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El Gobierno se encomienda a los fondos europeos para que el paro no suba del 20%

La recuperación de la actividad depende ya, en buena medida, de los fondos europeos. El Gobierno considera que el PIB avanzará 2,7 puntos más si se ejecuta ese dinero

Foto: La titular de Hacienda, María Jesús Montero (i), y la de Economía, Nadia Calviño. (EFE)
La titular de Hacienda, María Jesús Montero (i), y la de Economía, Nadia Calviño. (EFE)
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No hay crisis sin sus multiplicadores fiscales, y la profunda recesión derivada de la pandemia no podía ser menos. Los multiplicadores fiscales, como sabe, tienen que ver con los efectos que tiene una determinada política fiscal (expansiva o contractiva) sobre el crecimiento económico. Y si en la crisis anterior el pensamiento dominante consideraba que una política orientada hacia la austeridad, ya fuera recortando gasto o subiendo impuestos, o una mezcla de ambas acciones, podría tener efectos expansivos a largo plazo sobre la economía, ahora se piensa todo lo contrario.

Es más, el Gobierno aprobó este martes un cuadro macroeconómico que estima que el impacto conjunto de los fondos europeos sobre el crecimiento en 2021, por el momento solo un 20% de los 140.000 millones, será equivalente a 2,7 puntos adicionales de PIB, lo que supone un efecto multiplicador fiscal de aproximadamente 1,2 veces, según ha estimado la AIReF. Los multiplicadores fiscales, como se sabe, no son observables, sino que su impacto depende del perfil temporal o de cómo se financia la inversión, si con impuestos o con deuda pública. Esos 2,7 puntos representan más de la cuarta parte de lo que avanzaría la economía en 2021 en caso de una ejecución plena de los fondos europeos.

La cifra es importante, porque si fallan las estimaciones, como ocurrió durante la crisis anterior, es probable que tanto el desempleo como otros indicadores de gasto e inversión sean peores de lo que ahora calcula el Gobierno, que considera factible una tasa de paro del 17,1% para este año y de un 16,9% el próximo, lo que supone que la economía absorbería el año próximo los 729.000 puestos de trabajo que hoy están en suspensión.

La estimación de los panelistas de Funcas, que reúne una veintena de institutos de coyuntura, es que el desempleo se sitúe en el 17,8% de la población activa tanto este año como el próximo, pese a que en 2021 la economía española podrá recuperar, aproximadamente, la mitad de lo que habrá caído en 2020 (cerca de 140.000 millones de euros). Estas previsiones, sin embargo, están hechas antes de los últimos rebrotes y del confinamiento parcial de urbes como Madrid, lo que tendrá un impacto económico relevante, y que podría elevar el desempleo, en caso de que no se reduzca la tasa de contagios, por encima del 20%.

Fuente: Ministerio de Hacienda
Fuente: Ministerio de Hacienda

El Gobierno, de la misma manera, ha estimado que la inversión en formación bruta de capital fijo avanzará un 7,2% el año próximo, una tasa similar al PIB sin fondos europeos, mientras que el consumo privado —que es el componente que más pesa en el producto interior bruto— lo haría un 8,3%. En ambos casos, sin tener en cuenta los fondos procedentes de Bruselas.

El error del FMI

Todas estas variables, lógicamente, están muy influidas por los 25.000 millones de euros que, según la vicepresidenta Calviño, llegarán de Bruselas el año próximo, pero lo cierto es que uno de los grandes enigmas de la economía es, precisamente, calcular los multiplicadores fiscales.

En la anterior crisis, como se recuerda, el Fondo Monetario Internacional, que por entonces era abanderado de los recortes, junto a Alemania y los países del norte de Europa, tuvo que reconocer su error después de que un artículo publicado por Olivier Blanchard y Daniel Leigh acreditase que los cálculos no eran correctos. Es más, los recortes, en vez de ser expansivos, habían tenido un carácter contractivo en el corto plazo, ya que los multiplicadores fiscales estaban infraestimados. En vez de estimular el crecimiento, lo que se hizo, por el contrario, fue intensificar la recesión.

Lo que sostiene el Gobierno es que el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, así se llama, impulsará la economía, toda vez que ese dinero irá orientado, fundamentalmente, a inversión pública en infraestructuras y activos intangibles vinculados a la transición digital y ecológica.

La literatura económica, como asegura la AIReF, ha acreditado, efectivamente, el efecto multiplicador de esas inversiones, sobre todo en términos de empleo, pero tampoco hay que olvidar otra evidencia. A la luz de la experiencia de lo que ha sucedido en el marco financiero plurianual 2014-20, la capacidad de la Administración de absorber fondos europeos, que son muy exigentes en su implementación, como obliga su reglamento de funcionamiento, es muy limitada. En concreto, en ese periodo apenas se gastó el 34% de lo previamente asignado.

La ejecución de los fondos europeos

Esta realidad es la que hace decir a los técnicos de la AIReF que “los riesgos de que se produzcan retrasos en la absorción de estos recursos y en la ejecución de esos proyectos son elevados”. Es decir, que el crecimiento del PIB para 2021 estará fuertemente condicionado por el grado de ejecución de los proyectos, lo cual, lógicamente, afectará al volumen de empleo. Sin olvidar el hecho de que, al tratarse de proyectos de alto contenido tecnológico, cambio climático o digitalización de la economía, su capacidad de generar puestos de trabajo es más limitada por problemas derivados de la formación profesional. Esos sectores no son intensivos en mano de obra.

Lo que está en juego, como se ha dicho, es cuánto crecerá la economía en 2021. O lo que es lo mismo, si el PIB avanzará un 7,2%, tasa en que lo haría de forma inercial, es decir, sin fondos europeos, o un 9,8%, como estima el Gobierno en caso de lo que llama "ejecución plena". Por lo tanto, en caso de que pudieran ser ya operativos los programas de gasto financiados por la Unión Europea. Cabe recordar que cada punto de PIB, una vez restado el desplome de 2020, unos 139.500 millones (-11,2% que prevé el Gobierno), es unos 10.500 millones de euros, lo que da idea de su importancia.

Esa ‘ejecución plena’ significaría que la inversión, en lugar de crecer un 7,2%, lo haría un 15%, mientras que el consumo público, en vez de avanzar un 0,5%, se incrementaría un 2,6%. Las importaciones, como consecuencia del aumento de la inversión en equipo, crecerían nada menos que un 17,1%, el doble que en la ejecución inercial (sin fondos de la UE). En términos de empleo, y gracias al dinero de Europa, la tasa de paro podría bajar hasta el 16,3%, todavía por encima del 14,1% con que se cerró el año pasado.

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