descarta moverse hasta después del 26-M

La sombra de Feijóo vuelve a Génova a los 10 meses de descartarse

El presidente de la Xunta exhibe unos resultados menos malos y aplaza la cuestión sucesoria solo hasta después de las municipales

Foto: El presidente de la Xunta y del Partido Popular gallego, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)
El presidente de la Xunta y del Partido Popular gallego, Alberto Núñez Feijóo. (EFE)

Apenas 10 meses después de decir no a la dirección nacional del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo regresa de lleno a las quinielas. Lo hace con unos malos resultados en Galicia, donde este 28-A fue superado por los socialistas por primera vez en la historia. Pero situada al lado de la derrota de Pablo Casado, la del PP de Galicia sabe a victoria, o al menos a salvamento de muebles. El propio presidente de los populares gallegos se encargó de pregonarlo en su intervención pública la noche electoral: de los nueve diputados de ventaja sobre Ciudadanos, siete se deben a Galicia, donde Vox tampoco obtuvo representación. La tarjeta le legitima de nuevo como sucesor, pero de momento Feijóo pide tiempo.

Preguntado sobre la posibilidad de una dimisión de Casado, el presidente de la Xunta contestó que sería “un gravísimo error” cualquier proceso que descentre su partido del inminente reto de las municipales, y añadió que el sucesor de Rajoy “debe seguir” para conseguir ese cometido: el de las elecciones del 26 de mayo. Hasta ahí su defensa del liderazgo de Pablo Casado, cerrada pero con horizonte temporal, aderezada con un amable pero poco convincente mensaje sobre la responsabilidad compartida. Fue solo unas horas antes de pronunciarse públicamente sobre el cambio que en su opinión debe abordar el PP, al que llamó a “ensanchar” su base y abrir sus puertas para que vuelva a ser “punto de encuentro entre muchas sensibilidades”. O lo que es lo mismo, a girar al centro.

Como es improbable un proceso de relevo antes de las municipales, la defensa de Casado realizada por Feijóo caduca el 27 de mayo. Y visto con perspectiva, tampoco el relato de su sorprendente renuncia a suceder a Rajoy estaría en contradicción con un salto a la política nacional. Aquel 18 de junio, apeló al mandato que le habían encomendado los gallegos en septiembre de 2016. “Yo sin haber completado mi compromiso no puedo fallar a los gallegos, porque sería también fallarme a mí mismo”, aseguró. Pero cuando se abra el melón sucesorio del actual presidente nacional, probablemente después del verano, a Feijóo le faltará apenas un año para las siguientes autonómicas.

De presentarse como candidato a la Xunta —extremo que no ha confirmado, pero que, a diferencia de legislaturas anteriores, tampoco ha descartado—, serían para él las cuartas autonómicas desde que desbancó a la izquierda en 2009. Tras 10 años al frente del Gobierno gallego, reflotar un PP hundido sería un reto interesante para un político que, a sus 57 años, es demasiado veterano para eternizarse en la Xunta pero está todavía a tiempo de asaltar la Moncloa.

La sombra de Feijóo vuelve a Génova a los 10 meses de descartarse

El viaje a Madrid tendría otra ventaja para Alberto Núñez Feijóo: evitar el riesgo de una derrota electoral en Galicia, un trago que nunca ha experimentado. En las elecciones autonómicas de 2016, el presidente de la Xunta revalidó el cargo enfrentado a un PSdeG en proceso de descomposición, a un BNG en caída libre y a una izquierda más rota que rupturista. De repetir como candidato, enfrente tendría un PSdeG que ha superado por primera vez a su partido en estas generales, y que de la mano de Gonzalo Caballero, elegido en octubre de 2017, parece haber alcanzado la tranquilidad de sus mejores épocas. No solo eso. La división en las Mareas se decanta a favor de quienes se presentaron este 28-A como En Común-Unidas Podemos frente a En Marea, mientras el BNG ofrece síntomas de recuperación.

Por no hablar de la irrupción de Vox, y de la de un Ciudadanos que hasta ahora no ha obtenido representación en el Parlamento gallego. Es cierto, como subrayó este domingo Feijóo, que Cs se mantiene a distancia en Galicia, pero también lo es que nunca antes había logrado representación en la comunidad autónoma en unas generales, por lo que la vía de agua está abierta. Una extrapolación de los resultados de las generales a unas autonómicas apartaría al Partido Popular de una Xunta que gobierna de forma prácticamente ininterrumpida desde el desembarco de Fraga en 1990. El PSdeG, con 28 escaños, cuatro más que el PP, podría pactar con la coalición de afines a Podemos para asegurarse una cómoda mayoría.

Salvo que haya otras razones...

Son motivos que juegan a favor de un cambio de aires para Feijóo, pero en contra están los que los analistas consideran que le impidieron hacerlo el pasado año, después de que dimitiera Rajoy. Porque muy pocos creen, en el PP y fuera de él, que el compromiso con los electores gallegos fuera la razón única y exclusiva de su sorprendente espantada, precedida de largos días de incertidumbre. Para justificar que un político que nunca ha ocultado su apego a la política nacional renunciara a su ambición se exploraron teorías como la de su situación familiar, con su reciente paternidad y la necesidad de permanecer próximo a su novia, la madre de Albertito. Y también reaparecieron otras como las famosas fotos con el narco Marcial Dorado y los siempre recurrentes dosieres sobre su pasado. “Las fotos con Marcial Dorado en un barco tal vez no fuesen más que la punta del iceberg”, conjeturó el líder de En Marea, Luís Villares.

De momento, Feijóo no acudió al comité ejecutivo nacional que analizó el desastre electoral. Tenía coartada: pleno parlamentario con sesión de control al Gobierno, ineludible para él. Si en esa reunión se analizaron con detenimiento los resultados, la dirección del PP vería que en Galicia Feijóo logró, pese a su caída, un 27% de apoyos, 11 puntos más que la media nacional, y que Galicia fue la comunidad con mayor porcentaje de apoyos para el partido de Casado. Pero si lo estudió con un poco más de detalle, también habrá observado la caída del PP gallego en las zonas más urbanas, en algunas como Vigo reducido a tercera fuerza política. O que gran parte del relativo éxito se lo debe al PP de Ourense, que mantiene una tensa relación con Feijóo.

Durante la campaña electoral, Feijóo hizo piña con Pablo Casado, al que incluso arropó en el mitin de cierre de campaña. Con las urnas recién escrutadas, explicó la caída por la división del voto y abogó por la recuperación de la unidad del centro y la derecha. Lo hizo de soslayo, pero este martes, al verse rodeado por periodistas a su llegada al Parlamento, optó por hablar, algo inédito en estas situaciones. Lo hizo para solicitar ese ensanchamiento del PP, un partido que tradicionalmente, sostuvo, ha sido punto de encuentro de gente “más de derechas, más liberal, más conservadora, más de centro, más reformista y más de centro izquierda”. La demanda de esa centralidad es la que le vuelve a poner en las quinielas de un partido que ha acusado su giro a la derecha.

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