la letra pequeña de su jornada laboral

Un día con la tripulación de Ryanair: miserias de vivir en España y tributar en Irlanda

El Confidencial se infiltra con los TCP para ver qué hay detrás de las huelgas: agua a 3€, horas no pagadas o la presión de venta son anécdotas comparadas con las desventajas de tributar en Irlanda

Foto: ¿Por qué se movilizan los tripulantes de cabina de Ryanair?
¿Por qué se movilizan los tripulantes de cabina de Ryanair?

Aeropuerto de Barajas, dos de la tarde. Faltan 45 minutos para el embarque de un avión de Ryanair con casi 200 pasajeros, seis tripulantes y un invitado inesperado. El Confidencial se infiltra con los auxiliares de vuelo de la ‘low cost’ para contar la letra pequeña de su trabajo diario o las dificultades a las que se enfrentan por tributar en Irlanda pese a vivir y trabajar en España. ¿Qué hay detrás de las huelgas?

Preparen sus tarjetas de embarque

14:00. Mientras los pasajeros atraviesan los controles de equipaje, los auxiliares de vuelo entran con un mínimo de 45 minutos de antelación a la sala de firmas. Allí deben registrar su hora de entrada, planificar el vuelo y prepararse para una jornada laboral que, en teoría, no puede exceder las 12 horas al día (ampliables a 13 si así lo decide el comandante). Las demoras se penalizan y las ausencias no justificadas de antemano a menudo conllevan un ‘tirón de orejas’ por parte de Dublín.

Hasta aquí, todo normal… si no fuera porque esos 45 minutos no se contabilizan como tiempo de trabajo efectivo. “Ryanair no paga el tiempo que permanecemos en tierra, ya sea antes o después del vuelo. Tampoco abona los retrasos. No empezamos a cobrar hasta el despegue”, cuenta Pedro*, responsable de la tripulación de cabina en ese avión. En total, la aerolínea se ahorra una hora y media en salarios (si sumamos otros 50 minutos tras el aterrizaje) multiplicada por los cuatro auxiliares que componen cada equipo.

Su billete, por favor

14:45. Piloto, copiloto y cuatro auxiliares de vuelo entran a la aeronave en orden, al menos 10 minutos antes que los pasajeros. Los veteranos van delante y los novatos cierran el grupo. La antigüedad importa en el protocolo de acceso al avión, pero no se nota en la nómina, pues no existe ningún plus que premie la experiencia ni la permanencia en la empresa. Tampoco existen complementos por nocturnidad.

Todos los TCP van equipados con pequeños espejos que utilizan para revisar los compartimentos superiores. “La seguridad es lo primero. Vigilamos que no haya explosivos, cuchillos o paquetes sospechosos”. Al contrario de lo que ocurre en otras aerolíneas, los tripulantes de Ryanair siempre piden las tarjetas de embarque en la puerta. Y no basta con ser amable con los pasajeros, hay que ser rápido para cumplir con los exigentes ratios de puntualidad.

¿Cómo es un día de trabajo para los tripulantes de Ryanair?
¿Cómo es un día de trabajo para los tripulantes de Ryanair?

Todo listo para el despegue

15:15. Llegan las instrucciones de seguridad y el primer anuncio por megafonía en un perfecto inglés, único requisito para trabajar en Ryanair. Los segundos, terceros o cuartos idiomas no se valoran (al menos, no en términos económicos), en contraste con la estrategia de EasyJet. La ‘low cost naranja’ sí paga un plus de idiomas que oscila entre cinco y 15 euros mensuales por cada lengua adicional. Pero el inglés se convierte en un impedimento para los tripulantes españoles de Ryanair cuando toca enseñar la nómina para pedir una hipoteca en el banco, alquilar una casa con una agencia inmobiliaria o incluso remitir una baja médica a las oficinas centrales, pues deben traducirla del castellano.

Los contratos irlandeses son la raíz del problema y el principal motivo de las huelgas convocadas por los tripulantes europeos en verano. La ‘low cost’ les aplica la legislación irlandesa, pese a que están basados en otro territorio, y les da dos opciones: tributar en ese país o hacerlo en España, donde la contribución a la Seguridad Social es mucho más alta. ¿Y qué hace Ryanair para remediarlo? Rebaja el salario por hora y repercute ese coste al trabajador. Por eso, la mayoría de los TCP se decanta por pagar impuestos en Irlanda para cobrar más, pese a las desventajas detalladas a continuación.

Abróchense los cinturones

15:25. Una vez en el aire, los tripulantes cuentan en voz baja cómo afectan los contratos irlandeses a su vida diaria. “La tarjeta sanitaria irlandesa te da derecho a ir a urgencias en España [donde residen], pero no a tener un médico de cabecera ni un seguimiento de los problemas de salud. Es como si fuéramos turistas en nuestro propio país”, relata Carlos*, otro miembro de la tripulación. Tampoco tienen doctor asignado en Irlanda porque no residen allí, quedándose sin otra alternativa que pagar un seguro sanitario privado. También se topan con problemas para pedir una hipoteca o un crédito al banco o alquilar un piso a través de una agencia inmobiliaria, pues suelen exigir avalistas con nóminas domiciliadas en España.

Hasta el concesionario puede poner problemas. “Me compré un coche y lo tuve que que poner a nombre de mis padres”, cuenta Pedro. Eso sin contar con las dificultades de denunciar a la empresa en caso de despido improcedente, acoso o cualquier otro conflicto laboral. “Tribunal irlandés, abogado irlandés, viajes pagados de tu bolsillo… no compensa. Estamos en tierra de nadie”. Por cierto, los contratos son irlandeses pero los sueldos no: los TCP cobran entre 1.300 y 1.400 euros brutos al mes de media (en 12 pagas), partiendo de un salario base no superior a los 726 euros para los subcontratados a través de agencia (en torno al 75% de la plantilla) frente a los 800 euros de los incorporados directamente a través de Ryanair.

Rasca… ¿y gana?

15:45. La venta a bordo es uno de los platos fuertes, ya sea comida, bebida, perfumes, cosmética o boletos ‘rasca y gana’. Después de hacer inventario para revisar el ‘stock’, cada auxiliar de vuelo activa su propio terminal de ventas para monitorizar las compras, ver de un vistazo si está cumpliendo objetivos (vía caritas sonrientes o tristes) y reportar la información al sobrecargo, máximo responsable del equipo.

Ryanair paga una comisión del 10% sobre las ventas de cada uno —entre 200 y 300 euros al mes— y trata de motivar al equipo con una especie de ‘Twitter interno’ donde cuelga fotos de los azafatos que más venden de toda Europa, sus premios o los nuevos productos disponibles. Según los TCP, el 20% de los ingresos de la ‘low cost’ procede de la venta a bordo, con una facturación que va de 250 a 2.000 euros por vuelo. “Los británicos son los que más gastan (…) Colocamos los productos más caros primero, con colores vistosos y una exposición agradable a los ojos. La recaudación se guarda en un sobre”, explica Pedro.

Que no se pierda nada

16:00. La presión por vender llega hasta tal punto que hasta hace poco eran habituales las cartas procedentes de Dublín donde se citaba a los trabajadores que no alcanzaban los objetivos de facturación. “Desde la primera huelga de julio, la empresa se ha relajado. Ya no hay reuniones intimidatorias, pero sí nos ponen a competir entre nosotros. Tanto vendes, tanto vales”, sostiene Pedro.

Los TCP no pueden relajarse ni un minuto durante el vuelo. Tampoco deben perder de vista los alimentos o perfumes de los carritos, pues saben que deberán reponer lo que falte con dinero de su bolsillo. “La empresa hace controles aleatorios. Si el inventario del final está mal hecho o algún producto no está registrado, nos lo quitan de la nómina”. Por supuesto, las botellas de agua son de pago para la tripulación (y a precio de mercado: tres euros por medio litro). Otras aerolíneas como Norwegian, Easyjet o Air Europa facilitan comida a bordo y/o café sin coste a sus trabajadores.

Los TCP denuncian que no cobran las horas que permanecen en tierra.
Los TCP denuncian que no cobran las horas que permanecen en tierra.

Cinco minutos para comer

16:10. Los auxiliares de vuelo se turnan para coger fuerzas. Uno cruza el pasillo con la bolsa de basura, otra atiende las peticiones de los clientes y un tercero se come a toda prisa un ‘tupper’ donde nadie le ve: en la parte trasera del avión, donde caben cuatro personas apretadas. La pared de la parte delantera se ha quitado para ahorrar espacio. “Han añadido otra fila de asientos por delante y otras dos por detrás. Los nuevos aviones —fabricados por Boeing— tendrán capacidad para transportar unos 200 pasajeros frente a los 180 de ahora. Más gente con la misma tripulación”, pues la normativa exige un TCP por cada 30 clientes.

La trastienda del avión es también el almacén de un desfibrilador y un botiquín de primeros auxilios de uso exclusivo para los pasajeros. Los fármacos para trabajadores (pastillas, tiritas, agua oxigenada...) salen de su bolsillo. “Los cambios de presión nos obligan a tomar paracetamol con frecuencia. Los madrugones a las 3:30 de la mañana tampoco ayudan a resolver el problema de fatiga”, añade Mónica*, azafata de vuelo. Por ello, la legislación europea prohíbe expresamente que los TCP vuelen más de 900 horas al año. “A diferencia de sus competidores, Ryanair apura al máximo”.

Apaguen sus dispositivos electrónicos

16:30. Falta poco para aterrizar. Pedro aprovecha los últimos minutos de vuelo para contar cómo se benefició del contrato irlandés cuando fue padre. “La única ventaja (...) son los ‘child benefit’ o ayudas a la paternidad o maternidad: Irlanda te paga entre 400 y 500 euros por hijo”, lo que permite a los trabajadores tener un pequeño colchón por si vienen mal dadas. Sobre todo si tenemos en cuenta que muchos de ellos no tienen derecho a indemnización por despido, al estar subcontratados a través de una agencia (ya sea Crewlink o Workforce, las dos empresas con las que trabaja Ryanair). Según la nómina a la que ha tenido acceso este periódico, la tripulación de la ‘low cost’ está financiando el rescate de los bancos irlandeses a través de una cláusula (USC = Universal Social Care) que se traduce en una retención de entre 400 y 700 euros al año.

A diferencia de los contratos, los sueldos no son irlandeses: oscilan entre 1.300 y 1.400 euros al mes.
A diferencia de los contratos, los sueldos no son irlandeses: oscilan entre 1.300 y 1.400 euros al mes.

Gracias por volar con Ryanair

16:50. Una vez en tierra, las ‘trompetas’ de Ryanair celebran un aterrizaje en hora y los tripulantes se despiden de los pasajeros. Es momento de revisar todo el avión de arriba abajo, limpiar los baños, recoger los papeles o los restos de comida en los asientos, usar desinfectante en caso de vómito y dejar la aeronave a punto para los próximos clientes, que comienzan a embarcar en no más de 15 minutos. Los auxiliares de vuelo que hoy acaban su semana laboral tienen tres jornadas de descanso, pero se exponen a que la compañía ‘tome prestado’ su ‘flexiday’ si surge algún imprevisto. Ya lo hizo con trabajadores españoles cuando sus homólogos portugueses convocaron su primera huelga.

Por todo ello, los TCP europeos amenazan con nuevas huelgas en plenas navidades mientras la empresa no se comprometa a aplicar la legislación local y reconozca a los sindicatos en todos los países. "Ryanair sigue reuniéndose con sus empleados y sindicatos en España. La compañía ya les ha ofrecido contratos locales", responden fuentes de la aerolínea tras ser contactadas por este periódico. Los representantes de los trabajadores desmienten ese extremo. La 'low cost' argumenta que los tripulantes cobran hasta 40.000 euros anuales, tienen derecho a baja por enfermedad y permisos remunerados, reciben incentivos por las ventas a bordo y pueden ser promocionados al cargo de supervisor de cabina un año después de unirse a la compañía.

*Todos los nombres, horarios y vuelos en los que se ha recopilado la información han sido modificados para proteger la identidad de los tripulantes que han participado en el reportaje.

Empresas

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
20 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios