Yolanda Díaz, entre el ajedrez y el boxeo
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CAMBIO DE PERFIL

Yolanda Díaz, entre el ajedrez y el boxeo

Si en Moncloa se percibe con recelo el creciente perfil de la ministra de Trabajo, en la vicepresidencia económica han saltado las alarmas tras la visita de Díaz a Bruselas

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE)
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE)
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En la última reunión del denominado Consejo Confederal de Unidas Podemos celebrado el pasado 5 de diciembre, un espacio del que participan todas sus alianzas y confluencias territoriales, se lanzó la reflexión de que llegaría un momento en el que se iría a por la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, desde el sector más ortodoxo del Ejecutivo. Su capacidad para llegar a consensos en la mesa de diálogo social y un estilo propio, independiente y alejada de las tensiones que los suyos mantenían con los socialistas, no evitaría la esperada embestida, según se dejó caer a modo de toque de atención.

"Ahora [Nadia] Calviño intenta ir a por ella y los socialistas están cerrando filas con su vicepresidenta económica", explican fuentes del sector de Unidas Podemos en el Gobierno. Los pulsos entre ambas se acumulan y Díaz, fiel a un aplomo que bebe de su experiencia sindical y como abogada laboralista, acostumbrada a los golpes en la mesa de negociación para calibrar cuándo se precisa ceder y cuándo atacar, comienza a combinar el boxeo con el ajedrez.

A la negativa a congelar el salario mínimo interprofesional o a ampliar los años de cotización para el cómputo de las pensiones se suma como una línea roja no suavizar la reforma laboral prevista en el programa de Gobierno. Tras haber conseguido seis grandes acuerdos en la mesa de diálogo social, y llegarse a deslizar cierta tibieza e incluso un temor a que se estuviese labrando una imagen de independiente de los partidos, la titular de Trabajo se pone en primera fila junto a Pablo Iglesias para asumir los pulsos en el ámbito socioeconómico.

Foto: La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, conversa con el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, en los pasillo del Congreso. (EFE)

La buena sintonía parece quedar atrás y en Moncloa empiezan a evitar que Díaz siga colgando medallas en el despacho que ocupa hace menos de un año. Tanto socialistas como morados manejan sus propias encuestas, y en ellas la ministra gallega coge vuelo. "Comienza a percibirse como un pequeño fenómeno", indican fuentes conocedoras de los trabajos demoscópicos, tanto cuantitativos como cualitativos. De ahí que desde Unidas Podemos desconfíe que la demoscopia podría tener que ver con un cierto cambio de actitud de Moncloa respecto a la ministra de Trabajo.

Si en Moncloa se le percibe con recelo el creciente perfil en detrimento de otros compañeros de viaje —llegándose a descartar en el último momento un acto conjunto que tenía previsto realizar el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con la ministra sobre políticas laborales—, en la vicepresidencia de Asuntos Económicos han saltado algunas alarmas por la visita a Bruselas de Díaz el pasado jueves. O más bien por el resultado de estos encuentros.

La ministra salió airosa de su incursión en el territorio Calviño, no solo porque derribó prejuicios por sus filiaciones políticas, sino porque contrarrestó las posiciones de la vicepresidenta económica al volverse de vuelta sin reproches a su agenda de reformas e incluso con alguna felicitación por la gestión de los ERTE. Tras varios días de intensa oposición interna en el propio Ejecutivo, Díaz cerró su semana dejando una buena sensación en Bruselas.

Foto: Paolo Gentiloni, comisario de Economía. (Reuters)

No fue la única paradoja. Un día antes de su visita había defendido en Lisboa junto a su homóloga portuguesa, la socialista Ana Mendes, colaborar en el impulso de la directiva europea de salarios mínimos, coincidiendo con que este asunto será uno de los temas en la agenda del Gobierno portugués tras asumir este próximo enero la presidencia rotatoria del Consejo. "Es especialmente relevante el apartado seis sobre el diseño de una herramienta eficaz, como son los salarios mínimos. Hoy firmamos una declaración que avanza en este sentido, con la convicción para contar con la directiva que regula los salarios mínimos", declaró Díaz. Algo que se volvió compartir en su encuentro con el comisario de Empleo y Derechos Sociales, Nicholas Schmit, y que genera no poca contradicción con el discurso del sector ortodoxo del Gobierno defendiendo la congelación del SMI.

Unas horas después era la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, quien asumía estas tesis dejando atrás los posicionamientos pretendidamente ambiguos de algunos de sus compañeros de Gobierno: "No subirá el salario mínimo ahora". Tajante, traducía a la portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, que en la rueda de prensa del pasado martes tras el Consejo de Ministros apostaba porque cualquier decisión al respecto se tomase en el marco de la mesa de diálogo social. Igualmente, Montero realizaba un "llamamiento a la prudencia", subrayando la necesidad de "tomar la mejor decisión para que podamos seguir impulsando el crecimiento económico” y evitando que "se produzca una salida de personas del mercado laboral".

Foto: Pedro Sánchez, durante la firma el pasado mes de enero con patronal y sindicatos del acuerdo para subir el SMI a 950 euros. (EFE)

El deterioro de las relaciones entre Díaz y Calviño es cada vez más patente. Tanto que tras un Consejo de Ministros la titular de Trabajo, en un aparte con la vicepresidenta tercera, llegó a pedirle un tono más constructivo y que, por favor, no le levantase la voz. Pero las diferencias llegan al punto de lo que se interpreta como zancadillas, por ejemplo al no remitirse a Trabajo los documentos a debate en la Comisión Delegada del Gobierno de Asuntos Económicos, que preside Calviño, hasta escasas horas antes de su comienzo.

El salario mínimo ha abierto en canal al Ejecutivo de coalición, con una cacofonía insólita que desmonta la máxima de "dos partidos, un Gobierno". Y es que, más allá de la posición de la ministra de Trabajo contraria a su congelación, tras la primera reunión de la mesa de diálogo para abordar el SMI, el secretario de Estado de Empleo y número dos de Díaz, Joaquín Pérez Rey, trasladaba que "para el Gobierno, la congelación del salario mínimo interprofesional no es una variable en la que estemos trabajando". Y concluía: "Congelar el SMI es una opción descartable porque constituiría una verdadera anomalía en la progresión que lleva desde la aprobación del Estatuto de los Trabajadores". Del ajedrez al boxeo.

En la última reunión del denominado Consejo Confederal de Unidas Podemos celebrado el pasado 5 de diciembre, un espacio del que participan todas sus alianzas y confluencias territoriales, se lanzó la reflexión de que llegaría un momento en el que se iría a por la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, desde el sector más ortodoxo del Ejecutivo. Su capacidad para llegar a consensos en la mesa de diálogo social y un estilo propio, independiente y alejada de las tensiones que los suyos mantenían con los socialistas, no evitaría la esperada embestida, según se dejó caer a modo de toque de atención.

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