la migración vuelve a centrar las discusiones

La gran pelea que se fragua en la UE (y amenaza con dividirla)

Dos semanas clave para buscar puntos de encuentro —o desencuentro— entre los defensores de un planteamiento más duro con la migración y aquellos que son más flexibles

Foto: El Parlamento Europeo, prácticamente vacío durante la sesión sobre el 'Aquarius'. (EFE)
El Parlamento Europeo, prácticamente vacío durante la sesión sobre el 'Aquarius'. (EFE)

"Antes de hablar de Italia y los italianos, debe lavarse la boca con jabón". Con estas palabras reclamaba Mara Bizzotto, eurodiputada de La Lega, respeto al presidente francés, Emmanuel Macron. Sus palabras, tildando de "cínico" e irresponsable al nuevo gobierno italiano, crearon furia en Roma. El viernes, Macron y el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, firmaron una tregua. Pero la fractura es profunda. Italia se ha plantado: exige una reforma del sistema de Dublín que ponga fin al "concepto de Estado de primera llegada", que obliga al país por el que entran los inmigrantes a tramitar sus demandas de asilo.

Conte, el primer ministro de consenso entre Movimiento Cinco Estrellas y La Lega, no ha sido invitado este jueves a las afueras de Berlín. Allí, Macron y la canciller Angela Merkel se reunirán para departir antes de la cumbre de líderes europeos a finales de mes. La reforma del euro, en un principio la prioridad del encuentro, ha quedado completamente eclipsada por el tema que desde hace tres años se recalienta a fuego lento y amenaza ahora con volver a estallar, con serias consecuencias para la Unión Europea: la migración.

El tema migratorio es espinoso tanto para Merkel, que la semana pasada sufrió una rebelión en toda regla que pone en riesgo la estabilidad de su gobierno, como para Macron, siempre presionado por la ultraderecha de Marine Le Pen. Merkel apoyó en 2015 la imposición de cuota de reparto de refugiados por países propuesta por Juncker, que también estará en la reunión de Berlín. Pero Alemania se quedó sola: el resto de sus socios miraban a otro lado o se oponían frontalmente bajo argumentos xenófobos y nacionalistas, mientras la situación en Italia y Grecia se recalentaba.

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De aquellos polvos, estos lodos. Mientras, Pedro Sánchez tomaba la iniciativa y ponía fin a una crisis que también ha salpicado a Malta, al decidir acoger al barco Aquarius en España. Macron en un principio optó por hacer como si no fuera con él, pero este sábado sorprendió con la noticia de aliarse con el gobierno socialista en este asunto y ofrecer su ayuda para participar en la recepción y acogida de las personas a bordo del Aquarius. Al presidente de la república, empeñado en sacar adelante su agenda reformista, no le conviene quedarse con un socio menos, a la vista de los pocos aliados sólidos que tiene.

Las críticas no se han hecho esperar, especialmente desde Italia, donde llevan años rogando a sus socios europeos que les ayuden con la gestión de los miles de inmigrantes y refugiados que llegan cada año a sus costas. "En inmigración, ha llegado el momento de cambiar: quien pone un pie en Italia, pone un pie en Europa. Y nadie en Europa puede pensar en ser ajeno y poder lavarse las manos respecto a este problema", avisó el viernes Conte tras el encuentro en París.

Giuseppe Conte: "En inmigración, ha llegado el momento de cambiar: quien pone un pie en Italia, pone un pie en Europa"

Frente a esta situación, el frente antiinmigración en la Unión Europea se cohesiona y gana cada vez más fuerza. Los países de Visegrado —con el húngaro Viktor Orban a la cabeza— siguen manteniendo su postura a favor de cerrar las fronteras europeas. Pero no son los únicos. El secretario de Estado para Migración y Asilo de Bélgica, Theo Francken, apoya abiertamente la mano dura y "bloquear" las salidas desde el Norte de África.

En Austria, donde el primer ministro conservador Sebastian Kurz gobierna en coalición con los ultraderechistas del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), ven con buenos ojos crear un eje Berlín-Viena-Roma para impulsar una política migratoria más restrictiva en la UE, en contra de las pautas promovidas por Merkel. La clave es si los líderes europeos logran llegar a un compromiso que sea aceptable para los duros y aquellos que priorizan la cuestión humanitaria. Austria asumirá en julio la presidencia rotatoria de la UE, un semestre que puede ser propicio para expandir una visión más dura contra la migración.

Sobre la mesa, hay diferentes ideas: desde impulsar el Plan Marshall para África con el que fomentar el desarrollo en los países de origen y reducir la migración por motivos económicos, a reforzar la vigilancia de las fronteras exteriores de la UE y acelerar las repatriaciones, pasando por desarrollar más acuerdos con los países del Norte de África con el modelo de Turquía (o la colaboración entre Marruecos y España) en mente o abrir canales que hagan posible la migración legal a toda la UE sin que nadie tenga que lanzarse al mar.

La migración se impone como el plato fuerte de la cumbre de líderes europeos que se celebra en poco menos de dos semanas en Bruselas —en la que se estrenará Sánchez ante sus homólogos europeos—. Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo y anfitrión del encuentro, dedicará el tiempo restante para viajar a las capitales clave —entre ellas Madrid y Roma, pero también Viena y Budapest— para sondear posiciones y posibles puntos de encuentro… o desencuentro.

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