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'Recesión laboral': el concepto de moda que es la gran amenaza para la economía
  1. Economía
¿Qué pasa cuando no hay trabajadores?

'Recesión laboral': el concepto de moda que es la gran amenaza para la economía

EEUU ha sufrido su primera recesión por los problemas de mano de obra. Las tasas de paro están en mínimos históricos en el mundo desarrollado y se avecina una fuga de talento

Foto: Una oficina de empleo, en una imagen de archivo. (EFE)
Una oficina de empleo, en una imagen de archivo. (EFE)
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Estados Unidos encadena dos trimestres consecutivos de contracción económica (todo el primer semestre del año), lo que técnicamente supone que ha entrado en recesión. Habitualmente pensamos en esta fase del ciclo como una crisis en la que se destruye empleo y las empresas ajustan a la baja su capacidad productiva. Sin embargo, en estos meses la economía estadounidense creó nada menos que 2,7 millones de empleos. La tendencia incluso aceleró en julio (ya tercer trimestre) con medio millón de nuevos trabajos en el sector privado no agrícola.

La tasa de desempleo siguió bajando, marcando un nuevo mínimo histórico. Apenas el 3,5% de la población activa no tiene trabajo. Este porcentaje tan bajo se considera pleno empleo, porque siempre hay algunos trabajadores que tardan en encontrar un empleo desde que dejan el anterior o comienzan a buscar. En una situación de pleno empleo, las empresas tienen que competir por atraer trabajadores y muchas se quedan sin completar sus plantillas, como bien indica que la cifra de vacantes haya superado la cifra de los 11 millones.

En definitiva, la recesión que se ha producido no solo está relacionada con la crisis inflacionista, también es consecuencia de que las empresas no han podido producir todo lo que hubiesen querido. El premio Nobel, Paul Krugman, argumentaba recientemente en un hilo de Twitter que la recesión en Estados Unidos era consecuencia de que su PIB se ha mantenido por encima del potencial desde el final de la pandemia. Esto es, la economía ha estado recalentada, generando inflación para mantener una producción extraordinariamente elevada. Una inflación que no solo ha ido a cubrir los costes energéticos, sino también a pagar mayores salarios y así atraer a población inactiva al mercado laboral.

El Índice de Coste Laboral estadounidense llegó a registrar un crecimiento anual de casi el 7% en el inicio del año, una cifra que no se aleja mucho de la inflación que soporta el país actualmente. [Para los 'muy cafeteros', la explicación de esta inflación sería que el desempleo se ha mantenido por debajo de la NAIRU (tasa de desempleo no aceleradora de la inflación), generando así presiones de precios].

Foto: Imagen de una tienda en liquidación en Londres. (EFE)

La experiencia de Estados Unidos ha mostrado al mundo que, cuando no hay trabajadores, se produce una recesión porque las empresas tienen que reducir su producción. Es la bautizada como 'recesión laboral' que se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de los economistas tras la pandemia y que amenaza al crecimiento de las próximas décadas.

En Europa no se ha producido aún una recesión laboral, pero el mercado laboral también está sufriendo fuertes restricciones en los últimos meses. La tasa de paro de la eurozona está en mínimos históricos por debajo del 7%. Incluso España, donde la tasa de paro estructural es más alta, se sitúa en su nivel más bajo desde la burbuja inmobiliaria.

Los problemas de mano de obra no son una cuestión exclusiva de Estados Unidos. Por ejemplo, en el caso de España, la tasa de paro de los trabajadores con estudios superiores es de apenas el 7%, lo que significa que en algunas zonas del país estos trabajadores están cerca del pleno empleo. En muchas actividades existe ya pleno empleo, en especial en las relacionadas con la informática y la programación; pero también ocupaciones sin cualificación requerida, como la hostelería, están teniendo problemas para encontrar personal.

Foto: Imagen de una oficina de empleo en Madrid. (EFE/Juan Carlos Hidalgo)

Hay otros indicios que muestran hasta qué punto hay problemas de mano de obra en el mercado laboral. Los flujos de trabajadores de la EPA muestran el número de personas que pasan de la ocupación al desempleo o la inactividad. En el segundo trimestre hubo 489.000 ocupados que pasaron al desempleo. Esta cifra es la más baja registrada en un segundo trimestre desde el año 2005 (un año especial porque fue en el que se dio papeles a trabajadores inmigrantes irregulares). Esto significa que hay muy pocas empresas despidiendo a trabajadores y los que salen de un trabajo encuentran rápidamente otro.

Para un trabajador, el riesgo de irse al paro es mínimo en estos últimos meses. En los próximos meses es probable que este riesgo aumente si la crisis energética se complica durante el otoño. Pero lo que está claro es que hasta ahora las empresas han puesto más interés en evitar la salida de sus trabajadores.

Una de las hipótesis sobre el problema de mano de obra en el mercado de trabajo fue la de la 'gran dimisión' tras la pandemia. Esta hipótesis apuntaba que los trabajadores no estaban dispuestos a volver a su empleo, ya que durante la pandemia comprendieron que querían cambiar de vida. Sin embargo, los datos no apuntan a una gran salida hacia la inactividad de trabajadores en edad laboral.

Foto: La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. (EFE/Caroline Blumberg)

Lo que sí ha ocurrido durante estos años es que los flujos migratorios se han frenado como consecuencia de las restricciones a la movilidad. Esto ha provocado que no se repusiera una parte de la mano de obra, en especial la de baja cualificación. Este problema debería resolverse en los próximos años a medida que los flujos de trabajadores vuelvan a la normalidad.

Pero hay un gran fenómeno que está comenzando ya y que generará una gran tensión en el mercado laboral: la jubilación masiva de los trabajadores del 'baby boom'. Algunos de los datos de España resultan esclarecedores: A principios de los años 2000 había más del doble de trabajadores de 25 a 29 años que de 55 a 59 años. Ahora las tornas han cambiado y casi hay casi un 60% más de trabajadores entre 55 y 59 años. La 'ola' de trabajadores por franjas de edad ha avanzado rápidamente en las últimas tres décadas y está a punto de 'romper', momento que ocurrirá en los próximos años.

La salida de trabajadores sénior con alta experiencia supondrá el momento decisivo para la recesión laboral. La capacidad de los países para sustituir a esta mano de obra será clave y la base para conseguir estos trabajadores está en generaciones de jóvenes que han sufrido dos crisis y que han tenido graves problemas para acumular experiencia.

Esta recesión laboral a la que se enfrentan las envejecidas economías occidentales no es más que el pago del 'dividendo generacional' que obtuvieron desde los años sesenta, cuando se produjo el 'dividendo demográfico'. La incorporación de trabajadores al mercado laboral impulsó el crecimiento económico. Ahora ocurre justo lo contrario, una salida masiva que está por ver cómo se puede sustituir. Para empezar, el sector público empieza a sufrir jubilaciones masivas de trabajadores, de modo que las oposiciones se han multiplicado en los cuatro últimos años, quitando mano de obra cualificada al sector privado.

Los problemas de mano de obra a los que se va a enfrentar el mundo desarrollado no son los mismos de los que sufre hoy, pero la consecuencia es la misma: empleos sin cubrir, empresas que no pueden producir a todo su potencial y subidas de inflación para compensar el exceso de demanda. Un panorama preocupante que difícilmente se podrá solucionar con flujos migratorios si la población que llega no tiene la cualificación que necesitan las empresas. Es el momento de poner en marcha las estrategias de política económica y educativa que anticipen este gran problema que amenaza a la vuelta de la esquina.

Estados Unidos encadena dos trimestres consecutivos de contracción económica (todo el primer semestre del año), lo que técnicamente supone que ha entrado en recesión. Habitualmente pensamos en esta fase del ciclo como una crisis en la que se destruye empleo y las empresas ajustan a la baja su capacidad productiva. Sin embargo, en estos meses la economía estadounidense creó nada menos que 2,7 millones de empleos. La tendencia incluso aceleró en julio (ya tercer trimestre) con medio millón de nuevos trabajos en el sector privado no agrícola.

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