LOS BROTES estaban previstos en octubre

Los médicos alertan de la sanidad catalana: poca planificación, reacción lenta y recortes

“La situación que se vivió en Lleida es de una mala planificación. Al surgir los rebrotes, se ha visto que a la sanidad catalana le falta capacidad de reacción”, explican fuentes del Sindicat de Metges

Foto: Playa de la Barceloneta, el pasado 19 de julio. (Reuters)
Playa de la Barceloneta, el pasado 19 de julio. (Reuters)
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Mala planificación, poca capacidad de reacción, escasez de rastreadores, engranaje administrativo con arenilla, exceso de confianza al pensar que los rebrotes serían en octubre y plantillas minimizadas y exhaustas. Estos son los ingredientes de la sanidad catalana en un momento en que los rebrotes se multiplican y los contagiados crecen como la espuma. En algunas comarcas leridanas, así como en el área metropolitana de Barcelona, se han tenido que dictar medidas restrictivas para reducir la epidemia, pero no todo funciona como debería.

“La situación que se vivió en Lleida es de una mala planificación. Al surgir los rebrotes, se ha visto también que a la sanidad catalana le falta capacidad de reacción”, explican a El Confidencial fuentes del Sindicat de Metges de Catalunya, la organización de referencia de este colectivo. La mala planificación se debe, según estas fuentes, a que, “cuando pasó la fase aguda, se empezó a reactivar la actividad asistencial normal, con el trabajo diario en la Atención Primaria, la apertura de quirófanos, etcétera, con el fin de asumir las listas de espera. Pero la previsión que había era que la segunda oleada no vendría hasta el mes de octubre. Con esas previsiones, nos dijeron que comenzáramos a tomar vacaciones durante los meses de julio, agosto y septiembre, con el fin de tener a toda la plantilla preparada para el mes de octubre”.

Pero el traidor virus se adelantó y los rebrotes comenzaron ya en junio. “En realidad, cuando nos dijeron eso, ya había rebrotes en la zona lindante con Aragón. Luego, la reacción llegó tarde. No hubo directrices claras a escala de Atención Primaria y aquello estaba todo desbordado. Cada centro iba a su bola y tuvo que autoplanificar su estrategia”.

En Lleida, entre el 20 y el 25% de las plantillas está de vacaciones porque estaba previsto que los rebrotes germinasen el próximo otoño

En Lleida, en estos momentos, a pesar de las duras medidas que se han tomado desde hace semanas y de la situación delicada de las comarcas del Segrià y La Noguera, entre el 20 y el 25% de las plantillas está de vacaciones porque estaba previsto que los rebrotes germinasen el próximo otoño. Es cierto que nadie lo podía prever, pero tampoco nadie, desde la Administración, dio importancia a los primeros síntomas de rebrote y se minimizó la cuestión, hasta que el rebrote estalló en todo su esplendor. A ello se sumó luego “otra parte menos significativa de bajas por contagio de covid”.

En Hospitalet de Llobregat y Barcelona, ya hubo una mayor celeridad a la hora de hacer frente al virus. “Pero aquí nos encontramos con una terrible desventaja: faltan rastreadores. El déficit de rastreadores ha creado un cuello de botella que amenaza con desactivar el trabajo emprendido en otros ámbitos, como en la Atención Primaria, y que había comenzado a funcionar”, subrayan desde la entidad profesional. Y añaden: “El sector hace un esfuerzo extraordinario atendiendo una demanda que no sobrepasa sus posibilidades y por ello sería una pena que por culpa de un déficit de rastreadores se desactive lo que hemos ganado”. En Barcelona, no obstante, a pesar de ponerse esta semana al frente de las regiones sanitarias con más contagios, “en los hospitales reina una calma tensa”. La situación preocupa y se están estudiando medidas, aunque si se siguiesen las pautas dictadas al pie de la letra, se podría controlar mucho mejor la expansión de los contagios.

Los médicos alertan de la sanidad catalana: poca planificación, reacción lenta y recortes

Medidas más drásticas

En Lleida, afirman desde el Sindicat de Metges de Catalunya, “creemos que se llegó tarde a cerrar los espacios de socialización que no son imprescindibles, como los espacios de ocio. En ellos es donde se expande la pandemia. Por ejemplo, se perimetró la zona pero no se cerraron estos espacios. O, lo que es lo mismo, tienes un virus perimetrado pero que permitirá aumentar las infecciones si no se toman medidas más drásticas”. La lección puede servir de experiencia para aplicar en Barcelona o su área metropolitana si la situación sigue desbordándose.

Para la organización de facultativos, no obstante, hay otro gran problema añadido: “La Atención Primaria perdió más de 900 facultativos entre 2010 y 2018. Estos recortes han sido cruciales. En 2018, hicimos una huelga para pedir la reincorporación de esos más de 900 médicos con el objetivo de reducir la presión asistencial en las consultas, pero solo se reincorporaron poco más de un centenar. O sea, tenemos un déficit de 800 profesionales, que es un déficit considerable. Además, la Atención Primaria tuvo que asumir otra tarea extra: las competencias asistenciales de los centros geriátricos, puesto que estos pasaron a depender de Salud. Ello implicó también encargarse de los PCR y de los seguimientos. Por lo tanto, tenemos una plantilla con grandes recortes a la que encima se le dan tareas extra”.

En la grave situación sanitaria de Cataluña, concurren también dos factores importantes. Por un lado, el contagio al personal del sector. “Hay que tener en cuenta que cuando comenzamos la pandemia, los trabajadores estuvieron expuestos al contagio porque no había ni equipos de protección individual”, recuerdan desde el Sindicat de Metges. En la actualidad, se están dando también casos de infección entre el personal a pesar de las precauciones que se toman.

Por otro lado, “las plantillas están exhaustas, tanto física como anímicamente. Han dado el 300%, se han sabido autoorganizar, han sabido incrementar las camas de los hospitales, las UCI, y multiplicaron sus esfuerzos. Y no hablamos solo de los médicos, sino de todo el personal sanitario. No se les puede pedir más porque lo han dado todo”.

Todo este conjunto de circunstancias hace que el cóctel de la sanidad catalana sea una bomba de relojería. A la deficiente actuación de la Administración autonómica se podría añadir la falta de coordinación con otras administraciones. Hubo muchas disfunciones cuando el control lo llevaba Madrid. A la Generalitat nunca le gustó dejar las competencias en manos del Ministerio de Sanidad y no hubo la información fluida ni la lealtad institucional necesarias en una situación delicada. Pero tampoco hubo coordinación con los alcaldes catalanes, que se quejaron de la prepotencia y la unilateralidad del Govern. Por si fuera poco, las dimisiones en la cúpula de la Consejería de Salud (se fueron tres altos cargos en solo unas semanas) dejaron la efectividad mermada y se puso en entredicho la estrategia, hasta el punto de que el propio gurú que el ‘president’ Quim Torra había fichado como el cerebro de la lucha contra el coronavirus alertó de la situación de “descontrol” en el área de Sanidad. Y es que, a perro flaco, todo son pulgas.

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