La nueva era de la transición energética: bienvenidos al futuro
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La nueva era de la transición energética: bienvenidos al futuro

Determinados procesos están ya en marcha, como la descarbonización de nuestras economías o el abaratamiento constante y masivo de las renovables. Ya hemos dado pasos imposibles de desandar

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Foto: Unsplash/@publicpowerorg.

En los últimos años, dos de las energías renovables que venían optando al relevo desde hace décadas, la eólica y la solar fotovoltaica, han alcanzado su madurez plena y han experimentado (y siguen experimentando) una caída de costes impactante. Entre 2009 y 2019, el coste de generar electricidad con energía solar fotovoltaica cayó un 82%, mientras que en el caso de la energía eólica, experimentó un descenso del 39%.

Las reducciones de costes han seguido en 2020, y nada nos hace pensar que esta tendencia se vaya a frenar. La energía solar y la eólica son ya las fuentes de generación eléctrica más baratas para dos tercios de la población mundial, y en poco tiempo lo serán en prácticamente todo el mundo.

No es una moda, es el futuro, y no hay paso atrás. El cambio ha empezado y desventurado será quien no lo sepa o no lo quiera ver

Los vehículos eléctricos, que hace apenas una década solo eran pequeñas rarezas para la movilidad urbana, se venden ahora por millones. El año pasado, se matricularon más de tres millones de vehículos enchufables en el mundo, 1.300.000 de ellos en Europa, donde han alcanzado una cuota de mercado cercana al 10%. Ya hay grandes ciudades en China donde todos los autobuses son eléctricos, mientras en muchas ciudades de Europa pronto circularán tan solo este tipo de vehículos de transporte público.

El precio del 'pack' de baterías de litio, fuente de energía de los vehículos eléctricos, ha caído un 89% en la última década y se prevé que su coste se siga reduciendo mucho más este mismo año. Una prueba del éxito que está teniendo la movilidad eléctrica nos la da el propio mercado: en estos momentos, Elon Musk, director general y máximo accionista de Tesla, es el hombre más rico del mundo.

El mercado es también quien está anunciando el principio del fin de la era de los combustibles fósiles. El carbón está en decadencia en todo Occidente y su pico de consumo mundial se alcanzó en 2013. El consumo de petróleo, en cambio, siguió creciendo hasta 2019. Algunos analistas consideran que probablemente ese será su pico de consumo, otros piensan que se recuperará en un par de años, pero nadie duda de que la demanda de petróleo no superará sensiblemente la cifra de 2019 y que, en algún momento de esta década, alcanzaremos su demanda máxima para empezar a decaer progresivamente desde entonces.

placeholder Elon Musk, el hombre más rico del planeta. (EFE)
Elon Musk, el hombre más rico del planeta. (EFE)

El gas natural tiene mejores perspectivas, en parte, porque sustituirá parcialmente al carbón, pero no se esperan grandes expansiones de consumo hasta su máximo, que se espera en la década de 2030.

Todo esto tiene evidentes reflejos en el valor en bolsa de las compañías petroleras, que lleva cayendo desde 2018. Se observa una creciente desinversión en combustibles fósiles desde hace un par de años, lo que repercute en todas estas valoraciones y previsiones. Las empresas petrolíferas están invirtiendo a marchas forzadas en energías renovables para intentar diversificar su negocio, o buscando ampliar sus inciertos horizontes en el campo del hidrógeno verde. Hasta el propio fondo soberano de Noruega, el mayor del mundo generado en buena parte con los beneficios de la venta de petróleo, ha iniciado una política de enormes desinversiones en combustibles fósiles.

Esta es la realidad tecnológica y económica a día de hoy, pero el futuro nos depara una aceleración aún más pronunciada de todas estas tendencias. La Unión Europea, y por tanto también nuestro país, tiene una estrategia de descarbonización para 2050 que conlleva importantes compromisos que cumplir en 2030. Para ello, habrá que acelerar la descarbonización de nuestra economía, lo que implicará reducir al mínimo nuestro consumo de combustibles fósiles para ser sustituido por energías limpias, renovables y descarbonizadas.

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Granja solar Topaz, en California. (NASA)

Y esto no es una veleidad del aclamado Green Deal europeo. Japón y Corea del Sur también han anunciado objetivos similares para 2050. El recién estrenado presidente de EEUU, Joe Biden, también ha anunciado una estrategia de descarbonización para “antes de 2050”. Hasta China adquirió el compromiso de descarbonizarse el pasado mes de septiembre para antes de 2060. Y no tomemos a broma los compromisos de China, pues como anunciaba recientemente al mundo su presidente, Xi Jinping: “China siempre cumple sus compromisos”.

Todos estos países representan el 70% del PIB mundial, y pronto se les unirán otros. No nos equivoquemos, esto no son buenas intenciones, esto no es una moda: esta es la senda del futuro y no hay paso atrás. El cambio ha empezado y desventurado será quien no lo sepa o no lo quiera ver.

Foto: EC.

Todos estos cambios van a tener enormes implicaciones para el desarrollo de nuestras sociedades. Como sabemos, los cambios tecnológicos generan cambios también en la historia, no hay más que ver cómo cambió el mundo a raíz de la Revolución industrial para intuirlo: y la transición energética va a suponer un cambio similar.

Esta transición cambiará la geopolítica del mundo, creando una nueva estructura de dependencias económicas y estratégicas, redefiniendo incluso las potencias dominantes. La Revolución industrial y el uso del carbón convirtieron el Reino Unido en la potencia dominante del siglo XIX, el petróleo y su importancia en los conflictos bélicos mundiales hicieron de los EEUU la gran potencia del siglo XX. En el siglo XXI, quien consiga liderar la transición energética, fabricar su tecnología y controlar sus recursos tendrá todas las papeletas para ser la potencia dominante.

Foto: Un oso polar sobre el hielo del Polo Norte. Foto: Annie Spratt

La geopolítica será uno de los terrenos de cambio, pero no será el único. La transición energética va a hacer cambiar los empleos, generando nuevos trabajos y haciendo desaparecer otros, también obligará a cambiar la economía y la fiscalidad de los países, con evidentes efectos en los impuestos que pagamos y en el propio desarrollo de nuestra economía. Como españoles, no tenemos más que mirar el sector de la automoción (el 10% de nuestro PIB) o los ingresos derivados de la venta de gasóleo y gasolina (más del 4% de la recaudación del Estado) para entender hasta qué punto este cambio energético va a impactar en la economía.

Y los cambios llegarán hasta nosotros, hasta la moral social y nuestra propia ética personal. Conforme pasen los años, nuestros propios valores cambiarán, la sostenibilidad se integrará en la base ética de nuestros comportamientos. Cada civilización ha tenido unos valores coherentes con sus propias necesidades, cada cambio tecnológico ha provocado cambios sociales y culturales. ¿O no están acaso nuestras estructuras sociales condicionadas por procesos como la Revolución industrial o la electrificación? La transición energética dará lugar a importantes cambios que afectarán a lo más íntimo del ser humano.

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