el 11-s menos multitudinario desde 2012

El independentismo pasa la Diada dividido a la espera de una sentencia que lo una

Las grandes entidades civiles que organizaron la manifestación de Barcelona de este 11-S (ANC, OC y AMI) dieron un tirón de orejas a los partidos políticos

Foto: Un momento de la manifestación de la Diada de 2019. (Reuters)
Un momento de la manifestación de la Diada de 2019. (Reuters)

La Diada de Cataluña de este año ha evidenciado dos cosas: el independentismo catalán no tiene una hoja de ruta unitaria y la sentencia del 1-O puede ser la tabla de salvación para mantener una frágil estrategia conjunta en un futuro próximo, al aparecer como la herramienta para enfrentarse a España que parece satisfacer a todos: la desobediencia civil, una reivindicación que asumen desde la Asamblea Nacional Catalana (ANC) hasta Òmnium Cultural (OC), pasando por la Asamblea de Municipios Independentistas (AMI), el propio presidente de la Generalitat, Quim Torra, el fugado Carles Puigdemont, amplios círculos de ERC, organizaciones de la izquierda radical como la CUP, los CDR o Arran.

El independentismo pasa la Diada dividido a la espera de una sentencia que lo una

Las grandes entidades civiles que organizaron la manifestación de Barcelona de este 11-S (ANC, OC y AMI) dieron un tirón de orejas a los partidos políticos, y se quejaron de que desde las instituciones catalanas y desde los partidos soberanistas se ha abandonado el “mandato del 1-O”. Su intención, ahora, es ‘enseñar’ el camino a los políticos y convertirse en los guardianes de las esencias independentistas.

La asistencia de cientos de miles de personas a la manifestación (la Guardia Urbana habla de 600.000, frente a un millón en 2018, lo que ya situaría esta Diada como la menos numerosa desde 2012) sirvió para que los organizadores al menos salvasen la cara, pero evidencia un desgaste del independentismo que, tras siete años de movilizaciones, comienza a dar claros síntomas de cansancio.

Decía Manuel Vázquez Montalbán que “el cansancio es elegante”, pero el de los independentistas es crispado. Aquella revolución de las sonrisas ha dado paso a un Movimiento (así, con mayúscula, lo escriben los independentistas) en el que cada día hay más crispación y división. La propia Elsienda Paluzie, presidenta de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), dijo en su discurso final que estaba allí “para exigir unidad; no cualquier unidad sino unidad por la independencia, la que prioriza el objetivo común del Movimiento y no el del partido”.

Y en ese sentido, la falta de unidad puede haber tenido algo que ver con la menor afluencia de manifestantes. Es cierto que el pinchazo existe, puesto que es la cifra más baja de manifestantes desde el ‘Cataluña, nuevo Estado de Europa’ de 2012, pero seguir reuniendo a cientos de miles de personas a estas alturas es todo un récord. Lo recordaban prácticamente todos los que tomaron la palabra tras la manifestación.

El acto de este 11-S fue una escenificación con toques épicos como en otras ocasiones. El independentismo se alimenta de sus ídolos. Y en esta ocasión, desde el escenario se recordaron ‘movimientos’ similares: “Las sufragistas, la marcha de la sal de Gandhi, Rosa Parker, Martin Luther King, Nelson Mandela, la lucha LGTBI, la caída del muro de Berlín, la huelga de tranvías, la guerra del agua, los insumisos… Aprendamos y apoderémonos”, fue una de las consignas lanzadas a los asistentes.

Recetas del independentismo

La Diada sirvió para poner sobre la mesa las ‘recetas’ que tiene el independentismo para encarar el futuro próximo y, sobre todo, para hacer frente a la sentencia del 1-O, que ha sido la gran protagonista de la jornada. Porque la sentencia ha sido la única noción que todos —absolutamente todos— los parlamentarios del 11-S pronunciaron y a la que apelaron para mantener viva la llama del independentismo. En otras palabras, aun antes de ser una realidad, la sentencia fue ya la protagonista absoluta de la Diada del 11-S y se convirtió en el enemigo a batir por el independentismo.

Paluzie se refirió a ella diciendo que el Supremo pretende “aplastar el movimiento independentista”. Y pidió la unidad de todas las fuerzas soberanistas para acabar lo que empezaron. “No daremos marcha atrás”, advirtió. La presidenta de la ANC detalló sus armas para luchar contra el Estado español: “Con soberanía fiscal, con alternativas de consumo, desobedezcamos las leyes injustas”. Y dio un tirón de orejas a los políticos catalanes por pelearse públicamente por las migajas y por deslegitimar el referéndum. “La única vía, la vía unilateral, se desarma día a día”, lamentó. Y aseguró que los motivos que llevaron a levantar el Movimiento “siguen intactos”. Reconoció, sin embargo, que la principal arma para afrontar la sentencia es la unidad de acción.

El independentismo pasa la Diada dividido a la espera de una sentencia que lo una

Momentos antes, el abogado Jordi Domingo recordaba a los políticos (que esta vez no disfrutaron de palco vip, sino que fueron relegados al espacio de los ciudadanos en una clara muestra de la desunión) que “si la sociedad civil puede hacerlo [ir unida], las instituciones también. Y lo exigimos. Queremos una estrategia unitaria para conseguir la independencia”. Isona Passola, presidenta de la Academia del Cine Catalán, también fue contundente: “Exigimos unidad estratégica para hacer frente a una de las situaciones más difíciles que he visto nunca”.

El acto de la Diada estuvo compuesto de tres bloques. El segundo de ellos fue el del proselitismo, cuando el actor Jaume Comas y la cantautora Meritxell Gené lanzaron las consignas que interesaban a los organizadores bajo una música de percusión épica y mientras se proyectaban vídeos de las cargas policiales del 1-O o anuncios de la ANC. “No debemos cooperar con el opresor”, clamaba Gené, a lo que Comas respondía: “Tenemos derecho a desobedecer. Hagamos de nuestras acciones un bumerán contra el Estado”.

“Lo volveremos a hacer”

El propio presentador del acto, el actor David Bagés, advirtió: “Hemos hecho un referéndum aun teniendo en contra a un Estado autoritario, por eso somos una sociedad madura. Y ahora hemos de plantarnos ante la represión del Estado. Y hemos de aprender de los errores del pasado porque estamos en un momento histórico”.

Por eso, exigió “una estrategia unitaria que nos lleve hacia la independencia. Cuando a la sociedad civil se nos ha exigido estar, siempre hemos estado. Y ahora lo exigimos nosotros a las instituciones y a los partidos: tenéis que estar a nuestro lado y no nos podéis decepcionar. Queremos culminar el camino que dejamos a medias en octubre de 2017”. Un mensaje repetido por los oradores que le siguieron: Carme Sansa, Jordi Domingo, Ada Parellada, Isona Passola, Francesc Ribera ‘Titot’ y Lluís Llach.

Fue Marcel Mauri, vicepresidente de Òmnium Cultural, uno de los más duros con los políticos catalanes. Les pidió “sentido de Estado, que no pierdan energías en luchas estériles. Y nosotros, utilicemos la desobediencia civil porque es un derecho”. Y parafraseando a su compañero encarcelado, Jordi Cuixart, subrayó: “Si nos condenan por ejercer los derechos fundamentales, que nadie tenga duda: lo volveremos a hacer”. Lluís Llach, que también subió al escenario, arengó a hacer “lo que el Estado no espera que hagamos: construyamos a través de la desobediencia y abramos un proceso constituyente. Es hora de arremangarnos y de hacer política colectivamente”.

Hay una cuestión que no es baladí: la propia Paluzie ya advirtió de que la ANC no volverá a poner plazos para la independencia. “Ya no ponemos plazos, Somos conscientes de los errores del pasado”, clamó en su alocución. Eso es una novedad y, así, el 'procés' puede prolongarse indefinidamente en el tiempo. Ya dice el adagio: ‘Vísteme despacio, que tengo prisa’; y a la ANC le han hecho falta siete años para comprender el significado profundo del refrán español.

Cataluña

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