Crisis del coronavirus

¿Regreso a 2008? El pánico en la deuda amenaza con contagiar la economía

El hundimiento de las bolsas ha desencadenado la gran pregunta: ¿se dirige el mundo a una crisis como la de Lehman Brothers? La respuesta de los bancos centrales revela el temor a un ‘credit crunch’

Foto: Paneles de la Bolsa de Madrid mostrando fuertes caídas. (EFE)
Paneles de la Bolsa de Madrid mostrando fuertes caídas. (EFE)
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La expansión del coronavirus ha provocado la confluencia de tres crisis simultáneas. Una primera, de oferta, por la ruptura de las cadenas de suministro que han paralizado la producción en muchas fábricas europeas. La segunda, de demanda, empieza a afectar ya al sector turístico con la cancelación de viajes y el parón de las nuevas reservas, y podría extenderse a otros sectores. Y la tercera, la financiera. El colapso de los mercados amenaza con contagiarse a la economía real a través del canal de crédito. Ese escenario es justo el que quieren evitar los bancos centrales, ya que es el más peligroso para la economía real.

A pesar de los estímulos monetarios de las últimas semanas, y los que están por venir, el estrés financiero ya se ha expandido por los mercados de crédito. El indicador de condiciones financieras que publica diariamente Bloomberg sufrió el lunes su peor jornada desde la salida de la crisis. Este indicador es uno de los más utilizados para medir el estrés en los mercados de crédito y los datos que ha lanzado en los últimos días son preocupantes. En el caso de la eurozona, la tensión financiera está en máximos desde la crisis del euro de 2012, pero en EEUU ha superado ya esta fase y está en niveles no vistos desde el verano de 2009.

El estrés en los mercados financieros puede complicar el flujo de crédito y deuda hacia las empresas, en particular las más estresadas, que son justo las que más necesidades de refinanciación tienen. Esto fue lo que ocurrió con la crisis financiera de 2008 cuando se produjo un ‘credit crunch’ (contracción de crédito). Estos episodios son los que más afectan a la economía, ya que contraen inversión y consumo al mismo tiempo y disparan los despidos. De ahí que los bancos centrales estén tan preocupados por que el mundo esté inundado de liquidez.

Todas sus medidas, desde las rebajas de los tipos de interés hasta las inyecciones masivas al mercado, van en la misma dirección: evitar un colapso del crédito. Su poder es inmenso, como bien han demostrado desde 2008, pero no son infalibles. El avance de la tensión en los mercados de deuda y crédito es el mejor ejemplo. Si esta situación se agudiza, los problemas de refinanciación estarán asegurados.

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Los inversores se están deshaciendo, de forma masiva, de bonos corporativos de empresas de baja calificación ante el temor a un repunte de los impagos. Estas ventas han provocado una brusca caída del precio de los ‘bonos basura’ próxima al 6% en tan solo una semana en EEUU. Este desplome es más que significativo para el mercado de deuda, de hecho, no se había visto un descenso igual desde la crisis del euro de 2012.

Esta caída en los precios supone una subida brusca de las rentabilidades. Ni siquiera la inyección de liquidez de la Reserva Federal ha logrado contener las ventas, lo que demuestra que los bancos centrales tienen superpoderes, pero no son omnipotentes. Si los inversores y las entidades financieras no quieren prestar su dinero a empresas en riesgo, no lo harán. Además, también es importante tener en cuenta que los propios bancos centrales compran deuda corporativa, pero no entran en los tramos de ‘bono basura’, lo que significa que esos activos están al descubierto.

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Los inversores no solo están vendiendo estos bonos, sino que están protegiéndose ante posibles quiebras. Lo hacen comprando seguros de impago, los populares CDS, que se están disparando en los últimos días. En EEUU, los CDS de las empresas con grado de inversión han escalado un 72% y se sitúan ya en niveles máximos desde inicios de 2016, cuando surgió el temor a una crisis en China.

“La incertidumbre que está reflejando la curva de tipos es el cambio dramático de la economía global y la inminencia de una recesión global”, señala Philippe Waechter, jefe de Investigación Económica de Natixis IM. “La corrección está siendo severa y posiblemente la reacción de las bolsas, excesiva, pero el evento que ha desencadenado las caídas genera una incertidumbre que convive mal con los activos de riesgo y difícilmente se solucionará de forma rápida”, señala Diego Fernández Elices, director general de Inversiones de A&G.

¿Quién prestará?

Esto significa que a pesar de los esfuerzos de los bancos centrales para calmar a los inversores, su capacidad de influencia es limitada. En especial, en el caso del Banco Central Europeo, que ya tiene los tipos de interés en el cero y cobra a los bancos por dejar paralizado su dinero. Es difícil que pueda hacer mucho más sin poner en riesgo la propia sostenibilidad del sector financiero. Porque ese es el segundo problema.

En Europa, el flujo de crédito se canaliza principalmente a través de los bancos (los mercados de deuda están poco desarrollados). Esto significa que es necesario que las entidades financieras concedan préstamos y refinanciaciones a las empresas en problemas y asuman en sus balances el riesgo correspondiente a pesar de que sus márgenes de rentabilidad son ya muy bajos.

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Los bancos centrales piden así el 'triple salto mortal con tirabuzón': que concedan préstamos baratos a todo tipo de clientes y que provisionen bien los riesgos. ¿Qué pasará si los bancos no quieren hacerlo? ¿O si no pueden? Esta es la gran pregunta que tanto asusta a los inversores y a las autoridades. ¿Qué pasa si no se puede evitar una crisis de crédito?

En España, el Ministerio de Economía es quien está estudiando asumir ese riesgo, el de prestar a las pymes que hayan sido rechazadas por los bancos. Para las autoridades, es fundamental una crisis de crédito, pero está por ver si este riesgo lo asume el sector público. Según Crédito y Caución, en un escenario de crisis prolongada por el coronavirus, el número de insolvencias aumentará este año más de un 4%, después del incremento del 3% en 2019, una cifra que en absoluto es menor.

Este canal de crédito se ha convertido en el gran riesgo para la economía global, como lo fue tras la crisis de Lehman Brothers. Aunque la coyuntura global no es, en absoluto, similar a la de 2008, ya que el sector privado está más saneado, no se puede descartar un escenario en el que las malas noticias se vayan desencadenando.

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