José Manuel González-Páramo

Un precedente negativo para Guindos: los 'años oscuros' del último español en el BCE

Entre 2004 y 2012, España vivió su etapa más difícil en casi un siglo y el Banco Central Europeo tuvo buena parte de la culpa. ¿Sirvió para algo tener un representante en Fráncfort?

Foto: El futuro vicepresidente del BCE Luis de Guindos. (EFE)
El futuro vicepresidente del BCE Luis de Guindos. (EFE)

Luis de Guindos ha conseguido su objetivo. El todavía ministro de Economía será el próximo vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE). De esta forma, España recupera un puesto en el Comité Ejecutivo de la entidad, sillón que perdió en el año 2012 cuando fracasó la candidatura de Antonio Sáinz de Vicuña. El último español en ocupar un puesto en la cúpula del BCE fue José Manuel González-Páramo, actualmente consejero ejecutivo de BBVA. Su paso por el eurobanco coincidió con los años más oscuros de la economía española en la época reciente, y el BCE tuvo un papel destacado.

De hecho, España fue uno de los países más perjudicados por las políticas del Banco Central Europeo en esos años, primero inflando la burbuja de crédito inmobiliario y después hundiendo la deuda periférica. Durante esos ocho años, el país sufrió las políticas monetarias del BCE, que acabaron causando la peor crisis en casi un siglo. Es un precedente peligroso para Guindos y demuestra que la profesión de banquero central es de alto riesgo y las malas decisiones se pagan muy caras.

Las mejores políticas del Banco Central Europeo para España comenzaron en la última época de González-Páramo en la entidad y, sobre todo, tras su salida. Esto demuestra que una 'silla' en el BCE tiene una importancia limitada si no se trata del 'trono' del presidente. El puesto de Mario Draghi, cuyo mandato expira en octubre de 2019, es el verdadero 'caramelo' de la institución. Y no solo por su influencia en la toma de decisiones, también porque es el encargado de comunicar las decisiones de la entidad. Las comparecencias de prensa del presidente del BCE mueven el mercado mundial, una influencia que no tienen el resto de miembros del Comité Ejecutivo.

Los 'años oscuros'

La llegada de González-Páramo al BCE coincide con el inicio de la burbuja de crédito que vivieron las principales economías desarrolladas y que llevó a la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. En ese año, los bancos centrales de Estados Unidos (Reserva Federal) y de Reino Unido (Banco de Inglaterra) iniciaron una fase monetaria restrictiva para contrarrestar la orgía de crédito que empezaba a vivirse.

Desde 2004 hasta finales de 2005, EEUU subió el 'precio del dinero' desde el 1% al 4% y Reino Unido lo llevó desde el 3,75% hasta el 4,75%. De esta forma, las dos entidades trataban de encarecer el coste del crédito en el mercado para frenar la burbuja de deuda. Es evidente que no lo consiguieron, pero también es cierto que reaccionaron mucho antes que el Banco Central Europeo, que se pasó casi tres años con los tipos en su mínimo histórico hasta entonces, el 2%.

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Esta política contribuyó a inflar la burbuja de crédito en los países periféricos, que eran los que se habían enfrentado a tipos de interés más altos hasta la creación del euro. En esos años, Alemania fue uno de los mayores beneficiados de la política monetaria del BCE, pero España fue uno de los claros perdedores. El 'dinero barato' infló la economía con una dinámica de deuda e inflación insostenible que tarde o temprano tenía que estallar.

Alemania fue uno de los mayores beneficiados de la política monetaria del BCE, pero España fue uno de los claros perdedores

En esos años España sí tenía un representante en el Comité Ejecutivo del BCE, pero las políticas se diseñaron para Alemania. Al menos, fue el país más beneficiado si se atiende al diferencial entre los tipos de interés del Banco Central Europeo y el tipo de interés natural de cada país. Este término se puso de moda con el estallido de la crisis y, básicamente, indica el tipo de interés real de una economía que es consistente con la estabilidad de precios y el pleno empleo. Se trata de un concepto muy útil para los bancos centrales, ya que permite determinar cuál es el nivel de equilibrio. Si los economistas son capaces de medir el tipo de interés natural, pueden aplicar una política monetaria contractiva o expansiva para intentar controlar el ciclo económico. Así, si se quiere estimular el crecimiento en la parte baja del ciclo, el banco central pone sus tipos de interés por debajo del natural, de modo que el crédito resulta 'barato' y así estimula la inversión. Y lo contrario en fases expansivas.

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El problema reside en medir este tipo de interés natural de la economía. Los economistas se han peleado durante décadas con este concepto para encontrar una metodología adecuada. En 2016, el Banco de Francia realizó una estimación de la evolución de este indicador para las cuatro grandes economías del euro, Alemania, Francia, Italia y España. Un ejercicio que resulta muy útil para valorar las políticas del BCE.

Diferencial entre los tipos de interés del BCE y el tipo de interés natural de cada país.
Diferencial entre los tipos de interés del BCE y el tipo de interés natural de cada país.

Los datos no dejan lugar a dudas. Desde el año 2002, cuando se introdujo el euro, hasta mediados de 2007 (cuando comienza la crisis financiera global), España fue el país más perjudicado de los cuatro grandes. Los tipos de interés del BCE estuvieron siempre por debajo de la tasa natural de la economía, lo que significa que se estimuló la burbuja de crédito desde el eurobanco. Esta política fue muy útil para Alemania y Francia, que pasaron años complicados en la primera mitad de la década de los dos mil, y España fue uno de los ignorados. Y eso con un alto cargo en el BCE. En ese momento, el presidente de la entidad era el francés Jean-Claude Trichet.

El 'boom'

El BCE no solo subió tarde los tipos de interés. También los subió poco, mucho menos que la Fed y el BoE. En 2008, ya con la crisis en ciernes, el BCE había llevado su 'precio del dinero' hasta el 4%, 125 puntos básicos por debajo de la Reserva Federal y 175 puntos básicos por debajo del Banco de Inglaterra, de modo que infló más la burbuja. Sin embargo, en 2008 los dos grandes bancos centrales ya habían terminado su política contractiva, pero el BCE todavía se guardaba una subida más de tipos justo antes de la quiebra de Lehman Brothers.

En julio de 2008 elevó el 'precio del dinero' hasta el 4,25%, cuando el resto de entidades estaban en pleno recorte de sus tipos. La Reserva Federal ya había llegado al 2% y el Banco de Inglaterra lo hizo poco después. La consecuencia es que los países más endeudados empezaron a sufrir presiones en los mercados para refinanciar su pasivo (tanto el privado como el público). España era uno de los países con más deuda exterior (la mayor parte privada), por lo que hubiese necesitado unos tipos bajos, pero se encontró con los más altos. Las primas de riesgo se dispararon y comenzaron los problemas.

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La rápida reacción de la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra evitó una recesión mayor de la economía global y contribuyó a calmar los ánimos del mercado al inicio de 2011. Sin embargo, el BCE se guardaba su mayor error. Ese año subió los tipos de interés en dos ocasiones, hasta llevarlos al 1,5%. Con esta decisión, la entidad desencadenó la crisis de deuda de la eurozona y fue la condena final para Portugal, Irlanda y España, que tuvieron que pedir el rescate. España fue el último país en solicitar la asistencia, en junio de 2012.

José Manuel González-Páramo, el último español en el Comité Ejecutivo del BCE. (EFE)
José Manuel González-Páramo, el último español en el Comité Ejecutivo del BCE. (EFE)

Esas dos subidas de los tipos de interés fueron especialmente negativas para España e Italia si se atiende al diferencial con el tipo de interés natural. Los dos países estaban 500 puntos básicos por encima de lo que sería el nivel de equilibrio, lo que para cualquier país sería caer en recesión. Por el contrario, tanto Francia como Alemania se vieron beneficiados por esta política, ya que sus economías estaban mucho más saneadas y no tenían tantos problemas de deuda.

González-Páramo vivió todos estos años dentro del Comité Ejecutivo del BCE y está claro que la política monetaria no fue favorable para España. No fue hasta la llegada de Draghi cuando el escenario cambió de forma radical. En su primera reunión, en noviembre de 2011, empezó a rebajar los tipos hasta llevarlos al 0%. En diciembre comenzó las inyecciones de liquidez, primero con las operaciones de financiación a la banca y después con la compra de deuda en los mercados.

La política desarrollada por Draghi permitió a todas las economías periféricas rebajar sus costes de financiación hasta mínimos históricos y así alivió la factura financiera que las estaba ahogando. España fue uno de los claros ganadores de las medidas de 'super Mario' pese a que ha estado desde 2012 sin ningún representante en el Comité Ejecutivo.

Ahora recupera 'silla' con Guindos. El representante español tendrá un reto importante por delante: evitar la próxima burbuja de crédito. La recuperación en Europa y en España ya está más que asentada y es el momento de vigilar el ciclo económico para evitar desmanes, pero con la prudencia suficiente para no lastrar el crecimiento. Lo más importante será que acierte en sus políticas, y no por el bien de España, sino por el de la eurozona.

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