Los reyes del petróleo quieren convertir Arabia en una utopía ecologista
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50.000 millones de árboles

Los reyes del petróleo quieren convertir Arabia en una utopía ecologista

El Gobierno del mayor país de la península arábiga acaba de anunciar dos ambiciosas iniciativas verdes, una en el país y otra en la región, para paliar así el impacto de la crisis climática

placeholder Foto: Concepto de la ciudad de Neom. (Cedida)
Concepto de la ciudad de Neom. (Cedida)

El Gobierno de Arabia Saudí acaba de anunciar un ambicioso plan: plantar 50.000 millones de árboles para detener la desertización progresiva de sus tierras de cultivo y paliar el impacto de la crisis climática. Es parte de un plan futurista para construir infraestructuras del siglo XXI en el país de la represión medieval, como en su día lo calificó la entonces ministra de Exteriores de Suecia, Margot Wallström.

El cambio climático está golpeando con dureza al reino saudí y a toda la península arábiga. La desertización está avanzando muy rápidamente y está provocando que sus tierras de cultivo sean cada vez menos fértiles.

Foto: La Estación Espacial Internacional. (NASA)

Arabia Saudí está en el número 20 de la lista de países con más polución que elabora IQAir. Las frecuentes tormentas de arena y las altas emisiones de dióxido de carbono hacen que la calidad del aire del país sea considerada poco saludable según los estándares de la Organización Mundial de la Salud.

Estos datos tan preocupantes y la caída de la demanda de petróleo provocada por la crisis del Covid-19 han provocado que al segundo mayor productor de crudo del mundo, solo por detrás de los Estados Unidos, no le quede más remedio que empezar a preocuparse por sus consecuencias medioambiantales. El príncipe Mohammed bin Salman, heredero al trono del país saudí, asegura ahora que "el reino, la región y el mundo deben ir mucho más lejos y más rápido en la lucha contra el cambio climático".

placeholder El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman.
El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman.

Su plan junta dos iniciativas verdes, una para el país y otra para la región, en la que también intervendrán sus países vecinos. Además de los 50.000 millones de árboles, el príncipe heredero se ha comprometido a que el 50% de su energía provenga de fuentes renovables para 2030, aumentar el porcentaje de zonas protegidas al 30% y a trabajar con sus vecinos en la región para disminuir las emisiones de CO₂ un 60%.

"Como uno de los principales productores mundiales de petróleo, somos plenamente conscientes de nuestra responsabilidad en el avance de la lucha contra la crisis climática y que, como nuestro papel pionero en la estabilización de los mercados energéticos durante la era del petróleo y el gas, actuaremos para liderar la próxima era verde", admite el príncipe.

Hasta dentro de unos meses no sabremos más detalles sobre esta iniciativa, pero muchos expertos ya han expresado que es improbable que el país árabe sea capaz de contar con el agua necesaria para llevarlo a cabo. Además, está por ver de dónde saldrá el dinero necesario para abordar un proyecto tan ambicioso y caro como este.

Hay otros proyectos similares como el de China que ha plantado 66.000 millones de árboles desde 1978, de los que muchos han muerto por falta de planificación. O el Great Green Wall (la gran muralla verde), un proyecto que consiste en plantar 1.000 millones de árboles para crear un cinturón verde de unos 15 km que irá de un lado a otro de África.

La utopía futurista de la dictadura saudí

Además de las medidas anunciadas, Arabia Saudí presentó el año pasado un plan para incrementar un 20% las lluvias en su país utilizando técnicas de manipulación del clima.

El país árabe es uno de los más secos del planeta y quiere revertir esta situación provocando el aumento de la caída de lluvia mediante la siembra de nubes. Un procedimiento por el que se dispersan unas sustancias en el aire (generalmente yoduro de plata y hielo seco) que provocan la condensación de las nubes y el aumento de la precipitación.

Aparte de esto, el príncipe saudí está involucrado en varias iniciativas, algunas bastante controvertidas, que quieren convertir su país en un referente de la sostenibilidad y modernismo.

placeholder Los hoteles de Norman Foster en el mar Rojo. (Cedida)
Los hoteles de Norman Foster en el mar Rojo. (Cedida)

El Red Sea Project es un paraíso vacacional diseñado por el estudio de arquitectura de Norman Foster. “El proyecto turístico más ambicioso del mundo” constará de 50 hoteles de lujo que se construirán en la isla de Shurayrah, un archipiélago de más de 90 islas situado en el mar Rojo.

Este complejo hotelero quiere estar a la vanguardia del turismo sostenible. Para conseguirlo contará con energía 100% renovable, una política de cero residuos y distintas tecnologías para medir la salinidad de las aguas, el flujo de la marea o la huella de carbono de sus huéspedes.

Otra iniciativa que está liderando el príncipe Mohammed bin Salman personalmente es Neom: una utópica ciudad estado construida en el desierto del tamaño de Bélgica. Neom quiere ser algo similar a lo que es Hong Kong para China, un lugar moderno y cosmopolita regido por la sostenibilidad, la innovación y el emprendimiento. Para llevar a cabo su sueño, el príncipe necesita inversores que costeen los de más de 400.000 millones de euros en los que se ha presupuestado el proyecto.

placeholder La utopía futurista de Neom. (Cedida)
La utopía futurista de Neom. (Cedida)

El primer paso para Neom será la construcción de The Line. Una ciudad futurista distribuida en una línea recta de unos 150 km sin calles ni coches que tendrá todos los servicios necesarios a solo 5 minutos a pie. Los ciudadanos podrán moverse de una punta a otra de la ciudad en tan solo 20 minutos gracias a un transporte tipo 'hyperloop'.

Un documento confidencial que ha salido a la luz recientemente revela más elementos a este desbarre futurista ideado por el príncipe saudí. Entre otras encontramos: taxis voladores para llevar a sus ciudadanos al trabajo, robots que limpian sus casas, una luna artificial gigante o un proyecto de modificación genética para hacer más fuertes a las personas. Además, Neom pretende rivalizar con Silicon Valley en tecnología, con Hollywood en entretenimiento y con la Costa Azul francesa como destino vacacional de lujo.

placeholder Concepto de The Line. (Cedida)
Concepto de The Line. (Cedida)

Neom ha sido controvertido desde el principio. A las voces que aseguran que este proyecto es imposible de realizar, se suman las deserciones de varias figuras clave como los arquitectos Norman Foster o Carlo Ratti. Ambos decidieron desvincularse del príncipe saudí cuando saltó el escándalo de su participación en el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Justo el mes pasado, la inteligencia estadounidense desclasificó una serie de documentos en los que se acusa directamente al príncipe Mohammed bin Salman de ordenar la muerte del periodista.

El anuncio del plan verde es un cambio radical en la postura de un país que hasta ahora había puesto palos en las ruedas a los acuerdos del clima de París. Aunque estas medidas tan impactantes son necesarias a la vista de los problemas a los que se está enfrentando el país, algunos analistas las atribuyen a una estrategia para lavar la imagen de Arabia Saudí en el mundo. Según ellos, el país quiere que se hable más de ecología e innovación que de sus sistemáticos abusos a los derechos humanos.

A pesar de los aires reformistas que parece traer el príncipe heredero a su país, nada indica que vayan a dejar atrás el modelo absolutista y la interpretación extremista del islam por la que se rige el estado. La represión a los opositores sigue siendo brutal y casos como el de Khashoggi son solo un ejemplo de cómo trata el país a sus disidentes.

Según un informe de Amnistía Internacional de 2020, la represión de libertades sigue en aumento. "Al finalizar el año, prácticamente la totalidad de los defensores y defensoras saudíes de los derechos humanos que se sabía que desarrollaban su labor dentro del país estaban detenidos o encarcelados", indican. Además, la ONG les acusa de crímenes de guerra en Yemen, de tener un sistema judicial que abusa de la pena de muerte y de la flagrante vulneración de derechos que soportan las mujeres, la comunidad LGBTI o los migrantes.

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