LA PRIMA DE RIESGO SE DISPARA

Los mercados enseñan los dientes y señalan a España y los países del sur

La crisis del Covid-19 ha resucitado viejos fantasmas. Las primas de riesgo se disparan y, de nuevo, los mercados señalan al sur de Europa. La rentabilidad de los bonos sigue subiendo

Foto: Pantallas de la Bolsa de Madrid. (EFE)
Pantallas de la Bolsa de Madrid. (EFE)
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Los mercados de deuda soberana empiezan a enseñar sus dientes. Y, lo que es peor, cada vez con mayor garra. La prima de riesgo española, es decir, el diferencial con Alemania, llegó ayer a rozar los 160 puntos básicos, y nada indica que se pueda revertir la situación en el corto plazo, salvo que sea eficaz lo aprobado a última hora de la noche de ayer por el BCE. Básicamente, porque los mercados en los que se negocia deuda pública han empezado a discriminar por países, y el sur de Europa vuelva ser el territorio más castigado.

Esta realidad explica, sin duda, el anuncio que hizo ayer al filo de la medianoche el Banco Central Europeo, cuyos gobernadores se reunieron de urgencia para lanzar un nuevo programa de compra de activos temporales de valores del sector público y privado con un solo objetivo, “contrarrestar los graves riesgos para el mecanismo de transmisión de la política monetaria” que provocará el coronavirus.

O, dicho en otros términos, el BCE saca la artillería pesada comprando todo lo que se le ponga por delante para mitigar una pandemia económica que amenaza la propia moneda única.

Este nuevo ¡Programa de compra de emergencia pandémica¡ (PEPP, por sus siglas en inglés) tendrá una dotación total de 750.000 millones de euros y las compras se harán durante todo este año, incluyendo todo tipo de activos.

La causa de esta sacudida tiene que ver con las ingentes cantidades de gasto público que han anunciado los gobiernos, más de 1,1 billones de euros en Europa, una cifra ligeramente por debajo del PIB español, pero también porque muchos inversores están vendiendo activos de baja o nula rentabilidad para obtener efectivo en un contexto en el que los activos refugio tradicionales, como el oro, no están funcionando.

La deuda griega ha vuelto a escalar hasta los 431 puntos básicos; la italiana, hasta los 298 puntos; la española, hasta los 158 puntos, y la portuguesa, que es la que mejor se había comportado en los últimos años, se llegó a colocar ayer en los 178 puntos de diferencia respecto del bono alemán a 10 años, que, día a día, se refuerza como activo refugio. Aunque con una particularidad, su rentabilidad está también escalando (hasta el entorno del 0,23%), lo que indica que también los inversores empiezan a tener en cuenta el deterioro presupuestario por las medidas anunciadas por Merkel.

Esta fragmentación de los mercados de deuda —Italia paga el bono a 10 años al 2,78%, cuando el tipo de interés oficial es un 0%— es lo que temían las autoridades económicas españolas, que, en los últimos días, han presionado —sin ningún éxito por el momento— para que Europa mutualice la deuda que va a ser necesario emitir para encarar el coronavirus desde el frente económico.

Temporal o permanente

Tanto la ministra Nadia Calviño como el gobernador del Banco de España, cada uno en su ámbito de actuación, están convencidos de que si no se mutualiza la deuda, lo que es ahora “temporal” se puede convertir en “permanente”. Es decir, que, como sucedió en 2011 y 2012, los mercados discriminen a los países del sur y se produzca un ensanchamiento de las primas de riesgo que no solo haga insostenibles las cuentas de los países afectados sino, también, la propia supervivencia del euro.

Lo que reclama España, según fuentes autorizadas del banco central, es que la política fiscal diseñada para combatir el Covid-19 se haga bajo el paraguas de Bruselas y Fráncfort. O lo que es lo mismo, que instituciones como el MEDE, el BEI o el propio BCE, y a falta de eurobonos, mutualicen la deuda que emita cada país y no se conformen con dar avales o suministrar liquidez, ya que eso no basta para evitar una fragmentación del euro.

Esto es lo que está defendiendo el gobernador Pablo Hernández de Cos en las reuniones del consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE). “Se trata de presionar en todos los ámbitos”, aseguran las fuentes.

El ejemplo que se pone es muy sencillo. Si la deuda pública de España pasa del 95% actual al 105% para hacer frente a los gastos derivados del coronavirus, esos 10 puntos de PIB deben tener la garantía del conjunto de la UE, con lo que se evitaría que los mercados castigaran a los países más vulnerables. Poniendo en peligro, en última instancia, la propia supervivencia del euro.

Esa mutualización, sin embargo, supone problemas legales. El Mecanismo Europeo de Estabilidad es el instrumento de la UE para movilizar recursos en caso de crisis, pero ese dinero está sujeto a condicionalidad, como le sucedió a España cuando firmó en 2012 el memorándum para el rescate bancario, y eso es, precisamente, lo que quieren evitar las autoridades económicas españoles. En definitiva, una nueva intervención.

Paquete de choque

Esta estrategia encaminada a mancomunar la deuda es lo que explica el gradualismo que ha introducido la ministra Calviño en el paquete de choque para encarar el coronavirus. Teme que si España empieza ahora a anunciar medidas de estímulo mucho más ambiciosas (los avales son pasivos contingentes, pero no son deuda), los mercados se ceben con el bono español, y eso, en parte, es lo que está sucediendo.

Entre las propuestas de España, también ha estado rescatar el programa OMT que anunció el BCE en los tiempos más duros de la crisis, y que permitía comprar directamente en los mercados secundarios de deuda bonos de los Estados, lo que sirvió en su día para aplanar la curva de rendimientos. Máxime cuando el Tribunal de Justicia de la UE ya avaló que se ajustaba a los tratados de la UE.

Ese mecanismo fue tan potente que cuando Mario Draghi lo anunció, no hizo falta ni siquiera utilizarlo, ya que los inversores entendían que el BCE, con su potente máquina de fabricar billetes, estaba detrás de los activos en apuros. Ahora, como se ha dicho, se ha optado por aprobar un nuevo 'Programa de compra de emergencia pandémica' que tendrá una dotación total de 750.000 millones de euros.

Ayer, el rendimiento del bono español cotizó al 1,26%, es decir, algo más de un punto porcentual por encima de hace apenas dos semanas, lo que supone una caída de precios (la rentabilidad se mueve en sentido inverso) que castiga a los inversores, lo que justifica que quieran deshacerse de esos activos. Máxime, cuando la recesión global es ya inevitable. La Organización Internacional de Trabajo (OIT) ha estimado que la crisis económica y laboral provocada por la pandemia podría aumentar el desempleo mundial en casi 25 millones de personas.

Incluso el secretario del Tesoro de EEUU, Steven Mnuchin, ha advertido de que, sin una acción decidida de su Gobierno, el paro en su país puede alcanzar una increíble cifra del 20%. Una situación de pánico que explica el 'rally' alcista en que ha entrado el dólar, empujado por las enormes cantidades de dinero que ha prometido la Administración Trump. El dólar (1,08 euros) solo se debilitó mínimamente después de una intervención conjunta de la Reserva Federal y del BCE, pero, aun así, la rentabilidad del bono americano ha escalado hasta el 1,2%, cuando hace apenas una semana lo hacía al 0,4%.

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