la pobreza en el trabajo

Parcial y temporal: así se vive en España con el peor de todos los contratos

Los contratos temporales —de solo unos meses— a tiempo parcial no paran de crecer. Desde 2009, su ascensión es imparable y suponen ya un 7,5% del total de asalariados en España

Foto: Manifestación contra la precariedad laboral en Barcelona. (EFE)
Manifestación contra la precariedad laboral en Barcelona. (EFE)

Las tres personas que han accedido a contar su experiencia laboral prefieren permanecer en el anonimato. Tienen en común que todas han trabajado con contratos temporales de solo unas horas al día; son los llamados contratos temporales parciales. Tampoco quieren señalar a las empresas responsables que han ayudado a que las cifras de estos tipos de contratos precarios no hayan dejado de aumentar desde 2009. Necesitan seguir siendo contratadas aunque sea de esta manera.

Ana acaba de finalizar su máster de dos años y también su contrato de cuatro meses en una ludoteca. “Me pagaban 140 euros brutos por una hora al día, pero trabajaba más. Tenía que prepararme las actividades para los niños en casa”. Le ofrecieron seguir en verano pero lo rechazó, esperando encontrar una oferta mejor que no acaba de llegar.

La situación de Ana se parece a la de Clara. Este año estuvo trabajando de enero a mayo en dos empresas diferentes, con dos contratos de una hora cada uno en dos sitios de la Comunidad de Madrid a una hora de distancia en transporte público. "El primero era de apoyo escolar y después me iba a dar una hora de manualidades también con escolares", cuenta. En el primero le pagaban siete euros la hora; y en el segundo, 11. "En la primera empresa también trabajaba en otro proyecto de cinco euros la hora con niños con diversidad funcional. Yo era monitora, pero al resto de trabajadores tampoco les pagaban mucho más".

Mi vida es una inseguridad absoluta. No puedo pagar un alquiler porque no sé si mañana me van a echar. No tengo planes de futuro

Al final, entre uno y otro trabajo, no llegaba a más de 200 euros al mes. "La sensación es de frustración e impotencia porque si me quedo en casa me siento fatal, pero si trabajo, he estado fuera de casa cuatro horas para trabajar dos y ganar muy poco. Y con una carrera y un máster". Clara se queja de que este tipo de contratos es lo más normal a la hora de buscar empleo, sobre todo en el área social y de educación. "Y da igual la formación que tengas. He firmado contratos en los que ponía que solo tenía la ESO porque era lo que necesitaban".

En 2016, 1.166.900 personas tenían un trabajo temporal a tiempo parcial, lo que supone un 7,5% del total de asalariados de nuestro país. Es una cifra récord, nunca antes tantos trabajadores estaban en esta línea de contratos por horas y de solo unos meses. En 2008, cuando la crisis empezaba a apretar a muchas familias, suponían un 5,6%; bajaron aún más en 2009 por la destrucción de empleo y desde entonces no han dejado de crecer. Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) no arrojan una cifra muy diferente para 2017. En el primer trimestre del año, ese número es de 1.131.800 'precarios'.

Son las mujeres quienes más sufren esta situación. Desde 2002, ellas siempre han sido, muy por encima de los hombres, quienes han estado empleadas de esta forma. A partir de 2008 la tendencia fue que los hombres 'precarios' aumentaran mientras ellas se bajaban del carro. La excepción es 2012, cuando vuelven a alejarse. Al cierre de 2016, del total de asalariados temporales y parciales, el 65% eran mujeres y el 35%, hombres.

España lleva abonada a la precariedad desde los años ochenta, según cuenta el economista Antonio González, de la plataforma Economistas Frente a la Crisis. ¿La razón? Que los empresarios usan estos contratos para todo y no solo para cubrir necesidades de producción específicas, objetivo para el que fueron concebidos los contratos temporales. Y la sanción por utilizar un contrato de este tipo para cubrir un puesto de trabajo es tan pequeña, que merece la pena arriesgarse. "El número de contratos fraudulentos es tan alta que es más fácil que te toque la lotería a que venga una inspección de trabajo. Y si te demandan, la multa para el empresario es convertir ese contrato temporal en indefinido. No hay sanción. Al final, la legislación lleva incluido el estímulo al fraude”.

Estos contratos ayudan a ir rebajando la cifra del paro, pero las consecuencias sociales son demasiado altas. “Aumentan las fuertes diferencias que ya existen entre unos trabajadores y otros y también la tasa de la pobreza; ese trabajador se ve expulsado y apartado de muchos aspectos de la vida, como la posibilidad de emanciparse, tener hijos, etc. A eso súmale que las jornadas pueden ser irregulares y modificables por el empresario en cualquier momento; tampoco tienen capacidad de conciliación”, sentencia González.

Esperando un contrato en septiembre

Virginia lleva 10 años encadenando trabajos temporales y parciales desde que terminó su licenciatura. Actualmente da clases en un centro de Formación Profesional privado. Fue contratada a media jornada por 800 euros de septiembre a junio. Ahora le han subido las horas de clase —sin llegar a la jornada completa— y pasa de los 1.000 euros, pero sabe que será despedida cuando acabe este mes para volver a ser contratada en septiembre, el siguiente curso. No tiene vacaciones pagadas desde hace dos años. “La dirección me dice que no puede garantizarme que el año que viene haya alumnos para contratarme de manera indefinida, pero yo no estoy buscando otro trabajo y también me arriesgo a no tener nada en septiembre”, explica. “El sueldo no da para vivir y ahorrar lo suficiente para pasar dos meses de vacaciones sin cobrar”.

La precariedad se extiende a las actividades extraescolares.
La precariedad se extiende a las actividades extraescolares.

Hace unos años, trabajó para una empresa que organizaba actividades extraescolares donde la contrataban en septiembre, despedían en diciembre y volvía en febrero. “Había poco trabajo durante las navidades y después me volvían a necesitar. No me quedé, pero ibas encadenando contratos de cuatro o cinco meses de unas 20 horas a la semana por 600 euros mensuales”.

Una década surfeando entre la temporalidad que ha acabado afectándola a nivel personal. “La sensación que te queda es que no te valoran en ningún sitio. Yo suelo darlo todo en los trabajos, en algunos me hubiera quedado porque me encantaban, pero no te ayudan a desarrollar una carrera”, explica Virginia. “Mi vida es una inseguridad absoluta. No puedo pagar un alquiler porque no sé si mañana me van a echar. No tengo planes de futuro”.

El economista Antonio González vaticina que la situación podría alargarse indefinidamente. “La solución solo puede llegar por una reprimenda de Europa”, asegura. Ya hubo una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en septiembre del año pasado que obliga a los empresarios a indemnizar con 20 días por año a los empleados despedidos, ya sean fijos o temporales. A finales de mayo, la Comisión Europea mostró su preocupación por la alta temporalidad en nuestro mercado laboral en sus recomendaciones económicas. “Hay poca transición de contratos temporales a indefinidos”, dice la Unión, y existen "algunos elementos del mercado laboral español que podrían disuadir de realizar contratos indefinidos".

Según Pérez del Prado, los gobiernos quieren erradicar la temporalidad “pero tienen miedo de cerrar el grifo de una herramienta que crea empleo”

Europa también es la solución para Daniel Pérez del Prado, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad Carlos III de Madrid. “Esta situación acabará, soy optimista, porque si no llega por la vía política, llegará por la vía judicial. Hay tantos abusos que el Tribunal de Justicia de la UE dirá ‘basta”.

El problema, según Pérez del Prado, es que los diferentes gobiernos quieren erradicar la temporalidad “pero tienen miedo de cerrar el grifo de una herramienta que crea empleo”, asegura consciente de la importancia de que las cifras de desempleados desciendan mes a mes. "No hemos encontrado la solución para acabar con esta situación de temporalidad que se extiende desde hace 30 años. Al final, la regulación es la causante de esto y no el sistema productivo", opina este profesor universitario. “Y este no es el peor de los casos, la proliferación del uso de becas para cubrir puestos de trabajo deja a muchos fuera del amparo del Estatuto de los Trabajadores”.

La precariedad, en el día a día

‘La precariedad lo domina todo’ es el nombre del informe que presentó UGT hace unos días para denunciar que cada año se sustituyen 650.000 puestos de trabajo indefinidos por empleo temporal. Este sindicato denuncia que la precariedad ha llegado a tal nivel que los contratos que duran siete días o menos ya suponen un 25,7% de todos los contratos temporales; antes de la crisis, ese porcentaje llegaba al 15%.

“La precariedad no solo afecta a los jóvenes, también a los mayores de 50, a los que despidieron dentro de un ERE para sustituirlos por temporales; 300.000 de estos trabajadores ya no reciben ningún tipo de prestación, a pesar de que están cerca de su jubilación”, explica Mari Carmen Barrera, secretaria de Políticas Sociales, Empleo y Seguridad Social. “Todos los expertos con los que hablo coinciden en señalar que es una aberración que se incluya la parcialidad sobre la temporalidad en un mercado, el español, muy basado en la estacionalidad”.

“Seguimos inmersos en una perniciosa y tradicional ‘cultura de la temporalidad’, que no ha sido capaz de romper ninguna reforma laboral hasta ahora”, sentencia el sindicato.

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