LA AFICIÓN PIDE UN CAMBIO DE ACCIONISTA

Por qué Roig (Mercadona) no va a comprar el Valencia a Lim (aunque se lo piden)

Cada vez más aficionados reclaman un cambio en el accionariado del club valenciano, y muchos miran al dueño de Mercadona como el único capaz de enviar una oferta a Singapur

Foto: Juan Roig, con su hermano Fernando, cuando pasearon la Europa de 2014 del Valencia Basket por el campo del Villarreal. (EFE)
Juan Roig, con su hermano Fernando, cuando pasearon la Europa de 2014 del Valencia Basket por el campo del Villarreal. (EFE)
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Ser propietario de equipos de fútbol se ha convertido en una apuesta arriesgada. Peter Lim, el máximo accionista del Valencia Club de Fútbol, está viviendo su enésimo divorcio con una afición que no ha entendido sus últimos movimientos deportivos y corporativos. La destitución fulminante de Marcelino García Toral como entrenador una vez arrancada la temporada tras el primer amago estival, la salida de su director técnico, Pablo Longoria, y la más que probable sustitución del director general, Mateo Alemany, han descabezado un proyecto con el que el empresario de Singapur pudo apuntarse la pasada temporada sus primeros éxito sobre el campo de juego y reconciliarse con los aficionados, que siempre le han visto como un tiburón con intereses económicos ocultos ajenos a la estricta buena marcha deportiva de la sociedad anónima deportiva (SAD).

Las razones últimas de todos estos movimientos siguen sin estar claras. El entorno de Peter Lim, que se relaciona con el Valencia CF y su contexto social a través de personas interpuestas —primero Layhoon Chan y ahora Anil Murthy—, no ha explicado al detalle qué ha motivado la pérdida de confianza en sus ya exdirectivos. Pero la sospecha de que tras las diferencias de criterio había un pulso por el control sobre el mercado de fichajes, la selección de la plantilla y las jugosas comisiones que acompañan todos esos movimientos sobrevuelan Mestalla como un murciélago con trayectoria circular. El nombre de Jorge Mendes como asesor aúlico en la sombra del magnate de Singapur alimenta la sospecha, cierta o no, de la existencia de objetivos complejos y no siempre alineados con los del Valencia. La base social mira de reojo al dueño del club. Las pancartas y el grito de 'Lim go home' empiezan a ser corrientes. El dueño de Meriton lleva puesto el traje de malo de la película y le va a costar mucho esfuerzo desprenderse de ese estigma si los resultados no llegan dentro del campo.

Peter Lim (d), con Guedes. (EFE)
Peter Lim (d), con Guedes. (EFE)

Lim compró la SAD en 2014 y se encontró un club lastrado por su endeudamiento bancario y desnortado tras muchos años de relevos en la presidencia, injerencias políticas y proyectos nada claros liderados por empresarios locales como Juan Bautista Soler, Vicente Soriano, Amadeo Salvo o Pedro Cortés. Que un financiero de Singapur sin apenas arraigo en España pudiera hacerse con uno de los equipos históricos de la Primera División española es, en realidad, un fracaso de la burguesía económica valencianista, incapaz de articular una propuesta potente para tomar las riendas de la sociedad deportiva. La oferta que el abogado Manuel Broseta, el banquero Joaquín Maldonado o los industriales Héctor Dominguis, Íñigo Parra y Manuel Ríos Navarro pusieron encima de la mesa de la principal acreedora, Bankia, junto con el fondo Cerberus cuando se subastó el club no superó a la Lim. Para algunos, fue en realidad un movimiento de distracción organizado para que el asiático elevase su puja. Nunca nadie en la ciudad ha arriesgado su patrimonio por pasión valencianista.

La percepción es que son contados los nombres entre el empresariado valenciano con pulmón para dar la alternativa a Peter Lim. Y para muchos valencianistas en ese contexto de sequía siempre aparece un nombre como el único que tendría la capacidad financiera y de gestión como para rescatar al Valencia CF y ponerlo al servicio de los deseos de la afición. Para las tertulias, redes sociales, reuniones informales de peñistas o meros comentarios de barra de bar, el dueño de Mercadona, Juan Roig, es algo así como el gran caballero blanco, el deseado. Sin embargo, esto no va a ocurrir. Juan Roig nunca comprará el club valencianista. Y varias son las razones, según las opiniones recogidas por El Confidencial en ámbitos cercanos al universo del empresario.

Ba-lon-ces-to

Juan Roig nunca ha mostrado interés por el fútbol. Su gran afición es el baloncesto. Cubre gran parte de los gastos del Valencia Basket, cuyo presupuesto es de unos 18 millones, de los que más de la mitad salen de su bolsillo. Pero además de financiar la estructura corriente del club, Roig tiene en marcha la construcción de un nuevo pabellón con capacidad para 15.000 asientos capaz de albergar partidos de las grandes competiciones del baloncesto, eventos o conciertos. El presupuesto para el Valencia Basket Arena ronda los 192 millones de euros y el Ayuntamiento de Valencia ya ha lanzado la necesaria modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) para ajustar el proyecto a la norma urbanística. La intención del equipo encargado de su ejecución es comenzar las obras en cuanto sea posible. Esa es la prioridad de Roig y donde destinará una parte importante de su fortuna líquida, si no es que opta por recurrir a la financiación bancaria.

El Villarreal y Fernando

Para Juan Roig, comprar el Valencia CF significaría convertirse en competidor del Villarreal Club de Fútbol, del que es dueño y presidente Fernando Roig. De todos los hermanos, la de Fernando y Juan es una relación especial. Ambos están muy unidos (les separan solo dos años de edad) y se han respaldado mutuamente cuando ha sido necesario. El también propietario de Pamesa completó el año pasado la devolución de los 250 millones de euros que le prestó Mercadona (de la que Juan controla la mayoría) para salvar al Villarreal cuando en 2012 perdió la categoría. La cadena de supermercados también compró a Fernando a través de la autocartera un 2,4% de sus acciones, de las que todavía conserva el 9%. La compra de la SAD valencianista a Peter Lim convertiría a los hermanos de aliados en rivales, algo a lo que no parecen dispuestos a estas alturas.

El antecedente de Paco

El Valencia ya tuvo en uno de los Roig a su presidente y accionista. Francisco [Paco] Roig fue presidente entre 1994 y 1997 bajo el lema de 'un Valencia campió' tras haber tomado el control mediante la compra progresiva de acciones a partir de la transformación del club en SAD en 1992. Pero las promesas nunca se transformaron en títulos y los gritos de 'Paco vete ya' comenzaron a sonar con fuerza hasta que se produjo la dimisión. Paradójicamente, Francisco Roig mantuvo gran parte de la propiedad y en años siguientes, bajo la dirección de Manuel Llorente, el club se apuntó éxitos deportivos como la Copa de la UEFA de 2003-2004. Este último año, Roig vendió sus acciones con plusvalías millonarias a Juan Soler y cimentó en esa operación una parte importante de su fortuna.

Durante ese período, sus hermanos llegaron a tener acciones por el 7,5% del capital. Sin embargo el divorcio entre Paco Roig y la afición les llevó a ponerlas a la venta. Sorprendentemente no se las ofrecieron a su hermano, sino que hicieron paquetes de nueve acciones por persona a 8.000 pesetas cada como gesto en favor de la democratización. Algunos de quienes acudieron a la notaría (cuyos gastos pagaban Juan y Fernando) se encontraron en la puerta con gente de Paco haciendo contraofertas. El mejor síntoma de que los dos hermanos menores (Paco es el mayor) querían desvincularse de la imagen que estaba trasladando el primogénito. Lo primero era lo primero: la reputación de Mercadona y Pamesa.

Empieza bien, acaba mal

El antecedente de Paco Roig es seguramente otra de las principales razones por las que Juan Roig nunca comprará el Valencia CF. Como está demostrando la crisis de Peter Lim, el fútbol es un deporte de riesgo para la imagen empresarial. Se puede entrar por la puerta grande y acabar saliendo por los pasillos del túnel del vestuario cuando se fracasa en la gestión deportiva viendo pañuelos blancos en las gradas. La diferencia es que Lim vigila su negocio desde Singapur, pero Roig tendría el problema casi en la puerta de casa. De hecho, el Mestalla casi puede verse desde el edificio en el que vive en Valencia el dueño de Mercadona. En la calle Artes Gráficas, por cierto, está también uno de los supermercados que la cadena valenciana usa más o menos secretamente para testar novedades en sus lineales. Como para cabrear al valencianismo.

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