Sin rastreo y PCR, los cierres no valen

El coladero de los confinamientos 'blandos': por qué son ineficaces para frenar el covid

Epidemiólogos avisan de la escasa eficacia de los confinamientos 'blandos', como el de A Mariña o Lleida, sin una estrategia previa de rastreo de contactos y test PCR

Foto: Los Mossos d'Escuadra hacen controles a la entrada de Soses (Lleida), uno de los pueblos afectados por el confinamiento por rebrotes de covid-19. (EFE)
Los Mossos d'Escuadra hacen controles a la entrada de Soses (Lleida), uno de los pueblos afectados por el confinamiento por rebrotes de covid-19. (EFE)

A Mariña, Lugo, sábado 4 de julio. El consejero de sanidad de la Xunta, Jesús Vázquez Almuiña, anuncia en rueda de prensa el confinamiento de 14 municipios de la zona ante la escalada de contagios. La medida, sin embargo, no entrará en vigor hasta más de 30 horas después, en la medianoche del lunes 6. Lo que ocurrió el día anterior, el domingo 5 de julio, era tan temido como esperado: se produjo un enorme repunte de viajes para abandonar la zona. En total, casi 2.900 personas abandonaron Viveiro, el municipio más turístico de la comarca, un 60% más que el domingo anterior. Si se incluyen otros 'concellos' de la zona como Burela, Foz o Ribadeo, ese domingo se fueron más de 16.000 personas, por las 12.000 de siete días antes. Y no solo eso, la movilidad, lejos de desplomarse tras el cierre, siguió en niveles muy elevados.

Algo muy parecido ocurrió en el Segrià y Lleida ciudad. Las autoridades catalanas dieron de plazo hasta las 16:00 horas del sábado 4 de julio a los no residentes en la capital para poder irse a sus lugares de origen. Dicho y hecho. Esa mañana los viajes de larga distancia desde Lleida tocaron su máximo desde el fin del estado de alarma. A Mariña logró controlar el brote días después pero a Lleida se le descontroló. Son dos situaciones muy diferentes con una misma conclusión: los confinamientos 'blandos' son mucho menos efectivos de lo que se cree para frenar el coronavirus.

Los datos de movilidad de las diferentes zonas de España en las que se están produciendo rebrotes muestran una tendencia clara y preocupante según varios epidemiólogos. Buena parte de la estrategia ante el aumento descontrolado de contagios está girando en torno a los confinamientos 'flexibles' como los que se han producido en A Mariña o el Segrià. Sin embargo, las cifras revelan que estos cordones sanitarios ni logran frenar en seco la movilidad entre comunidades ni tampoco son capaces de evitar importantes picos de viajes de larga distancia justo antes del cierre.

Según los datos de movilidad que maneja el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana a los que ha tenido acceso El Confidencial —datos agregados y anónimos de los móviles de 10 millones de españoles—, tanto Lleida como los principales 'concellos' de A Mariña registraron una intensa movilidad antes y después del confinamiento. En A Mariña se produjo un pico de 2.000 viajes de más de 50 kilómetros de distancia horas antes del cierre perimetral. Se trata de la gente que, ante el inminente encierro, decidió abandonar la comarca. En total, más de 16.000 personas cogieron las maletas y se fueron a otros puntos de España. El día siguiente, con el cierre perimetral ya en vigor, fueron menos de 3.000.

En Lleida, el día antes al confinamiento de la comarca del Segrià —el sábado 4 de julio a las 12:00 horas con extensión luego a las 16:00—, se produjo también un repunte importante de viajes de más de 50 kilómetros de distancia: alrededor de 17.000 personas abandonaron la ciudad a otros puntos de Cataluña y España, un 7% más que el mismo día de la semana anterior. El dato podría haber sido aún mucho mayor, pero la Generalitat solo dejó dos horas entre el anuncio de la medida —a las 10:00 del sábado 4 de julio— y su entrada en vigor —a las 12:00 horas—. Muchos, sin embargo, se lo venían venir y decidieron moverse el día anterior. Se trata de miles de personas que en ambos territorios abandonaron una zona en pleno rebrote para irse a otros puntos de España. El paciente cero de Ordizia (País Vasco), donde el brote superó los 70 positivos, llegó precisamente de Lleida. ¿Hay peligro de que esos movimientos extiendan el virus a otras zonas?

"A no ser que estemos en una situación de crecimiento explosivo, como ocurrió en Milán o Madrid a comienzos de marzo, cuando la gente hizo un éxodo masivo ante el inminente cierre, no hay un gran riesgo. Si asumimos que la tasa de infección en Viveiro en esos momentos era de, digamos, unos 200 por 100.000 habitantes, que es muy elevada —probablemente sería menor—, nos da que los días anteriores se habrían infectado unas 30 personas. De esas 30 se te puede escapar alguno en esos viajes, pero no es un gran problema", explica Fernando Rodríguez Artalejo, epidemiólogo y catedrático de Salud Pública. Según Artalejo, la mayor preocupación está, de hecho, en el 'coladero' que se produce justo después del cierre y no tanto antes.

"Llama mucho la atención que la movilidad en viajes de más de 50 kilómetros tanto en A Mariña como en Lleida tras el cierre sigue siendo muy alta en comparación con las semanas anteriores. Se reduce alrededor de un 50%, que es mucho, pero no soluciona el problema. Y esta es la clave: tendemos a creer que los confinamientos blandos son herramientas eficaces para que no se extienda el virus, pero en realidad los datos de movilidad demuestran que no lo son tanto". Nuria Oliver, científica de datos al frente del equipo que analiza la movilidad para el Gobierno de la Comunidad Valenciana, coincide sobre el uso y efectividad que se está haciendo de estos confinamientos: "Deberían ser el último recurso. Si tenemos que recurrir a ellos es que todo lo anterior, que es lo fundamental —el trazado de contactos, los sistemas de información, los PCR, etc.—, ha fracasado", señala.

Sanitarios realizan test de detección de coronavirus en el hospital público de A Mariña. (EFE)
Sanitarios realizan test de detección de coronavirus en el hospital público de A Mariña. (EFE)

Según Oliver, es imprescindible analizar el tipo de población de cada región antes de realizar un tipo de confinamiento u otro para hacerlo más efectivo. "Hay básicamente dos tipos de movilidad: la laboral y la no laboral. En función de cómo sea en cada área, será más fácil contener el virus o no. A Mariña es una región muy contenida en movilidad laboral, es una zona bastante turística y el confinamiento consiguió reducir ese tipo de viajes. En Lleida ocurrió lo contrario, es una región muy extensa en cuanto a movilidad laboral. El confinamiento, al no impedir esos traslados, es menos eficaz para reducir la extensión del contagio", explica.

Los casos de A Mariña y Lleida son hasta ahora los mejores ejemplos de cómo los confinamientos 'blandos', sin una estrategia previa, resultan ineficaces. En Galicia se establecieron controles férreos de entrada y salida, en Lleida era mucho más fácil saltárselos. El rastreo de contactos en Galicia, con un 'call center' central que da apoyo a toda la comunidad, está funcionando de momento para realizar la imprescindible labor de trazado. Este rastreo en Cataluña ha sido un fracaso por falta de dotación y estrategia. Se denuncian incluso casos de turistas estadounidenses llegados a Barcelona y positivos en covid a los que Salut Pública de la Generalitat no está haciendo el rastreo de contactos debido, ni a sus contactos estrechos ni al resto de pasajeros del avión. Ni una llamada. Solo ahora el Govern ha reconocido la situación y planea contratar 500 efectivos.

Sobre los test PCR, ambas comunidades se han mantenido en niveles altos: Galicia está realizando 82 PCR por cada 1.000 habitantes frente a los 92 de Cataluña hasta el pasado 9 de julio, pero la gran diferencia está en la rapidez de reacción con los test rápidos. Mientras Galicia realiza 80 por cada 1.000 habitantes, Cataluña se queda en 9 (hace un mes, el 18 de junio, la situación era similar: 77 test rápidos por cada 1.000 habitantes en Galicia frente a solo 8 en Cataluña).

El presidente de la Generalitat, Quim Torra (i), conversa con el presidente de la Cambra de Barcelona, Joan Canadell (d). (EFE)
El presidente de la Generalitat, Quim Torra (i), conversa con el presidente de la Cambra de Barcelona, Joan Canadell (d). (EFE)

"Sin duda la clave en Galicia ha sido la investigación epidemiológica procurando localizar las fuentes de infección, los famosos casos cero, y el rastreo de los contactos, llevando a cabo muchas PCR en los colectivos más expuestos y más relacionados. Las medidas de cierre de territorios y las recomendaciones de confinarse en los domicilios ayudaron luego a evitar la extensión de la infección", explica a Teknautas Juan Gestal, catedrático emérito de Medicina Preventiva en la Universidad de Santiago de Compostela.

"Es una situación incomprensible. Llevamos avisando desde marzo sobre la necesidad de invertir en personal para el rastreo de contactos, de invertir en herramientas informáticas para que no tengas que estar media hora registrando un contacto en un programa informático de los 80 y lo hagas en minutos. Casi cuatro meses después seguimos igual en muchas CCAA, es decepcionante", dice Oliver. Un ejemplo de esta infradotación en el rastreo de contactos apunta al propio Gobierno central. Sanidad barajaba el pasado mayo pedir a todas las comunidades usar el programa informático GoData, desarrollado por la OMS, para facilitar y acelerar el trazado. Hoy, mes y medio después, todo sigue igual.

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