Un julio de frases a 0.60: sobre el Tour de Francia de 2021
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Un julio de frases a 0.60: sobre el Tour de Francia de 2021

Comienza el Tour de 2021. Un año más “normal” en su desarrollo, sin tanta incógnita, con favoritismo más compartido y escuadras más solventes, al menos sobre el papel

placeholder Foto: El ciclista esloveno Tadej Pogacar preparado para el Tour de Francia. (Efe)
El ciclista esloveno Tadej Pogacar preparado para el Tour de Francia. (Efe)

Que las bicicletas son para el verano es una de esas frases a 0.60 (antiguas cien pelas) que lo mismo te suelta un político ignorante que tu cuñado mientras se empotra el tercer gin tonic de la sobremesa, aquí los hacen genial, con su hibisco y todo, el gin tonic sin hibisco no hay quien lo trague, ¿te he contado que me compré el mismo coche que tú pero 2.000 euros más barato? Un cliché, un lugar común, vamos, uno que ni siquiera tiene gracia, porque es difícil sacarle juguillo sicalíptico o trasunto de leve ironía. Pero... también algo cierto, para qué engañarnos. En bici se monta mejor cuando hay solecillo, y cuando no tienes que forrarte con cuatro capas antes de pisar el asfalto, y cuando no vuelves a tu piso empapado como un gilipollas y con cara de “si me cruzo al vecino a ver cómo coño le explico que hago esto gratis”. Seguro que conocen esas sensaciones.

Quizá eso, lo del verano, explique en parte la popularidad que tiene el Tour. No es lo único, líbreme Merckx de decir eso, pero algo ayuda, porque la Grande Boucle parece un acontecimiento culminante del estío (este año comparte consideración con la final de la Eurocopa, que se juega en Kuala Lumpur, creo). Así llevan desde 1903, y al tiempo se ha convertido en, dicen, el tercer acontecimiento deportivo con más audiencia acumulada por detrás de Juegos Olímpicos y Mundiales. Vamos, cosa seria. El año pasado, que fue eso tan raro de las cancelaciones y las fechas raras (igual ustedes ni se acuerdan, pero pasamos toda una pandemia) los equipos profesionales cifraban salvar la temporada en correr o no el Tour. Hasta un ochenta por ciento de su impacto publicitario revierte por Francia. Que eso sea bueno o malo para el ciclismo será asunto que trataremos en otro momento, porque ahora no toca del todo.

Foto: Tadej Pogacar y Primoz Roglic, en el podio del último Tour. (REUTERS)

Así que eso. El Tour. Presentación. Si buscan algo ortodoxo... lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a pasar. Vamos, qué decepción. De todas formas hice una búsqueda rápida en internet y hay presentaciones “clásicas” del Tour en unos 34.576 blogs, videoblogs, canales de youtube, canales de tik-tok y hojas parroquiales. Todas (o casi todas) escritas con los pies, añado, por completar la polémica. En fin. Déjenme hacer algo a mi aire.

Eslovenia tiranizando el ciclismo

A ver... por dónde empezar. Ah, sí, ya... la participación. El Tour es una novela de veintiún capítulos (metáfora que, seguramente, nadie ha usado antes, ¿eh?), donde todo va enlazándose frase tras frase. Solo que, a veces, el asunto se convierte en trilogía, o serie, porque los argumentos no siempre son fáciles de cerrar, y así te salen cosas como las últimas cien páginas de El Señor de los Anillos, que anda no son coñazo las últimas cien páginas de El Señor de los Anillos. Aun más que el resto, imaginen. Eso pasó en 2020, que se nos quedó la Grande Boucle así como de cuento inacabado, como de “continuará”. Porque no me negarán ustedes que La Planche, después de tres semanas borreguiles al trantrán del Circo Jumbo por Francia fue cosa impactante. Y eso, se cerró el asunto en falso (salvo para Pogačar, claro), y pareció solo prólogo a una historia mayor.

La de 2021, suponemos. Un año más “normal” en su desarrollo, sin tanta incógnita, con favoritismo más compartido y escuadras más solventes, al menos sobre el papel. Veamos. En teoría... repetición. Secuela. Segundas partes nunca fueron buenas (a mí hasta me gusta más la original de El Padrino, para qué decirles más) pero esto promete. Eslovenia tiranizando el ciclismo y dos tíos pasándose victorias como si fuesen el General Tapioca y el General Alcázar. Para no creérselo. Si Hergé levantase la cabeza y viese a los belgas tan lejos... (claro que si resucitase Goscinny y contemplase a los galos pues igual era peor). Y eso, que Tadej Pogačar contra Primož Roglič, en uno de los duelos más eufónicos que ha tenido nunca esto de la bicicleta. También su puntito cool, no les vamos a engañar. Luego sobre la carretera... A ver, el campeón saliente es Pogačar. Jovencísimo como nadie desde 1904 cuando ganó el Tour, subiendo siempre un escaloncito en cada carrera. Ahora hasta Monumentos te gana, a esos años en que usted estaba más pendiente de ver si podría aprobar Derecho Romano estudiando tres noches que de cualquier otra cosa (sexo y fiestas aparte, claro). Su equipo es mejor que el año anterior, lo que podría ser un hándicap, porque a lo mejor Jumbo-Visma aprendió de sus errores y ya no arrastran pelotones por el Hexágono como si sacasen catorce minutos al siguiente en la General. En principio, favorito. En principio, muy solvente.

placeholder El gesto de máximo esfuerzo de Primoz Roglic. (Efe)
El gesto de máximo esfuerzo de Primoz Roglic. (Efe)

Yo soy de los que pienso que a Primož Roglič le jodieron el Tour 2020 sus directores y su conservadurismo, partes iguales (porque un campeón auténtico planta sus argumentos sobre la mesa y no hay Addy Engels que lo meta en vereda). Esto no es una crítica a las capacidades de Roglič, sino lo contrario... creo que da para algo más que acelerones tan asesinos como “puritescos” a 700 metros de meta. Igual me equivoco, ¿eh?, pero miren ustedes Itzulia. En fin, que el tío es una roca, no suele fallar y aguanta carros y carretas en montaña y contrarreloj. Su escuadra aparece otra vez fortísima, una pléyade de gregarios potentes, locomotoras humanas, un John Deere que responde al nombre de Wout y escaladores jóvenes que fallan poco. Claro que también lo tuvo hace doce meses y lo utilizó como usted aquel profiláctico que se le caducó en la cartera, no sé si me entienden. Si Jumbo aprendió, Roglič lo tiene todo para tomarse cumplida venganza.

¿Por debajo? Pues otra pareja. De conjuntos, en realidad. Está Ineos-Grenadiers-Cañoneeero-Caaaaañonero. Algo así. Los Sky de toda la vida, esos que tiranizan por Francia desde hace su buena década. Equipazo por nombres y hombres. Ninguno de sus tres líderes (Thomas, Porte, Carapaz) puede hacer sombra a los eslovenos en el duelo directo, así que deberían innovar. Mimbres tienen para ello, y sería magnífica noticia para el espectáculo. La pena es que estas cosas suelen acabar en establecimiento de meretrices, con el triunvirato pegándose tiros en el pie y exhibiendo después en redes sociales cuitas y cuarto, quinto y séptimo puesto en la General...

Los problemas de Enric Mas

De eso saben mucho en Movistar, ¿eh? Ahora llegan solo con dos tíos realmente capacitados para optar a algo. Algo. Muy distintos, eso sí. Comparten ambiciones, pero desconozco si comparten ambición. Está Enric Mas, por ejemplo. Enric Mas tiene un par de problemas gordos. El primero es que su carisma es, aproximadamente, el de las coles de Bruselas en un buffet libre. El segundo... bueno, tiene menos reprís que el Roomba limpiando el salón de mi casa. Con lo de la sosez uno puede triunfar en esto del ciclismo, y hasta ganar cinco Tour de Francia y dos Giro de Italia (por poner sendas cifras aleatorias), pero lo otro es jodido si eres escalador (a no ser que en tu equipo corran los hermanos Schleck). Estará muy arriba, porque es solvente y profesional entregado, pero apostar por un petardazo gordo es... difícil. Miguel Ángel López (Movistar va al Tour con MAS y MAL, que tiene cierto aire a Hernández y Fernández, por seguir tintinescos) es todo lo contrario. Más osado, más nervioso, capaz de grandes performances y de perder tiempo en cada pequeño corte que haya durante los primeros siete días. ¿Abanico? López atrás. ¿Caída y el grupo se parte en dos? López atrás. ¿Una manada de jabalís embiste al pelotón? López atrás y un jabalí jodido, porque tiene mala hostia. Entonces... menos fiable, pero más brillante. Si tuviese que apostar (solo que yo no apuesto, porque eso está feo, recuérdenselo a niños y canallitas) diría que el colombiano va a estar mejor. Es más, lo veo en el pódium, pero esta frase es la típica que en un mes te pasean por el morruco, so listo, que no tienes ni putísima idea.

Foto: Hinault y Lemond, en su célebre subida a Alpe d'Huez en el Tour de 1986. (RTVE)

¿El resto? Curiosidades, más que nada. Dónde llegarán los franceses. Gaudu, por ejemplo (top ten y satisfecho), o Martin (ídem), o Alaphilippe (protagonista, amarillo, un par de etapas, perdido en la general). El duelo de los primeros días entre van der Poel y van Aert (si le dejan). Si Sagan logra parecerse alguna vez a Sagan. Cómo de feo será el maillot de los Education First. Detallitos...

En cuanto al recorrido... en fin, el recorrido es lo de menos, que el Tour es el Tour. ¿Ven? Otra frase a 0.60. Porque, en fin... desde hace años el Tour no es el Tour. Quizá el Tour del Porvenir, pero tampoco, porque aquí hay tipos bragados y todas las facilidades. Vamos, que palabras como “fondo”, “agonista”, o “contrarreloj larga” son ahora oxímoron cuando van cerca de “Grande Boucle”. Si alguno de sus juntaletras favoritos las pone por escrito... huyan. Lejos. Muy lejos.

placeholder El ciclista español Enric Mas. (Efe)
El ciclista español Enric Mas. (Efe)

A ver, hay tres etapas por encima de los doscientos kilómetros. Tres. Etapas. Por encima. De los. Doscientos. Kilómetros. Para echarse a llorar. Dos llanitas y la que acaba en Le Creusot que, bueno... quebraduca y ya. No sé, unas pocas más se les podían haber caído aquí y allá. Aunque fuese por planicies. Pero, ignorante, dice aquel ciclista con alma de youtuber, so burro, si esas jornadas no son modernas, si no pasa nada, si es una siesta asegurada. Malandrín. Viva yo. Y contesto, porque tengo que contestar. Toda la vida se hizo hincapié en la importancia del descanso para ganar el Tour. Frase muy repetida... si tú duermes una hora más que tus rivales cada noche al final de la carrera habrás dormido prácticamente un día adicional. Miren ustedes, qué trascendente. Ahora, trasladen. Si las etapas llanas se van por encima de las cinco horas y media por sistema en lugar de las (ya habituales) cuatro... Echen cuentas. Sádico, chilla el youtuber ciclista. Quieres matarnos. Yo me voy a mi pueblo, o al pueblo donde tribute, o algo así. En fin.

Recorrido atractivo

Establecida la falta de kilómetros... pues oigan, recorrido relativamente atractivo. Más equilibrado que otros años recientes, añadimos, por aquello de tener dos pruebas contrarreloj. Que entre ambas sumen diez kilómetros menos que la crono de Luxemburgo que ganó Miguel Indurain (o treinta menos que Futuroscope’87) es un bochorno al que parecemos acostumbrados, pero nunca está de más andar reseñándolo. Hay dos o tres generaciones de ciclistas que se retirarán de este bendito deporte sin completar nunca una crono llana en el Tour que se vaya por encima de la hora. Ya ven. O tempora, o mores. Pero qué tempora, y menudas mores.

¿Y la montaña? Bien gracias. Lo mismo, aunque a otro nivel, porque montaña sí que hay mucha, pero repartida en pildoritas chicas, que si tenemos muchas cosas para contar luego no nos caben todas en el video de 30 segundos para las redes sociales. Y las redes sociales son, hoy, más importantes que los aficionados, porque allí está la gente que sabe, la que maneja, los superhombres. En fin, eso, bastantes puertos, aunque repartidos de tal forma que no se ve ninguna jornada auténticamente reina, de esas que te ponías el perfil colgado en la habitación allá por enero y te relamías solo de pensar... No, nada de reinas, ni de infantas. Como mucho hay alguna jornada Victoria Federica, que se queda la cosa bastante así...

Foto: Chris Froome, en una imagen de archivo. (Efe)

Si nos ponemos serios (y aquí somos muy serios) tan solo una etapa enlaza dos puertos de categoría especial. Y son el mismo, oigan. Mont Ventoux (no me digan “Monte Ventoso”, no sean horterillas), que se hace con un bucle inédito. En principio dará juego, pero quién sabe... la última vez lo subió Froome esprintando a pata así que cosas más raras hemos visto... Ah, también en Luz Ardiden se suben seguidos (y en continuidad perfecta) Tourmalet y el ascenso final, así que les compro también ahí los dos Hors. Después... la nada.

A ver, la nada, la nada... pues tampoco. El Tour presenta en 2021 encajes originales, con varias etapas que acaban tras descenso de un puerto duro y algunos encadenados que suenan tan nuevos como ricos. Quiero decir... Romme y Colombière molaron mucho en 2009, cuando Contador ciscó el pódium a Kloden (este tuvo que ahogar sus penas en invierno, y luego anduvo como anduvo), y en Andorra ponen seguidos Envalira (que es muy alto) y Beixalís (que es muy duro, muy duro, pero que muy duro, y lo odio, joder, ya), lo que da para jugar a ciclista con equipos, estrategias y demás. Luego quedan Tignes (para compensar lo de 2019) y Portet (para repetir lo de 2018, aunque esta vez en distancia no indigna). Ambos con puertos interesantes por el camino, ambos quedarán, seguramente con todo para la última subida. A ver, que yo me pongo en lo peor porque es lo que viene pasando desde hace años, ¿eh?, luego si sale la cosa bien disfruto como un enano. Pero así, a priori...

Y eso, que disfruten ustedes de la Grande Boucle. Seguro que hay alguno, muy snob, que dicen eso de “no, oye, yo paso de verlo, porque es muy mainstream, y prefiero el Sun Herald Tour, y en julio me viene fatal, y además el ciclismo bueno es el que dice el menda, qué cojones sabrás tú, ignorante”. En fin, todos conocemos alguien así, ¿verdad? Pero nosotros no somos hipócritas. Veremos la carrera, y se lo contaremos a ustedes.

Y es que, oigan... el Tour es el Tour, y las bicicletas son para el verano.

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