La precariedad arrecia con la salida de la crisis: 42 contratos por cada empleo creado
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EL 38% TIENE EMPLEO PARCIAL O TEMPORAL

La precariedad arrecia con la salida de la crisis: 42 contratos por cada empleo creado

La economía española va dejando atrás la crisis, pero los viejos hábitos subsisten. La precariedad laboral repunta porque continúan sin atacarse las causas. El fraude se extiende

placeholder Foto: Un camarero en una terraza de Madrid. (Reuters)
Un camarero en una terraza de Madrid. (Reuters)

La economía española comienza a dejar atrás la dramática caída del PIB registrada en 2020 (-10,8%). Este año, de hecho, crecerá en torno al 6%, según las principales casas de coyuntura, pero los viejos vicios siguen ahí. Implacables. En particular, la precariedad laboral. Es decir, la enorme rotación de trabajadores alrededor de un mismo empleo y, lo que no es menos relevante, puestos de trabajo que tienen una duración cada vez más corta. Nada menos que el 23% de los contratos temporales dura ya menos de siete días.

Un par de datos ilustran esta situación, insólita en el contexto europeo, donde la tasa de temporalidad es la mitad que en España, incluyendo países muy dependientes de las actividades turísticas como Grecia, Italia o Croacia. En el primer semestre de este año, el número de afiliados a la Seguridad Social, en términos desestacionalizados, ha crecido en 202.648 trabajadores, pero para alcanzar esta creación neta de empleo han sido necesarios 8,61 millones de contratos hasta el pasado 30 de junio. Es decir, se han requerido 42,5 contratos por cada puesto generado por la economía.

El otro dato tiene que ver con la duración. De los 8,61 millones de contratos firmados, apenas el 11,1% es de carácter indefinido, y eso que en este porcentaje se incluyen los contratos temporales convertidos en fijos. Si se elimina esta conversión, solo el 6,3% de los contratos son indefinidos, lo que refleja la elevada precariedad que caracteriza el mercado laboral desde que en 1984 se introdujo en la legislación de forma estructural la contratación temporal, y que hoy afecta a casi uno de cada cuatro asalariados. Solo hay que tener en cuenta que casi cuatro de cada 10 asalariados (el 38%) tienen un contrato temporal o a tiempo parcial.

Los datos son, incluso, más llamativos si se desagregan de la contratación indefinida aquellos que tienen una jornada laboral inferior a la ordinaria. Es decir, son parciales. En este caso, las cifras hablan por sí solas. Nada menos que cerca de la tercera parte de los contratos firmados durante el primer semestre del año lo son a tiempo parcial, principalmente mediante el contrato eventual por circunstancias de la producción, que desde hace años se ha convertido en el rey de la precariedad laboral, que afecta principalmente a las mujeres, un 60%. Por lo tanto, muy por encima de su participación en el mercado laboral.

Ganancia media

Las ventajas para el empleador son significativas. Hay que tener en cuenta, como refleja un reciente informe elaborado por Adecco, que la 'Encuesta anual de estructura salarial' muestra que el salario medio anual de los trabajadores a tiempo completo se sitúa en 28.412 euros, mientras que el de los trabajadores a tiempo parcial fue de 11.395 euros. O expresado en otros términos, la ganancia media por hora para un trabajador a tiempo completo se sitúa en 16,5 euros, mientras que a tiempo parcial es de 11,7 euros. Obviamente, en estas cifras existe un 'efecto composición'. Los trabajos peor remunerados suelen ser más inestables.

El uso fraudulento de los contratos a tiempo parcial para ocultar jornadas laborales más largas ha sido frecuentemente denunciado por los sindicatos. De hecho, la Inspección de Trabajo aprobó en su día un plan de choque contra la utilización irregular de la contratación a tiempo parcial, pero sus resultados, a la vista de las estadísticas de los servicios públicos de empleo, siguen siendo magros. Es más, como sostuvo el penúltimo informe sobre España de la Comisión Europea, y la misma idea se ha venido trasladando desde hace años, los gobiernos se han centrado más en luchar contra los abusos que sobre “las causas profundas de la generalización de los contratos temporales”. Ahora, con la nueva reforma laboral que negocian sindicatos, empresarios y Gobierno, se quiere dar solución al problema. Pero lo cierto es que lo mismo se dijo en las últimas seis reformas del mercado de trabajo, prácticamente desde la de 1993.

De los 8,6 millones de contratos firmados durante el primer semestre del año, apenas 79.413 son de fijos discontinuos

El contrato eventual por circunstancias de la producción se concierta, en teoría, para atender exigencias puntuales del mercado, acumulación de tareas o exceso de pedidos, aun tratándose de la actividad normal de la empresa, pero en la práctica es el más utilizado por los empresarios para saltarse la legislación laboral, que obliga a que la contratación tenga que ser causal. Es decir, el contrato temporal debe estar justificado ante la autoridad laboral.

El argumento que suele darse desde las patronales para justificar la generalización de este contrato es la especialización productiva del país, en particular en sectores como la hostelería, la construcción o el comercio. Pero, en la práctica, existe una cultura de la precariedad que se manifiesta con especial intensidad en determinadas regiones. De los 8,6 millones de contratos firmados durante el primer semestre del año, apenas 79.413 son de fijos discontinuos, pese a que el sector de mayor recuperación, precisamente por el levantamiento de las restricciones, es todo lo relacionado con el turismo. No sin razón, Bruselas ha recordado que los contratos temporales son cada vez más cortos e incluso “son habituales en sectores de escasa estacionalidad”.

Más temporalidad, menor productividad

Mientras que en Baleares o Canarias, con un enorme peso en su estructura laboral de trabajadores del turismo y la hostelería, lo habitual es utilizar la figura de los fijos discontinuos, que da garantías a los trabajadores de que volverán a su empleo cuando empiece la temporada, en otras comunidades, como Andalucía, esta figura es inhabitual. En su lugar, se utilizan otros contratos que permiten despedir de un día para otro, pese a que ese puesto de trabajo es de naturaleza estructural. Las consecuencias de esta práctica, como ha puesto de relieve la Comisión Europea, son demoledoras: tiene un impacto negativo en la formación de capital humano, lo que impide un crecimiento más rápido de la productividad laboral.

Foto: Camarera en una playa de Valencia. (EFE)

Esto explica que, entre enero y junio de este año, en cuatro comunidades autónomas se registraron niveles de empleo indefinido superiores a la media. En concreto, Madrid (14%), Baleares (13%), Cataluña (10%) y Canarias (7%). Por debajo del 6,7%, que es la media, está el resto de comunidades autónomas. A la cola se encuentran Navarra (3,6% de los contratos son fijos), Andalucía y Extremadura (por debajo del 3%).

La economía española comienza a dejar atrás la dramática caída del PIB registrada en 2020 (-10,8%). Este año, de hecho, crecerá en torno al 6%, según las principales casas de coyuntura, pero los viejos vicios siguen ahí. Implacables. En particular, la precariedad laboral. Es decir, la enorme rotación de trabajadores alrededor de un mismo empleo y, lo que no es menos relevante, puestos de trabajo que tienen una duración cada vez más corta. Nada menos que el 23% de los contratos temporales dura ya menos de siete días.

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