solo el 3,4% de los contratos son indefinidos

El empleo a tiempo parcial arrasa: un tercio de los contratos es jornada reducida

Casi uno de cada tres contratos fijos (el 30,7%) son parciales, lo que da idea de la estructura laboral española, marcada por la alta rotación en el empleo

Foto: Foto: EFE.
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Los resultados son espectaculares. Y ponen de relieve la singular estructura del mercado laboral español, donde el contrato indefinido y a tiempo completo -para los nuevos empleos- comienza a ser un bien a proteger. De hecho, apenas el 3,4% de los contratos firmados este año son indefinidos y a jornada completa.

La otra cara de la moneda son los contratos temporales con menos horas de las ordinarias. Nada menos que el 34,5% de los 19,2 millones de contratos que se firmaron entre enero y noviembre de este año son de duración inferior a la jornada marcada por convenio. Es decir, son contratos a tiempo parcial. Y lo que no es menos relevante, la extensión de este tipo de contratos no se reduce al empleo temporal, sino que, por el contrario, es cada vez más relevante en el caso de los contratos indefinidos.

En concreto, casi uno de cada tres contratos fijos (el 30,7%) son parciales, lo que da idea de la estructura laboral española, marcada por la alta rotación en el empleo. De hecho, como sostiene un informe de la Fundación Altedia Creade, en los once primeros meses del año se registraron casi 20 millones de contratos iniciales. Si se tiene en cuenta que las empresas inscritas en la Seguridad Social el pasado mes de noviembre eran 1,31 millones y daban empleo a 13,32 millones de trabajadores asalariados, eso quiere decir que los nuevos contratos representan el 144% de los trabajadores ocupados por cuenta ajena. Y eso, como dice el estudio, que la cifra de contratos iniciales no recoge la conversión de contratos temporales en indefinidos, que en ese periodo fueron 636.294.

El reparto del trabajo es tal que los autores del estudio sacan una conclusión: “Esta situación, absolutamente anómala, se debe, seguramente, a que se está vulnerando sistemáticamente la causalidad en la contratación temporal, así como el principio que liga la duración indefinida del contrato con el desempeño de actividades permanentes y estables de la empresa”. Por lo tanto, se estaría cometiendo un enorme fraude de ley al contratar de forma temporal cuando el puesto de trabajo es permanente, como establece el Estatuto de los Trabajadores. La duración media de esos contratos temporales (en cualquiera de sus fórmulas) son 52 días. Y en el caso de los contratos de duración determinada (se pacta la salida del trabajador) más de dos de cada tres contratos tienen una vigencia igual o inferior a un mes.

Los datos de la última EPA lo corroboran. La Encuesta de Población Activa del tercer trimestre muestra que el empleo temporal alcanza al 27,38% de los asalariados, lo que sitúa a España a la cabeza de la Unión Europea en tasa de temporalidad. De hecho, en el segundo trimestre de 2017, la UE27 tenía una temporalidad equivalente al 14,4%, casi la mitad que España. La diferente estructura productiva puede influir, pero no de una manera tan pronunciada.

Una tendencia vigorosa

Los datos del SEPE, el antiguo Inem, muestran que la creciente tasa de parcialidad del mercado laboral español no depende de una determinada modalidad de contratación. Al contrario. Las tres figuras contractuales más utilizadas por los empresarios para cubrir sus vacantes -eventual por circunstancias de la producción, obra o servicio e interinidad- tienen una vigorosa tendencia a la parcialidad. En todos los casos, por encima del 30%. Como es habitual, el contrato a tiempo parcial afecta más a las mujeres -59%- que a los hombres -el 41% restante-, lo que es debido al tipo de empleo: normalmente más precario y de menores salarios.

Si la parcialidad en la contratación laboral se relaciona con el conjunto de la población ocupada, no con el número de nuevos contratos, el resultado es diferente, pero aún así ilustrativo. La tasa de parcialidad se situó en el tercer trimestre del año en el 14,3%, casi tres puntos más que al comienzo de la crisis. De hecho, llegó a situarse por encima del 16% en 2015, pero a medida que se ha ido consolidando la recuperación fue bajando en coherencia con la mejor situación financiera de las empresas, que pueden contratar durante más horas a sus empleados ante el aumento de la demanda.

La parcialidad, en todo caso, tiene mucho que ver con la estructura productiva del país, en el caso de España, volcado al sector servicios, que ha ganado diez puntos de peso respecto del PIB desde el comienzo de la crisis. No es, por lo tanto, un fenómeno vinculado al hecho de que determinados segmentos de la población quieran trabajar menos horas por las razones que sean.

Un dato lo acredita. La última EPA muestra que 2,26 millones de ocupados desean trabajar más horas de las que hacen. Aunque esta cifra ha bajado en los últimos años -llegaron a ser más de tres millones- todavía es superior a la que existía a comienzos de la Gran Recesión.

En la propuesta que han hecho llegar CCOO y UGT al Gobierno en el marco de la mesa de calidad en el empleo, ambos sindicatos consideran que el empleo a tiempo parcial es una de las manifestaciones más claras de la precariedad laboral. En su opinión, la principal característica del empleo a tiempo parcial es que es eminentemente involuntario: los trabajadores lo aceptan porque no encuentran un empleo a jornada completa. “Es, por tanto”, aseguran, “una situación de lo que se conoce como subempleo, puesto que esos asalariados y asalariadas trabajan menos horas de las que desean y están dispuestos a desarrollar”.

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