Y sin grandes confinamientos

El respiro de Aragón: cómo la región que estuvo como Madrid ahora frenó la curva

Hasta mediados de agosto, Aragón lideraba la crisis del coronavirus y Zaragoza, la capital, se analizaba con preocupación desde toda Europa. Ahora, ha bajado su incidencia en 200 puntos

Foto: Aragón es una de las comunidades con mas positivos en covid-19. (EFE)
Aragón es una de las comunidades con mas positivos en covid-19. (EFE)

La nueva ola de covid se ha extendido por todo el país. España ya es la nación con peor situación epidemiológica de la UE y tiene puntos como la Comunidad de Madrid, Navarra o País Vasco con índices altísimos que recuerdan a tiempos pasados. Pero en julio y agosto, cuando la situación aún estaba contenida en estas regiones, otra era la autonomía que aparecía en todos los telediarios: Aragón. La comunidad maña fue la peor parada durante los rebrotes veraniegos junto a Cataluña, llegando a incidencias similares a las actuales de la capital nacional, pero ahora ha conseguido controlar el brote (aunque no hundir la curva) y puede ser ejemplo para lo que está por venir.

Desde la aparición de los brotes de los temporeros a principios de julio en la frontera entre Huesca y Lleida y su posterior extensión a Zaragoza, la región vivió un "incendio", como lo califican algunos expertos contactados por Teknautas, que llegó al techo de 572,4 casos por cada 100.000 habitantes el 12 de agosto, pero tres semanas después ese índice estaba en 280 y ahora, aunque ha crecido hasta los 344, el problema sigue bajando en la capital, el núcleo de población que aglutina a más del 50% de los ciudadanos de Aragón. ¿Cómo consiguió la región doblegar la curva? Pues, según los expertos, hay pocos trucos mágicos y bastantes soluciones clásicas: aprendizaje y algo de creatividad.

"A mí me gusta comparar lo ocurrido en Zaragoza, porque el brote sobre todo fue en la ciudad, con un incendio. Aquí, hasta el 15 de julio, estaba todo más o menos tranquilo, solo con los casos de los temporeros en Huesca, pero una pequeña chispa, como el que tira una colilla en el campo, hizo que los casos se multiplicasen y el covid se colase por todas partes. Encontró buen pasto en los barrios más desfavorecidos y arrasó", explica a este periódico Juan José Badiola, director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles Emergentes de la Universidad de Zaragoza y asesor científico del ayuntamiento de la ciudad. Del 16 al 19 de ese mes, la incidencia se dobló, e inició una escalada casi vertical hasta el 2 de agosto.

Hubo varios errores como que el problema les pilló por sorpresa. Zaragoza no es una ciudad muy turística en verano y mucha de su población sale buscando lugares más frescos para pasar la temporada estival por lo que nadie imaginaba algo así y, según confiesa Badiola, eso empeoró la situación. "Nos pilló de sopetón y eso provocó que las medidas tardasen algo más en hacer efecto y que costase más controlar la situación", apunta. A cambio, el Gobierno regional del socialista Javier Lambán y el municipal del popular Jorge Azcón se remangaron rápido y pusieron todo en marcha todo lo que tenían en su mano. "Se fue contundente y claro, y en ningún momento se quiso maquillar lo que pasaba", apunta Badiola.

Como comenta el epidemiólogo veterinario aragonés de la UniZar Ignacio de Blas Giral (que sigue desde el principio la evolución de la pandemia), se falló sobre todo al principio al no ver el tamaño del problema que venía y no valorar, por ejemplo, que atajar el problema de los temporeros en el campo podía acabar con estos mismos trabajadores llevando el virus a la ciudad. Pero se ha dado la vuelta con aciertos de sentido común y que a la postre se ha visto que han funcionado.

La clave para frenar la curva pasó por tres puntos: actuar con contundencia, ser transparentes a la hora de comunicar y concienciar a la población y aprender de los fallos para corregirlos. "Algo importante es que no se puede dudar de que todas las medidas que se han tomado buscaban mejorar la situación epidemiológica. Si algo fallaba se intentaba corregir con los recursos que había disponibles, y se sigue haciendo", añade De Blas.

Ser realistas y convencer (sin confinar)

Ahora, con situaciones como las de Madrid en que se intentan buscar medidas diferentes, como los famosos confinamientos selectivos, se ve difícil poder parar esta epidemia con medidas clásicas y sin confinamientos, pero Aragón ha podido, al menos, controlar el problema. Tampoco es que encontraran opciones demasiado creativas, pero sí efectivas y, sobre todo, según estos epidemiólogos, realistas. "Algo que tuvieron muy claro desde el principio, y lo tuvieron todos, porque el Gobierno regional y el ayuntamiento han tenido lealtad total, es que no iban a confinar la ciudad, se pusieron a ello y mira, se ha podido frenar así. Eso sí, a cambio, se apostó por testar mucho, por concienciar a la gente, por cerrar el ocio nocturno... Y todo cuando todavía no era tan sencillo actuar", explica Badiola.

Según los datos del Servicio Aragonés de Salud, el rastreo funcionaba, daba con cinco o seis contactos por positivo, cuando la media nacional era de tres (y en sitios como Madrid, no se llegaba ni a eso), y la apuesta por perseguir a los asintomáticos se nota en las cifras de los peores días. De los 699 casos notificados el 7 de agosto, 453 no tenían síntomas, y de los 470 del día 11, 370 entraban en esta lista.

La labor se puede ver incluso en los datos actuales, con un 80% de asintomáticos detectados el lunes y con una positividad que va bajando y se sitúa en el 10,5%. Pero sobre esto también tuvieron que aprender y pudieron corregir errores. "Encontraban asintomáticos, pero claro, luego hay que conseguir que se queden en casa y guarden la cuarentena cuando no tienen síntoma alguno, y eso vimos que era muy difícil. Se tuvo que hacer especial hincapié en ello".

De Blas ve ahí un punto básico de lo logrado y quizás algo de lo más creativo de la estrategia. Se contrataron unos 37 rastreadores más (tenían ya más de 100) durante esas semanas, pero no se metieron en el lado sanitario sino que eran trabajadores sociales cuya misión era tratar los problemas de los positivos de barrios humildes que no mantenían la cuarentena. "Creo que eso fue clave, porque el Gobierno no amenazó con sanciones o multas, pues ese tipo de personas viven al día y en algún caso ni siquiera pueden pagar las multas. Se hizo el esfuerzo para visitar hogares, hablar con ellos, convencerles de que se quedaran en su casa, ayudarles... Fue mucho más efectivo que la amenaza".

Ambos coinciden en que esa política realista es fundamental en una situación como esta. Más vale poner pocas medidas y que la gente cumpla, que poner muchas que al final nadie sigue. "Esta epidemia ha demostrado que las medidas globales por sí solas valen de poco. Cada territorio es diferente y deben aplicarse soluciones especiales para ese lugar. Hombre, puedes seguir recomendaciones, está claro, pero no puedes perder la calle", reflexiona Badiola.

Un trabajador social, acompañado por personal de protección civil, preparado para realizar visitas domiciliarias en el barrio zaragozano de Las Delicias a las personas que han dado positivo en covid, para valorar si pueden cumplir el aislamiento de forma correcta. (EFE)
Un trabajador social, acompañado por personal de protección civil, preparado para realizar visitas domiciliarias en el barrio zaragozano de Las Delicias a las personas que han dado positivo en covid, para valorar si pueden cumplir el aislamiento de forma correcta. (EFE)

Para De Blas, ese fue otro punto a favor de Aragón, y es que el Gobierno fue horizontal y escuchó a todos los eslabones del sistema. "En las reuniones, se debatían las medidas con todos los estamentos, se tomaban en conjunto, se era transparente y así es más fácil acertar. Además, se ha demostrado que en esta pandemia ser claro es mucho mejor que intentar emborronar datos y situaciones para, no sé, calmar a la prensa o intentar tranquilizar falsamente". En esta línea, la región también actualizó su portal de transparencia, se añadieron datos y se hizo una labor de comunicación y pedagogía.

Por último, en lo que coinciden los dos expertos es en la paciencia y la confianza en las medidas. Pese a que las semanas pasaban y no se veía una mejoría, no se dio un paso atrás ni se quebró la confianza, se esperó y funcionó. "Algo que hemos descubierto es que si tienes el problema tan adentro, es muy difícil pararlo, no hay una solución mágica, y debemos tener eso clarísimo. Hay que ser pacientes, dejar hacer, tomar un camino y seguirlo sin dar pasos atrás, porque si no el ciudadano se confunde, empieza a desconfiar y acaba por no saber qué tiene qué hacer y qué no. Es clave", añade Badiola.

¿Un ejemplo para Madrid?

En cuanto a si el ejemplo temprano de Aragón y en especial Zaragoza es útil para lugares como Madrid, los dos especialistas no lo tienen muy claro, pero sí ven un gran parecido entre los dos brotes, sobre todo en los lugares donde aparecieron y en la evolución de los mismos. "Al final, para mí, es un calco. Los problemas están en ambos casos en barrios muy deprimidos con mucha densidad, mucha población migrante y en situaciones muy malas que no puede ni permitirse quedarse en casa, y menos si no tienen síntomas. Ahí es muy fácil que todo se descontrole, y es complicadísimo erradicarlo, pues hay mucho contagio subterráneo que no detectas", apunta Badiola.

De Blas sí cree que hay medidas que pueden emularse, sobre todo a la hora de ser transparentes e intentar adelantarse al virus. "Sin señalar a nadie, creo que los gobiernos deben dejarse de maquillar cifras, jugar a ver qué pone la prensa y ser claros con sus ciudadanos. Aunque sean cifras duras, eso ayudará a que la gente se conciencie. Como no lo hace es con medidas contradictorias, guerras de declaraciones y anuncios desde los despachos que luego no se pueden aplicar".

Gráfico de la situación epidemiológica de Zaragoza con datos del Sistema Aragonés de Salud. (Fuente: Ignacio de Blas)
Gráfico de la situación epidemiológica de Zaragoza con datos del Sistema Aragonés de Salud. (Fuente: Ignacio de Blas)

En lo que se diferencian estos brotes es, obviamente, en el tamaño y la forma de las regiones. En Aragón, ahora Zaragoza está mejor que otras comarcas más pequeñas que vuelven a poner cuesta arriba la curva, pero Madrid no es tan estanco. "En la capital, al final hay ciudades grandísimas a parte del centro y todo está conectado. El área metropolitana añade un punto de complejidad a la situación que, la verdad, puede ser muy preocupante. Y hay que añadir que es la ciudad por la que pasa todo el mundo, y eso hace que sea un problema de todos", argumenta Badiola.

Para terminar, este epidemiólogo cree que habrá que dar un tiempo al brote de Madrid, igual que si aparece algo parecido en otras zonas, siguiendo lo ocurrido en su autonomía. "Estamos a mediados de septiembre, no me quiero aventurar mucho, pero creo que en alrededor de un mes esto puede estar controlado. Hay factores, como los colegios o la vuelta a la oficina, que pueden hacer que esto varíe, pero si se toman medidas y se respetan, no debería pasar de ahí". Al menos, tenemos un ejemplo como el de Aragón, que el 3 de septiembre volvió a la fase de 'nueva normalidad' y ve cómo el virus le ha dado un respiro.

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