FALTA DE REFORMAS ESTRUCTURALES

España afronta el 10-N en pleno frenazo económico y amenaza de crisis global

Las elecciones alargan la incertidumbre política en plena desaceleración de las grandes economías. Los expertos alertan de la necesidad de reformas antes de la próxima crisis

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Los políticos se han empeñado en dejar el país en modo pilóto automático y España sigue liderando el crecimiento entre las grandes economías. De hecho, el pasado viernes, la agencia de calificación crediticia Standard & Poor's subía el ráting soberano español desde A- a A, una mejora que no está claro que hubiese sido posible con un Gobierno con plenos poderes (para gastar). Pero una cosa es que los españoles y sus empresas se hayan italianizado y hayan aprendido a convivir con la incertidumbre política y otra muy distinta es que ese modelo esté libre de riesgos. Basta ver el historial económico de Italia en los últimos años y su estancamiento crónico.

Hasta ahora, la positiva coyuntura económica global y nacional ayudaba a España a tapar las vergüenzas de los problemas de base del país, pero esto está a punto de cambiar. Las previsiones macroeconómicas dan señales de ralentización, incluidos riesgos de recesión en algunos de los principales mercados exportadores. La OCDE ha rebajado las estimaciones de crecimiento mundial a su nivel más bajo en una década y en el último trimestre del año, la economía española puede crecer a una tasa anualizada más cercana al 1,5% que al 2%. Y no está claro que la economía sea capaz de crear empleo con solvencia a estos niveles. Y a ello se suman los desequilibrios estructurales, sobre todo fiscales, que se han ido enquistando sin que ningún Gobierno haya hecho nada al respecto, y que corren el riesgo de estallar de forma violenta si la economía descarrila.

Los primeros signos de agotamiento del ciclo se vieron claros hace un año. La incapacidad del Gobierno en minoría de Pedro Sánchez para aprobar unos presupuestos dio motivos para el adelanto electoral y buscar estabilidad tras las urnas. Pero las elecciones no se celebraron hasta abril y tras cinco meses de infructuosas negociaciones y teatrillos pre-electorales el país se encamina a las urnas el 10 de noviembre. Las cuartas elecciones en cuatro años y, lo que es peor, hay pocos motivos para pensar que el resultado electoral vaya a ser muy distinto, en términos de opciones para formar gobierno, que el que ofrecieron los comicios de abril.

Dado que el nuevo Ejecutivo -si lo hay- después del Parlamento que decidan los españoles no se formará hasta finales de 2019 o principios de 2020, serán casi dos años de parálisis política, y con presupuestos prorrogados una tercera vez, al menos para el inicio del año que viene. En este mismo periodo se ha intensificado la desaceleración global, contra la que luchan los bancos centrales. Tanto el Banco Central Europeo (BCE) como la Reserva Federal (Fed) han recortado tipos en los últimos meses, pero Mario Draghi siempre insiste en que se necesita esfuerzo fiscal por parte de los gobiernos para acompañar la política monetaria.

En el caso español, la OCDE ha avisado esta semana de que no hay margen para elevar el gasto público si no se suben los impuestos, algo que será imposible sin un Gobierno estable. Pese a las llamadas a expandir el gasto de Alemania o Países Bajos, en España el margen fiscal es escaso, con la deuda casi en el 100% del PIB, pese a que el Tesoro se financia más barato que nunca gracias al BCE. De cara al futuro, “el vacío de poder está limitando las perspectivas del ‘rating’ soberano de España”, señala la agencia Scope Ratings, ya que “la repetición de elecciones y la fragmentación y el inmovilismo políticos están haciendo que no se aborden los retos de deuda a largo plazo”.

Déficit estructural y deuda pública en 2018 en la eurozona. Fuente: Scope Ratings
Déficit estructural y deuda pública en 2018 en la eurozona. Fuente: Scope Ratings

Por lo pronto, el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha recortado en dos décimas, hasta el 2,4%, el crecimiento estimado de 2018. En el segundo trimestre el crecimiento trimestral quedó ligeramente por debajo del 0,5%. La economía sigue con ritmos de crecimiento del PIB por encima del 2%, aunque ya lejos del 3% de ejercicios anteriores y con un sesgo a la baja.

La Ley de Okun relaciona el crecimiento del PIB con el empleo, aunque es difícil de medir. Fernando Becker, catedrático de la Rey Juan Carlos y consejero independiente de El Corte Inglés, estimó que entre 1981 y 2009 la economía española necesitó crecer al menos al 2,8% para generar empleo. Los economistas creen que la reforma laboral rebajó esta ratio, aunque crecer por debajo del 2% puede ser peligroso para el mercado laboral.

La última Encuesta de Población Activa (EPA) dejó la tasa de paro en el 14,02% y mostró la creación de 333.800 empleos entre abril y junio, el menor dato en un segundo trimestre desde 2016. El último dato de paro registrado, correspondiente a agosto, fue de un aumento de 54.371 personas, como suele ocurrir en este mes con el fin de la campaña turística, pero fue la mayor subida desde 2010. El turismo por ahora resiste como palanca de crecimiento, según los últimos datos de julio: aunque bajó el número de turistas internacionales, un 1,3% interanual, aumentó el gasto en un 2%.

El entorno internacional se ha deteriorado más este verano. Y Europa es el área de nuevo más vulnerable. En España el empleo se ha frenado en seco. En ese escenario ir a elecciones es una irresponsabilidad y parece que el 11 de noviembre seguirá la fragmentación y la inestabilidad”, alerta el economista José Carlos Díez, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares.

Más optimistas están siendo los inversores, que no han castigado al mercado español -en términos relativos, frente a otros-, ni en renta variable ni en renta fija, aunque en este caso está sostenido por el BCE, que ha recuperado la política de compras netas de bonos con 20.000 millones mensuales. La complacencia con España se produce en un contexto de nerviosismo generalizado por la guerra comercial o la nueva crisis del petróleo, lo que amenaza con pánico ante cualquier señal negativa.

El BCE ha sido un importante viento de cola para España en los últimos años. Pero pese a los nuevos esfuerzos del BCE, muchos economistas alertan de que la capacidad de estimular la economía por parte de la institución, que presidirá desde noviembre Christine Lagarde, se está agotando. El bono español a 10 años cotiza cerca de mínimos, en el 2,5%, con la prima de riesgo cerca de los 80 puntos básicos.

Pese al último intento de Draghi, los expertos dudan de la capacidad del BCE para seguir siendo un impulso para las economías del euro. En teoría monetaria existe el ‘reversal rate’, nivel de tipos a partir del que un recorte es contraproducente. En vez de estimular el crecimiento, es perjudicial. Los economistas no saben dónde está, pero creen que el banco central está cerca. Mientras que para comprar bonos, el superávit de Alemania limita las opciones. En esta reactivación ha tenido que incluir la opción de adquirir títulos de deuda privada con interés inferior a la tasa de facilidad de depósito (-0,5%).

Peligro exterior

Por otro lado, está la amenaza exterior. Para muchos, más grande que la propia incertidumbre política. El petróleo barato favorece a la economía española, como importadora neta. El desplome de precios fue un viento de cola para la recuperación, y su encarecimiento es un riesgo. Esta semana el precio del futuro del barril Brent, referencia en Europa, se ha disparado un 8%. El problema es que llegue una crisis del petróleo tras el ataque con drones y misiles a instalaciones petroleras de Arabia Saudí, disparando la tensión entre Estados Unidos e Irán.

Aunque el riesgo ya enquistado, pero que no se disipa, es el arancelario. El nuevo proteccionismo de China y Estados Unidos afectará por igual a Europa que a sus economías, según el Banco de España, que estima un impacto de dos décimas del PIB en la economía española. Las escaladas de aranceles entre Pekín y Washington, desde que Donald Trump mostró su obsesión con las relaciones comerciales bilaterales, están siendo recurrentes.

De fondo está el ciclo de crecimiento más largo en la historia de Estados Unidos con 123 meses, según su oficina estadística (NBER, por sus siglas en inglés), y los máximos de Wall Street. Pero el mercado de bonos muestra una anomalía que ha precedido a las últimas ocho recesiones de la primera economía global: el bono a 2 años tiene una rentabilidad mayor que el de 10 años, lo que se conoce como curva invertida. En Europa, países como Alemania o Italia están cerca de recesión técnica. Además, las proyecciones internacionales, que apuntan a la desaceleración global, tienen como base que no habrá un Brexit duro, lo que aún no está claro.

Las exportaciones han sido clave en la recuperación de la economía española, pero su crecimiento se ha ido frenando desde hace año y medio. En 2017 aumentaban a ritmos superiores al 5% interanual, en 2018 la expansión cayó por debajo del 4% y, en 2019, fue plana en el primer trimestre y del 2% en el segundo.

La intensidad del crecimiento se ralentiza pero sigue siendo fuerte y mayor que en otros países. España salió más tarde de la recesión, que fue más profunda, con lo que el círculo virtuoso es ahora más extenso”, arguye Leopoldo Torralba, economista de Arcano. El experto admite el riesgo para el sector exterior, pero recuerda que en España pesan más las exportaciones de servicios, “que resisten mejor que las de bienes, y España ha ganado competitividad desde la crisis”.

Según sus estimaciones, el aumento del volumen conjunto de crecimiento del empleo y de los salarios reales (descontando inflación) no se está trasladando al consumo, “quizás por incertidumbre, y hay margen para que siga reduciéndose el paro”. En su caso, cree que los pilares fundamentales de la economía aún son sólidos para el ciclo vigente: crecimiento con superávit por cuenta corriente (con ahorro), bancos más saneados y más competitividad. En el plano político, recuerda que “el 70% del voto está en opciones moderadas y en el caso de los partidos considerados más extremistas, son mucho menos radicales que sus homólogos europeos”.

Riesgos de largo plazo

El punto negro es que la productividad ha dejado de crecer. Una economía puede crecer de forma cuantitativa -añadiendo recursos, como trabajadores- o cualitativa. España sólo lo hace por la segunda vía, a base de una inercia de reducción de paro, aumento del consumo y exportaciones que compiten por precio. “La productividad está muy por debajo de la media de la eurozona, debido a los desajustes de cualificaciones, la dualidad del mercado laboral, los obstáculos a la competencia o la regulación que sufren las pymes”, arguyen en Scope Ratings.

El problema de la parálisis política, advierte Torralba, no es de corto plazo para el ciclo de expansión actual. Sino para cuando vuelva a haber un bache, por la falta de reformas estructurales. Los expertos siempre recomiendan aprovechar los buenos momentos para realizarlas, pero en España las últimas llegaron en la Gran Recesión.

Así, sigue pendiente decidir el grado de generosidad con las pensiones y su financiación o, dicho de otra manera, la relación entre sostenibilidad y suficiencia. También está por desarrollarse la reforma de financiación autonómica, y desde todas las instituciones, públicas o privadas, se piden medidas para flexibilizar el mercado laboral, atacar su dualidad y fomentar el emprendimiento. “Un problema, por ejemplo, es que el déficit estructural está entre el 2% y el 3%, y la deuda cerca del 100% del PIB. Si llega un ‘shock’, caen los ingresos y aumenta el gasto de forma automática”. Es decir, la parálisis política impide a España prepararse para la próxima crisis.

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