Cada vez más claro el contagio por aerosoles

Peligro en el interior de bares y restaurantes: por qué multiplica el riesgo de contagio

Un nuevo estudio señala la visita a establecimientos hosteleros como factor de riesgo para la transmisión del covid: comer y beber da pie a quitarse la mascarilla durante horas

Foto: (Foto: EFE)
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El sector de la hostelería tiene un peso enorme en la economía española, así que fue uno de los primeros protagonistas de la desescalada tras el confinamiento por la pandemia, pero desde entonces ha estado en el centro de la polémica. Sin duda, es uno de los principales afectados a la hora de dar marcha atrás con medidas más restrictivas (especialmente, de aforo o de horarios) para evitar que los rebrotes se disparen. Y también es uno de los más señalados cuando se hacen comparaciones con otros sectores, como el de educación o la cultura. Así que muchos se preguntan si realmente bares y restaurantes tienen tanta culpa en la transmisión del covid o si se está exagerando.

Ahora, un estudio de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EEUU llama la atención sobre la importancia que puede estar teniendo este tipo de locales en la propagación del virus. Al analizar una serie de positivos por coronavirus procedentes de once centros sanitarios del país, los investigadores detectaron que habían pasado con mucha mayor frecuencia por bares y restaurantes que los pacientes que habían dado negativo. En concreto, existe el doble de posibilidades de que un infectado declare que ha cenado en un establecimiento hostelero en los 14 días anteriores a su diagnóstico.

El trabajo contabilizó más de 300 participantes y apenas hubo diferencias entre el comportamiento de los positivos –además de tener los síntomas, el diagnóstico fue confirmado por PCR– y de los que dieron negativo en las pruebas: en líneas generales habían ido de compras, habían visitado el gimnasio, habían celebrado actividades religiosas, habían viajado en transporte público y habían acudido a centros de trabajo en la misma medida. La única diferencia estadísticamente significativa estaba en sus hábitos a la hora de comer y beber fuera de casa.

Además, la mayoría de los participantes no había tenido un contacto consciente con otras personas con covid y también la inmensa mayoría, tanto de los positivos como del grupo de control, afirmaron usar con frecuencia la mascarilla en lugares públicos (más de 70% en los dos casos). Los autores creen que, dadas estas premisas y los resultados de su investigación, la explicación está clara: el uso de mascarillas y el distanciamiento social son difíciles de mantener al comer como al beber y estas situaciones propician los contagios. Si a esto se le añade la falta de circulación del aire, por encontrarse en interiores mal ventilados, los establecimientos que sirven comidas y bebidas se convierten en un peligro.

MADRID, 15 08 2020.- Varios turistas en la terraza de un restaurante de la Plaza Mayor de Madrid. (EFE)
MADRID, 15 08 2020.- Varios turistas en la terraza de un restaurante de la Plaza Mayor de Madrid. (EFE)

No obstante, reconocen que el estudio es muy genérico sobre los lugares de exposición y que tiene una importante limitación, ya que no discriminaba entre el consumo en terrazas y en el interior de los locales, lo que podría ofrecer más claves sobre los resultados. Además, los participantes pertenecen a 10 estados de EEUU diferentes (California, Colorado, Maryland, Massachusetts, Minnesota, Carolina del Norte, Ohio, Tennessee, Utah y Washington), con restricciones y regulaciones muy variadas.

En cualquier caso, para muchos expertos no hay duda de que el consumo en el interior es el factor determinante, así que el estudio de los CDC no hace más que reforzar la idea de que los entornos llenos de gente, con contacto cercano y la falta de uso de máscaras –en este caso, justificada por tener que beber y comer– suponen uno de los principales focos de contagio del covid. “Al comer te quitas la mascarilla y creas un mayor riesgo de exposición. Incluso podemos guardar la distancia de metro y medio con otras personas, pero no con la comida que ingieren y, en el fondo, el resultado es el mismo”, afirma en declaraciones a Teknautas Alejandro Conde Sampayo, médico de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempsph).

Importancia para los rebrotes

Miguel Hernán, epidemiólogo español de la Universidad de Harvard, trataba de explicar hace unos días en un hilo de Twitter por qué Nueva York no está sufriendo una segunda ola de casos como Madrid. En su opinión, las comidas en el interior pueden estar siendo una de las principales fuentes de transmisión del coronavirus en España. Los comedores interiores neoyorquinos permanecen cerrados (podrán abrir al 25% de su capacidad el 30 de septiembre), los protocolos son estrictos y la vigilancia para garantizar que se cumplen es intensa. Por el contrario, en la capital española se pueden abrir al 60% desde junio y son habituales las aglomeraciones. Con este factor, unido a la falta de rastreo de contactos y de pruebas, el desastre está servido.

Aunque el uso de la mascarilla es una medida muy efectiva para detener los contagios y en España es obligatoria, los expertos ya han señalado que uno de los fallos que puede explicar por qué lideramos las estadísticas de rebrotes puede estar, precisamente, en que la norma no se aplica en los establecimientos hosteleros y en las reuniones familiares donde la comida y la bebida son protagonistas. Si además damos rienda suelta a nuestras ganas de hablar alto, gritar o cantar, la propagación se podría estar multiplicando.

“Las matemáticas están ahí”, señala el experto de la Sempsph. “Con el confinamiento dejamos las reuniones y todo tipo de contactos y la curva bajó, pero en cuando han vuelto las interacciones sociales aumenta la curva. Es fácil de entender que se incrementa el riesgo de que una persona positiva contagie a alguien y que se va multiplicando”, señala. En ese sentido, las aportaciones de la hostelería, por pequeñas que sean, pueden ser significativas. “En salud pública son muy importantes los porcentajes. Pasar de un 1% al 2% parece poco, pero es duplicar los casos. Si lo vas multiplicando por cientos de personas, los números cambian”, destaca.

Paul E. Sax, experto en enfermedades infecciosas, comenta el estudio de los CDC en su blog de de ‘The New England Journal of Medicine’ (NEJM) recordando que, a diferencia de Nueva York, algunos estados del sur de EEUU decidieron abrir rápidamente bares y restaurantes y los casos se dispararon. En su opinión, y en la línea de lo que recogen los propios CDC, la contaminación de la superficie de los alimentos y los paquetes no son más que riesgos hipotéticos, así que la principal vía de contaminación en estos establecimientos sería la transmisión de persona a persona a través de las ya conocidas vías de gotitas que exhalamos al respirar o al hablar o a través de los aerosoles (gotas aún más pequeñas que quedan flotando en el aire).

(Foto: EFE)
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“Aunque se generen pocos aerosoles, si estamos en un ambiente poco ventilado siempre ayuda a la transmisión”, confirma Conde Sampayo. Por eso, “todo lo que sea ventilación y renovación del aire hará que se produzca una menor concentración de virus en el ambiente y, por tanto, que haya menos probabilidades de contagio”, añade.

No obstante, considera que no hay que descartar otras posibilidades. “Siempre va a haber lugares de riesgo dentro de los propios bares, porque lógicamente la limpieza no es como la de un hospital. Los productos necesitan un tiempo de acción, así que pasar un paño por la mesa con productos puede no ser suficiente. Además, no se limpia todo, si mueves una mesa o una silla la coges por lugares que seguramente no están desinfectados”, matiza.

En cualquier caso, como clientes siempre está en nuestra mano reducir los riesgos. “Si estás dos horas en un bar, no es lo mismo quitarte la mascarilla sólo para beber un momento que estar sin ella todo el rato”, comenta. Por muy pesado que nos parezca, “te acabas acostumbrando”.

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