El peligro del mayor cementerio nuclear del mundo: los submarinos perdidos del Ártico
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El peligro del mayor cementerio nuclear del mundo: los submarinos perdidos del Ártico

Desde hace años, Rusia destina una gran partida de dinero a limpiar los desechos nucleares de sus submarinos en el mar de Kara ante una amenaza de desastre inminente

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Fuente: iStock

El Ártico es una de las zonas del planeta que más interés suscita entre las grandes superpotencias de la actualidad: Estados Unidos, China y Rusia. Una región que cada vez pierde más hielo a causa del calentamiento global. Los últimos informes apuntan a que este vasto océano helado del Polo Norte podría derretirse casi en su totalidad para 2035, lo que aviva las ambiciones de estos tres países por controlar su territorio y crear una poderosa ruta comercial. Por no hablar de las enormes reservas de petróleo que guarda en su interior. De ahí que el actual secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, haya llegado a llamarlo "los canales de Suez y Panamá" del siglo XXI.

Pero aparte de hidrocarburos, las tripas del Océano Ártico esconden la que podría ser la gran amenaza nuclear de nuestra época: al menos 14 reactores y varios submarinos nucleares descansan en su fondo, desgastados por el paso del tiempo y la corrosión del agua, según apunta un reciente artículo sobre el tema publicado en 'Popular Mechanics'. Es solo cuestión de tiempo de que esta degradación sostenida provoque que el agua se abra camino hacia el uranio que yace ahí abandonando, provocando un desastre ambiental sin precedentes que hiciera la zona inhabitable e inaprovechable.

Foto: Vladimir Putin en un viaje al Ártico. (EFE)

Hace décadas la antigua Unión Soviética comenzó a usar el mar de Kara, localizado al norte de Siberia, como vertedero para alojar desechos nucleares. Según la revista anteriormente mencionada, hay miles de toneladas de material nuclear cuya radioactividad superaría seis veces y media a la liberada en Hiroshima. En la actualidad, este hecho es una de las mayores preocupaciones de Vladimir Putin, ya que un solo reactor submarino en descomposición podría infectar de energía radioactiva las poblaciones locales, estropeando la explotación pesquera y petrolífera. Thomas Nilsen, editor del periódico 'Barents Observer', ha estimado que dentro de unos años el Ártico será "con mucho, el océano más nuclearizado del planeta", en declaraciones recogidas de un artículo de 'The Guardian'.

¿Estamos al borde de una nueva explosión nuclear en las inmediaciones del Ártico a causa de este gran cementerio de submarinos y reactores? Los rusos recuerdan el accidente de la bahía de Andreyeva, en la región de Murmansk, ocurrido en febrero de 1982. Hoy, varias décadas más tarde, la zona todavía no ha sido limpiada completamente, a pesar de la enorme financiación internacional con la que ha contado Rusia. Es más, se espera que hasta 2023 no se lleve a cabo la limpieza del epicentro del desastre, según informa 'Barents Observer'.

Una enorme complejidad

Los submarinos nucleares tienen una vida útil muy corta teniendo en cuenta lo mucho que cuesta fabricarles y la complejidad de su funcionamiento. Los más antiguos se enfrentan a décadas de corrosión. Además, es muy arriesgado acceder a las inmediaciones de aquellos que van propulsados con energía nuclear, puesto que los riesgos de un accidente son altísimos, por lo que deshacerse de ellos y limpiar sus restos del fondo oceánico no es tarea nada sencilla a pesar de todos los avances científicos. Al fin y al cabo, Rusia es el país que históricamente más ha desarrollado este tipo de ingeniería militar desde la segunda mitad del siglo XX. En su apogeo, a mediados de la década de 1990 y una vez disuelta la Unión Soviética, contaba con 245 submarinos de propulsión nuclear, 180 de las cuales estaban equipados con reactores duales y otros 91 de misiles balísticos de largo alcance con cabezas nucleares.

En marzo del año pasado, las autoridades rusas cifraron en 330 millones el coste económico para extraer material y desechos nucleares del océano

Estos cementerios de submarinos soviéticos se encuentran mayoritariamente en la ciudad portuaria noroccidental de Murmansk, en la llamada Flota del Norte rusa, a aproximadamente 900 kilómetros al oeste de los vertederos nucleares del mar de Kara. Al margen oriental, también se encuentra la Flota del Pacífico, con sede en Vladivostok, justo encima de Corea del Norte. Con el tiempo, y a medida que quedaba más cerca el final de la Guerra Fría, esta fuerza militar se fue abandonando. Los submarinos de la clase Echo, fabricados alrededor de 1960, quedaron obsoletos y pasaron a ser enterrados en las profundidades marinas. Ahora, están poniendo en peligo el futuro del Ártico, no solo medioambiental, sino también su explotación comercial y petrolífera, que se espera que en los próximos años juegue un papel geopolítico crucial.

Una partida económica ingente

Al menos 14 reactores de buques antiguos de la Flota del Norte fueron arrojados al mar de Kara. Según el medio de comunicación 'Bellona', también se vertieron 735 piezas de maquinaria pesada contaminada de energía radiactiva, así como 17.000 contenedores de material nuclear peligroso que ahora es parte del desecho radiactivo que más preocupa a los rusos de cara al futuro. En marzo del año pasado, las autoridades rusas estimaron que el coste económico para recuperar este material nuclear y extraerlo del océano será aproximadamente de 330 millones de dólares (alrededor de 270 millones de euros).

placeholder Submarino nuclear ruso Dmitry Donskoy.
Submarino nuclear ruso Dmitry Donskoy.

A la par, Rusia está enviando cada vez más tropas a las regiones ártica para salvaguardar sus posiciones estratégicas de cara al futuro y a sus máximos competidores, China y Estados Unidos. El país asiático, en concreto, ha invertido cerca de 90.000 millones de dólares (74.147 millones de euros) en extender su marco de influencia en el Polo Norte y para establecer bases militares y petrolíferas. Y mientras tanto, de telón de fondo, el derretimiento del hielo progresa a pasos agigantados, aumentando la ambición de estas tres superpotencias en base a sus intereses energéticos y comerciales.

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