IDAS Y VENIDAS AL BANCO DE ESPAÑA

Tarde de perros en el Banco Popular: Reyes Calderón pidió a Linde el relevo de Ron

El presidente saliente del Banco Popular tiró la toalla después de una acalorada discusión en la que fue perdiendo poco a poco los apoyos de la mayoría de consejeros

Foto: La escritora vallisoletana Reyes Calderón recibe el Premio Azorín. (EFE)
La escritora vallisoletana Reyes Calderón recibe el Premio Azorín. (EFE)

Reyes Calderón, la novelista vallisoletana galardonada este año con el Premio Azorín  y a la sazón consejera del Banco Popular, ha escrito la última página de una batalla larvada hace ya varios meses en el seno de la entidad financiera, y que ha supuesto finalmente el derrocamiento de su presidenteÁngel Ron. La endecha fúnebre fue relatada ante el Banco de España a lo largo de la tarde del pasado miércoles, cuando la lideresa del grupo de consejeros independientes se presentó en el caserón de Cibeles para requerir del gobernador Luis Linde su apoyo a un plan de sucesión al frente del Banco Popular, que ha dado lugar el nombramiento como presidente de Emilio Saracho.

La consejera independiente coordinadora (CIC) fue recabando paulatinamente el respaldo de los distintos integrantes del máximo órgano de gobierno, hasta conseguir una mayoría suficiente de adeptos a la causa. Nada más conocer la situación planteada por Reyes Calderón, el gobernador estableció contacto con la alta dirección del Banco Popular, lo que generó cierta confusión en el Banco de España, ya que el máximo responsable de la entidad se mantenía en sus trece, negando por activa y por pasiva la pérdida de apoyos. La tensión prolongada a lo largo de las horas fue minando la moral, hasta que el presidente saliente comprendió que la suerte estaba echada y que no podía seguir enrocado ante el relevo que solicitaban a voz en grito los principales accionistas de control. 

La designación del hasta ahora vicepresidente mundial de JP Morgan fue adelantada por El Confidencial al principio de esta semana, y estaba pendiente tan solo de un acuerdo interno por parte del consejo de administración que facilitase la salida de Ángel Ron. Desde hace meses, el presidente saliente había ido perdiendo efectivos en su afán de permanencia, sobre todo entre aquellos representantes del capital que han visto rebajadas sus expectativas de rentabilidad accionarial después de la última ampliación de capital del pasado mes de mayo. La incorporación al ‘grupo rebelde’ de Reyes Calderón ha sido decisiva, pues no en vano la consejera es también la presidenta de la comisión de Nombramientos y Retribuciones de la entidad.

La situación se ha ido haciendo cada vez más más insostenible para Ángel Ron, quien trató de apaciguar los ánimos con la defenestración a finales de julio de su anterior consejero delegado, Francisco Gómez. La dimisión del número dos del Banco Popular, que se enteró de su cese forzado la noche antes de hacerse público, fue considerada como una especie de tregua en el seno de la entidad. Craso error, porque la realidad ha demostrado que el núcleo duro de oposición, capitaneado por el inversor mexicano Antonio del Valle, ha mantenido su asedio, atacando por distintos flancos hasta doblegar la resistencia del que hasta ayer se consideraba el capitán de la fortaleza.

Ángel Ron trató de llegar a un acuerdo 'in extremis' con el BBVA, pero el tiempo se le echó encima ante la pérdida masiva de apoyos dentro del consejo

Acosado internamente por su consejo y cuestionado externamente por la cotización en bolsa, Ron había empezado a desarrollar en las últimas semanas una estrategia claramente diferenciada que dejaba a un lado los seculares planes por mantener a ultranza la independencia del banco. La opción de pactar una operación corporativa había tomado cuerpo, a la luz de las valoraciones de los inversores, donde el precio de mercado está muy por debajo de las expectativas del negocio. El Banco Popular cotiza a un 35% de su valor en libros, lo que sitúa claramente a la entidad a tiro de opa.

La posibilidad cada vez más certera de colocar al Banco Popular en la diana de una operación corporativa constituía una de esas oportunidades que pintan calva para los intereses del Gobierno y del Banco de España. Tanto el ministro de Economía, Luis de Guindos, como el gobernador, Luis Linde, vienen haciendo votos de un tiempo a esta parte con el fin de promover una nueva oleada de fusiones en el sistema financiero español. La pretendida integración de Bankia y BMN no es más que el aperitivo de un proceso que los responsables de la política económica quieren impulsar de manera decisiva a partir del próximo año.

En este marco de actuación, cualquier tipo de insinuación procedente del Banco Popular constituía una piedra de toque que el Gobierno no podía desaprovechar, con vistas a legitimar la necesaria consolidación del sector. Las dos opciones preferidas dirigían el punto de mira por todo lo alto, pero el disparo al Banco Santander rápidamente se demostró errado, dada la voluntad de la entidad que preside Ana Botín por permanecer al margen de cualquier proceso inducido de fusión. En otras palabras, la entidad cántabra mantiene en este terreno, y sin que sirva de precedente, el principio elemental del fallecido patrón, Emilio Botín, de no hacer nada que no esté previamente localizado en el radar de la entidad.

Diferente fue la actitud del BBVA y, en concreto, del propio Francisco González y su consejero delegado, Carlos Torres, quienes se han mostrado estos días mucho más receptivos para recoger el guante lanzado por Ron. El presidente del Banco Popular mantuvo en secreto todos los contactos, y tan solo requirió la asistencia letrada del secretario del consejo, Francisco Aparicio. La operación exprés que se planteaba obligaba a un acuerdo con los grandes accionistas, Allianz y Crédit Mutuel, para lo cual se había puesto sobre la mesa la posibilidad de contratar los servicios de Lazard para perfilar el diseño financiero del acuerdo. Al final, los consejeros de ambos socios extranjeros han dado la callada por respuesta y tampoco han apoyado la continuidad de Ron.

Saracho llega a la presidencia del Popular con el apoyo de su buen amigo, el ministro Luis de Guindos, lo que no permite descartar una operación corporativa

El proyecto de integración con BBVA exigía en todo caso y previamente la segregación de los 6.000 millones de activos en ‘ladrillo’, a partir de la creación del proyecto Sunrise. Una operación que está a punto de caramelo y que favorece el reposicionamiento del Banco Popular como una perita en dulce, con resultados positivos en su negocio básico de alrededor de 1.000 millones de euros anuales. La segunda condición, que a la postre ha echado por tierra el acuerdo, era la elevada prima que requería el Banco Popular para salir airoso y convencer a los consejeros hostiles a Ron. FG no terminaba de echar el resto y, aunque el Banco de España estaba por la labor de impulsar la fusión, los acontecimientos se han precipitado en las últimas 48 horas sin que Ron tuviera tiempo material para abundar en una negociación verdaderamente formal con el BBVA.

La vinculación del nuevo presidente, Emilio Saracho, con la banca de inversión y el afán de control evidenciado por los adversarios de Ron constituyen en este momento un jarro de agua fría para todos aquellos que confiaban en una fusión exprés. Depuesto el antiguo presidente, es previsible que los nuevos responsables del banco quieran hacerse fuertes de cara a cualquier eventual movimiento de tierras en el sector. Las necesidades de recursos siguen a la orden del día, con el fin de asegurar la limpieza del balance, por lo que no se descarta una enésima macroampliación que contribuya al saneamiento interno en la misma medida en que asegura la propiedad del capital en favor de los actuales socios de referencia. 

Antonio del Valle dispone actualmente de un 4% del Banco Popular, pero su intención inicial cuando entró en la entidad era la de alcanzar hasta un 15%. No se olvide que el inversor mexicano representa a un grupo con amplia capacidad financiera y que ha sido el hombre clave en la búsqueda, promoción y nombramiento del nuevo presidente. No obstante, Saracho llega al cargo con las bendiciones de su buen amigo, el ministro Luis de Guindos, lo que deja abierta también como segunda derivada la posibilidad de una eventual operación corporativa, a poco que el consejo no demuestre ahora uniformidad de criterio en la toma de decisiones estratégicas. Eso sí, para que ello ocurra, el Gobierno tendrá que demostrar con mayor capacidad de persuasión que las consideraciones políticas son incontestables a la hora de ordenar el mapa financiero en España.

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