CONFERENCIA DE JACKSON HOLE

Giro histórico: la Fed será más tolerante con la inflación y mete presión al BCE

La Reserva Federal admite que el pleno empleo tensa menos los precios de lo que creía y que los periodos de inflación por debajo de la meta del 2% deben compensarse por periodos por encima

Foto: Jerome H. Powell, presidente de la Reserva Federal, en el simposio anual (este año virtual) de Jackson Hole 2020.
Jerome H. Powell, presidente de la Reserva Federal, en el simposio anual (este año virtual) de Jackson Hole 2020.

En palabras, es un cambio sutil. En términos de política monetaria, es casi una revolución. La Reserva Federal de los Estados Unidos ha aprovechado el encuentro anual de banqueros centrales en Jackson Hole para certificar un giro histórico en su estrategia para garantizar la estabilidad de precios.

Así lo ha confirmado su presidente, Jerome H. Powell. A partir de ahora, en lugar de buscar un objetivo de inflación del 2% a secas, intentará que la inflación media durante un determinado periodo de tiempo sea del 2%. Además, en lo que respecta al mercado laboral, la Fed va a tener en cuenta "análisis de las deficiencias de empleo desde su nivel máximo" en lugar de "desviaciones desde su nivel máximo".

En la práctica, esto significa dos cosas: que la Fed dejará que la inflación supere el objetivo del 2% para compensar los periodos en los que ha estado claramente por debajo y que será más tolerante con los periodos de pleno empleo, ya que han comprobado que su impacto en los precios tarda más en llegar de lo que se creía.

A corto plazo y mirando el futuro inmediato, esto supone que una eventual subida de tipos de interés por parte del banco central americano tardará mucho más en llegar. Pero a medio y largo plazo, el giro en la política de la Fed supone un reconocimiento implícito de que el mundo ha cambiado.

Las economías avanzadas ven ya muy lejos en el espejo retrovisor los episodios de hiperinflación de los setenta y ochenta. En su lugar, observan cómo la vertiginosa digitalización de las sociedades y la globalización también han cambiado las reglas del juego. Las tendencias de fondo que aupaban el crecimiento económico se apagan, las mejoras de la productividad se ralentizan y la población envejece. Y por si fuera poco, la respuesta a la crisis financiera —tipos de interés al cero y compras masivas de activos— ha dejado los bancos centrales sin instrumentos para tratar de llevar la inflación a sus niveles objetivo.

Durante tres décadas, la Reserva Federal ha tratado de cortar preventivamente cualquier intento de la inflación de superar el 2%, lo que se ha traducido en subidas de tipos de interés antes de que los precios crecieran por encima de ese objetivo. Ahora, los banqueros centrales estadounidenses han prometido ser más pacientes antes de apretar el gatillo.

El turno del BCE

En el simposio de Jackson Hole, que este año se celebró de manera virtual, participaron tres representantes del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo: Philip Lane, Isabel Schnabel y Fabio Panetta. La terna europea escuchó las palabras de Powell sabiendo que el propio BCE inició en enero una revisión de su política monetaria. El objetivo inicial era que estuviese lista para finales de año, pero la pandemia de coronavirus ha obligado a retrasar todo al menos seis meses.

La batalla ideológica y técnica dentro de la propia institución es brutal. Tanto, que la propia presidenta, Christine Lagarde, ya ha dejado entrever en público que será imposible alcanzar la unanimidad y que la decisión deberá tomarse por mayoría.

En la última revisión que hizo la institución, en 2003, se cambió el objetivo desde el "entre cero y el 2%" al actual "por debajo pero cerca del 2%". Aunque algunos de los halcones del Consejo de Gobierno del BCE han llegado a plantear una revisión a la baja del objetivo de inflación, el 'zeitgeist' va por otro lado diametralmente opuesto.

A comienzos de año, el diario 'Financial Times' entrevistó a 34 economistas que siguen regularmente el BCE y les preguntó qué cambios esperaban. Más de la mitad dijo que preveía un incremento del objetivo de inflación (al menos subirlo al 2%, en línea con el resto de grandes bancos centrales), y más de un 40% confiaba en que el banco central de la zona euro evolucionara hacia un objetivo simétrico. Es decir, que se mostrara igual de preocupado y proactivo por una inflación por encima del objetivo que por una inflación situada por debajo.

Aunque la economía estadounidense es distinta a la europea en cuestiones clave como la integración y flexibilidad de su mercado laboral, la decisión de la Reserva Federal carga de argumentos a los que dentro del BCE defienden una mayor tolerancia con la inflación. En el debate, habrá dos voces de peso españolas. Una, la del vicepresidente de la institución, Luis de Guindos. La otra, la del gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos.

Sobre el papel, una mayor tolerancia con el incremento de los precios beneficia a empresas, ciudadanos y Estados que están más endeudados, ya que una mayor inflación facilita el repago de esos créditos. Y la respuesta de los Estados a la pandemia de covid-19 es precisamente tirar de endeudamiento para evitar un colapso total de la economía. Si bien para ayudar a que se cumpla el axioma de que la inflación ayuda a repagar las deudas es importante que los ingresos aumenten también con el tiempo. Al menos, al mismo nivel de la inflación.

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