La inflación alcanza el umbral del BCE del 2% y amenaza la política de estímulos
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Un riesgo para España

La inflación alcanza el umbral del BCE del 2% y amenaza la política de estímulos

El repunte de los precios es consecuencia del encarecimiento de la energía, pero también se han empezado a producir tensiones de precios por el 'boom' de la demanda y los problemas de oferta

placeholder Foto: La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters)
La presidenta del BCE, Christine Lagarde. (Reuters)

Por primera vez en casi tres años, la inflación ha vuelto a tocar el 'umbral sagrado' para el Banco Central Europeo (BCE) del 2%. Este nivel de IPC es el fijado por la entidad como el nivel de estabilidad de precios, a partir del cual surgen los problemas y las diferentes sensibilidades dentro de la entidad. Es muy probable que esta tasa anual de inflación se supere durante los próximos meses, de modo que coincidirán en el tiempo un IPC superior al límite fijado con una política monetaria ultraexpansiva.

Para los miembros del Consejo de Gobierno del BCE, ha llegado el momento de buscar argumentos para mantener activos todos sus estímulos y para calmar las voces internas que surgirán en la entidad reclamando la vuelta de las políticas restrictivas para evitar un fuerte repunte de los precios. Lo que está claro es que la inflación ha sido una aliada de los defensores de los estímulos y ahora se ha convertido en una gran enemiga. Una amenaza que complica que Fráncfort pueda seguir inyectando miles de millones de euros cada mes en la deuda pública para contener las primas de riesgo y facilitar la recuperación.

Foto: Supermercado. (EFE)

La entidad celebra la próxima semana su cónclave de junio, una de las citas clave del año. No podría llegar en un momento más delicado. En la última reunión de cada trimestre, el BCE tiene que actualizar su cuadro macroeconómico, incluyendo las previsiones de IPC. Su estimación actual apunta a un IPC del 1,5% este año, cifra que previsiblemente tendrá que revisar al alza, asumiendo así un reto mayor con la inflación.

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Es interesante analizar qué hizo el BCE en la última ocasión en que se superó el umbral del 2% de inflación. Fue en el año 2018, cuando la economía había cerrado ya por completo su ‘output gap’, adentrándose así en el terreno en que hay riesgo de que se produzcan desequilibrios. Desde mayo hasta octubre de ese año, el IPC se situó en el 2% o levemente por encima, llegando a su nivel más alto, en el 2,3%.

En ese momento, el BCE también tenía un gran abanico de estímulos activado y en ningún momento pensó en retirarlo. Aunque es cierto que surgieron algunas voces dentro de la entidad que pidieron contención, la entidad solucionó el debate con unas previsiones de inflación muy moderadas. En septiembre de ese año, mantuvo en el 1,7% su previsión de inflación para el año en curso, y el siguiente, por debajo del umbral del 2%. Y en diciembre, cuando tuvo que revisar al alza la previsión para el año en curso, lo hizo en una décima, hasta el 1,8%, décima que recortó para el año siguiente, hasta el 1,6%.

En definitiva, justificó así que la subida del IPC se debía a factores coyunturales y que de ninguna manera significaba la existencia de presiones inflacionistas. Sus previsiones fueron correctas y los precios se moderaron rápidamente, hasta el punto de que en el verano siguiente el IPC cayó por debajo del 1%.

¿Qué ocurre con la inflación?

El repunte de la inflación en 2018 tiene una gran similitud con el actual: en ambos casos, la subida ha sido consecuencia del repunte de la energía, como consecuencia de fluctuaciones del precio del petróleo en los mercados. En 2018, la subida del precio de la energía en el IPC fue del 11%, y este año ha llegado hasta el 13%. Pero mientras los precios de la energía se disparan, el resto de bienes y servicios sigue casi estancado. El precio de los alimentos está estancado en el 0,6%, la tasa más baja en casi un lustro, y en los servicios, la inflación apenas alcanza el 1%.

Esto significa que no existen, hasta el momento, presiones inflacionistas más allá de la energía. Esto fue justo lo que ocurrió en 2018, y cuando se superó la fase de volatilidad del petróleo, el IPC volvió a asentarse rápidamente por debajo del 2%. En ese momento, el BCE no cayó en el espejismo de la subida de los precios de la energía y es previsible que tampoco lo haga este año.

En esta ocasión, el BCE tiene un doble argumento para mantener los estímulos incluso en un escenario en que la inflación se aproximara al 3%. El primero es que la economía todavía sigue en una situación muy delicada, con la eurozona en recesión en el primer trimestre del año, de modo que no hay riesgo de sobrecalentamiento. El segundo, que la entidad está reflexionando sobre el sentido de ceñirse al umbral del 2% como la cifra mágica que no debe superarse en ningún caso. Se trata de un debate que comenzó la Reserva Federal y en el que el BCE va siguiendo su estela.

Foto: Una trabajadora realiza tareas de limpieza en una plaza de Girona. (EFE)

El centro de este debate está en dejar de analizar la inflación según los datos de corto plazo para valorar el promedio de precios de un periodo algo más largo, incluso de un año. Así, si los precios llevan mucho tiempo por debajo del objetivo del 2%, se podría conceder un cierto margen para superar este límite y así equilibrar la inflación promedio hacia el 2%. La inflación promedio del año 2020 fue del 0,1%, lo que significa que el BCE tendría margen para dejar subir los precios este año hasta llevar el promedio de inflación hacia el 2%.

Hasta aquí todo está controlado. Sin embargo, en los próximos meses se van a registrar importantes tensiones de precios en diferentes sectores. Ya están ocurriendo, pero se agravarán en los próximos meses. Basta con analizar la situación en Estados Unidos, que lleva casi medio año de ventaja a Europa en la recuperación y anticipa lo que puede ocurrir en el Viejo Continente próximamente. En abril, la inflación alcanzó el 4,2%, lo que supone el dato más alto registrado desde el año 2008, en plena burbuja inmobiliaria.

Aunque la energía está jugando un papel clave también en EEUU, la subida de precios está siendo generalizada. El motivo es que se está produciendo un ‘boom’ de demanda gracias al rápido crecimiento del país que excede la oferta. Muchas empresas están sufriendo problemas de suministro, especialmente de materias primas como metales, madera o plástico. Hasta el mercado laboral tiene escasez de oferta de mano de obra en las últimas semanas.

Estas tensiones entre la demanda acelerando y la oferta todavía contenida por la pandemia están generando importantes tensiones de precios. Si se observa el IPC subyacente (el que excluye los dos elementos más volátiles, energía y alimentos frescos), los precios están creciendo un 3%. Se trata de la cifra más alta registrada desde el año 1996, hace nada menos que 25 años.

Estas tensiones de precios deberían ser pasajeras. Aunque la demanda seguirá fuerte durante los próximos meses, la oferta se irá recuperando cuando se levanten las restricciones. La clave estará en la recuperación del comercio global, ya que los países occidentales mantienen la inflación contenida gracias a los bienes baratos importados desde países emergentes o subdesarrollados.

Sin embargo, también hay un riesgo de que estas presiones de precios se consoliden. Y ese sí sería un riesgo para los bancos centrales y obligaría a replantear la política expansiva actual. Para los países más endeudados, este escenario es más que preocupante, ya que dependen de los tipos de interés bajos para mantener el gasto financiero bajo control. Es el caso de España, que con una deuda pública ya en el 120% del PIB, necesita mantener la financiación barata durante varios años.

Según el último observatorio de la deuda de la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) un incremento de 100 puntos básicos de los costes de financiación de la deuda (un 1%), tendría un coste acumulado de 15.000 millones de euros en solo cuatro años. Se trata de una cuantía muy significativa, que supera, por ejemplo, a la recaudación prevista con la subida de impuestos que incorporó el Gobierno al Programa de Estabilidad. “El alto nivel de endeudamiento representa un elevado riesgo al alza del gasto público”, explica la AIReF en su informe, lo que evidencia todo lo que se está jugando España con la política del Banco Central Europeo.

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