INFORME ANUAL DEL BANCO DE ESPAÑA

El gobernador mete miedo (y esta vez, con mucha razón)

El gobernador del Banco de España pone las luces largas. Identfica en su discurso anual los problemas de fondo de la economía. Envejecimiento, productividad, desigualdad...

Foto: El gobernador del BdE, Pablo Hernández de Cos (c), conversa con la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño (d), durante una reunión informal del Ecofin. (EFE)
El gobernador del BdE, Pablo Hernández de Cos (c), conversa con la ministra de Economía en funciones, Nadia Calviño (d), durante una reunión informal del Ecofin. (EFE)

Meter miedo va en el sueldo del gobernador del Banco de España. Pero no siempre se ha hecho, lo que explica que la Gran Recesión pillara al país con el pie cambiado y tuviera una especial intensidad.

Desde hace pocos años, sin embargo, los informes del regulador tienden a curarse en salud. Obviamente, porque respira por la herida después de comprobar cómo engordaba la enorme burbuja de crédito que acabó con 3,8 millones de puestos de trabajo entre el tercer trimestre de 2007 y el primero de 2014. O lo que es lo mismo, con uno de cada cinco empleos, un récord difícil de superar.

Aunque a veces el Banco de España ha podido pasarse de frenada, por ejemplo en su precipitado análisis sobre los efectos de la última subida del SMI sobre la economía, al nuevo gobernador, Pablo Hernández de Cos, le gusta ejercer esa labor que siempre se le supone a un banquero central desde que William McChesney, presidente de la Fed durante los años cincuenta, dijera aquello de que el trabajo del banco central es “retirar el ponche justo en el momento en que empieza la fiesta”.

El gobernador mete miedo (y esta vez, con mucha razón)

No es que España viva en estos momentos un jolgorio económico, con un 14% de desempleo, un ensanchamiento relevante de la desigualdad, serios problemas de productividad y un mercado laboral precarizado, pero conviene leer el discurso de Hernández de Cos que acompaña al informe anual del Banco de España, en el que se sugiere la necesidad de abordar los problemas de fondo de la economía española. Y que suelen estar ausentes del debate político.

El gobernador apunta en tres direcciones: envejecimiento de la población, globalización y la generalización de las nuevas tecnologías, que han situado la economía en una auténtica encrucijada.

En el primer caso, porque el doble efecto del envejecimiento y la longevidad (que son fenómenos paralelos, pero no idénticos) afectará de forma intensa a algunos de los patrones de consumo y de ahorro tradicionales. Entre otras cosas, como sostiene Hernández de Cos, porque generará una reducción de la fuerza laboral y, posiblemente, del ritmo de avance de la productividad. Asimismo, sostiene la presentación, pondrá a prueba “la eficacia de las políticas de demanda para estabilizar la actividad”.

Política migratoria

La receta que se propone parte de lo obvio: reconocer que existe un problema en forma de reto poblacional, lo que requiere, en su opinión, la adopción de una estrategia multidisciplinar que, entre otros aspectos, incentive la participación de los trabajadores de más edad, acompase la política migratoria a las necesidades del mercado laboral y fomente la natalidad, sin olvidar el papel de las políticas educativas y de capacitación profesional.

Es decir, el Banco de España introduce por primera vez en el actual ciclo económico la idea de enfrentarse a la cuestión de la inmigración desde un punto de vista económico, habida cuenta de que la fuerza laboral tenderá a disminuir a medida que se invierta la pirámide de población. Este debate es ya central en algunos países europeos, pero no en España, pese a que en determinados sectores productivos (y no solo de baja cualificación) se observan ya algunos cuellos de botella por ausencia de una política migratoria cabal más allá de los tópicos de siempre.

Las consecuencias del envejecimiento no solo afectan a las cifras macroeconómicas. También al modelo de sociedad, y es poco frecuente que desde el Banco de España se alerte sobre el ensanchamiento de la desigualdad, favorecida no solo por el desempleo sino también por los avances tecnológicos. Y lo que asegura el gobernador es que en un contexto en el que la desigualdad aumentó durante la crisis, “debe constituir un objetivo prioritario de política económica conseguir que los beneficios de la recuperación se hagan extensivos a capas de la sociedad tan amplias como sea posible”. Es más, según el gobernador, “la calidad de los empleos existentes, con tasas de temporalidad y de parcialidad no deseada muy elevadas, admite márgenes de mejora significativos”. Algo parece estar cambiando en el Banco de España.

Tipos de interés cero

No menos sugerente es otra de las cuestiones que atormentan a los banqueros centrales. Y que tiene que ver con el hecho de que la política de tipos de interés cero está durando mucho más de lo previsto, lo que ha dejado sin apenas armas monetarias de largo alcance al BCE en caso de una recesión.

El debate, como sostiene el gobernador, está abierto, pero las diferentes alternativas que se barajan no están claras. Por ejemplo, elevar el objetivo numérico de inflación (ahora en torno al 2%) o la fijación de una meta relativa al nivel de precios. Como reconoce Hernández de Cos, “tales posibilidades no están exentas de costes y de inconvenientes”. Y ni siquiera los bancos centrales tienen claro la conveniencia de aumentar sus balances o si, por el contrario, “es preferible que estos tiendan a aproximarse hacia lo que era habitual antes de la crisis”. Es decir, poniendo fina la política monetaria ultralaxa, que es la que existe ahora.

Lo que está claro es que la influencia de esa política monetaria sobre los precios está siendo mucho menor de lo previsible hace pocos años. Lo que se explica en parte, según el Banco de España, porque la revolución digital que vive el planeta presiona a la baja la inflación, que ha dejado de ser un quebradero para los banqueros centrales. Más bien al contrario: lo que preocupa es la escasa evolución al alza de los precios.

Este proceso no ha hecho más que empezar, y como recuerda el informe del banco central, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación induce ahorros de costes de forma directa en la producción de los bienes y de los servicios de consumo “genuinamente digitales” (como el 'software' o los servicios de comunicación), e indirecta a través del uso de estos como consumos intermedios. Es decir, la inflación ni está ni se la espera. Aviso para navegantes.

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