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El error fatal de Ancelotti en Mánchester que (casi) le cuesta la eliminatoria al Real Madrid
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Decisiones inexplicables

El error fatal de Ancelotti en Mánchester que (casi) le cuesta la eliminatoria al Real Madrid

El técnico italiano optó por un planteamiento que rozó el suicidio y que solo solucionaron los propios jugadores. No reaccionó en toda la primera parte y Kroos fue el gran perjudicado

Foto: El técnico italiano se lamenta durante el encuentro. (EFE/Peter Powell)
El técnico italiano se lamenta durante el encuentro. (EFE/Peter Powell)

"El Manchester City aplastó a su rival en el Etihad y perdió por un contundente 5-1". Este sería el titular que se podría leer hoy en la prensa española si el adversario del conjunto inglés durante la noche de ayer hubiese sido otro diferente al que vestía bordadas 13 Champions League en la manga de su camiseta. En una exhibición táctica, colectiva, técnica y física, el equipo de Pep Guardiola señaló los puntos débiles del Real Madrid y los explotó uno a uno, como si los llevase escritos desde casa. La preparación del técnico catalán, solo soterrada por los fallos individuales de su equipo (como ese balón al palo de Riyad Mahrez con el 2-0 o el penalti de Laporte) y la falta de contundencia en ambas áreas, impidió una ventaja más holgada. Al contrario que en el Real Madrid, donde el planteamiento de Carlo Ancelotti fue deficiente y negligente y sus ajustes tácticos, tardíos e insuficientes.

Si el Madrid salió vivo de Mánchester fue por una colección de jugadores irrepetibles con una confianza, experiencia y entendimiento de la Champions League que se aleja de la compartida por el resto de mortales y que resiste a la lógica. Si el Madrid salió vivo de Mánchester fue, entre otras cosas, a pesar de Carlo Ancelotti y gracias a la solidez de Thibaut Courtois, los goles de Karim Benzema, la determinación de Vinícius Júnior, los momentos de calma y comprensión de Luka Modric y... ya. Desconozco cuánto puede pesar la camiseta y el escudo blanco en un partido de tal calibre como unas semifinales de la Champions League, pero, a juzgar por las caras de desesperación de Pep Guardiola, sabiéndose muy superior, y la impotencia del Manchester City... ganar solo por 4-3 cuando podría haberle propinado una goleada histórica. No cabe decir que las comparaciones son odiosas, pero, si el Barça hubiese ocupado el lugar del Madrid, podría haber encajado otro 8-2.

Foto: Benzema celebra el gol de penalti al Manchester City. (Reuters/Craig Brough)

¿En qué falló Carlo Ancelotti? De entrada, en un planteamiento suicida. El Real Madrid lleva toda la temporada tratando de presionar arriba de forma continuada. Sin embargo, cada vez que lo ha intentado, ha fracasado de forma ostensible, por lo que es habitual verle esperando en un bloque medio o medio-bajo. El equipo sigue en el mismo punto de partida en lo que a presionar en campo rival se refiere. Cuando lo intenta, de manera tímida y dispersa, el equipo se parte y el rival se cuela a su espalda haciendo que el plan de Ancelotti se resquebraje. Le ha faltado trabajo táctico y también físico. No hablo de momentos puntuales (la remontada contra el PSG, donde el combo conformado por Federico Valverde, Eduardo Camavinga y Luka Modric impulsó al equipo), sino de tendencias sostenidas en el tiempo. Al fin y al cabo, los años pasan y la histórica medular blanca (Modric, Kroos y Casemiro) ya no goza de la capacidad de morder los primeros pases, abarcar muchos metros con frescura y moldear los encuentros a su antojo.

Kroos contra el espejo

En el partido más importante de la temporada hasta la fecha, el técnico italiano decidió sustituir la baja vital de Casemiro por un Toni Kroos con evidentes problemas de ritmo para ocupar la posición más exigente en el apartado físico. ¿Resultado? El alemán, que atraviesa el peor momento de la temporada, no dotó a su equipo de equilibrio, no llegó a tiempo para las ayudas a los laterales y no recuperó apenas pelotas. Fue inexplicable que acabase un encuentro donde solo robó tres balones en 90 minutos según el portal de datos Sofascore y donde realizó la falta absurda del 4-2 que dejó atónito al Madrid.

placeholder Toni Kroos pelea un balón aéreo. (EFE/Peter Powell)
Toni Kroos pelea un balón aéreo. (EFE/Peter Powell)

Sin embargo, lo peor no fue no colocar a Eduardo Camavinga como su escudero para protegerse ante uno de los equipos más potentes del continente, sino que, además, optó por presionar arriba para implosión madridista. Kevin De Bruyne, diablo entre líneas, no paró de recibir a sus costados y a su espalda. Gabriel Jesús, fantástico en los desmarques sin balón, sacó a los centrales de zona sin que Kroos pudiese hacer nada. Y Phil Foden y Riyad Mahrez encontraron muchas situaciones de 1 vs.1 si los extremos blancos acababan de atacar el área rival. El Real Madrid se partió con Toni Kroos en el peor escenario posible.

No contento con ello, Guardiola también detectó otro eslabón débil por el que romper la cadena blanca: el lateral derecho. Como ya hiciera en aquellos octavos de final de Champions League de 2020, donde expuso a Daniel Carvajal al juntar a Gabriel Jesús y Raheem Sterling por su sector. Esta vez, lo repitió con Foden y De Bruyne, especialmente en la primera parte. Lo buscaron en centros laterales (como el 1-0), en balones al espacio, sacándolo de zona, en situaciones de 1 vs.1 y en triángulos de manera sistemática. Federico Valverde acudiría al rescate en multitud de ocasiones. Mejoraría en la segunda parte al hacer recular a su equipo y prepararse para el contragolpe... tras entregar toda la primera mitad. Asimismo, la entrada de Camavinga en el minuto 70' refrescaría y solidificaría al equipo.

placeholder Foden dispara a puerta tras ganarle la espalda a Carvajal. (Reuters/Lee Smith)
Foden dispara a puerta tras ganarle la espalda a Carvajal. (Reuters/Lee Smith)

En defensa de Carlo Ancelotti hay que apuntar varias cosas. El Real Madrid puede salir desconectado en un partido de LaLiga a las 16:00 de la tarde, pero no en unas semifinales de Champions League y encajar dos goles en los dos primeros remates a portería. Un equipo inseguro, blando y nervioso en los duelos individuales. Sin apenas tensión defensiva y con desconexiones competitivas impropias de un partido de primer nivel. Algunas forzadas por su adversario y otras regaladas (especialmente por Éder Militao y David Alaba en su peor partido en toda la temporada, tampoco se libró Ferland Mendy en defensa, todos con problemas físicos). No fue normal que la primera falta se cometiese en el minuto 40.

Lo explicaba el propio entrenador: "Hemos empezado muy mal, demasiado blandos. Hemos encajado dos goles y, a partir de ahí, hemos mostrado lo que en los últimos tiempos, una gran capacidad de reacción. Hemos estado dentro del partido hasta el final, hemos competido. Tenemos que defender mejor. Con el balón lo hemos hecho bien, con muchas oportunidades. Para la vuelta tenemos que defender mejor, es demasiado importante". Y, por último, dio con la clave del encuentro, más emocional que táctica, más psicológica que física y más intangible que lógica: "Tenemos un equipo con jugadores con mucha experiencia. Cuando el momento es muy complicado, no pierden la cabeza. Es una característica de este equipo, que ha jugado muchos partidos de este tipo y nunca baja los brazos. La cabeza se mantiene fría".

"El Manchester City aplastó a su rival en el Etihad y perdió por un contundente 5-1". Este sería el titular que se podría leer hoy en la prensa española si el adversario del conjunto inglés durante la noche de ayer hubiese sido otro diferente al que vestía bordadas 13 Champions League en la manga de su camiseta. En una exhibición táctica, colectiva, técnica y física, el equipo de Pep Guardiola señaló los puntos débiles del Real Madrid y los explotó uno a uno, como si los llevase escritos desde casa. La preparación del técnico catalán, solo soterrada por los fallos individuales de su equipo (como ese balón al palo de Riyad Mahrez con el 2-0 o el penalti de Laporte) y la falta de contundencia en ambas áreas, impidió una ventaja más holgada. Al contrario que en el Real Madrid, donde el planteamiento de Carlo Ancelotti fue deficiente y negligente y sus ajustes tácticos, tardíos e insuficientes.

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