Trituradoras de personal

Engaños y precariedad: así es trabajar en las 'cárnicas del software' en España

Sueldos bajos, cesión a otras empresas, jornadas interminables… Estos son solo algunos de los problemas a los que se enfrentan los empleados de las consultoras tecnológicas españolas

Foto: Un hombre descansa frente a su ordenador. (iStock)
Un hombre descansa frente a su ordenador. (iStock)

La polémica que ha surgido durante la dos últimas semanas en torno a LexNet, el sistema de notificaciones del Ministerio de Justicia, aún no ha cesado. En el momento de escribir estas líneas, ninguna institución, empresa o cargo se ha responsabilizado o ha atribuido a terceros la responsabilidad del fallo informático que el pasado viernes dejó al descubierto documentos privados alojados en esta plataforma, creada para intercambiar de forma digital información de casos entre juzgados y abogados. Y solo fue el comienzo.

El desastre de LexNet, un proyecto iniciado hace 17 años, ha llevado a múltiples colectivos (abogados, procuradores, fiscales…) a exigir explicaciones y buscar culpables. Además del propio Ministerio de Justicia, todos señalan a las consultoras tecnológicas detrás del proyecto. Y, más concretamente, a las prácticas y condiciones de un sector enterrado desde hace tiempo en la precariedad laboral y la subcontratación. “En la cadena de subcontratación se pierde la calidad del servicio. Sabemos que siempre prima la parte económica ante la técnica en los pliegos”, explica a Teknautas Enric Climent, responsable estatal del sector TIC de Comisiones Obreras.

Precisamente, el sindicato pidió ayer viernes la paralización inmediata de LexNet y del Expediente Judicial Electrónico, el otro gran proyecto digital de Justicia cuyo objetivo es alcanzar el ansiado ‘papel 0’. Al menos hasta que no se dé solución a los problemas recientemente detectados, que achacan en buena medida a la situación que viven los trabajadores en dichas consultoras, empresas conocidas como 'cárnicas' en el argot del sector por ese cóctel de uso intensivo de mano de obra y precariedad laboral.

“El convenio es una salvajada”, denuncia Ana Teruel, portavoz del comité de empresa de Sermicro, una de las compañías involucradas en el soporte de LexNet. En esta empresa, perteneciente al grupo ACS, el gigante dirigido por Florentino Pérez, conviven en realidad dos mundos, según la propia Teruel. “Por un lado, está la parte dedicada a la industria y, por otro, la que se rige por el convenio de consultoría, muy antiguo y sin subidas salariales”.

Errores muy rentables

Más allá de la alarmante cuestión salarial –“hay gente que cobra solo 11.000 euros al año”, explica Teruel– algunos profesionales del sector señalan que es habitual que en las consultoras se exija, ante todo, rapidez. “Es lo que hemos visto con LexNet: primaba la entrega y luego ya se iría parcheando”, explica un informático de la consultora multinacional Alten (no involucrada en el desarrollo de ese 'software') que no ha querido desvelar su nombre. “Eso se hace mucho: si el cliente dice que algo tiene que salir un día concreto, tiene que salir”, añade.

“Siempre nos movemos con un objetivo. El cliente lo quiere para dentro de un mes y tiene que estar. Buscan el resultado final de entrega de proyecto, no se valora la calidad del trabajo”, explican desde la sección sindical co.bas (Comisiones de Base en Indra Sistemas) en Indra, una de las empresas encargadas de la adaptación y la implantación de LexNet en determinadas comunidades autónomas.

"Es habitual que en las consultoras se exija, ante todo, rapidez", explican desde el sector, que alerta sobre los bajos salarios de los profesionales

Se trata, a juzgar por lo vivido por los propios informáticos, de otro de los grandes males del sector. Así lo corrobora un informático que trabajó hasta hace cinco años en uno de los centros de Iecisa, la consultora tecnológica de El Corte Inglés, y que también prefiere mantenerse en el anonimato para no perjudicar su situación laboral. “Es la tónica más habitual: da igual lo que se entregue, da igual incluso que lo que haya por detrás esté vacío, que no haya nada… Lo importante es cumplir el plazo para evitar las penalizaciones que se hayan acordado con la licitación del proyecto”.

De hecho, una jugada de este tipo le puede salir redonda a cualquier consultora tecnológica. “A veces se entrega un proyecto mal, pero funciona, y hay cosas que no se notarán hasta que se dé una situación muy concreta”, explica este exempleado. “¿Que luego se dan cuenta? Pues se trabaja como si se tratara de una incidencia, que se tarifica más caro y así se cobra más”, cuenta. “Todo está enmarañado”. Un portavoz de Iecisa asegura todo lo contrario: “Estamos sujetos a un convenio colectivo suscrito por todos los sindicatos. La antigüedad de los empleados es superior a la media y la rotación es escasa. El clima laboral es satisfactorio”.

Muchas horas, poca formación

El objetivo de estas empresas, como cualquier otra, es conseguir el máximo beneficio de la forma más eficiente posible. El problema, como denuncian múltiples fuentes desde hace años, son las prácticas para conseguirlo. A día de hoy, conseguir este objetivo no se traduce solo en bajos salarios, sino que también se maquillan las experiencias laborales de los seleccionados para cada proyecto.

“Cuando repasan quién hay en plantilla, no miran el currículum: meten en el paquete a los más baratos y presentan la propuesta”, explica el empleado de Alten. “Cogen perfiles ‘junior’ y los ponen como especialistas, o te dan un curso básico de una herramienta y al cliente le dicen que eres un experto”, concreta.

Además, hay una diferencia sustancial entre el coste del proyecto y el salario de los informáticos que lo llevan a cabo. “En estos concursos se pierde dinero por en medio”, reconoce. “Un trabajador está estipulado a lo mejor en 110.000 euros, pero no cobra eso: te contratan por 25.000 en el mejor de los casos y el resto se queda por el camino”.

Tampoco parece que esa diferencia en lo económico sea utilizada para remunerar las horas extra. “Lo primero que te suelen pedir cuando llegas a un proyecto ya comenzado es el clásico ‘Este es un proyecto que se ha torcido... Hay que sacarlo en fecha... Vamos mal... Vamos a tener que hacer esfuerzos, etc.’, y esto lo que significa, simple y llanamente, son horas extra mal (o no) remuneradas”. Consultada al respecto, Alten lo niega. “El perfil medio de la plantilla en la empresa es el de un trabajador/a joven y con alta cualificación, al que se le dispensa un tratamiento personalizado”, explica un portavoz.

Un trabajador está estipulado a lo mejor en 110.000 euros, pero te contratan por 25.000 en el mejor de los casos y el resto se pierde

La situación se agrava si se tiene en cuenta que estas horas extra son, en la mayoría de las ocasiones, imprescindibles para entregar los proyectos a tiempo. “Cumplir los plazos sin hacer horas extra o sin penalizar la calidad del producto final es prácticamente imposible”, explica el desarrollador Álex López, que trabajó hace más de una década para la consultora Digitex Informática. “Lamentablemente, es la situación en la que siguen estando hoy en día muchas personas”.

“Y esto sin hablar de la cara que se te queda cuando estás trabajando en un cliente y ves que sus trabajadores se van al llegar su hora y tú te tienes que quedar como buena carnaza de subcontrata que eres, o no puedes utilizar sus comedores o sus plazas de aparcamiento o su material de oficina, etc.”, protestan desde la sección sindical de Indra.

Palacio de la Marquesa de la Sonora, una de las sedes del Ministerio de Justicia. (Wikimedia)
Palacio de la Marquesa de la Sonora, una de las sedes del Ministerio de Justicia. (Wikimedia)

Vendiendo a los trabajadores como 'carne'

Otra de las denuncias tradicionales del sector tiene que ver con la cesión ilegal de trabajadores. “Las personas así contratadas trabajan en las oficinas del cliente y reciben sus órdenes, pero su nómina la paga otra empresa y su salario y condiciones laborales suelen ser muy inferiores a las existentes en el cliente”, explica López. En su caso, durante su estancia en Digitex Informática solo tuvo contacto con la compañía “para la firma del contrato y para recoger el finiquito”.

“Cogen a alguien y lo sueltan en un ministerio o en cualquier otro sitio. No conocen absolutamente nada, quien les ordena es alguien de ese sitio y Sermicro les paga la nómina y punto”, explica la representante sindical de la filial de ACS, en la que, eso sí, “suelen poner un coordinador en el cliente para que luego no se reclame una cesión ilegal”. Y aclara: “No es para que el trabajador esté mejor, es para evitar la queja”.

Sede de Indra en Alcobendas. (Wikimedia)
Sede de Indra en Alcobendas. (Wikimedia)

Además, no se trata de algo que suceda exclusivamente en las grandes ciudades, sino que las consultoras tecnológicas también han encontrado un jugoso nicho en provincias ansiosas por diversificar el tipo de empleo que generan. “Estas consultoras cogen ciudades pequeñas donde hay universidad y abren allí un centro de trabajo asociado a la región. La región asume la construcción del centro, el mantenimiento y hace un alquiler prácticamente gratuito e incluso llegan a subvencionar parte del sueldo para traer otro tipo de empleo”, explica el exempleado de Iecisa, que vivió un caso así en una de las instalaciones de la empresa propiedad de El Corte Inglés en Castilla-La Mancha.

Así, entre bajos salarios, trabajadores cedidos, entregas en las que la velocidad prima sobre la calidad y currículums manipulados, algunas consultoras de servicios tecnológicos parecen el caldo de cultivo perfecto para desencadenar caos informático. “No es de extrañar que ocurran casos como el de LexNet. Y si no ocurren más es por el buen hacer de los profesionales del sector”, remata el responsable sindical Climent. No parece que la situación vaya a cambiar a corto plazo. Mientras el Ministerio de Justicia sigue intentando solucionar las graves deficiencias de su sistema informático, organismos públicos y privados siguen otorgando nuevos contratos a las 'cárnicas'. La trituradora continúa.

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