Yolanda Díaz, de abogada laboralista a designada por Iglesias para su relevo
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IGLESIAS BENDICE LA OPERACIÓN RELEVO

Yolanda Díaz, de abogada laboralista a designada por Iglesias para su relevo

Tanto socialistas como morados manejan sus propias encuestas, y en ellas la ministra gallega coge vuelo. "Comienza a percibirse como un pequeño fenómeno".

placeholder Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ocupará la vicepresidencia segunda en sustitución de Pablo Iglesias y será la candidatura de Unidas Podemos a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. (EFE)
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ocupará la vicepresidencia segunda en sustitución de Pablo Iglesias y será la candidatura de Unidas Podemos a la presidencia del Gobierno en las próximas elecciones generales. (EFE)

La hoja de ruta comenzó a fraguarse con la marcha de Yolanda Díaz de IU, el pasado verano -oficialmente en marzo de 2020-, pero apenas estaba esbozada. La 'operación relevo de Pablo Iglesias' en Unidas Podemos se ha precipitado, quemando en apenas un fin de semana el proceso de debate que se pretendía desarrollar en un horizonte de dos años vista para situar a Díaz como vicepresidenta segunda y próxima candidata de la formación morada en las elecciones generales. "Creo que digo algo que sienten millones de personas de izquierdas en toda España si digo que Yolanda Díaz puede ser la próxima presidenta del Gobierno de España. La gente de Podemos, la gente de IU, de En Común Podem, y de izquierdas de este país tenemos que apoyar a Yolanda Díaz para que si ella así lo decide y así lo quiere la militancia de nuestras organizaciones sea la candidata de Unidas Podemos en las próximas elecciones generales y la primera mujer en ser presidenta del Gobierno de España”, concluía Iglesias en el mensaje con el que bendecía a su sustituta.

Foto: Pablo Iglesias dejará el Gobierno de coalición para presentarse como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid. (Reuters)

El adelanto electoral en Madrid, poniendo en tela de juicio la supervivencia institucional de la formación morada en su campamento base, la posibilidad de que la escisión de Más Madrid absorbiese a su matriz y siguiese extendiendo su proyecto alternativo para hegemonizar el espacio a la izquierda del PSOE y la polarización que situaría a los socialistas como la papeleta aglutinante del electorado progresista, ha precipitado una decisión sorpresiva con la que el líder de Unidas Podemos lo apuesta todo a una carta. Aprovechar todo su capital político para frenar "a la ultraderecha" y dejar en manos de la ministra de Trabajo, la mejor valorada de los representantes morados en el Gobierno, el liderazgo de Unidas Podemos.

En julio del pasado año se comunicó la baja de Díaz de la federación gallega de Izquierda Unida, de la que fue secretaria general durante 12 años, tras el batacazo de los comicios autonómicos, como adelantó este diario. Su salida abría la primera puerta a que pudiera aspirar a liderar Unidas Podemos, lo que entonces tanto desde el entorno de la ministra como desde el de Iglesias se apuraron a negar. Fuentes de IU, sin embargo, no tenían dudas de que se estaba poniendo los cimientos de lo que estaba por venir: "Es legítimo que quiera aspirar a liderar Podemos", opinaban entonces fuentes de IU. Aunque la salida se comunicó en aquel momento, atendiendo a los procesos orgánicos del partido, el entorno de Díaz afirmaba que ya se había dado de baja al entrar en el Gobierno. De igual forma, recordaban que milita en el PCE y apuntaban que "no tiene aspiraciones de liderar Podemos".

Yolanda Díaz (Fene, A Coruña, 1971) era, junto con Alberto Garzón, el rostro más reconocido de IU. En la negociación del Gobierno de coalición, la federación que se alió con Podemos para las generales negoció dos ministerios. Para Díaz fue el de Trabajo, con el que ha lidiado con los ERTE y los cambios en la reforma laboral. Fue ganando protagonismo, como se vio en el CIS, donde figura recurrentemente como uno de los miembros del Gobierno mejor valorados. Díaz accedió a la coordinación nacional de Esquerda Unida en 2005, formación con la que fue candidata a la presidencia de la Xunta ese año y en 2009. En ninguna obtuvo representación. Sí lo hizo en 2012 con una coalición de izquierdas en la que obtuvo nueve diputados. Esta abogada laboralista fue también teniente de alcalde en Ferrol y mantuvo el cargo de coordinadora de Esquerda Unida en Galicia hasta 2017.

Su marcha de IU sentó como un jarro de agua fría en la dirección del partido. Algunos dirigentes la acusaron de ir por libre, de tener su agenda propia y dejar el partido en cuanto ha alcanzado cotas de poder después de tres lustros militando allí, señalaban fuentes de la formación. Su salida de la marca gallega de IU la colocaba automáticamente como candidata en una eventual carrera por el liderazgo de Unidas Podemos.

El mantra de que Díaz se estaba labrando una imagen de "independiente" y de que como ministra "no se debe a nadie" se ha repetido durante los últimos meses entre miembros destacados de las confluencias que forman parte de Unidas Podemos. Con todo, se reconoce al mismo tiempo que la evolución de Díaz al frente del ministerio de Trabajo la ha convertido en uno de los mejores activos para el espacio a la izquierda del PSOE. Tanto es así que desde IU, su antigua formación, la han defendido siempre desde la dirección, tanto el coordinador federal, Alberto Garzón, como Enrique Santiago, el secretario general del PCE con quien mantiene una estrecha relación. "Es una ministra muy querida por la militancia de IU y está haciendo un gran trabajo", zanjan fuentes cercanas a la dirección de IU.

Su capacidad para llegar a consensos en la mesa de diálogo social y un estilo propio, independiente y alejada de las tensiones que los suyos mantenían con los socialistas, ha reforzado su perfil y las encuestas de valoración de ministros dan buena cuenta de ello. Sin embargo, siempre ha combinado el boxeo con el ajedrez, y de ahí que no haya evitado los pulsos con la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, a cuenta de la reforma laboral. Durante su primer año como ministra de Trabajo, Díaz se ha mantenido fiel a un aplomo que bebe de su experiencia sindical y como abogada laboralista, acostumbrada a los golpes en la mesa de negociación para calibrar cuándo se precisa ceder y cuándo atacar, comienza a combinar el boxeo con el ajedrez.

Tras conocer el anuncio de Iglesias, Díaz ha afirmado que asume como un "honor" el reto de ser "vicepresidenta". Además ha recalcado que llegaron a la política para "cambiar las cosas y mejorar la vida de las personas", algo que "Iglesias siempre ha defendido". "Lo demostró en el Gobierno y lo sigue haciendo ahora, con esta valiente y necesaria candidatura, que unirá, con fuerza e ilusión, al Madrid que más queremos".

Como vicepresidenta segunda, tendrá más margen para dar batallas en el seno del Gobierno. No es una buena noticia para Calviño. A la negativa a congelar el salario mínimo interprofesional o a ampliar los años de cotización para el cómputo de las pensiones se suma como una de sus líneas rojas no suavizar la reforma laboral prevista en el programa de Gobierno. En Moncloa ya empezaron a evitar que Díaz se siguiese colgando medallas en su despacho. De hecho, ya no compareció desde la mesa de las ruedas de prensa del Consejo de Ministros cuando se alcanzó el último acuerdo para prorrogar los ERTE. En su lugar lo hizo el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá.

Tanto socialistas como morados manejan sus propias encuestas, y en ellas la ministra gallega coge vuelo. "Comienza a percibirse como un pequeño fenómeno", indicaban fuentes conocedoras de los trabajos demoscópicos, tanto cuantitativos como cualitativos. De ahí que desde Unidas Podemos se desconfiase que la demoscopia podría tener que ver con un cierto cambio de actitud de Moncloa respecto a la ministra de Trabajo.

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