EFECTO DE LOS ESTÍMULOS DEL BCE

Así ha influido Mario Draghi en la forma de ahorrar de los españoles

Los fondos se han hecho un hueco en un país en el que la vivienda acapara el patrimonio de los hogares. El BCE incentiva el endeudamiento y la asunción de riesgos

Foto: El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (Imagen: EC)
El presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi. (Imagen: EC)

El ahorro de las familias ha cambiado radicalmente desde la crisis. Aunque la vivienda aún acapara la mayor parte de la riqueza de los hogares, el patrimonio financiero gana peso y, sobre todo, ha vivido una revolución con la represión financiera —cuando el ahorro conservador pierde poder adquisitivo—. Los tipos de interés han eliminado la rentabilidad de los depósitos y han obligado a la asunción de más riesgos.

Mario Draghi tomó las riendas del Banco Central Europeo (BCE) en noviembre de 2011, en plena recesión. Los tipos de interés estaban en el 2%. Hoy, en el 0%. En aquel momento, la riqueza financiera de los hogares españoles se situaba en los 1,8 billones (millones de millones), de los que la inversión en acciones y fondos suponía el 32% con 582.000 millones.

Después de ocho años de estímulos monetarios y con un marcado cambio de ciclo que dejó atrás la Gran Recesión, la riqueza financiera de las familias ha crecido un 28% hasta los 2,35 billones, según las cuentas financieras de los hogares e instituciones a su servicio sin ánimo de lucro (ISFLH) que publica el Banco de España (BdE). Los depósitos y cuentas corrientes siguen acaparando el grueso del ahorro pese a que pierde poder adquisitivo, ya que sus remuneraciones están lejos de la inflación. Esta partida se ha incrementado un 8% hasta los 915.000 millones.

Aun así, el mayor crecimiento se lo llevan los activos de riesgo. El volumen de participaciones de las familias en el capital de las empresas y en fondos de inversión alcanzó en el segundo trimestre los 958.588 millones, un 29% más que cuando Draghi llegó a Fráncfort para sustituir a Jean Claude Trichet. Dentro de este montante, el producto ganador han sido los fondos de inversión.

En este caso se han juntado oferta y demanda. Los bancos priorizaron la venta de fondos por primera vez en su red de sucursales por delante de otros productos, al no tener riesgos de litigiosidad con estos vehículos, no consumir capital por estar fuera de balance en un periodo en el que aún estaban recomponiendo su solvencia y buscar ingresos por comisiones. Para las familias, en años de ganancias generalizadas en renta fija y renta variable, era la vía para encontrar rentabilidades que se agotaban —y se han agotado— en los depósitos.

De esta forma, el crecimiento patrimonial de los fondos ha sido del 162% en España durante el periodo en el que Draghi ha comandado el BCE. Este aumento desde 124.000 millones hasta 326.000 millones en el segundo trimestre se compone tanto de revalorizaciones como de suscripciones netas.

La evolución de estos datos está marcada por el BCE. La riqueza financiera de las familias se disparó un 80% en la década de la burbuja inmobiliaria, hasta los 1,9 billones en 2007—-récord precrisis—, para caer después un 15% hasta los 1,6 billones de marzo de 2009. Con la recuperación económica ha aumentado un 47% desde ese mínimo, en una década.

Este crecimiento se explica por el proceso de desapalancamiento tras una década de excesos en forma de deuda y por el incremento de la renta disponible de los hogares. Parte de esta recuperación se debe a los vientos de cola generados por el BCE. Dentro de este montante, se ve una mayor asunción de riesgos, lo que a su vez ha permitido incrementar el ahorro financiero vía revalorizaciones en años de subidas por parte de la mayoría de activos de riesgo.

Además, se observa que ganan peso la suma de acciones y fondos frente a los depósitos. También el agregado de seguros de ahorro y planes de pensiones, que se incrementó un 41%. Esto se produce pese a que la partida de los planes de pensiones aumentó un 25% hasta los 170.600 millones, incremento explicado casi únicamente por la evolución del mercado y no por nuevas entradas de dinero, en un contexto en el que se redujo el incentivo fiscal y hay incertidumbre sobre su futuro.

La política del BCE ha tenido que lidiar con fuertes críticas desde el centro y norte de Europa, que encabezó el germano Wolfgang Schäuble, el exministro de Finanzas y socio de Angela Merkel que acusó a Draghi de "expropiar" ahorro de los alemanes y alentar movimientos populistas. En Alemania hay un sesgo importante hacia el ahorro, presionado por la represión financiera si no se asumen riesgos.

Sin embargo, precisamente lo que persiguen los estímulos monetarios es que empresas y familias prioricen el gasto o consumo, así como la inversión de más riesgo, frente al ahorro más conservador. Es decir, que el dinero se mueva y contribuya a dinamizar la economía, generando más actividad económica. Como derivada está el objetivo no logrado de impulsar la inflación a niveles cercanos al 2% en el medio plazo.

El éxito ha sido parcial, ya que la política monetaria no ha conseguido pinchar la burbuja de los depósitos, que en España curiosamente están en máximos históricos justo cuando su rentabilidad está en mínimos. Es decir, las familias han incrementado la tenencia de activos de riesgo, pero no se despegan de los depósitos, y menos este año tras la volatilidad en los mercados de 2018 y los tambores de desaceleración de 2019. En España hay más de 1,4 billones en cuentas corrientes y en depósitos —915.000 millones son de los hogares—. En la zona euro la cifra supera los 10,8 billones. Además, el BCE se encuentra con un tope que no rompen los tipos negativos. Los bancos ya cobran a empresas, fondos y aseguradoras, pero no a las familias por sus depósitos.

El legado de Draghi para España va mucho más allá, después de ocho años de innovación de política monetaria con estímulos sin precedentes por parte de todos los bancos centrales. El BCE ha casi duplicado su balance con el italiano al frente hasta los 4,7 billones con sus programas de compras de deuda, que fueron denunciados desde Alemania pero ratificados por el Tribunal de Justicia Europeo (TJUE).

Este bazuca, no obstante, no ha beneficiado a España tanto como a otros países. Una investigación de los economistas Pablo Burriel y Alesandro Galesi, del BdE, muestra que las compras de bonos apenas han creado empleo en la economía española —aunque sí presión inflacionista—, como sí ha ocurrido en otros países.

El estudio 'Descubriendo los efectos heterogéneos de la política no convencional del BCE a lo largo de los países de la eurozona' descubrió patrones que restan efectividad al programa, como endeudamiento de los agentes privados, nivel más reducido de capital en la banca o desequilibrios en el mercado laboral. Esto es, pecados de la economía española.

Impacto de las compras del BCE en la inflación y el empleo. (Fuente: BdE)
Impacto de las compras del BCE en la inflación y el empleo. (Fuente: BdE)

Otra cosa es el impacto de los tipos, ya que solo entre 2014 y 2016 España se ahorró 10.000 millones en intereses de la deuda, según cálculos del BdE. El borrador de presupuestos generales del estado (PGE) para 2019, que no llegó a buen puerto, estimaba un gasto de 31.398 millones sobre un 'stock' de deuda de 1,039 billones. Es decir, un coste del 3,02% sobre la deuda emitida y no vencida. En 2008, el gasto presupuestado —que se incumplió al alza con la crisis— fue de 1.344 millones sobre una deuda de 34.300 millones, lo que supone el 3,9%. En los presupuestos de 2012 la proyección era de 28.840 millones, sobre una deuda en torno a los 800.000 millones, con lo que la ratio de coste estimada era del 3,6%.

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