CONSIDERA QUE LO NORMAL ES QUE SALGA ADELANTE

El BdE apuesta por el proyecto Sunrise una vez resuelto el acuerdo de paz en el Popular

La aprobación de proyecto Sunrise por parte del Banco de España es el mejor homenaje de despedida que tendrá Ángel Ron antes de ceder la presidencia del Banco Popular

Foto: Sede del Banco de España, en la plaza de Cibeles en Madrid. (EFE)
Sede del Banco de España, en la plaza de Cibeles en Madrid. (EFE)

Casi al mismo tiempo que Ángel Ron invitaba a comer a Emilio Saracho —el pasado día 21 de diciembre en el Banco Popular— con el resto de miembros de su consejo de administración, en el Banco de España se entonaba por primera vez un canto de apoyo al proyecto Sunrise, la piedra angular sobre la que se edifica el futuro de la entidad financiera que más va a dar que hablar en estos primeros meses de 2017. El presidente saliente del Banco Popular ha cedido finalmente de manera elegante los bártulos de la gestión, vendiendo cara su derrota ante el regulador. El objetivo no es otro que el futuro presidente asuma el testamento de un plan estratégico basado en el ajuste por la vía rápida del enorme lastre de ladrillo acumulado durante el ‘boom’ inmobiliario de principios de siglo.

Los máximos responsables del Banco de España se han resistido hasta el final a consagrar, al menos públicamente, la creación del banco malo que Ángel Ron viene proponiendo desde finales de 2015. Durante estos últimos meses, la posición institucional adoptada con el Banco Popular ha sido extraordinariamente severa, sobre todo si se compara con el rasero mucho más flexible adoptado en el caso de la Sareb, la sociedad constituida en 2012 a instancias del Gobierno para absorber los activos improductivos de los bancos en reestructuración. Pero bien está lo que bien acaba, y de ahí que nada más proclamado el acuerdo de paz en el máximo órgano de gobierno del Banco Popular, el supervisor financiero se haya aprestado a reconocer que “lo más normal es que el proyecto Sunrise salga para adelante”.

Ángel Ron. (EFE)
Ángel Ron. (EFE)

La fuente de controversia que pudiera existir para dar luz verde a la iniciativa reside en la estructura financiera de la nueva sociedad inmobiliaria, cuya propiedad será transmitida por entero a los accionistas de la propia entidad financiera. Ángel Ron entiende que la plena segregación patrimonial facilita la desconsolidación de deuda que, a fin de cuentas, es el propósito esencial de la operación. Los supervisores del Banco de España no veían clara esta desvinculación, al entender que el grueso de la deuda de Sunrise, 1.200 millones en concreto, procede de aportaciones del propio Banco Popular, que lo convierten en acreedor subordinado y, por lo tanto, en eventual propietario a poco que las cosas no salgan todo lo bien que están planteadas sobre el papel.

Las discusiones técnicas han retrasado las autorizaciones regulatorias necesarias que, según el calendario previsto por el todavía presidente del Banco Popular, tendrían que haberse obtenido a mediados de noviembre con el fin de tener rematado el proyecto antes de finales de año. Ángel Ron habría dispuesto en este escenario de argumentos sólidos para repeler la ofensiva lanzada por sus consejeros más hostiles, apuntalando a la vez la cotización en bolsa que ha sido asediada también por los ataques de los inversores bajistas. No en vano, estos últimos controlan a día de hoy más del 9% del capital, una participación equivalente a la que posee la Sindicatura de Accionistas en su calidad de principal socio de referencia y máximo aliado del actual equipo gestor del Banco Popular.

El supervisor considera que el Banco Popular no tiene problemas de solvencia y que su crisis deriva de un "problema de gobierno corporativo"

El factor tiempo, aparte de la confluencia de ‘astros opositores’ dentro y fuera del consejo de administración, ha sido el principal adversario de Ron, que ahora trata de acompasar la designación de Saracho al mismo tiempo que la junta general santifica su proyecto Sunrise. Todo ello a lo largo del mes de febrero y una vez alicatado el cierre del ejercicio de 2016 con garantías de que nadie andará luego buscando sorpresas negativas a toro pasado por debajo de las alfombras. La carta del armisticio difundida ante la CNMV hace dos semanas está redactada en el bien entendido de que, ahora sí, el Banco de España apoya la constitución del banco malo como punta de lanza para el definitivo saneamiento del Banco Popular.

El presidente saliente no quiere marcharse por la puerta falsa y ha conseguido de entrada que el supervisor reconozca los esfuerzos realizados por el actual equipo gestor en busca de una mayor solvencia del balance. Aparte de la última ampliación de capital, los ajustes en forma de provisiones por valor de 4.500 millones con cargo al año que acaba de terminar han facilitado el salvoconducto del Banco de España, que justifica la reciente crisis de la entidad como “un mero problema de gobierno corporativo”. Dicho de una forma más clara, el regulador no muestra en este momento mayor preocupación por la salud del banco y admite que Ron ha sido víctima de la singularidad que supone tener “un accionariado muy representado dentro del consejo”.

La pérdida de cotización, un 60% del valor en bolsa a lo largo del pasado año, ha terminado pasando factura a los responsables del Banco Popular. El cortafuegos habilitado con el cese este verano del antiguo consejero delegado, Francisco Gómez, no ha salvado de la quema a Ángel Ron, pero si el Gobierno y el Banco de España no lo impiden, la reestructuración de la cúpula ejecutiva del Banco Popular se saldará sin mayores traumas, en lo que alguno considera ‘una paz sin vencedores ni vencidos’. Todo ello, salvo mejor opinión del Banco Central Europeo (BCE), que, no se olvide, es el que tiene la última palabra para que el proyecto Sunrise sea bendecido como el ‘nuevo amanecer’ del Banco Popular.

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