La inflación despierta los viejos demonios, pero la sangre no llegará al río
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LOS ANALISTAS CREEN QUE LA SUBIDA "TEMPORAL"

La inflación despierta los viejos demonios, pero la sangre no llegará al río

La inflación está de vuelta, pero nada indica que vaya a lastrar la recuperación. Se trata de subidas temporales vinculadas a las materias primas. Pero los mercados están nerviosos

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Reserva Federal de EEUU. (EFE)

Un viejo enemigo está de vuelta: la inflación. Todavía es pronto para saber si tendrá residencia permanente o si su visita será solo de carácter temporal. Pero lo cierto es que el 4,2% que anotó el IPC de EEUU en abril en términos interanuales, el mayor incremento desde 1982, ha metido el miedo en el cuerpo. Desde luego, en los mercados financieros —renta fija y variable—, pero mucho menos en la inmensa mayoría de los servicios de estudios, donde se da por hecho que el actual repunte no obedece a causas estructurales, sino coyunturales, y que, por lo tanto, tenderá a remitir.

Básicamente, por tres razones. En primer lugar, porque su origen se encuentra en un aumento del precio de las materias primas, en particular, del petróleo (67 dólares) y del cobre (un incremento del 32,5% en el último año), lo que es coherente con el inicio de la recuperación económica en la mayoría de las economías avanzadas. Eso significa que, por su propia naturaleza, la subida tendrá carácter temporal (efecto escalón).

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Fuente: Banco de España.

Influye también la escasez de semiconductores, lo que condiciona la producción de bienes de consumo como automóviles, lavadoras u ordenadores. Esto hace que los precios sean más propensos a encarecerse por el aumento de los 'stocks' (las empresas tienden a acumular ante el riesgo de dificultades en el aprovisionamiento), pero este cuello de botella se irá ensanchando con el tiempo. El aumento de los fletes marítimos, que prácticamente se han triplicado en el último año, igualmente, contribuye al repunte de los precios, sin olvidar el impacto de las nuevas ponderaciones en los IPC nacionales, que ya tienen en cuenta los nuevos hábitos de consumo de los hogares por la pandemia, que son, en general, más inflacionistas. Se trataría, en definitiva, de tensiones temporales ajenas a la estructura económica.

Un dato, según los analistas de Intermoney, muestra el carácter coyuntural del incremento de la inflación en EEUU. La venta de vehículos de segunda mano, una partida que normalmente pasa inadvertida, dinamitó las cifras de IPC de abril y, de hecho, explica más de un tercio del avance mensual de 0,8% de la inflación general y del 0,9% en la subyacente (sin los productos más erráticos: energía y alimentos frescos).

Inflación embalsada

La cifra es impactante, pero se explica porque las restricciones hicieron que se desplomaran las compras de vehículos en la primavera de 2020 y, ahora, la vuelta a la normalidad hace que coincida la demanda habitual de vehículos con la embalsada de meses anteriores, viéndose además potenciada por las ayudas gubernamentales a los hogares.

En segundo lugar, como sostiene el Banco de España, la persistencia a medio plazo de brechas de producción negativas y de tasas de paro relativamente elevadas en la mayoría de las principales economías “no permite anticipar tensiones inflacionistas subyacentes significativas”. En el caso de la eurozona, la previsión es que el IPC se sitúe en el 2% en el último trimestre de 2021, mientras que dentro de dos años la inflación alcanzaría una tasa del 1,4%, todavía “muy alejada” del objetivo de política monetaria del BCE —una tasa de inflación en niveles inferiores, aunque próximos, al 2%—.

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Fuente: Banco de España.

Un tercer factor explica que la mayoría de los analistas descarte, a medio plazo, un incremento significativo de la inflación. Desde luego, muy lejos de las tasas de los años setenta y ochenta. Como sostiene Chris Iggo, director de Inversiones de Core Investments Axa, los gobiernos están dirigiendo sus estímulos fiscales a las infraestructuras y a la energía verde, y la consecuencia es que está aumentando la demanda de materias primas y materiales necesarios para la transición energética. Esta apuesta es temporal, hasta que se consolide la recuperación de la actividad económica, que es cuando comenzarán a remitir las ayudas en aras de volver a un escenario de mayor equilibrio presupuestario.

Y entonces, ¿por qué las bolsas han sufrido fuertes correcciones? La interpretación que se da desde Intermoney es que la inestabilidad, iniciada el lunes en EEUU, “no deja de ser fruto de unas valoraciones excesivas de ciertos activos, en particular, de determinadas acciones vinculadas con el mundo digital y el nuevo modelo energético”. Este es el caso, por ejemplo, de Apple (- 6% en la semana hasta media tarde el miércoles), debido a su extraordinaria capitalización y al efecto arrastre que conlleva en su caída. Es decir, la inflación es la ‘excusa’ para hacer un ajuste de las valoraciones y lo que hacen los fondos es protegerse del repunte temporal de precios.

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Fuente: Banco de España.

Estos factores son los que descartan que la subida de la inflación tenga carácter permanente, y, lo que no es menos relevante, ningún análisis apunta a que la política monetaria ultraexpansiva de los bancos centrales esté influyendo de forma relevante en el aumento de los precios. Esto hace, como sostienen los analistas de eToro, que no se vea a la Reserva Federal, ni tampoco al BCE, “precipitándose para un endurecimiento” de los tipos de interés, pese a las declaraciones recientes de Janet Yellen, cuando sugirió un sobrecalentamiento de la economía de EEUU que obligaría a ajustar la política monetaria de la Fed.

Estímulos fiscales

Entre otras cosas, porque cualquier movimiento provocaría un terremoto, también en los mercados de cambios. Un endurecimiento de las condiciones monetarias apreciaría el dólar, y ello supondría un problema para las economías emergentes. Además del efecto que tendría para el coste de financiación del Tesoro de EEUU, cuya economía, a cuenta de los estímulos fiscales, está hoy fuertemente endeudada. Es verdad que un IPC en EEUU cercano al 4% es una fuente de desequilibrios entre bloques económicos, pero tampoco hay que olvidar que el PIB norteamericano crecerá este año, según el FMI, un 6,4%, lo que de alguna manera relativiza su importancia. Más preocupantes serían esas tasas de inflación con un crecimiento del 2%.

Sería distinto si se confirman las tensiones de precios en China, que en las últimas décadas ha exportado deflación, lo que ha permitido contener los IPC nacionales gracias a sus bajos costes de producción. China, en todo caso, publicó esta semana cifras que muestran que el precio de las materias primas y los bienes que salen de sus fábricas subió un 6,8% interanual en abril, su ritmo de crecimiento más rápido en más de tres años.

Este sí que sería un problema de extenderse en el tiempo, ya que el aumento de costes tarde o temprano se traslada a los consumidores occidentales, y el gigante asiático, no hay que olvidarlo, supone el 10,3% de las importaciones españolas, aunque esa cifra es muy superior si se tienen en cuenta las compras que se canalizan a través de otros países una vez los bienes son manufacturados en Alemania o Francia.

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Fuente: Banco de España.

El IPC en España se situó en el 2,2% en abril, el mayor incremento desde octubre de 2018. Paradójicamente, la inflación subyacente, que excluye los productos más volátiles, se ha hundido hasta el 0,0%, lo cual refleja el escaso tirón de la demanda interna en un contexto de pretendida recuperación económica. Habría que remontarse a abril de 2020 para encontrar un nivel de precios estructural tan bajo.

Eso quiere decir que el repunte del IPC tiene que ver, precisamente, con los costes de la energía y los alimentos frescos. El índice de precios industriales, en concreto, se situó en marzo en el 6,3% interanual, pero es que en el caso de la energía su incremento fue del 12,2%, debido al aumento de los precios de la producción, transporte y distribución de energía eléctrica y el refino de petróleo. No es de extrañar que Funcas prevea un repunte del IPC hasta situarse en el 2,7% en octubre. A partir de ahí, tendería a bajar, con una media anual equivalente al 1,8%.

Un viejo enemigo está de vuelta: la inflación. Todavía es pronto para saber si tendrá residencia permanente o si su visita será solo de carácter temporal. Pero lo cierto es que el 4,2% que anotó el IPC de EEUU en abril en términos interanuales, el mayor incremento desde 1982, ha metido el miedo en el cuerpo. Desde luego, en los mercados financieros —renta fija y variable—, pero mucho menos en la inmensa mayoría de los servicios de estudios, donde se da por hecho que el actual repunte no obedece a causas estructurales, sino coyunturales, y que, por lo tanto, tenderá a remitir.

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