ESTÁ PREVISTA PARA OCTUBRE O NOVIEMBRE

Tenemos seis meses para prepararnos: "La segunda ola de coronavirus es inevitable"

España está cerca de contener el actual brote de SARS-CoV-2. La gran pregunta no es cuándo llegará el siguiente, sino si será igual de dañino que este o puede que peor. Estamos advertidos

Foto: Un trabajador mira a través de una cristalera con la imagen reflejada de la Torre de la Mezquita-Catedral de Córdoba. (EFE)
Un trabajador mira a través de una cristalera con la imagen reflejada de la Torre de la Mezquita-Catedral de Córdoba. (EFE)

En su última intervención en el Parlamento, el presidente Pedro Sánchez señaló que "hemos parado al virus unidos, debemos ahora culminar con unidad esa victoria", un mensaje triunfalista en la línea de la campaña que el Gobierno ha lanzado esta semana y que lleva por lema 'Salimos más fuertes'. Siento destrozar esta épica narrativa. En realidad, y pese a la mejoría en las cifras, a la guerra contra el virus aún le quedan muchas batallas por delante.

Para definir en qué momento de la pandemia estamos, es más conveniente en este caso utilizar las palabras de otro dirigente. Concretamente las que pronunció Winston Churchill en noviembre de 1942 después de doblegar a los nazis en Egipto: "Esto no es el final. Ni siquiera es el principio del final. Pero es, quizás, el final del principio".

En unas pocas semanas —esperemos que cuanto antes— empezaremos a registrar días con cero fallecimientos por covid-19. Pero no nos engañemos, es tan solo el comienzo de una transición hasta el próximo ciclo de la enfermedad. De momento, todo el mundo apunta al próximo otoño, aunque nadie sabe aún lo que va a pasar. Ni siquiera la Organización Mundial de la Salud.

"Hay muchos modelos que avanzan muchas probabilidades", dijo ayer la asturiana María Neira, directora de Salud Pública de la OMS, en una entrevista con RAC-1. "Hablan desde un rebrote puntual hasta una ola importante, pero esta última posibilidad cada vez se va descartando más".

Ni siquiera la OMS tiene claro cómo de grande será esa segunda ola, pero casi todos los epidemiólogos cuentan con que va a suceder

Paralelamente, Hans Kluge, director de la OMS para Europa, ha llamado a los ciudadanos a prepararse para una segunda ola aún más mortífera del virus el próximo invierno. No solo por un retorno del SARS-CoV-2 en una población insuficientemente inmunizada. "Estoy muy preocupado por una doble ola", ha contado Kluge a 'The Telegraph'. "En otoño, podríamos tener una segunda ola de covid y otra de gripe estacional o sarampión".

Tengan en cuenta que no hablamos de repuntes esporádicos como los que podemos ver estos días en regiones que han aliviado el confinamiento. Hablamos de una catarata de contagios y muertes similar —o puede que mayor— a esta de la que todavía no hemos salido.

Los precedentes de la pandemia

Es muy difícil pronosticar qué pasará con este virus. Al principio, los epidemiólogos observaban la evolución de otros coronavirus para tratar de predecir a este primo cercano. El más próximo, el SARS, fue declarado contenido por la OMS el 5 de julio de 2003. Había llegado a 30 países, infectado a 8.439 personas y acabado con la vida de 812 antes de que pudieran romperse todas las cadenas de transmisión. El SARS-CoV-2 lleva actualmente 5.453.784 contagios y 345.886 fallecidos en todo el mundo. No tiene visos de ser contenido a corto plazo y ha destrozado los registros de todos los precedentes de su misma familia vírica.

Por ello, ni el SARS ni el MERS sirven como bola de cristal. Echando la vista atrás y basándose en el comportamiento de pandemias que han asolado la humanidad durante los últimos 250 años —principalmente de influenza, el virus que provoca la gripe—, cuatro destacados epidemiólogos estadounidenses diseñaron tres posibles escenarios para el rumbo que el SARS-CoV-2 puede tomar durante los próximos dos años. Porque esa es la primera cuestión: ninguno pone en duda que el coronavirus seguirá en nuestras vidas hasta dentro de, al menos, 18 o 24 meses.

Secuencia genética del SARS-CoV-2 obtenida de un paciente polaco. (EPA)
Secuencia genética del SARS-CoV-2 obtenida de un paciente polaco. (EPA)

El primer escenario implica una serie de subidas y bajadas de la incidencia, de una magnitud similar a la que ya hemos sufrido en España, que se repetirían en primavera y otoño de 2020 y 2021. El segundo escenario es el que todo el mundo teme y representa un patrón idéntico al de la pandemia de gripe española de 1918: un primer aviso (el que estamos padeciendo ahora) seguido seis meses después por un brote catastrófico y muchísimo mayor que, por desgracia, no significaría el final de la enfermedad. El último y más improbable, según los autores, es que tras este golpe la incidencia del covid-19 vaya apagándose poco a poco, consumiéndose como una vela.

Los tres posibles escenarios de la pandemia de covid-19. (Cidrap)
Los tres posibles escenarios de la pandemia de covid-19. (Cidrap)

Uno de los autores de este informe, publicado por el Centro de Investigación y Políticas sobre Enfermedades Infecciosas (Cidrap) de la Universidad de Minnesota, es Michael Osterholm, un epidemiólogo que lleva años proclamando a los cuatro vientos que esta pandemia iba a suceder. "La gente tiene que comprender que estamos al principio de la pandemia, ese virus va a seguir transmitiéndose a través de la sociedad, cuando pueda, donde pueda y como pueda", explicaba recientemente. "Todos esperamos que haya una vacuna en algún momento, pero la esperanza no es una estrategia".

Los modelos que proponen son, en definitiva, su 'best guess', las conjeturas más sólidas hacia dónde puede transcurrir una enfermedad habida cuenta de que la gran mayoría de la población sigue desprovista de inmunidad, y aquellos que la tienen aún no saben cuánto les durará.

A la hora de predecir el decurso de la actual pandemia, "no podemos usar la influenza como un modelo absoluto, probablemente sea un buen modelo pero no lo sabemos seguro". El modelo número 2 o 'terror en otoño' está principalmente basado en el comportamiento de los grandes brotes globales de gripe —hay que recordar que, además de la gripe española de 1918, ha habido otras pandemias de influenza en 1957, 1968 y 2009—, por lo que, aunque esta vez se trate de un virus diferente, podría seguir el mismo patrón de la gripe porcina hace 10 años, modesta incidencia en primavera, aparente parón en verano y sucesión de brotes importantes en otoño.

O podrían darse escenarios híbridos, de un tipo en una zona y de otro en otras. "No podemos decir a ciencia cierta cuál de estos escenarios va a suceder, pero podemos decir con total seguridad que este virus no va a dejar de transmitirse y no va a dejar de matar", sentencia Osterholm.

Para ser justos, ahora tenemos herramientas que no hemos tenido en ninguna epidemia pasada y que podrían ayudarnos a evitar ese terrorífico escenario dentro de seis meses. Esteban Moro, investigador en dinámicas humanas actualmente en el Instituto de Tecnología de Massachussets, explica que "uno de los ingredientes principales para entender el desarrollo de una epidemia y las posibles estrategias de contención es el comportamiento humano: dónde vamos, qué sitios visitamos, si nos movemos más o menos...".

Aplicación de 'contact tracing' suiza. (EPA)
Aplicación de 'contact tracing' suiza. (EPA)

Gracias a los datos en tiempo real de movilidad obtenidos a partir de teléfonos móviles, ahora están trabajando "tanto en un proyecto en Nueva York como en uno futuro en España, en saber dónde se reúne la gente, cómo se junta y cómo tiene sus contactos", detalla Moro, "lo bueno es que, como la enfermedad tiene un desarrollo de varios días, nos podremos adelantar y saber dónde la han contraído: en ese tiempo, podremos monitorizar también si la gente se está juntando demasiado o está habiendo algún problema".

Esto, idealmente, podría cortar de raíz cualquier futuro brote de covid-19 y permitir al mundo seguir con su normalidad. La cuestión es si llegará a tiempo. Para el investigador español, tal y como está la situación actualmente, "una segunda ola es inevitable, pero vamos a poder controlar mejor el tiempo en el que viene y cómo viene, también sabemos mucho más cómo se propaga el coronavirus".

Qué determina el tamaño de la ola

A menudo, solemos escuchar que los ciudadanos, manteniendo las medidas higiénicas o usando la mascarilla, podemos condicionar el futuro de este virus. Por desgracia, esto no es del todo posible en estos momentos. Como en un rodeo, estamos cabalgando a lomos de un toro desbocado. Podemos intentar no caernos, pero no podemos decirle al toro dónde queremos que vaya.

Incluso haciéndolo todo bien, el SARS-CoV-2 volverá a llamar a nuestra puerta. ¿Pero cómo de fuerte? Esa parte sí depende de nosotros.

Es difícil saber cuándo se producirá esa segunda ola, ¿pero que va a venir? Eso es una cuestión conceptual

Yamir Moreno, físico e investigador en sistemas complejos en la Universidad de Zaragoza, es junto a Moro autor de un reciente 'pre-print' en 'medRxiv' que estima el impacto que las medidas de distanciamiento social, test o 'contact tracing' podrían tener en una eventual segunda ola de coronavirus. "Nosotros hicimos el estudio basado en la ciudad de Boston, y vimos que bastaría con identificar al 50% de casos con síntomas y trazar al 40% de sus contactos estrechos" para que el impacto de esa ola pasara de ser dramático a tolerable. Añade Moreno que "los resultados de estas medidas podrían generalizarse a otras ciudades o países, porque están asociados a la propia dinámica de la enfermedad, quizá en otra ciudad en vez de un 50% baste con un 45%, pero en esencia es lo mismo, para tener un impacto basta con hacer 'contact tracing' a nivel 1, ni siquiera a nivel 3 como hacen en Corea del Sur", donde los epidemiólogos logran identificar incluso a los vecinos de los vecinos de un positivo por covid-19.

Moreno cree que predecir cuándo habrá una segunda oleada "es muy difícil, porque tiene que ver mucho con cuándo la gente se vuelve a mezclar y con qué intensidad de contacto, por eso la parte temporal es complicada, ¿pero que esa oleada va a venir? Eso es una cuestión conceptual. La única manera de evitarlo es que la población adquiera inmunidad".

Como en un rodeo, estamos cabalgando a lomos de un toro desbocado. Podemos intentar no caernos, pero no podemos decir al toro dónde ir

"Aún no sabemos bien cómo se comporta este virus en términos de temperatura o variaciones estacionales, tampoco sabemos si tiene un ciclo y caerá en verano para reaparecer en los meses de octubre y noviembre", explica el epidemiólogo Daniel López-Acuña, exdirector de Acción Sanitaria en Crisis de la OMS. "Si se comporta como otros virus respiratorios, incluso como otros coronavirus, es de esperar que esto se produzca, pero no hay nadie en estos momentos que tenga una bola de cristal, los modelos hipotéticos no dejan de ser modelos hipotéticos".

El comportamiento de su primo hermano, el SARS, fue el de ir apagándose conforme llegaba el calor en el hemisferio norte, pero si bien la teoría ha resultado cierta para las regiones templadas, también es evidente que el SARS-CoV-2 está haciendo ahora estragos en Brasil o Europa del Este.

Por ello, para López-Acuña, es prudente "manejarse con la hipótesis de que el escenario que podemos tener en octubre o noviembre es de un resurgimiento, el potencial de reaparición y de que se produzca un nuevo ciclo epidémico es muy alto ahora... ¿Pero dónde se va a dar y cómo?". Aquí estará otra de las principales claves. Quizá la próxima vez no sea el norte de Italia sino el sur. O Denver en lugar de Nueva York. Esta es la gran incógnita y lo que determinará en buen grado que la segunda ola sea una marejada y no un tsunami.

"Si los casos se presentan de manera aislada en un país donde se logre tener una contención rápida y reforzada del virus, podemos tener un brote que no tenga la misma magnitud", dice el epidemiólogo. "Pueden ser miles de casos, pero si se logra hacer un cordón sanitario y se rastrea a todos los contactos, podemos lograr el que tiene que ser nuestro gran objetivo: detener la transmisión comunitaria".

¿Pero qué podría ocurrir si esos mismos casos se presentan en un país cualquiera que haya descuidado la atención primaria o no reforzado su estructura sanitaria, que no haya establecido un sistema sólido de rastreo de contactos, que no haya implementado durante esa 'transición' soluciones tecnológicas que alivien o faciliten esa labor de detección o que haya visto proliferar en su sociedad una división política que se entretiene en lo banal mientras impide llegar a acuerdos imprescindibles, como planes industriales de fabricación autóctona de 'stock' esencial como materiales de protección individual o reactivos para test? ¿Qué creen que podría ocurrir?

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