Estos eslovenos que nos dominan el Tour de Francia
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Tadej Pogacar y Primoz Roglic

Estos eslovenos que nos dominan el Tour de Francia

El predominio del ciclismo esloveno en el último Tour de Francia tiene pinta de prolongarse en la edición de 2021, que comienza la próxima semana

placeholder Foto: Tadej Pogacar y Primoz Roglic, en el podio del último Tour. (REUTERS)
Tadej Pogacar y Primoz Roglic, en el podio del último Tour. (REUTERS)

Poco pedigrí. Aunque venga de largo, ¿eh?, no se crean. Hasta el año treinta y seis debemos irnos, a los tiempos heroicos del Tour por selecciones y la Belle Équipe. Allí estaban naciones clásicas. Francia, Bélgica, Alemania, además de España o Luxemburgo. Pero también otros que parecían más... exóticos para el momento. Suizos o austríacos. Holanda. Incluso Rumanía. Y Yugoslavia, que es lo que nos interesa ahora. Ah, Italia no corrió, por un quítame allá esas cosas de Abisinia

A lo que íbamos... que cuatro yugoslavos. Tres croatas, que eran quienes manejaban el cotarro por la época en los Balcanes. De hecho la Federación estaba en Zágreb, por más abundamiento. Se llamaban Stjepan Grgac, Rudolf Fiket y Stjepan Ljubić. Y luego él, nuestro protagonista. Franc Abulnar, nacido en Ljublana el once de julio, año 1909. Esloveno, por tanto. Primero que jamás corrió la Grande Boucle. Ya ven, padre de esa nación que ahora domina nuestro ciclismo.

Digamos que como “papá” tiene sus carencias. No es que bajase mucho a por tabaco, no, sino que la cosa iba más por el asunto estético. A ver, cómo decirlo... Franc tenía un aspecto tirando a tosco. Cero glamour. Pero cero-cero, como las cervezas para padres cuarentones. Por Niza no le dejaban entrar en bares y cafés. Nariz grandota y algo chata. Orejas de soplillo. Ojos profundos, muy negros. El pelo... en fin... no hay hasta medio cráneo (apenas unas hebras finísimas raleando aquí y allá), tampoco mejora mucho la cosa por la nuca. Brazos enormes, aso sí, espaldas inacabables, pinta general de trabajar descargando sacos de arpillera. Vamos, que no era un Hugo Koblet.

1925, la excepción

Decíamos que los croatas dominaban el asunto. Tanto como para ganar todos los títulos nacionales de Yugoslavia hasta la Segunda Guerra Mundial... con una excepción. Año 1925, victoria para Josip Šolar. También de Ljublana. Ya ven, tienen tendencia al desafío, los eslovenos. El propio Abulnar llegó a ser segundo un par de años después de su epopeya en el Tour, por cierto. Porque del Tour hablábamos, ¿recuerdan? Del primer esloveno que corrió allí.

placeholder Primoz Roglic gana una etapa de la París-Niza. (REUTERS)
Primoz Roglic gana una etapa de la París-Niza. (REUTERS)



Empezó mal la cosa, ¿eh?, que Franc tuvo caída fuerte en la primera etapa, partió su rueda delantera, acabó completamente magullado. ¿Compañeros? Bueno, pues peor aun. Ljubić vuelve a los Balcanes un día más tarde, Fiket dura dos. Aquello es demasiado. Demasiado duro, demasiado rápido. Abulnar aguantó hasta la novena jornada. Plenos Alpes. Entre Briançon y Digne-les-Bains, Izoard, Vars y Allos. Fuera del tiempo máximo permitido. Qué son estos puertos, a qué locura nos han enviado. En los ocho días anteriores su mejor entrada en meta la hizo como 51º...

(Grgac tiró hasta la etapa catorce. A Perpignan llegó dos minutos más tarde de cerrado el control. Como los jueces de antes eran estrictos le dijeron que bien, me alegro mucho, es usted muy majo, a Zágreb se vuelve por esa carretera de ahí).

Tipos chiflados

Digamos que Abulnar (quien luego emigró a Canadá y falleció allí en 1995) fue el primero. Aunque tiene truco, ¿no? Porque, oigan, de aquella Eslovenia no era independiente. Algo parecido le pasó a Primož Čerin. Él corrió en 1986, cuando aun era yugoslavo. Maillot del Malvor-Bottecchia, que era verde, y rojo, y marrón, y blanco, y de otros tonos, porque los ochenta fueron como fueron, y aquello resultaba horterada de las gordas. En ese equipo estaban también tipos chiflados como Allocchio, o Acacio da Silva, incluso Roberto Pagnin, viejo conocido de Leticia Sabater (y viceversa). Čerin llegó a pensar que era el primer esloveno en la Grande Boucle, pero luego le dijeron que no, que cincuenta años antes etcétera, y pensó que cuánto sufrimiento para nada, y terminó el 32, justo detrás de Anselmo Fuerte.

¿Y Eslovenia? Con su bandera, y su himno, y su todo. Pues miren, independiente desde el 25 de junio de 1991. Primera guerra de Yugoslavia. Unos sesenta muertos, por si quieren el dato. Un par de semanas más tarde empezaba el Tour de Francia, y allí corrió Jure Pavlič, gregario de Claudio Chiapucci que ya había llegado a París dos años antes. Solo que aquello era distinto. De forma oficial iba a convertirse en el primer ciclista que tomaba la salida en la Grande Boucle bajo bandera eslovena. Hizo el 134, no demasiado llamativo. Después un puñado de buenos profesionales, siempre con nivel medio destacable para el tamaño del país, para su tradición ciclista.
Pero ahora... un monstruo viene a verme.

Foto: Mural de Bernard Hinault en el recorrido del Tour de Francia. (Reuters)


Veamos. Primero datos fríos, que a veces calientan el alma. En las últimas dos temporadas sendos ciclistas eslovenos han logrado un total de seis pódiums en Grandes. Tres victorias (dos Vueltas para Roglič, el Tour de Pogačar), más segundo y tercero en Giro y Tour uno, tercero en la Vuelta el otro. Digamos que son números que llaman llamativos para un país, extraordinarios si hablamos solo de una pareja ciclista. Ambos se jugaron la victoria más prestigiosa del raro 2020 en una crono que salió emocionante de cojones. Ambos apuntan, este julio, a máximos favoritos para repetir o estrenarse.

Es llamativo, decíamos. A ver, lo de repartirse las habichuelas francesas entre dos paisanos parecía algo que solo podían hacer los organizadores. Transalpinos y belgas, como mucho. Que ellos se estuvieron prorrateando el asunto durante décadas, oigan, que es hasta normal. En los últimos tiempos hemos tenido el puño british, cuando lo de los Juegos de Londres, pero nada más. Una anomalía estadística...

Que pinta a repetirse, ojo. Porque precisamente esos dos tipos (bueno, tipo es uno, el otro no pasa de chavalín con edad de echarse sus buenos calimochos) se apuntan este año al Tour como candidatos perfectos. Roglič y Pogačar. Solvencia en cualquier terreno, instinto ganador, escuadras a su vera que ofrecen todas las garantías (al menos si aprovechan bien el potencial en lugar de hacer la carrera a los rivales). Aparentemente casi imposibles de abordar. Solo que el ciclismo es así, puñetero, y tampoco vamos a ponernos estupendos con lo del “duelo a dos”, porque luego nos llegan los lloros y los “devuélvame usted mi dinero”.

El camino de Roglic

De ambos es el mayor, Primoz Roglič, quien tiene una trayectoria más... peculiar. Porque llegó tarde a la bici. Antes saltaba. Saltaba muy lejos, saltaba en plan to´loco, porque los saltadores de esquí es lo que hacen. Yo siempre me he preguntado si hay trampolines más chiquitucos o le echan huevos a la primera, por cierto. En fin, a lo que íbamos. Que era bueno el mozo, pero se pegó un hostión bien gordo en Planica. No se crean todo lo que leen por ahí... siguió compitiendo (cuatro años más), así que eso no le obligó a cambiar de deporte, pero, en fin... tomó nota. Oye, la bici parece más tranquila. Cansa, pero más tranquila. Así que eso, a pedalear. Primero en Radenska, Adria Mobili más tarde. El chico tiene ya una edad (pasa a Jumbo con 26 años), poca experiencia en el pelotón y bastantes cosas por aprender aunque... de fuerzas, un toro. Cierta rigidez táctica (no ayudan sus directores, me temo) pero por patas camina que da gusto. Primero etapitas, luego vueltas cortas, más tarde las Grandes, incluso Clásicas (como no levanta los brazos tiene una Lieja). A ratos ha parecido inabordable, pero siempre daba la sensación de retener algo los caballos, no se le fueran a desbocar. Igual es solo una imagen, ¿eh?, y ocurre que le consideramos capacitado para empresas aun mayores de aquellas en las que se mete. O igual es que lo hace todo tan aparentemente fácil...

placeholder Tadej Pogacar gana la Lieja-Bastogne-Lieja de 2021. (REUTERS)
Tadej Pogacar gana la Lieja-Bastogne-Lieja de 2021. (REUTERS)


La trayectoria de Tadej Pogačar es más lógica. Bueno, todo lo lógica que puede ser cuando hablamos del ganador más joven en París desde... 1904. Y aquella victoria de Cornet (en su casa le llamaban Monsieur Jardy) tuvo lo suyo, que se la reconocieron meses más tarde, y aun no está del todo claro el tema, y algunos hasta fueron en tren, que es más cómodo, y Desgrange dijo que nunca habría otro Tour de Francia, y aquí estamos 115 años después... Pero eso, que amateurismo brillante, victoria en el Porvenir (suele significar algo), paso a profesionales con veinte recién cumplidos. Primer año epatante, segundo para caerse de culo. Algarve, California, el petardazo de la Vuelta, con pódium, triplete y tal. Después... mejor, aunque pareciera imposible. El Tour, nada menos. Otras tres etapas, mejor joven, maillot a puntos rojos, premio al mejor traje regional, Miss Simpatía, Planeta de Novela, nominado a mejor secundario en los Oscar. Arrollador. La impresión de que Jumbo movió fatal sus piezas, y que intentó amarrar, y que lo dirigió Miguel Ángel Lotina, pero... Arrollador.

Este año ya hubo algunos duelos entre ellos. Itzulia, Lieja. Golpe de uno, contraataque del otro. Se conocen perfectamente, parecen respetarse, aceptan derrotas con deportividad y palmaditas. La impresión es que están unos escalones por encima de todos los demás (los demás que no son ellos) y este julio va a ser un cruce continuo de miradas, un tira tú que yo ya lo hice ayer, un no pretenderás engañarme con ese truco tan viejo. Guerra de nervios y piernas, que siempre es más interesante que solo una de esas cosas, ¿no?

Ya ven, nuestro Franc Abulnar podría sonreír satisfecho. Contra todo pronóstico a sus bisnietos les ha dado por dominar el ciclismo...

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