El 'tortazo' a Bartomeu y por qué busca el apoyo de Leo Messi en la crisis del Barça
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la guerra civil en el club azulgrana

El 'tortazo' a Bartomeu y por qué busca el apoyo de Leo Messi en la crisis del Barça

Bartomeu hace una maniobra para aferrarse al sillón presidencial el año y medio que le queda de mandato y recibe una dura respuesta de Emili Rousaud, que se niega a dimitir

Foto: Josep Maria Bartomeu y Leo Messi, tras la última renovación del argentino con el Barça. (EFE)
Josep Maria Bartomeu y Leo Messi, tras la última renovación del argentino con el Barça. (EFE)

A Josep María Bartomeu no le va a ser fácil quitarse de encima los directivos que le incomodan. “No he hecho nada para merecer este trato”, es la respuesta (en forma de tortazo) de Emili Rousaud, en Ser Catalunya, a la decisión de apartarle de su cargo de vicepresidente institucional. Hay algo más que malestar en un directivo que considera que el presidente actúa con abuso de poder y no tolera las discrepancias en una directiva que está compuesta por 19 miembros. Rousaud está que trina. Indignado. No se calla ante lo que considera una injusticia y no valora dejar su cargo electo en la cúpula (pese a que pase de vicepresidente a vocal). Cuestiona su decisión: “No son las formas correctas llamar en este confinamiento”. Esta tarde, a Rac 1, se ha desmarcado definitivamente: "Lo más prudente sería adelantar las elecciones, pero que conste que lo digo como una opinión personal".

Es duro Emili Rousaud cuando pide más libertad de expresión y transparencia en las cuentas de un club que están bajo sospecha, entre los propios directivos, desde que surgió el escándalo de la empresa que monitorizaba las redes sociales. “En una junta, que es un órgano colegiado, la discrepancia es buena. A nadie le gusta que le lleven la contraria, pero los temas deben debatirse. Las razones que me esgrime Bartomeu no son lógicas. Nunca se pidió su dimisión. Se planteó la conveniencia de adelantar las elecciones y la mayoría estaba de acuerdo. Ahora Bartomeu me llama y me dice que quiere hacer una remodelación y tenía recelos con algunos directivos, entre ellos yo. Me dijo que había filtraciones que molestaban a los jugadores”, son las palabras que confirman la crisis institucional. Rousaud utiliza más munición. Deja en evidencia a Bartomeu cuando se refiere a las cuentas: "Sabemos que se fraccionan facturas para evitar controles internos".

placeholder Josep María Bartomeu junto a Piqué en el césped del Camp Nou. (Efe)
Josep María Bartomeu junto a Piqué en el césped del Camp Nou. (Efe)

Josep María Bartomeu decide que tiene que hacer una Junta directiva a su medida y se quiere quitar a las voces discordantes. De fondo está el enfado de Leo Messi y un vestuario que lleva meses señalando a los dirigentes como filtradores. Lo hizo público el capitán en el comunicado-bomba lanzado en las redes sociales para confirmar que aceptaban una rebaja salarial y evidenciaba a su indignación por cómo se les había señalado desde dentro del club. La reacción de Bartomeu, que lleva una temporada con media estocada (desde que fracasó en el regreso de Neymar, la nefasta gestión en el despido de Ernesto Valverde, el escándalo de la empresa que monitorizaba las redes sociales y la pañolada), es iniciar la caza de brujas y entregar la cabeza de los ‘filtradores’ al vestuario.

La división por la rebaja salarial

Es la guerra civil que se vive en el Barcelona lo que provoca que el presidente se ponga del lado de los jugadores. Deja sin fusiles a cuatro de sus directivos. Dos de ellos son tenientes coroneles y le habían pedido más mano dura con la rebaja salarial de los jugadores y un adelanto de las elecciones. Eran personas de total confianza. Cuando se pretende rebajar de vicepresidentes a vocales a dos altos cargos como Emili Rousaud (al que se señalaba como el candidato continuista de Bartomeu) y Enrique Tombas (con funciones de tesorero) el movimiento no es otro que desarmarlos. Si no se marchan (no los puede echar porque son cargos electorales) su papel será testimonial. Irrelevante. Como si se tratara de unos 'floreros'.

Bartomeu es listo y tiene colmillo para los que le vean con esa imagen de bonachón. Muy inteligente para hacer una maniobra en la que se aferra al sillón presidencial el año y medio que le queda de mandato y con la que intenta recuperar la complicidad perdida de los capitanes (Messi, Busquets, Piqué y Sergi Roberto). Los portavoces del vestuario habían mostrado algo más que su sorpresa cuando se conoció el escándalo de la empresa que monitorizaba las redes sociales. El presidente se había quedado sin crédito a ojos de los jugadores. Era un como un capitán sin su tripulación y decide que antes que un directivo está el respaldo de sus futbolistas. Cuando uno tiene que dar muchas explicaciones es que no tiene seguridad en sus acciones y decisiones. O sí. Messi por encima de todos. Y esto es lo que le estaba pasando a Bartomeu con sus estrellas. Si la pelota entra puede ir ganando tiempo para acabar el mandato. El desencanto venía de atrás cuando Piqué acusó a la directiva de filtradores.

La gota que colmó el vaso y por lo que estalla esta guerra interna en la directiva fue la negociación de la rebaja salarial de la plantilla y el ERTE que tiene que aplicar el club para paliar los daños económicos que provoca el coronavirus. La directiva se dividió entre los que pedían un recorte salarial más fuerte de los jugadores y los que opinaban que había que ser más blandos (aquí estaba Bartomeu). Las informaciones que fueron apareciendo en los medios de comunicación no gustaron en la plantilla, que una vez más se sintieron señalados (como el día que Eric Abidal manifestó que estaban acomodados a Ernesto Valverde) y Messi pasó a la acción para devolver el golpe.

El giro es radical. Se califica de 'Golpe de Estado'. ¿Queda Bartomeu como un presidente que no acepta a los que disienten en su directiva? Josep María Bartomeu encuentra, en el parón de la competición por el coronavirus, una oportunidad de recuperar la confianza de Messi y el vestuario tomando la dura decisión de relegar a esos directivos que quedan marcados como los filtradores. El presidente disfraza su maniobra de degradar a las voces discrepantes con el argumento de necesitar una directiva cohesionada, cuando en realidad lo que le conviene es tener el apoyo de Leo Messi y una plantilla que, en cuanto ve la oportunidad, le hace la cama. Mejor llevarse bien con Leo Messi que tener que escuchar a parte del equipo directivo pedirte hacer autocrítica.

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