LA ESPAÑOLA SE DISPARA HASTA LOS 135 PUNTOS

Los negros nubarrones sobre el euro vuelven a inflar las primas de riesgo

El futuro del euro está de nuevo en el ojo del huracán. El coronavirus ha vuelto a disparar las primas de riesgo. Italia vuelve a ser la gran preocupación. Pero ahora con populismo

Foto: Paneles de la Bolsa de Madrid mostrando la evolución de la prima de riesgo. (EFE)
Paneles de la Bolsa de Madrid mostrando la evolución de la prima de riesgo. (EFE)
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La tregua ha terminado. Las primas de riesgo han dejado de ser inmunes al coronavirus. Este lunes se dispararon y el diferencial con el bono alemán a 10 años vuelve a asomar los viejos fantasmas del euro, que resistió a la Gran Recesión y al Brexit, pero ahora vuelve a estar sometido a fuertes presiones.

Entre otras razones, porque los tres países más afectados por el Covid-19, Francia, España e Italia, son, precisamente, los que acumulan mayor endeudamiento público. Italia, por encima del 135%, mientras que España y Francia están muy cerca del 100%, lo que explica el nerviosismo —en algunos casos, histeria— de los inversores sobre su capacidad para afrontar un incremento intenso del gasto público. En el caso español, el diferencial se ha multiplicado casi por dos en menos de un mes.

Aunque el dinero destinado a estimular la economía no se vaya a contabilizar a efectos del déficit en el marco de la UE, el incremento de deuda hay que devolverlo a los inversores, y eso es lo que preocupa, que no puedan hacerlo los Estados y tenga que haber quitas, como sucedió con Grecia en plena tormenta monetaria.

Ni siquiera ha sido eficaz el hecho de que el BCE se haya abierto a políticas monetarias todavía más expansivas comprando todo lo que se le ponga por delante y aumentando su balance hasta lo que sea necesario, o que la UE esté dispuesta a gastar más de 37.000 millones para impulsar las economías.

Lo cierto es que el bono alemán se ha reforzado como el principal activo refugio, y eso explica que la prima española se haya ido hasta el entorno de los 135 puntos básicos o que la italiana se haya disparado hasta los 268 puntos. Incluso la de Francia (que está en el núcleo duro del euro) se mueve por los 67 puntos, lo que da idea de cómo vuelve a fragmentarse la unión monetaria, diseñada para compartir una moneda única y, por lo tanto, sin apenas diferenciales en los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse. Y no hay que olvidar que el indicador de estrés de los mercados de deuda ha subido en vertical hasta niveles desconocidos desde el bienio 2011-12, cuando el euro estuvo a punto de naufragar.

Cerrar el diferencial

Ni siquiera las disculpas que ha pedido la presidenta del BCE por decir que el banco central no está para “cerrar el diferencial” con Alemania han aplacado los ánimos. Y, lo que es más relevante, ni siquiera se ha producido, por ahora, una revisión a la baja de las calificaciones crediticias de los Estados con mayores problemas y que en la Gran Recesión provocó una aceleración de la crisis financiera. Una degradación en cascada, en coherencia con el deterioro de la situación económica y el aumento de la deuda, metería una enorme presión a las primas de riesgo y volvería a poner en riego el proyecto europeo.

La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en su última comparecencia. (Reuters)
La presidenta del BCE, Christine Lagarde, en su última comparecencia. (Reuters)

Claro está, salvo que los abultados déficits públicos que, sin duda, generará el coronavirus sean transitorios y no afecten al núcleo de las cuentas públicas por la entrada en funcionamiento de los estabilizadores automáticos, principalmente desempleo, o por una caída de la recaudación que no se recupere.

Lo que preocupa es que un regreso a la recesión (algo que está ya descontado) reabra un debate que parecía ya superado sobre el futuro del euro, y que, en algunos países, se vuelva a hablar de ‘devaluaciones competitivas’ para salir del desastre económico que se avecina. Algo que no es descartable, porque si algo ha demostrado el euro es que Alemania ha sido la gran beneficiada, mientras que países como Italia, la tercera economía de la moneda única, han sido los grandes perjudicados. La prima de riesgo italiana, de hecho, está ya muy cerca de la de Grecia (298 puntos), un país considerado el paria del euro hasta hace bien poco.

Ruptura norte-sur

En el norte, por el contrario, los diferenciales con Alemania aguantan. Las primas de riesgo de Finlandia y Holanda no llegan a los 30 puntos básicos, muy lejos de los países periféricos, lo que sugiere una ruptura norte-sur que no se recordaba desde la anterior crisis financiera.

La diferencia política respecto a entonces es que ahora, en muchos países, el populismo tiene una fuerza consolidada y ya no es una amenaza sino una realidad, aunque es probable que no solo el populismo sino también fuerzas europeístas empujen ahora a abandonar el euro en busca de una “solución nacional” capaz de arreglar la incapacidad de Bruselas y de Fráncfort de dar una respuesta conjunta.

Italia, como recordaba este lunes 'Financial Times', tiene serias razones para desconfiar de la Unión Europea (UE), que la dejó sola en la crisis de los refugiados y que apenas ha ofrecido ayudas cuando el virus asolaba el norte del país.

El incremento del riesgo soberano es fundamental, no solo porque a algunos países les costará más financiar su déficit sino porque sus tenedores son los bancos en una buena proporción, y si los Estados sufren también lo harán las entidades financieras, cuyas carteras de inversión están repletas de deuda pública. La contaminación mutua entre deuda soberana y solvencia bancaria fue, de hecho, una de las causas de la segunda recesión.

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