Diez postales desde el lugar donde se deciden las elecciones: "¿Barrio? Eso ya no existe"
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la campaña vista desde el sur

Diez postales desde el lugar donde se deciden las elecciones: "¿Barrio? Eso ya no existe"

El sur de Madrid es la mayor incógnita del 4-M. La izquierda no tiene opciones si no logra entusiasmar en este enorme granero electoral en el que Vox y Ayuso también esperan cosechar votos

placeholder Foto: Una calle de Carabanchel. Foto: Ángel Villarino.
Una calle de Carabanchel. Foto: Ángel Villarino.

No admite discusión que Madrid es una ciudad partida en dos por una "diagonal de la desigualdad". También es un hecho que el mapa electoral tiende a enrojecerse a medida que se viaja hacia el este y, sobre todo, hacia el sur. Lo que resulta más dificil de argumentar es que sea real la épica revolucionaria y el enfrentamiento de barrios que pueblan los mensajes de campaña, la estrategia utilizada para movilizar los votos que necesita la izquierda para tener opciones y Vox para no quedar fuera de juego. El sur de Madrid no tiene una sola voz, ni siquiera dos. Es heterogéneo, a veces incluso contradictorio. Desde luego mucho más que Salamanca o Aravaca, e infinitamente más que las zonas residenciales del noroeste de la región.

Recorremos Carabanchel, el distrito más poblado de la capital, haciendo las mismas preguntas a gente muy distinta. Los resultados de las anteriores elecciones autonómicas, cotejados calle a calle, hacen pensar que la partida está muy abierta, que la participación será la clave y que la realidad no tiene mucho que ver con las ideas sobre las que pivota la campaña. Por poner un ejemplo: en la mayoría de las secciones censales que visitamos, Vox y Podemos se disputaron el quinto puesto en la primavera de 2019, casi siempre empatando en votos. Quienes hablan en nombre del sur son a menudo quienes menos lo representan.

Postal 1. Geppetto en General Ricardos

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención 35,2% - PP 30,2% - PSOE 23,5% - Más Madrid 18,9% - C´s 12% - Vox 8% - Podemos 5,5%

placeholder La obra de una vida. (Ángel Villarino)
La obra de una vida. (Ángel Villarino)

En el escaparate de la Juguetería Ángel hay unas muñecas con carteles que dicen lo siguiente: “Fabricación española. Lloro. Digo ‘papá-mamá’”. El local, sin una renovación en décadas, podría ajustarse al tópico de lugar congelado en el tiempo si no fuese porque el tiempo no perdona. Su propietario, el señor Ángel, nos recuerda a Geppetto. Por su delantal ocre, por sus rizos blancos peinados hacia atrás y por la minuciosidad con la que se entrega a la artesanía de maquetas de tren. "Esta es la estación de Santa Marta, que no existe. Estoy convirtiendo mi afición en negocio porque la juguetería tradicional ya es imposible por culpa del comercio online y las grandes superficies".

El señor Ángel no solo niega la identidad política del barrio, sino la propia existencia del barrio. “¿Qué barrio? Eso ya no existe. Ya no hay barrio. No tiene nada que ver a lo que era hace 40 años, cuando los obreros iban juntos a trabajar. Aquí no hay sentimiento de barrio, ni vida de barrio. Cada uno va a lo suyo, a sus cosas. Hace décadas venía gente de todos los lugares de España y teníamos una vida en común, pero eso ha desaparecido. Ahora hay gente que va y viene, cada uno se busca la vida como puede. Yo vivo aquí pero no tengo la sensación de vivir en un barrio”.

Javier Cuenca, presidente de la Asociación vecinal ‘La Incolora’ de Villaverde Alto, está parcialmente de acuerdo. "La vieja teoría de que el sur es de izquierdas dista mucho de la realidad. Estamos engañándonos cuando hablamos del cinturón rojo de Madrid. Ahora conviven realidades muy distintas y han cambiado mucho las cosas". Fernando Sierra, presidente de la Asociación de Vecinos Casco Antiguo de Carabanchel Bajo tiene una opinión parecida: “Eso de que los barrios humildes son obreros y votan obrero era un cliché. Lo que creo que hay en los barrios humildes es mucha polarización del voto, se votan cosas más extremas".

Postal 2. Vota... por Guillermo Lasso

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 43,1% - PSOE 30,7% - PP 23,8% - Más Madrid 16,2% - C´s 13% - Vox 7,6% - Podemos 7,1%

placeholder El ambiente electoral del barrio. (Ángel Villarino)
El ambiente electoral del barrio. (Ángel Villarino)

Son las diez de la noche y seis coches cruzan la calle General Ricardos ondeando banderas de Ecuador. Van forrados con pegatinas de Guillermo Lasso, candidato conservador a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del país andino. En las calles aledañas no hay carteles electorales de Ayuso o Gabilondo -todavía no ha arrancado la cartelería-, pero sí los hay de Lasso y de su rival, el correista Andrés Arauz. “En las tres circunscripciones de ecuatorianos en el exterior somos 410.000 votantes. Pero además, el voto del ecuatoriano en el exterior es muy importante porque somos líderes en nuestras familias y hablamos con ellos, multiplicando los votos.”, dice al teléfono Jorge Rivera, presidente del partido de Lasso en Europa.

El sur de Madrid concentra una de las tasas de población proveniente del extranjero más altas de Europa y su presencia ha transformado por completo la mayoría de los barrios. Muchos no tienen derecho a voto en estas elecciones, otros no creen tener incentivos para ejercerlo y entre el resto pesa su idiosincrasia cultural tanto o más que su condición social. Su presencia no solo ha creado un nuevo tipo de votante, sino que tiene un fuerte impacto para el del resto del vecindario. "Los trabajos asimilables al ‘blue collar’ de los años 50 y 60 lo están haciendo inmigrantes. Eso hace que algunas de las demandas que tenía la clase trabajadora clásica ya no estén ahí, porque los inmigrantes intentan trabajar lo máximo para enviar remesas. Y la mayoría no votan, porque no quieren o porque no les interesa", asegura Javier Lorente, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Rey Juan Carlos.

Al revés de lo que ocurre en otros países, aquí el voto inmigrante no es homogéneo ni predecible. "Vox, por ejemplo, ha sido muy inteligente con la inmigración latinoamericana. No los ataca. Tiene un perfil muy claro del inmigrante que no les gusta: musulmán o negro", asegura Lorente. En las últimas elecciones me sorprendió lo multiculturales que eran las mesas en los colegios. Había gente con rasgos de todo el mundo... y de todos los partidos”, dice Javier Cuenca. "A priori, por los datos, intuimos que el voto inmigrante puede haber ido al PSOE. Podemos ha intentado recoger la representación migrante y gitana, pero no sé hasta qué punto va a calar", comentan Laura Escudero y Sergio García, miembros de ‘Carabanchelenado’.

Postal 3. Los bares no están para eso

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 45,3% - PSOE 29,7% - Más Madrid 23,9% - PP 20,6% - C´s 9,1% - Vox 8,5% - Podemos 7%

placeholder Aquí no se habla de política. (Ángel Villarino)
Aquí no se habla de política. (Ángel Villarino)

Es mediodía en la terraza de la Enotaberna Oporto. Un niño de cinco años sale derrapando con el patinete y frena justo a tiempo para que no se lo lleve por delante un autobús. Hay varias mesas ocupadas pero en ninguna se habla de política. El camarero dice que no ha oído a nadie hablar de candidatos o elecciones desde hace mucho tiempo. “Solo vino uno el otro día diciendo que había que votar a Ayuso porque tengo el bar abierto gracias a ella. No le hicimos mucho caso y se fue”. El niño del patinete vuelve a coger carrerilla y gira justo a tiempo para que no se lo lleve por delante un Seat Toledo rojo. El desinterés contrasta con los esfuerzos de los partidos por sumar votos en el sur, con el desembarco de personas de los barrios en las listas electorales y con campañas de voluntariado que empezaron a las pocas horas de convocarse la cita electoral.

“No veo a la gente movilizada para votar, los veo más bien hartos, hastiados después de un año muy difícil. Están desencantados con todo porque aquí lo hemos pasado muy mal. Y sí se quejan, pero no tienen claro a quién echarle las culpas. No saben si es la Comunidad de Madrid, si es el Ayuntamiento, si es el Gobierno central...”, comentan en una de las mesas dos periodistas del diario digital del barrio, ‘A Voces de Carabanchel’. Aseguran que las asociaciones vecinales que atienden a los más necesitados se están quedando sin donaciones y que no saben cuánto más podrán aguantar. “Los vecinos no pueden estar donando alimentos durante un año. El impulso inicial se está perdiendo, como es lógico”, dice, mientras el niño del patinete está a punto de estamparse contra una furgoneta que ha parado en doble fila.

Silvia González, representante de la Asociación Vecinal La Unidad de Villaverde Este, dice que muchos vecinos del sur han llegado al segundo año de pandemia en una situación límite. “Hay barrios que están algo mejor aunque no estén bien, porque en todos sitios hay gente en ERTE, desempleados, letras de hipotecas que no pueden pagar... Pero si los comparas con las zonas más castigadas... Con las miles de mujeres que tenían trabajo de limpiadoras y ahora no encuentran nada, con gente que mantiene familias trabajando en la hostelería y están de brazos cruzados... La despensa solidaria que organizó la asociación de Javier Cuenca para hacer frente a la pandemia no ha dejado de funcionar en un año. “Siguen alimentando a mucha gente y ahora estamos haciendo una campaña de recogida de dinero para medicamentos porque la necesidad es cada vez mayor”.

Postal 4. La Peseta podría ser cualquier otro sitio

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 28,3% - PSOE 28,3% - C´s 20,09% - Más Madrid 19,2% - PP 12,7% - Vox 9,9% - Podemos 7,2%

placeholder Glovo en el PAU. (Ángel Villarino)
Glovo en el PAU. (Ángel Villarino)

Calles rectas, avenidas con carril bici, urbanizaciones de ladrillo rojo con piscina, farmacias con los luminosos recién estrenados, mesones... Podríamos estar en Las Tablas o en Sanchinarro, pero nos encontramos al otro lado de la ciudad, en el Ensanche de La Peseta, entre La Latina y Carabanchel. De hecho, algunos de los PAU más poblados de Madrid se encuentran en el sur. En Butarque (Villaverde), en el Ensanche de Vallecas…

Fernando Sierra, de la Asociación Casco Histórico, asegura que hay muchísimos votos en juego aquí. “Este PAU es grandísimo y votan todos en masa, pero más a la izquierda del PSOE no creo que vote casi nadie”, dice. En 2015, PSOE y Ciudadanos se repartieron el voto aquí. “Hay gente que gana mil euros al mes y ya no se siente clase obrera”, se queja Javier Cuenca, sin hacer referencia a La Peseta "En general", matiza. En las calles tampoco hay muchas ganas de hablar de política. “En este bar solo le da por esas cosas a los borrachos”, dice una camarera de Cervecería La Peseta. Y en la plaza eluden las preguntas como si en lugar de Madrid estuviésemos en Pyongyang.

“Muchos de los vecinos de estos PAU son hijos de los que vivían en la zona más viejita del barrio”, comenta Silvia González. “Aunque el entorno sea parecido, tampoco creo que las condiciones de las familias sean iguales que en Las Tablas. Una tercera parte de las personas que piden ayuda en nuestra asociación son del PAU de Butarque, pero están hipotecados de por vida y muchos están en el sector servicios y les han afectado mucho los ERTE”.

Postal 5. Desaparecidos en Puerta Bonita

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 42,6% - PP 28,4% - PSOE 25,5% - Más Madrid 18,1% - C´s 13,8% - Vox 7,7% - Podemos 3,7%

placeholder Debajo de la gran cúpula de Vistalegre. (Ángel Villarino)
Debajo de la gran cúpula de Vistalegre. (Ángel Villarino)

Ni pescaderos vendiendo género ni corrillos de amas de casa. El mercado de Puerta Bonita parece un funeral, y no solo porque se sepulte en los sótanos bajo la cúpula del auditorio de Vistalegre, donde Podemos se refundó en dos ocasiones y que Vox convirtió en su escaparate. Muchos puestos están cerrados, y solo algún cliente arrastra el carrito para comprar lo básico.

“Aquí la gente viene con el dinero justo para comer, se nota porque si le ofreces género un poco distinto no lo quieren”, responde el tendero del puesto de encurtidos, que lleva 40 años aquí. “Bueno, aquí, aquí no, en el barrio”. En el último año, muchos de sus clientes han muerto. “De repente llega alguien y te dice ‘¿te acuerdas de nosequién, que venía a comprar? Pues también…” A algunos de ellos los conocía de toda la vida. “Desilusión” es la palabra que utiliza para sintetizar el estado emocional del barrio.

"Durante buena parte de los 90, Carabanchel fue del PP"

Es posible que algunos de esos vecinos fuesen los que convirtieron los aledaños del mercado en una de las contadas islas donde el PP fue primera fuerza política en las últimas generales, probablemente por edad. “El PP fue primera fuerza en Carabanchel durante muchos años, hasta que el PSOE recuperó la hegemonía después de la crisis”, recuerdan Laura Escudero y Sergio García, miembros de Carabancheleando, colectivo que en 2015 publicó ‘El diccionario de las periferias’. “Durante buena parte de los 90, Carabanchel fue mayoritariamente del PP”. Un voto, como el del PSOE, de mayor edad, y que raramente cambia de bando.

Postal 6. Cinco meses sin pediatra

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 26% - PP 28,6% - PSOE 25,4% - Más Madrid 16,4% - C´s 15,4% - Vox 7,8% - Podemos 4,4%

placeholder Ainhoa y su hija, sin pediatra ni médico ni guardería pública. (Héctor G. Barnés)
Ainhoa y su hija, sin pediatra ni médico ni guardería pública. (Héctor G. Barnés)

Estamos en la centenaria Farmacía Mónica García (nada que ver con la candidata) y Ainhoa salta en cuanto escucha hablar del centro de salud de Abrantes. “¡Qué te voy a contar!” Fue madre hace apenas un año, en pleno arranque de la pandemia, y se encontró con que su centro de salud no tenía pediatra, así que tuvo que buscarse uno privado. Es “un centro de salud fantasma”, como describen los vecinos. Cada jueves desde el verano pasado se celebra una manifestación para exigir una mayor dotación de personal. A las manifestaciones han acudido Pepu Hernández o Mónica García junto a Iñigo Errejón.

Ni eso, ni centros de Educación Infantil público: solo hay uno en la zona. ¿Y no cambia nada? “¡Esto es de derechas! ¿Cómo puede ser un barrio obrero de derechas?”, se pregunta Ainhoa mientras su hija juega, ajena a la batalla política. “Aquí nadie vota para cambiar las cosas”. No le falta razón, cuando uno se lanza a comprobar el mapa electoral: aunque abunda el color rojo, hay determinadas secciones censales, como la del Parque Emperatriz María de Austria u otras zonas de Opañel, de desarrollo urbano más reciente, donde el PP fue la fuerza más votada.

"Aquí la gente no sabe ni quién tiene las competencias de sanidad"

Entre ellas, la esquina de la Elíptica donde cada mañana decenas de inmigrantes acuden para encontrar trabajo “de lo que sea”. Zonas en las que, como recuerdan Escudero y García, el poder adquisitivo es mayor. “Vistalegre, cierta zona de Opañel, Eugenia de Montijo… es más clase media profesional”.

La joven madre es también profesional autónoma, un perfil que contradice los prejuicios de una zona, cercana a Pan Bendito, a la que le antecede su mala fama. Es una de las secciones de Madrid con menos participación electoral. En su zona sur, ni siquiera llega al 37%. El lamento final de Ainhoa es común entre los vecinos: “Aquí la gente no sabe de quién son las competencias, se piensan que el centro de salud es cosa del gobierno… hay mucho desconocimiento y luego pasa lo que pasa”.

Postal 7. El Soho de Madrid

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 29% - PSOE 28,9% - Más Madrid 22,9% - C´s 19,3,4% - PP 15,8% - Vox 5,7% - Podemos 4,7%

placeholder Santi, al otro lado de la barra del Matilda. (Héctor G. Barnés)
Santi, al otro lado de la barra del Matilda. (Héctor G. Barnés)

“¿Oporto? ¡Pero si es la nueva zona hipster!” Este comentario oído dentro de los confines de la almendra central es tan irónico como certero. Abundan los artículos que califican el polígono industrial ISO como “la nueva Malasaña”. “Aquí hay mucho artista”, coincide Santi, que lleva 20 años viendo la evolución de Pedro Díez desde el otro lado de la barra de los locales de ensayo Matilda, cuando la zona era muy diferente, más peligrosa. “El barrio ha cambiado, a mejor”.

Los más de cien artistas que han instalado sus talleres en el polígono, visitado tanto por Andrea Levy como por Más Madrid, también han empezado a vivir aquí. Hay una marea gentrificadora que se extiende poco a poco desde Marqués de Vadillo hacia el norte, a medida que el precio de la vivienda ha aumentado en el centro, expulsando a muchos jóvenes de clase media a los antiguos barrios. Los mismos que hoy llenan Patanel, una fábrica de cerveza que bien podría estar instalada en Malasaña o la galería de arte La Gran.

"Prefiero que no se hable mucho de esto y que no se convierta en la nueva Malasaña"

“Yo soy de los que prefieren que no se hable mucho de esto y que se convierta en la nueva Malasaña, que como suban los alquileres…”, añade Santi. El ‘boom’ del polígono ha provocado la crítica de vecinos, como los del centro okupado Eko, que comparte muros con el Observatorio Estrella Galicia. Sin embargo, en la cafetería del Matilda aún abundan los ‘currelas’ de las naves cercanas, que se cruzan con las primeras bandas que llegan a ensayar. ¿El estado del ánimo del barrio? Santi forma unas garras con las manos. “Aquí la gente está harta de todo”. ¿Contra alguien en concreto? “Se te quitan las ganas de todo. A mí, con tener trabajo, no me importa la política”.

Quizá, uno de los pequeños terremotos demográficos que pueden decantar el panorama electoral. “Una de las cosas que más puede cambiar el sentido del voto es la gente expulsada del centro, con un capital social y cultural más amplio”, valoran Escudero y García. “Vallecas, Usera, Carabanchel y Latina, esos barrios del sur, se están nutriendo de esto”. Un voto que en ocasiones simpatiza con Más Madrid o Podemos, pero que también puede caer del lado de “perfiles tradicionales del PSOE y de centro-derecha en el PAU”.

Postal 8. La vida es hacer cola

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 47,7% - PSOE 25,4% - PP 24,2% - Más Madrid 16,8% - C´s 14,8% - Podemos 8,5% - Vox 6,8%

placeholder Un momento de suerte. (Héctor G. Barnés)
Un momento de suerte. (Héctor G. Barnés)

Una de las imágenes clásicas de Carabanchel tras el desconfinamiento es la de las colas en la oficina de Línea Madrid o el centro de salud General Ricardos. Hay suerte un jueves por la mañana: tan solo unas 30 personas bajo el cielo que amenaza lluvia. “Llevo una media hora aquí”, responde un vecino a punto de entrar. ¿Si vengo mañana va a haber menos gente? “No, es así siempre”. Otra vecina reconoce que se ha pasado a probar suerte. “Es imposible sacar cita por internet, así que he decidido venir a ver si me solucionan algo”.

"La gente se activó por simpatía con el vecino, pero se termina cansando"

“La pandemia ha hecho mucho daño, pero no solo por la gente que ha muerto o que no tiene para comer, sino también porque no se han entendido muchas cosas, como que no se haya reforzado la sanidad”, añade Fernando Sierra, responsable de la Asociación Vecinal Casco Urbano de Carabanchel Bajo, mientras toma un café vespertino en la plaza ante la Junta de Distrito. La dicotomía entre salud y economía es un tanto engañosa y ahonda en esa incomprensión: como recuerda Sierra, muchos de los vecinos entienden las restricciones, “pero también me dicen ‘si pudiese abrir un poquito, unas horas más…’” Es la diferencia entre quedarte en la calle y seguir adelante.

La incomprensión de la que habla Sierra se traduce en desafección electoral. La gran paradoja se encuentra en que los vecinos se movilizaron rápidamente durante la pandemia. “La gente se activó por simpatía, cuando se enteraban de que el bar de enfrente había cerrado o que el del piso de abajo lo estaba pasando mal, nosotros no dábamos abasto con toda la comida que nos traían”, añade. “Tejimos redes, pero la gente se cansa. No era ni de izquierdas ni de derechas, separan la política de la ayuda al vecino. Pero la gente se harta y una vez termina, quizá no se ponen a extrapolar por qué ocurre eso”.

Postal 9. La abstención invisible

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 35,4% - PSOE 26,3% - PP 22,3% - Más Madrid 19% - C´s 16,3% - Vox 9,5% - Podemos 5,1%

placeholder Fernando Sierra, delante de la Junta de Distrito de Carabanchel. (Héctor G. Barnés)
Fernando Sierra, delante de la Junta de Distrito de Carabanchel. (Héctor G. Barnés)

Si el desánimo cunde, ¿quién va a ir a votar? Usera, Puente de Vallecas y Villaverde son los distritos con menos participación de Madrid. En Carabanchel se encuentran las secciones censales con menos participación de toda la comunidad (poco más de un 30%): Caño Roto, Pan Bendito y la Finca de Vista Alegre. “Lugares guetificados donde vive una población con mucho contacto con las instituciones pero que ha tenido una mala experiencia con ellas: ayudas pingües, control, muchísima burocracia incomprensible”, explican Escudero y García.

Javier Lorente es profesor de Ciencias Políticas en la URJC y ha estudiado los fenómenos de abstención electoral en Madrid: una clara brecha que se correlaciona con el nivel de renta per cápita y que decantaría la balanza del lado de la izquierda si su voto se movilizase. ¿Por qué no lo hace? Una cita de Brady, Verba y Schlozman que le gusta a Lorente: “Los ciudadanos no participan en política porque no pueden, porque no quieren, o porque nadie se lo ha pedido”.

"La derecha cumple de forma inmisericorde pero la izquierda no satisface lo básico"

Dos teorías: “La primera, la gente con menos recursos tiene menos motivación para participar, lleva una vida más ajetreada y ve la política como algo menos importante”. La segunda: “Es una hipótesis por contrastar, pero es posible que haya descontento y desánimo hacia los partidos de izquierda. Cunde la impresión de que la derecha introduce sus programas de forma inmisericorde, mientras que la izquierda no satisface las demandas específicas”.

Uno de los fenómenos que se ha producido en los barrios del sur es la decepción tras el período del cambio de Manuela Carmena, que ha llevado a la desmovilización del votante de izquierda. “Si pensamos cómo afectó a las vidas más precarias, no hubo cambios, no se percibió ni siquiera en algo esencial como la limpieza”, añaden Escudero y García. “Había unas expectativas de cambio, pero a la hora de verdad se diluyeron”. Con el problema añadido de que este año las elecciones se celebran en día no festivo y después de un puente. Como lo resume el presidente de la Asociación, “a mí la gente me dice ¿pero cómo voy a pedirle cuatro horas al jefe, venir, votar, volver…?”. Y ese es voto de rentas más bajas.

Postal 10. ¿Dónde está la clase obrera?

Resultados en esta sección censal en 2019: Abstención: 39,3% - PSOE 27,9% - PP 27,3% - C´s 13,8% - Vox 11,2% - Más Madrid 11,2% - Podemos 6,3%

placeholder Cola para empadronarse. (Ángel Villarino)
Cola para empadronarse. (Ángel Villarino)

En ‘Surcos’, la película de 1948 de José Antonio Nieves Conde, una familia de campesinos se mudaba a Lavapiés para probar suerte en la gran ciudad. Víctor, de 27 años, llegó desde Extremadura hace una década para estudiar una carrera, viviendo a caballo entre Carabanchel y Aluche, y encadenando una serie de trabajos que nunca le han durado más de unos meses: telemarketing, ventas, reparto de paquetería, estudios de opinión… hasta llegar a su estación final, prepararse unas oposiciones porque es la única vía a la estabilidad.

“El ‘blue collar’ que se iba a la fábrica de Alcobendas a trabajar ha desaparecido, todo el mundo se dedica al sector servicios, y eso hace que las demandas de la clase obrera no sean tan unísonas”, recuerda Lorente. Es lo que ocurre con Víctor: “Mi experiencia de aislamiento la he achacado a venir de fuera, al final te vas moviendo entre zonas y nunca llegas a conectar con los vecinos o los comercios”, explica. Económicamente, ya ni siquiera puede permitirse vivir en determinadas zonas de Carabanchel.

Tras años de trabajo en precario, oposita: no puede permitirse ni Carabanchel

La clase obrera cambia de trabajo, de piso y de horario continuamente, lo que la atomiza e impulsa su aislamiento. “Mis amigos viven en Aluche, Carabanchel, Vallecas…”, recuerda Víctor. El cinturón rojo es el de los nuevos precarios que, como recuerdan Escudero y García, han desarrollado una nueva conciencia de clase. “A finales de los 90 la idea hegemónica era la de clase media y que los pobres eran los otros, los inmigrantes, pero la crisis volvió a colocar la idea de clase: los primeros confinamientos por zonas básicas aquí se leyeron como una política abiertamente clasista”.

¿Votarán? Sierra no lo ve tan claro: “En la asociación he visto a mucha gente que tiene miedo de que salga Ayuso pero no van a ir a votar, la izquierda es más crítica”. Concluye Víctor: “Hay mucha gente movilizada política pero no electoralmente, pero por el miedo a Vox pueden salir a hacerlo”.

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