SOS reclama una estrategia de rescate común de la UE

El éxito del Aquarius no resuelve la crisis: Italia mantiene el veto a los 'barcos ángel'

Los inmigrantes de la flotilla atracada en Valencia tienen 45 días de calma hasta que se resuelva su situación legal. La fundadora de SOS exige a la UE una estrategia coordinada de rescate

Foto: Una de las imágenes de la llegada a Valencia del Aquarius difundidas por Médicos sin Fronteras.
Una de las imágenes de la llegada a Valencia del Aquarius difundidas por Médicos sin Fronteras.

El Aquarius está a salvo. Los 630 inmigrantes rescatados en aguas internacionales entre Libia, Malta e Italia pisan tierra firme en Valencia gracias a un dispositivo de desembarco y redistribución que funcionó como un reloj. El despligue de medios, una organización milimétrica y la colaboración entre las distintas instituciones y entidades implicadas en la operación propiciaron una gestión fluida de la recepción de la flotilla, aunque más lenta de lo planificado a la hora de superar revisiones sanitarias y completar las filiaciones, es decir, la identificaciones por nombre o país de origen, el primer paso para iniciar los procedimientos legales correspondientes.

Pocos minutos después de las seis de la mañana, entraba por la bocana de la dársena de cruceros del puerto de Valencia el guardacostas italiano Datillo con 274 migrantes a bordo; sobre las 11 asomaba la proa del Aquarius, con parte de sus 106 pasajeros aplaudiendo y mostrando signos de alegría al avistar la zona de atraque tras más de una semana en el mar. El Orione, una vieja fragata de la Armada italiana, era la última de las naves en tomar puerto.

El barco Aquarius volverá al mar en cuanto pueda reabastecerse. SOS Mediterranée seguirá rescatando náufragos mientras estos existan

Como era de esperar, el pasaje de la flotilla no era homogéneo. Mujeres, embarazadas o no, menores desde la niñez a la adolescencia y varones de un puñado de países subsaharianos y del norte de África han navegado durante ocho días en busca de un destino estable, y esto ha hecho mella en su estado físico y psíquico. Emoción, cierta desorientación, sosiego por tomar tierra y a la vez incertidumbre sobre el futuro que les espera son los sentimientos predominantes, según los relatos que fueron haciendo a los centenares de representantes de medios de comunicación acreditados para cubrir la llegada de los distintos portavoces, desde el subdirector general de Emergencias de la Generalitat, Jorge Suárez, hasta los responsables de la Cruz Roja.

El destino de estos inmigrantes recién llegados, como el de los muchos que periódicamente llegan en pateras a las costas andaluzas desde el lado contrario del Estrecho de Gibraltar, está repleto de incógnitas. Los primeros cuentan con la 'ventaja' de estar en el centro del huracán de una tormenta comunitaria que trasciende su situación personal, la que libran los estados miembros por el enfoque de la política migratoria. Frente al populismo xenófobo del ministro italiano del Interior, Matteo Salvini, con la llamada operación Esperanza Mediterráneo y el Aquarius, España —o, para ser exactos, el Gobierno de Pedro Sánchez y su colaboración con la Generalitat de Ximo Puig y Mónica Oltra— se ha apuntado un tanto desde la perspectiva de la defensa de los valores fundacionales de respeto a los derechos humanos.

Así lo han percibido algunos de los periódicos y televisiones más influyentes del continente desplazados a Valencia, testigos además de un profesional centro de prensa en el que han contado con todas las facilidades para realizar su trabajo dentro de las restricciones marcadas por las autoridades de respeto a la dignidad e intimidad de los migrantes, como lo demuestra la casi total ausencia de primeros planos o imágenes de personas concretas. Frente al mensaje de Salvini, Valencia ha ofrecido solidaridad y profesionalidad. Marca España de la buena.

Ser protagonistas de ese pulso por el enfoque migratorio ha beneficiado a los náufragos del Aquarius, que disfrutarán de un permiso de residencia excepcional de 45 días mientras se resuelve su situación legal. Para los menores y la mayor parte de las mujeres, el viaje habrá valido la pena si su objetivo era poner un pie en Europa para permanecer en el continente. Para el resto, la Policía Nacional proporció un documento para solicitar el asilo y otro para pedir el traslado a Francia si así lo desean, tal como ofreció el presidente Emmanuel Macron.

La fundadora de la ONG que timonea el Aquarius reclama a la UE una estrategia conjunta de rescate de náufragos en aguas del Mediterráneo

Un ofrecimiento que no evitará que algunos de ellos, los que tengan antecedentes penales o que no puedan acreditar la huida de su país por motivos de persecución o conflicto bélico, acaben en los CIE y con su nombre estampado en un expediente de expulsión o deportación. Las sonrisas de este domingo en aguas valencianas pueden tornarse llanto en mes y medio. Habrá que esperar para conocer el final de las historias personales de estos nómadas desposeídos del siglo XXI. De momento, sus primeras noches españolas serán en albergues preparados al efecto, hospitales o centros de menores, con los servicios básicos vitales y personales garantizados.

El final feliz del Aquarius, no obstante, no es sino la punta del iceberg de un problema que sigue sin resolverse, la gestión de los flujos migratorios y el creciente auge de los discursos xenófobos europeos. Ganar una batalla no es ganar una guerra. Italia sigue negando la entrada a los barcos de las ONG que asisten a los ocupantes de las pateras y las frágiles lanchas neumáticas que parten desde las costas de Libia, muchas veces lanzadas por organizaciones mafiosas que esquilman sus pocos ahorros. Salvini, que se cree victorioso tras lograr la expulsón del Aquarius, tiene dos barcos de ONG de ayuda a refugiados a las puertas de sus aguas nacionales sin permiso de entrada en sus puertos. Se trata del Lifeline y el Seefuchs, ambos de bandera holandesa. El polémico ministro italiano del Interior les ha advertido de que no tendrán luz verde para atracar si deciden salir al rescate de náufragos procedentes de las costas libias.

Al tiempo, SOS Méditerranée, la ONG al timón del Aquarius, ha anunciado su intención de seguir operando en las mismas aguas mientras Europa no sea capaz de consensuar una respuesta conjunta, explica Julia Begin, responsable de comunicación de la organización no gubernamental, en conversación con El Confidencial. Es una opinión compartida por el coordinador de rescate de la organización no gubernamental, Nicola Stella, o el director de operaciones, Frédéric Penard. Ambos han pasado los últimos ocho días a bordo del barco de rescate. Sophie Beau, fundadora de SOS, hizo una llamada a los líderes europeos para que muevan ficha y exigió, en su comparencia ante los medios de comunicación, una estrategia coordinada de respuesta y rescate de la Unión Europea en aguas del Mediterráneo. "No se puede trasladar la responsabilidad a países como Libia", dijo, para exigir también a Italia que cumpla con la legislación internacional sobre rescates en alta mar.

También Médicos sin Fronteras ha mostrado su intención de seguir trabajando la franja de agua que separa las costas italianas y maltesas de las de Libia. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), Filippo Grandi, alertaba a su vez de que la situación de los inmigrantes del Aquarius, llegado este domingo a puerto español, podría repetirse en el futuro, y ha defendido que no se debe cuestionar el rescate de naves en situación de emergencia. "El principio del rescate en el mar es lo suficientemente importante como para no ponerlo en riesgo, y cualquier cuestionamiento sobre los desembarcos puede suponer un grave peligro no solo para los refugiados e inmigrantes sino para cualquier persona que se encuentre en situación de riesgo en el mar", ha dicho.

“Cuando hay personas que están en el agua y no hay una solución, vamos a seguir. Hay gente que está cruzando y está muriendo”, abundaba Begin, que advierte de que el retorno a Libia tras recoger náufragos no es una opcion “porque sus puertos no son seguros”. “La guarda costera de Libia recibe dinero de Europa para tener más medios y formación. Tratan de interceptar los barcos de plástico, pero la gente prefiere morir en lugar de volver a Libia”, insiste.

Nigerianos, sudaneses y argelinos, los más numerosos

Los tres buques que componen la flotilla del Aquarius completaban este domingo sobre las seis de la tarde el desembarco de los 620 pasajeros inmigrantes. Hasta 31 nacionalidades distintas se registraron por parte de la Policía Nacional, aunque la mayor parte de los náufragos provienen de Sudán, Argelia, Eritrea y Nigeria. El resto de países no tiene porcentajes significativos, aunque prácticamente la mayoría son de origen africano, con una representación mínima de países asiáticos (Afganistán y Pakistán). Nigeria es el país que más pasajeros aporta, 138 en total, seguido de Sudán, con 125 personas desembarcadas. Argelia, un país con el que será difícil justificar la petición de asilo, es el origen de 38 de los náufragos. 

A las 18:30 ya se habían trasladado al albergue improvisado en la residencia de estudiantes de Cheste tres autobuses con varones mayores de edad y sin familiares en los barcos. Otros dos autobuses, con 46 menores y personal de la Cruz Roja y de la Generalitat valenciana. De los 68 menores identificados, 22 han sido hospitalizados, si bien sin patologías graves, según el subdirector general de Emergencias de la Generalitat, Jorge Suárez

En una última comparecencia, el delegado territorial de Cruz Roja, Rafael Gandia, se felicitó de la buena organización del operativo señalando que la ciudad de Valencia se ha situado como "capital mundial de la solidaridad".

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