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Beaufort's Dyke: el masivo vertedero militar (y nuclear) submarino del Reino Unido
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Beaufort's Dyke: el masivo vertedero militar (y nuclear) submarino del Reino Unido

Tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno británico se deshizo de miles de toneladas de balas, proyectiles, propelente y explosivos en el fondo del mar entre Escocia e Irlanda

Foto: Las municiones antiguas pueden seguir siendo peligrosas. (iStock)
Las municiones antiguas pueden seguir siendo peligrosas. (iStock)

1945 fue un gran año. Finalizamos una de las épocas más oscuras de la humanidad (aunque lo que vino justo después, con la amenaza continua de la aniquilación nuclear, tampoco fue un paseo por el parque). El problema es que cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y alcanzamos la ansiada paz, las potencias del mundo, principalmente las victoriosas, se encontraron con un problema mayúsculo: cientos de miles de balas, armas, bombas, cohetes, explosivos... que no se iban a utilizar. Es lógico. Por ejemplo, en 1944 las fuerzas armadas del Reino Unido estaban compuestas por 4,7 millones de personas, y en 1945 ese número alcanzó los 4,9 millones. Pero, al año siguiente, en 1946, el personal militar se redujo hasta los 1,9 millones.

El material militar, sobre todo municiones, propelentes y explosivos, se estaba quedando obsoleto a pasos agigantados, (dado que la carrera armamentística no cesó). Además de eso, no era necesario ni había tanto personal como para usarlo, al mismo tiempo que ocupaba espacio en almacenes. Para solucionar este problema, el Gobierno Británico tuvo una idea que, a largo plazo, supondría un gran quebradero de cabeza: tirarlo todo al mar.

El Gobierno británico decidió que era una genial deshacerse de más de mil millones de toneladas de municiones y explosivos tirándolos al mar

El lugar elegido fue Beaufort's Dyke, la fosa marina que separa la isla de Irlanda y las costas de Escocia. En comparación a las fosas oceánicas más famosas, como las atlánticas o las del Pacífico, es poca cosa: 50 kilómetros de largo, 3,5 kilómetros de ancho y con tan solo 300 metros de profundidad máxima. A pesar de esto, el gobierno Británico decidió que era una idea genial deshacerse de más de mil millones de toneladas de municiones (para hacernos una idea aproximada, el equivalente a 2.700 'Empire State Buildings'), según datos del propio Ministerio de Defensa del Reino Unido. No solo eso, sino que también se tiraron al fondo del mar un total de 14.500 toneladas de cohetes de artillería de 130 milímetros cargados con fosgeno, un gas tóxico a temperatura ambiente.

placeholder Carta de navegación de principios de siglo XX con la localización del 'vertedero'.
Carta de navegación de principios de siglo XX con la localización del 'vertedero'.

La elección de la localización del vertedero militar submarino se debía a la cercanía al puerto militar de Caimryan, en la costa oeste escocesa, donde se embarcaban todos los 'desechos' y se trasladaban 25 kilómetros mar adentro. Este 'vertedero' en realidad, comenzó a utilizarse a principios del siglo 20, y, cuando se lanzaron los desechos de la Segunda Guerra Mundial, ya estaba bastante poblado por los desechos de la Primera.

Desde entonces, como se explica en un artículo del investigador Rob Edwards, de vez en cuando las corrientes marinas arrastran hasta la superficie municiones, desde balas a proyectiles de artillería. En el año 1995, aparecieron en las playas escocesas cercanas a la fosa marina bombas de fósforo, que coincidieron en el tiempo con la construcción del gaseoducto entre Escocia e Irlanda del Norte (SNIP por sus siglas en inglés). Esto, por supuesto, no fue un caso aislado. En los 5 años anteriores a este peligroso suceso, aparecieron en las playas de la Isla de Man, situada al sur de la fosa oceánica, varias granadas antitanque de la Segunda Guerra Mundial.

Vertedero también nuclear

Cuando nos enteramos de los trágicos sucesos de Fukushima, entramos en pánico, al igual que ocurrió con Chernóbil. Podemos poner en duda la seguridad que supone la energía nuclear, o las decisiones que llevaron a esos trágicos accidentes. Pero lo que no tiene perdón alguno, es la contaminación nuclear intencionada o, simplemente, negligente, que es lo que también ocurrió en Beaufort's Dyke.

Desde mediados de los años 80, diversas organizaciones medioambientalistas británicas e irlandesas acusaron al gobierno del Reino Unido de que, durante los años 50 y 60, consintió y promovió el desecho en Beaufort's Dyke de residuos radioactivos de compañías privadas. Desde que estas organizaciones dieron la voz de alarma, y durante los 13 años posteriores, como se explica en este artículo, las autoridades británicas acusaron a los activistas de ser, en realidad, unos alarmistas sin argumentos.

placeholder Explosiones registradas en Beaufort's Dyke. (Alexander Callaway)
Explosiones registradas en Beaufort's Dyke. (Alexander Callaway)

Pero en 1997, tras años de lucha, la filtración de comunicaciones y documentos públicos (secretos) entre el gobierno de Escocia y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación del Reino Unido mostraron que durante las décadas de los años 50 y los años 60, las autoridades consintieron (e incluso promovieron) el vertido de hasta dos toneladas de residuos nucleares a las profundidades de Beaufort's Dyke.

Tener residuos radioactivos sin control alguno nunca es una buena noticia, pero, sobre todo, no lo es si se encuentran situados junto a miles de toneladas de explosivos en un entorno sin control alguno. El razonamiento (solo podemos suponer) de las autoridades británicas fue: "total, quién se va a enterar, y los explosivos no es que explosionen porque sí". Por supuesto, estaban completamente equivocados.

Foto: Caza de giorriones a finales de los años 50 en China. (Cedido)

Durante el proceso de construcción del SNIP, los trabajadores no solo detectaron objetos metálicos en el fondo marino, sino explosiones más o menos cercanas de origen desconocido, según se explica en este artículo. Del mismo modo, el 8 de febrero de 1986, se detectó una explosión en la fosa de Beaufort's Dyke que fue de tal magnitud que los sismógrafos cercanos, tanto en Irlanda como en el Reino Unido, detectaron un terremoto de magnitud 2.5 en la escala de Richter.

El principal problema al que nos enfrentamos es que el área en la que se encuentran los residuos militares y nucleares, es tan extensa y poco específica, que su limpieza y saneamiento es completamente inviable. Eso sin tener en cuenta que limpiar el fondo marino a una profundidad de 300 metros no es una tarea fácil, y más si hablamos de más de mil millones de toneladas. La fosa de Beaufort's Dyke va a estar sucia mucho tiempo, y no podemos decir que esa contaminación no se vaya a extender, sin que podamos hacer nada al respecto, todo porque hace un siglo, tirar las cosas que no querías al mar parecía una opción sensata.

1945 fue un gran año. Finalizamos una de las épocas más oscuras de la humanidad (aunque lo que vino justo después, con la amenaza continua de la aniquilación nuclear, tampoco fue un paseo por el parque). El problema es que cuando acabó la Segunda Guerra Mundial y alcanzamos la ansiada paz, las potencias del mundo, principalmente las victoriosas, se encontraron con un problema mayúsculo: cientos de miles de balas, armas, bombas, cohetes, explosivos... que no se iban a utilizar. Es lógico. Por ejemplo, en 1944 las fuerzas armadas del Reino Unido estaban compuestas por 4,7 millones de personas, y en 1945 ese número alcanzó los 4,9 millones. Pero, al año siguiente, en 1946, el personal militar se redujo hasta los 1,9 millones.

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