El PSOE ve a Yolanda Díaz como difícil rival electoral, pero firme partidaria del acuerdo
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El PSOE ve a Yolanda Díaz como difícil rival electoral, pero firme partidaria del acuerdo

La nueva vicepresidenta tendrá que armar un proyecto tras las elecciones del 4-M para las generales en las que será cabeza de lista, con dudas sobre su margen de maniobra en UP

placeholder Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Diaz (i), habla con Pablo Iglesias. (EFE)
La ministra de Trabajo, Yolanda Diaz (i), habla con Pablo Iglesias. (EFE)

El 1 de junio de 2018 se vivió en el Congreso un día histórico, cargado de emociones. Pedro Sánchez acababa de ganar la moción de censura a Mariano Rajoy y el resultado fue recibido con gritos de "¡sí se puede!", con puños en alto, aplausos, abrazos y lágrimas. En el pasillo del Congreso, la diputada por Pontevedra Yolanda Díaz lloraba emocionada y feliz por el insólito acuerdo de la izquierda. Su partido, Unidas Podemos, no iba a gobernar, pero había unido sus votos a los del PSOE y otros partidos nacionalistas e independentistas para sacar al PP del Gobierno.

Casi tres años después, la diputada está a punto de ser vicepresidenta del Gobierno de Sánchez y ha sido señalada para liderar a Unidas Podemos y ser su cabeza de lista en las próximas elecciones generales, sean cuando sean. Díaz siempre fue partidaria del acuerdo con el PSOE, se ha integrado en la coalición con respeto del resto de ministros y es firme defensora de mantener esta senda. Eso no quiere decir que no haya tenido momentos de dura tensión con otros miembros del Gobierno, procedentes del sector socialista, pero desde el PSOE es vista como garantía de mantenimiento de la coalición.

Sánchez e Iglesias se reúnen para diseñar su salida del Gobierno.

Desde el PSOE se la considera también como una difícil rival electoral para el futuro, teniendo en cuenta que tendrán que competir contra ella si se confirma su candidatura en las generales. Pero entienden que esa rivalidad no impediría la reedición posterior de pactos, si fueran necesarios. Su ascenso a vicepresidenta, previsto para finales de abril, ha despertado algunos recelos en la parte socialista del Gobierno, pero muy localizadas, por ejemplo, en la resistencia a que tenga una vicepresidencia segunda por delante de Nadia Calviño. Unidas Podemos no dará batalla y será vicepresidenta tercera.

Admiten los socialistas que es, probablemente, la ministra que mejor ha aprovechado su presencia en el Gobierno para crecer como política. Ha pasado de diputada de una de las corrientes de Podemos y con perfil bajo a ser uno de las miembros del Gobierno mejor valorados en las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ocupará la vicepresidencia segunda en sustitución de Pablo Iglesias y será la candidatura de Unidas Podemos a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. (EFE)

Así, solo es superada en valoración por Nadia Calviño y por Margarita Robles y por escasa diferencia. Pero hay un dato fundamental que, además, describe su perfil político: su buena valoración entre los votantes del PSOE. Está casi a la par que Calviño y Robles, empata con Carmen Calvo y está sorprendentemente mejor valorada entre los socialistas que José Luis Ábalos, el número dos del PSOE.

Ese perfil está aún más remarcado si se compara con el de Pablo Iglesias, líder carismático y fundador de Unidas Podemos y hasta ahora candidato en generales de esta formación. Iglesias tiene una valoración de 6,1 entre los votantes de Unidas Podemos y del 4,2 entre los del PSOE, mientras que Díaz tiene el 7,3 entre los votantes del partido morado y el 6 entre los del PSOE, siempre según el CIS. Es decir, tiene un perfil que provoca menos rechazo y, por tanto, más transversal, lo que tiene que ver con su capacidad demostrada de llegar a acuerdos con sindicatos y con patronal.

Foto: La ministra Yolanda Díaz en un acto de campaña en A Coruña en febrero de 2020. (EFE)

Los resultados electorales en su circunscripción con ella como cabeza de lista están por encima de la media de su formación en toda España, aunque en generales la lógica de las candidaturas provinciales no suele prevalecer sobre la de los aspirantes a presidentes del Gobierno. Así, en las dos elecciones de 2019 tuvo el 15 y 17% en Pontevedra, aunque sigue estando muy por encima del 4,5% de las últimas autonómicas gallegas en las que ella no se presentaba.

Como futura cabeza de lista de Unidas Podemos, Yolanda Díaz tendrá que marcar ahora un perfil político propio. Fuentes del PSOE y de Unidas Podemos explican que parte bajo la sombra poderosa de Iglesias, pero, finalmente, quien se sentará en el Consejo de Ministros es ella y en el futuro tendrá que hacer lo que se pide a todo nuevo líder político: que mate (políticamente) al padre, con su propio equipo, su discurso, su estrategia y su programa. Porque en política las puertas se cierran por dentro.

Foto: Pablo Iglesias, conversa con la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, que lo sustituirá al frente de la vicepresidencia. (EFE)

Todo ello tendrá que ocurrir después de las elecciones autonómicas de Madrid del 4 de mayo y el ritmo e intensidad estarán condicionados por el resultado de Iglesias en su órdago político. También dependerá del margen de tiempo que transcurra desde entonces hasta la celebración de las próximas generales. Después de las elecciones de Madrid, llegará el relevo orgánico para que Díaz encabece Unidas Podemos.

Iglesias controlaba los ministerios de Unidas Podemos y ahora Díaz tendrá que dar pasos para hacerlo, lo que provocará una cierta bicefalia momentánea para determinar quién representa y lidera a esta formación en el Gobierno. Por ejemplo, ¿quién cierra el acuerdo en un conflicto como el planteado sobre la normativa de vivienda? Tendrá que ser Yolanda Díaz quien lo haga, sea vicepresidenta segunda o tercera, frente a frente con Pedro Sánchez. Esa coordinación también afecta al Grupo Parlamentario, a la espera de que se produzca el relevo orgánico, lo que ocurrirá, aproximadamente, en junio.

Díaz será vicepresidenta tercera y mantendrá Trabajo.

Hasta ahora, ella ha actuado casi por libre en el Consejo de Ministros, aunque en Unidas Podemos no se pone en duda su lealtad a Iglesias. Su primer gesto autónomo se produjo hace justo un año. El 4 de marzo de 2020, el Ministerio de Trabajo se anticipó y editó una guía para combatir el coronavirus, el primer texto sobre la pandemia en el Ejecutivo, pero fue desautorizada por Moncloa por no haber sido dictada desde Sanidad y también por la patronal y los sindicatos.

Lo curioso es que la guía anticipaba medidas posteriores comúnmente admitidas y elogiadas luego como el teletrabajo, los ERTE o la posibilidad de paralizar la actividad de las empresas, incluso a petición de los trabajadores. "En caso de que la prestación de servicios en el centro de trabajo conlleve un riesgo grave e inminente de contagio por coronavirus, también las personas trabajadoras pueden interrumpir su actividad y abandonar el centro de trabajo", decía. Hasta 10 días después no se aprobó el decreto de estado de alarma que paralizó España.

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en el Congreso. (EFE) Opinión

Se cuenta en Moncloa que poco después, Díaz se ganó el respeto de Sánchez cuando se aprobó un nuevo decreto que paralizaba totalmente la actividad. Ese sábado, el presidente del Gobierno tuvo que levantar la voz ante varios ministros para respaldar a Díaz en el búnker de Moncloa y no introducir más sectores en el catálogo de actividades esenciales, como le pedían varios, siempre a requerimiento de grandes empresas.

En el Gobierno se recuerdan otros momentos de tensión con Díaz como coprotagonista y por ser siempre puntillosa y conocedora de los trámites y procedimientos, a diferencia de la posición que ha mantenido Iglesias en esas reuniones, que se basaba más en la estrategia y la comunicación. Por ejemplo, el 22 de diciembre pasado, Carmen Calvo presidía el Consejo de Ministros porque Sánchez estaba en cuarentena. En un momento dado de la reunión, se produjo un instante de tensión cuando Calviño intervino para decir que se daba por aprobada la congelación del SMI. Le respondió la ministra de Trabajo para pedir al titular de Justicia, Juan Carlos Campo, que actuaba como secretario del consejo, que constara en el acta que no se podía aprobar si previamente no estaba en el orden del día, el llamado 'índice rojo'.

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE)

Y el día antes del consejo del 29 de diciembre, se produjo un intenso debate con Moncloa sobre si, al no haber revalorización del SMI, era necesario aprobar una prórroga antes de final de año y cómo hacerlo. La Abogacía del Estado señalaba que era necesario aprobarlo porque, en caso contrario, no habría SMI en España, pero hasta última hora no estuvo claro si era necesario un decreto de Empleo. Esta última opción suponía forzar un debate y una votación de convalidación en el pleno del Congreso y se optó por incluirlo como disposición transitoria en el decreto de medidas para hacer frente al Brexit. Casi al final del consejo, el ministro Escrivá pidió la palabra para señalar que la redacción de la disposición transitoria parecía dejar en manos de los agentes sociales cualquier decisión sobre el SMI. Eso abrió un nuevo debate con nueva intervención de respuesta de la ministra de Trabajo, apoyada por Ábalos, que se sienta a su lado en el Consejo.

En el conflicto sobre las pensiones, su papel fue el de aportar múltiples alegaciones al documento que proponía modificar los periodos de cálculo y la batalla en la Comisión Delegada para Asuntos Económicos frente a Calviño y Escrivá quedó en manos de Alberto Garzón, ministro de Consumo.

Díaz sí tuvo un papel protagonista cuando se plantó ante Sánchez por el acuerdo con Bildu en el que se pactaba la derogación global de la reforma laboral a cambio del voto a la prórroga del estado de alarma.

Foto: Las ministras Nadia Calviño y Yolanda Díaz junto con Pablo Iglesias. (EP)

Con Calviño ha chocado en varias ocasiones, por ejemplo, sobre el teletrabajo, las ampliaciones de los ERTE, las ayudas a la hostelería o sobre la regulación de los 'riders', que la vicepresidenta de Economía frenó durante meses porque, por ejemplo, consideraba que debían ser considerados como emprendedores.

De hecho, esa reforma laboral y la de las pensiones serán los grandes retos de Díaz dentro del Gobierno. Para el primero, pactó con la parte socialista del Gobierno en enero un acuerdo sobre legislación laboral para enviar a Europa y, sobre las pensiones, la batalla está prevista para los próximos meses, cuando la UE exija reformas concretas. Calviño y Escrivá son partidarios de esos cambios y Unidas Podemos lo considera una línea roja. Con Escrivá ha tenido algunas diferencias y ahora se relacionarán de vicepresidenta a ministro.

Ahora tendrá que hacer todo eso como cabeza de una parte del Gobierno. Fuentes de Unidas Podemos aseguran que no pondrán inconvenientes para que Díaz sea vicepresidenta tercera y Calviño segunda. Admiten que, más allá del factor humano, es coherente que la vicepresidenta Económica coordine el área y que, como tal, siga presidiendo los viernes la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, un órgano casi más importante que el propio Consejo de Ministros.

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