¿TOMAR MEDIDAS ANTES DE FECHAS SEÑALADAS?

Tiritas antes de heridas: el puente del 12 de octubre pone a prueba los cierres preventivos

La velocidad de la declaración del estado de alarma tenía como objetivo evitar un coladero de madrileños a otras comunidades. ¿Pasará lo mismo en otros puentes y en Navidad?

Foto: Tráfico en Madrid tras el estado de alarma. (EFE)
Tráfico en Madrid tras el estado de alarma. (EFE)

La rapidez con la que el Gobierno se ha movido durante las 24 horas previas a la declaración del estado de alarma en la Comunidad de Madrid tras la paralización del cierre en la capital del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) tiene una razón clara y evidente: el puente del 12 de octubre, festividad nacional que se celebra este lunes, y los miles de desplazamientos que se pueden producir si no hay restricciones.

Es uno de los fines de semana con más movilidad del año, uno de los puntos álgidos del otoño junto con el puente de Todos los Santos y el de la Constitución, con la ventaja de que el tiempo meteorológico en octubre suele ser más amable y los días aún son relativamente largos, lo que otros años ha favorecido el turismo nacional. Los últimos años, la DGT preveía alrededor de cinco millones de desplazamientos estos tres días. La reapertura perimetral de Madrid en un momento tan inoportuno como el jueves 10 de octubre facilitaba que, aun sin llegar a igualarse ese número de movimientos, se reactivase la movilidad interprovincial.

El puente de Todos los Santos, de la Constitución y las fiestas de Navidad son los próximos puntos calientes en el calendario

En esa línea iban las palabras de la portavoz del Gobierno de la Comunidad de Castilla-La Mancha, Blanca Fernández, cuando este jueves reconoció que la reapertura de Madrid les preocupaba. La comunidad castellanomanchega fue una de las regiones más afectadas durante la primera ola de coronavirus, y con una incidencia acumulada de 410 (Madrid se encuentra en 647), una de las regiones en peor situación en el país. Conviene recordar, no obstante, que la gran parte de la relación de la comunidad castellana es laboral, con un gran número de trabajadores que acuden cada día a la CAM.

Por lo tanto, la decisión de declarar un estado de alarma con tanta premura, dada la aparente estabilización de los datos madrileños, responde ante todo a la voluntad de contener los contagios dentro de la ciudad de Madrid y de cada uno de sus municipios, intentando evitar que el puente impacte directamente en el número de casos en otras comunidades, por ejemplo, los destinos playeros como la Comunidad Valenciana. En otras palabras, se trata de una medida de prevención ante momentos del año que, por sus circunstancias, favorecen la movilidad. Un paso más allá de la apelación a la “responsabilidad” individual que realizó el pasado jueves Fernando Simón. Otros dos puentes y unas grandes vacaciones de Navidad se encuentran en el horizonte.

Zaragoza ha decidido retroceder a fase 2 durante las fiestas del Pilar: "Si no lo hiciésemos, a lo mejor estábamos en 1.000 casos dentro de dos semanas"

La actuación del Gobierno en Madrid no es la única que se ha llevado a cabo en este puente para intentar contener el impacto de las fiestas. Zaragoza, por ejemplo, ha decidido volver a una suerte de fase 2, con limitaciones de horarios y aforo en la hostelería, ante las fiestas del Pilar que se celebran estos días. La ciudad apelaba al “principio de prudencia” en este caso, pues se encuentra estabilizada desde hace semanas en una incidencia de entre 200 y 300 por cada 100.000 habitantes.

Basta comparar este caso con el de la vecina Huesca, también en fase 2, para entender la distinta naturaleza de estas medidas, que intentan reducir el impacto de comportamientos sociales como la movilidad entre regiones o el ocio festivo en el número de casos en lugar de reaccionar una vez el brote se ha desbocado, es decir, anticiparse a posibles acontecimientos que impacten en la curva.

“A todos nos podría apetecer la juerga, pero si dentro de dos semanas tenemos 1.000 casos no hacemos gracia ni a la hostelería”, recuerda Federico Arribas, profesor del Departamento de Microbiología, Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Zaragoza. “Aunque puedan sacar algo, nos íbamos a tener que encerrar en dos semanas, así que o tenemos sentido común o nos va a ir mal. Este año no tocan las fiestas. Aunque estemos en 300 o 400 casos, que no es una situación como la de Madrid por el trabajo que se está haciendo, tampoco son cinco casos, pero si nos metemos con multitudes para el día 19 o 20 podemos plantarnos en 1.000 casos y la hemos montado, porque si cerramos se fastidia la hostelería y el resto de negocios” Es preferible, añade, pequeños sacrificios que permitan el mantenimiento de la normalidad. “Es sentido común, porque a la larga la barra libre hace más mal que bien”.

Esa es la estrategia que cada vez parece tener más sentido entre las medidas de Salud Pública, como recordaba Salvador Peiró, investigador en Salud Pública de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat Valenciana (Fisabio), al señalar que incluso en las regiones de menor impacto, la clave se encuentra en intentar reducir la incidencia todo lo posible. “Los colegios y los trabajos tienen la transmisión que tengan sus entornos, y la manera de controlarlo es reducir la transmisión, reduciendo contactos pero manteniendo la actividad productiva y escolar”. La limitación perimetral de Madrid es una tirita colocada antes de que se abra la herida de exportar la transmisión comunitaria a otras regiones.

¿Confinamiento preventivo?

Un cambio de perspectiva que puede recordar a la propuesta de los dos Premios Nobel Esther Duflo y Abhijit Banerjee, que proponían un confinamiento estricto entre el 1 y el 20 de diciembre para “salvar” la Navidad. Su visión era, ante todo, económica, mientras que la lógica seguida para el cierre precipitado de Madrid es epidemiológica. Es decir, como explicaba a El Confidencial Julián Domínguez, miembro de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene, criterios como “un aumento de la incidencia acumulada o de pacientes críticos en las UCI”. Medidores que, si bien parecen haberse moderado, aún siguen convirtiendo a Madrid en la región de Europa más castigada por el coronavirus.

"Los períodos vacacionales como la Navidad son problemáticos porque aumentan los desplazamientos y los contactos con mayores"

Hasta cierto punto, se podría decir que ambas medidas son antitéticas, puesto que los Nobel proponían un cierre estricto con una recompensa final, que es disfrutar de la Navidad (y de sus fiestas, reuniones y movilidad) partiendo de una baja incidencia de casos, y dando prácticamente por hecho que va a haber un importante rebrote en enero. Irónicamente, el confinamiento de primavera tiene más que ver con la propuesta con los Nobel que el de este puente: la rapidez con la que se entró en la nueva normalidad podía interpretarse como una medida de relajación para reactivar la economía, basada ampliamente en el turismo, cuanto antes.

Arribas pone el ejemplo de la estrategia seguida por Aragón en los últimos meses, en los que se ha conseguido atajar el aumento de casos después de una gran subida en junio u julio introduciendo restricciones al mismo tiempo que se intentaba mantener los negocios abiertos: “Se establecieron controles, se cancelaron las fiestas locales pero fue acertado, porque se salvó la economía a pesar del aumento de casos, lo que no se puede permitir son las salidas masivas”. Una tercera vía intermedia más fácil de aplicar y razonable en el medio plazo en el “difícil equilibrio entre salud y economía”.

Zaragoza ha llamado a la solidaridad de sus vecinos para no celebrar El Pilar. (EFE)
Zaragoza ha llamado a la solidaridad de sus vecinos para no celebrar El Pilar. (EFE)

En este caso, el período vacacional no se concibe como el final del trayecto o recompensa, sino como un potencial foco de problemas. Lo cual hace presagiar que medidas semejantes se puedan reproducir en sucesivos puentes, especialmente en regiones con un alto nivel de incidencia y desde donde se realicen un gran número de desplazamientos. Es decir, Madrid. Navidad aparece marcado en rojo en el calendario de todos los expertos en Salud Pública y, como recuerda Peiró, “es un período muy complicado porque hay mucha más movilidad, la gente vuelve a sus casas y hay más relación con los ancianos a lo largo de varias semanas”.

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