LA REUNIÓN CLAVE, ESTE JUEVES

Sánchez intenta apretar a Iglesias con la "triple garantía" y una cooperación 'rebajada'

El presidente busca achicar el espacio a Unidas Podemos, despojarlo de argumentos a través de un programa de contenido social. Ofrece cargos a los morados, pero por ahora fuera de los ministerios

Foto: Pedro Sánchez, durante la presentación del 'Programa común progresista', este 3 de septiembre en el espacio MEEU de la estación de Chamartín, en Madrid. (Eva Ercolanese | PSOE)
Pedro Sánchez, durante la presentación del 'Programa común progresista', este 3 de septiembre en el espacio MEEU de la estación de Chamartín, en Madrid. (Eva Ercolanese | PSOE)

La comparación era inevitable. La estética, la puesta en escena (próxima al mitin), la solemnidad del orador, los asistentes vip (ministros, dirigentes del partido). Todo evocaba a la (pre)campaña. La imagen que Pedro Sánchez y el PSOE proyectaban este martes, en la presentación del programa abierto para seducir a Unidas Podemos, llevaba a otra de unos meses atrás, la de la puesta de largo de las 110 medidas estrella del manifiesto electoral con el que el candidato concurría a las generales del 28 de abril. Dos actos separados por algo más de cinco meses, pero con un contenido similar a la fuerza. Porque salvo giro de guion de última hora, el camino hacia unos nuevos comicios ya está empedrado y porque se siente más que nunca que la coreografía se ensaya para esa segunda competición en las urnas. Nada hace indicar que finalmente habrá investidura antes de la fecha límite, el 23 de septiembre. Las posiciones de socialistas y morados continúan alejadísimas.

Sánchez defendía, a través de una larga exposición que tenía mucho de relato —de narración de por qué se ha llegado al bloqueo y por qué es culpa de los otros, y no del PSOE—, que ahora proponía a Pablo Iglesias una tercera vía, un "camino intermedio", una propuesta "amplia, generosa y metódica". Ni Gobierno en solitario puro, como siempre anheló, ni Ejecutivo de coalición al uso, como exige Podemos. No le puso nombre esta vez. Pero se trataría, reciclando la propia terminología de los socialistas, de un Gobierno de cooperación 'rebajada' o 'light', ya que no se retoma la idea de que cargos de UP entren en los segundos escalones de la Administración, en secretarías de Estado o en direcciones generales. La puerta se les abre para organismos y empresas públicas y otras instituciones, siempre "fuera" de los ministerios, no dentro.

Ferraz y la Moncloa prefieren no poner etiquetas y subrayan que se trata de una oferta "distinta" a las anteriores y "potente", puesto que refuerza las garantías del cumplimiento de los acuerdos que eventualmente se puedan suscribir con Unidas Podemos, pensadas para vencer sus recelos a apoyar un Gabinete sin ministros morados. Pero se vislumbra como muy improbable que Iglesias acepte la última propuesta, si bien la medición de temperatura de las conversaciones entre ambos partidos no llegará hasta este jueves por la tarde en el Congreso, cuando se vean de nuevo las caras los respectivos equipos negociadores, encabezados por Carmen Calvo y Pablo Echenique.

El "acuerdo de programa y gobernanza progresista" se asienta en un texto, en garantías reforzadas y cargos en la estructura "ajena" del Gobierno


El presidente relató, en su intervención ante parte de sus ministros, dirigentes y barones del PSOE y representantes de los colectivos sociales con los que se ha reunido él mismo y su equipo en agosto, que su última oferta es un "ambicioso acuerdo de programa y gobernanza progresista" que se sustenta en tres pilares. El primero, "un completo pacto programático", con políticas que las dos formaciones consensúen.

370 medidas, 76 páginas

La piedra angular es el documento de 370 medidas y 76 páginas que ayer martes daba a conocer Ferraz. Un texto dividido en seis ejes —empleo y pensiones justas; feminismo, lucha contra la desigualdad y calidad democrática; emergencia climática; avance científico y transición digital; una Europa abierta a Europa y al mundo y estructura territorial del Estado— que contiene propuestas cercanas a las defendidas por Unidas Podemos. De hecho, Iglesias, en 'Los desayunos de TVE', dos horas y media antes del acto de Sánchez en Madrid, admitía que algunas medidas que habían sido filtradas por el PSOE a algunos medios en las horas previas no sonaban "mal", pero añadía que, aunque la música gustara, seguía sin fiarse, y para garantizar su cumplimiento era y es preciso, a su juicio, un Ejecutivo de coalición.

"Si no puedo actuar con eficacia para ofrecer la estabilidad que necesita nuestra economía, nuestra sociedad, no merece la pena intentarlo", asegura

Segundo pilar: la "triple garantía". Un "riguroso" control de que lo que se firma se lleva a término por tres vías: la creación de una Oficina de Cumplimiento del Acuerdo, dependiente del Ministerio de Hacienda —el PSOE pretende lanzar la señal de que así se asegurarán las partidas presupuestarias, aunque ese órgano, evidentemente, no sería independiente—; la puesta en marcha, en el Congreso y en el Senado, de sendas comisiones de seguimiento y actualización de los acuerdos que deberían rubricar los respectivos grupos parlamentarios, y finalmente la activación de un "mecanismo de verificación reforzado", en el que participe la sociedad civil.

Sánchez intenta apretar a Iglesias con la "triple garantía" y una cooperación 'rebajada'

El pasado junio, cuando la negociación real entre los dos partidos aún no había comenzado en serio, Sánchez ofreció a Iglesias una comisión de seguimiento de los acuerdos, que este rechazó porque se mantenía firme en su exigencia de coalición. El argumento del jefe de Podemos es que desde la moción de censura hasta las elecciones del 28-A ya funcionó en realidad ese Gobierno a la portuguesa, un Ejecutivo socialista con apoyo externo de los morados, pero la experiencia no les satisfizo, porque ciertas propuestas acordadas, como las relativas a la limitación de los precios abusivos del alquiler, no se habían puesto en marcha. La "garantía" de que los compromisos se llevan a término es, para UP, que los suyos entren en el Gabinete al máximo nivel y ejecuten esas políticas.

Ahora no existe ninguna oferta de cogobierno, pero a cambio el PSOE subraya que multiplica por tres los controles. "Si el problema es la desconfianza —argumentaba Sánchez este martes—, construyamos confianza mutua. Si el problema son las garantías del cumplimiento de los acuerdos programáticos, en los que existe un alto grado de consenso, fijemos las máximas garantías para verificar y evaluar la acción de gobierno".

Sin detalle aún

El tercer pilar de la oferta a UP es una "activa y reforzada participación" de los morados en la gobernanza del país, "ejerciendo altas responsabilidades en instituciones muy relevantes que complementan la labor del Consejo de Ministros". Sánchez no precisó a qué instituciones se refería, ya que la concreción la explicaría su equipo negociador en la reunión programada para este jueves. Sí dio algunas pistas: Unidas Podemos podría ocupar cargos en órganos con funciones "muy destacadas en ámbitos que van desde lo social a lo fiscal, de lo jurídico a lo energético". "Responsabilidades capitales al frente de estas instituciones y órganos no supeditados —y esto es lo importante— al Consejo de Ministros".

Ni en Ferraz ni en la Moncloa querían bajar al detalle. Pero cargos de la máxima confianza del presidente sí explicaron a este diario que esos puestos que podrían ocupar los morados estarían "fuera de los ministerios, no dentro". Es decir, se trataría de que se incorporasen a distintos órganos e instituciones, organismos reguladores, empresas públicas...

"No es un escalón menor" a la propuesta de junio, la del Gobierno de cooperación (entrada en segundos niveles) apunta un alto mando, sino "al margen"

Cargos, en consecuencia, "ajenos a la estructura del Gobierno". O, como dijo el líder, "instituciones que completan el ejercicio del poder ejecutivo". Aquí está el matiz importante. Y la diferencia respecto a ofertas anteriores. Sánchez planteó en junio a Iglesias construir un Ejecutivo "de cooperación", que suponía la entrada de UP en los segundos escalones, y por tales se entendía la Administración periférica, sí (empresas, entes instrumentales, instituciones...), pero también el PSOE abría la puerta a que los morados se hicieran cargo de secretarías de Estado o direcciones generales de los ministerios. La actual propuesta, por tanto, se queda más corta por un lado, aunque por otro gana en garantías de cumplimiento de los acuerdos. Esa filigrana permitía a la dirección socialista y al círculo del presidente defender que en realidad se trataba de una oferta "diferente", que incluye "cargos de primer nivel de organismos e instituciones que no forman parte del Gobierno", como el Consejo General del Poder Judicial, la AIReF, el Instituto de Crédito Oficial o la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia. Una alternativa, esgrimían, "mucho más potente", por la "triple garantía" incorporada. "No es un escalón menor al que planteamos —sintetizaba un alto mando muy cercano al líder—, sino al margen".

Sánchez intenta apretar a Iglesias con la "triple garantía" y una cooperación 'rebajada'

Iglesias no hizo declaraciones tras el acto del PSOE, aunque en TVE sí había dejado claro que no está entre sus previsiones rendirse, porque su partido, alegó, ha soportado "suficientes humillaciones" —él mismo renunció a entrar en el Consejo de Ministros tras ser vetado por el jefe del Ejecutivo— y "no se puede pretender" que a la formación morada se le "humille más" y que se pisotee la voluntad de los casi cuatro millones de votantes que apostaron por UP en las generales del 28-A.

A esas duras palabras de Iglesias sí contestó Sánchez desde su discurso en Chamartín: "El Partido Socialista ni impone ni humilla a nadie defendiendo su visión sobre un Gobierno eficaz, estable y cohesionado. Rechazamos como práctica política la imposición a quienes mantienen posiciones diferentes, pero absolutamente respetables". El jefe del Gabinete remachó que responde también a la negativa de UP de darle sus "votos gratis". Un apoyo de Iglesias sin acuerdo de por medio abocaría la legislatura al infierno para el PSOE. Sánchez reforzó la idea de que no quiere presidir un Ejecutivo "útil al interés general". "Si no puedo actuar con eficacia para ofrecer la estabilidad que necesita nuestra economía, nuestra sociedad, nuestra ciudadanía, creo que no merece la pena intentarlo", apuntaló.

No al referéndum en Cataluña

El PSOE, a estas alturas, cuando quedan menos de tres semanas para la disolución automática de las Cámaras si no hay investidura —lo que supondría volver a sacar las urnas 47 días después, el 10 de noviembre—, tiene definida la estrategia. Aunque comporte riesgos. Por un lado, intenta achicar al máximo el espacio a Unidas Podemos, poniendo sobre el tapete un catálogo de medidas amplio, algunas de las cuales se aproximan a los planteamientos de Iglesias.

Es muy significativo que el PSOE destaque por escrito su negativa a la consulta, que le permite exhibir firmeza en caso de nuevas elecciones

El programa abierto presentado ayer contiene guiños a los morados —nuevas iniciativas para frenar los precios del alquiler, universalización de la enseñanza infantil de 0 a 3 años, mayor presión fiscal para las empresas, prohibición de los cortes de suministros básicos para las familias vulnerables, emergencia climática...—, pero en lo mollar se trata de un documento con sello PSOE. No muy diferente, de hecho, a las anteriores ofertas electorales del partido. Lo que busca el presidente es dejar sin argumentos de peso a Iglesias, que no tenga sencillo rechazar políticas que se aproximan a sus propuestas. También persigue apretarle las tuercas con una garantía reforzada de cumplimiento del acuerdo.

Pero al tiempo Sánchez lanza señales en clave electoral, por si la repetición es inevitable. La más clara es una proclama que aparece al final del documento: el PSOE explicita que en su modelo de Estado "integrador" no tiene "cabida un referéndum de autodeterminación que el TC ha considerado contrario a la Constitución y que, desde una perspectiva política, provoca la quiebra de la sociedad". La aseveración en sí no es nueva, porque Sánchez la ha reiterado en múltiples ocasiones. Lo importante en este caso es que recoja palabra por palabra su rechazo a una consulta soberanista en un documento programático. No lo hizo así en los textos del 28-A. Ni siquiera se detuvo en Cataluña en su intervención inicial en el debate de investidura del pasado 22 de julio. Ahora sí ha querido rubricarlo. También como aviso a ERC, a quien necesita para atar su reelección.

Pescar por el centro

En Ferraz y en la Moncloa intentaban quitar hierro a ese subrayado explícito. "Es nuestra posición de siempre. Se trata de que nadie piense cosas raras y que no son. Nunca apoyaremos un referéndum. Es bueno que todo el mundo lo sepa", indicaban fuentes gubernamentales. Pero otros dirigentes recordaban que se avecina un otoño caliente en Cataluña si hay una dura sentencia condenatoria contra los cabecillas del 'procés' y conviene que se tenga presente que al presidente, decían, no le temblará la mano. De hecho, el conflicto soberanista es un argumento recurrentemente esgrimido por el líder socialista para rechazar la coalición.

Podemos insiste en la necesidad de una coalición, porque los acuerdos programáticos "pueden ser muy bonitos", pero hacen falta "garantías"

Pero ese no al referéndum también tiene otro sentido: si hay nuevas elecciones, Sánchez quiere captar votantes de centro que cree que han sido abandonados por Albert Rivera, a quien atribuye la derechización de Ciudadanos. El presidente ya dijo que, si llega el 10-N, está convencido de que los españoles apoyarán con más "contundencia" a su partido. Y por donde quiere crecer es por el centro. Ya en la campaña del 28-A apeló al elector "sensato, cabal", a los moderados. Ahora esa apelación se haría más intensa. Para ello, es fundamental demostrar firmeza frente a los soberanistas. De ahí que haya repetido hasta la saciedad que no quiere que su Ejecutivo dependa de los secesionistas.

El nuevo paso de baile de Sánchez puede engordar el relato. Otra cosa es que sirva para convencer a Podemos. Las primeras señales lanzadas por la formación morada no invitan al optimismo. "Las promesas de campaña y los acuerdos programáticos pueden ser muy bonitos —decía Echenique en Twitter—. Pero después llegan los 'no hay dinero' y los 'no se puede'. En política, no se deben exigir autos de fe, sino garantías. Para eso sirven los gobiernos de coalición". Las posiciones, por tanto, siguen inamovibles.

Cita con ERC, PRC y PNV antes del encuentro con Unidas Podemos

Este miércoles, el PSOE desplegará una agenda intensa. Pedro Sánchez almorzará en Santander con el presidente de Cantabria y líder de su partido, el PRC, Miguel Ángel Revilla, y luego regresará a Madrid, para reunirse en Ferraz con el jefe del PNV, Andoni Ortuzar. Cita en la que estará acompañado por la secretaria general del PSE, Idoia Mendia

Por la manaña, y en el Congreso, los números dos y tres del PSOE, Adriana Lastra y José Luis Ábalos, se entrevistan con el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, y su adjunta, Carolina Telechea. 

Pero la cita decisiva llega este jueves. Sánchez había adelantado que daría orden a los suyos para agendar el encuentro con Unidas Podemos para este jueves. Así será. La vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, cerró la fecha con el secretario de Acción de Gobierno de los morados, Pablo Echenique. Los dos partidos volverán a verse las caras este 5 de septiembre a las 16:30 horas en el Congreso. Un encuentro con foto y anunciado, a diferencia de lo que ocurrió en julio. Calvo se ayudará de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra. La delegación morada estará encabezada por Echenique.

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