el futuro del Brent, mínimos desde el año 2003.

Pese a la urgencia fiscal, al menos según el mercado, no ha habido grandes medidas por parte de los ejecutivos, acostumbrados en los últimos años a fiar su suerte a la autoridad monetaria. Pero si los bancos centrales ya tienen poco margen de actuación, con los estímulos a pleno rendimiento, el espacio fiscal tampoco es excesivo. España tiene la deuda pública en el 96% del PIB; Francia, en el 100%; Portugal, en el 120%; Italia, en el 137%; y Grecia, en el 178%. En el conjunto de la eurozona está en el 86%.

Obviamente, los inversores tienen estas limitaciones incluidas en su esquema de valoraciones, prácticamente roto por la psicosis actual. También saben lo difícil que es una actuación coordinada en Europa por la lentitud de movimientos, como demuestra que no ha habido medidas relevantes en el último Eurogrupo. De hecho, algo muy ‘made in Europe’, la conclusión es que habrá una actuación fiscal y monetaria coordinada… Pero todavía no. Y en este contexto aún resuenan los fantasmas de la Gran Recesión, con las primas disparadas europeas y un mensaje generalizado de austeridad.

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