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¿Llegarás a viejo? El secreto de los centenarios: sus hijos también vivirán más
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INVESTIGACIÓN ESPAÑOLA

¿Llegarás a viejo? El secreto de los centenarios: sus hijos también vivirán más

Hay una huella genética común entre las personas que pertenecen a familias con miembros que han llegado a los 100 años, ya que son menos frágiles incluso décadas antes

Foto: Un anciano se desplaza en su vehículo de movilidad personal. (EFE/David Aguilar)
Un anciano se desplaza en su vehículo de movilidad personal. (EFE/David Aguilar)

La fuente de la eterna juventud es un mito que acompaña al ser humano, como mínimo, desde la Antigüedad. El manantial que cura y rejuvenece si bebes de sus aguas o te bañas en ellas no existe, aunque los exploradores españoles quisieran creer en él y lo buscaran en América, según algunos relatos que tienen más de leyenda que de documentación histórica. La versión moderna pasa por las teorías de algunos gurús, supuestamente avaladas por la ciencia, que afirman que en pocas décadas seremos capaces de revertir el envejecimiento. Sin embargo, los investigadores más serios tienen un objetivo más modesto pero más realista: no se trata de vivir mucho más, sino de prolongar los años saludables, aquellos en los que disfrutamos de una buena calidad de vida. Aun así, el paradigma ha cambiado: ya no se trata de buscar el milagro fuera, sino de que las claves de la longevidad tienen que estar en nosotros mismos.

Así se lo ha planteado un equipo de científicos de Valencia que desde hace años estudia los factores que diferencian a las personas más longevas de nuestra sociedad. Evidentemente, no son muchos, menos del 0,04% de la población en España alcanza los 100 años, pero ahí están, y muchos de ellos se mantienen en magníficas condiciones. Aunque en total no llegan a los 20.000, hay 5,6 centenarias por cada 10.000 mujeres y 1,6 centenarios por cada 10.000 hombres. ¿Qué podemos aprender de ellos?

Foto: El bioquímico Juan Carlos Izpisúa Belmonte. (EFE/Ramón de la Rocha)

El Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital Clínico de Valencia (INCLIVA) publicó un estudio en la revista científica 'Aging' en 2016, un análisis genético revelador: "Comparamos a centenarios con personas de 80 años y con personas jóvenes y vimos que los centenarios se parecían genéticamente más a los jóvenes que a los de 80, así que sus características les hacen vivir más, pero sobre todo les hacen vivir mejor", explica en declaraciones a Teknautas Consuelo Borrás, profesora de la Universidad de Valencia y principal autora de aquella investigación.

Aquel resultado dejaba muchas preguntas en el aire, así que los científicos continuaron su trabajo y ahora llega la segunda parte, que se acaba de publicar en 'The Journals of Gerontology'. El nuevo estudio compara ahora a los centenarios con descendientes de otros centenarios que ya tienen una edad avanzada y con otras personas mayores sin familiares longevos. En concreto, el Hospital Universitario de La Ribera de Alcira (Valencia) reclutó una muestra de 88 personas de entre 65 y 80 años que tuvieran progenitores vivos de más de 97 años y no padecieran enfermedades terminales. Asimismo, incluyó a 63 centenarios y a otros 88 voluntarios descendientes de no centenarios. Por una parte, los investigadores clínicos estudiaron su estado de fragilidad y, por otra, se les realizó un estudio genético.

Según los criterios de Fried, una persona es frágil si tiene pérdida de peso, agotamiento, fuerza de agarre débil, velocidad de marcha lenta y una baja actividad física. "En realidad es como medir su funcionalidad, porque se trata de analizar lo rápido que andan o la fuerza que conservan en las manos, son los factores que nos ofrecen una idea de la autonomía que tienen las personas", explica Borrás. El resultado es que los descendientes de centenarios tienen una prevalencia mucho menor de la fragilidad que personas de su misma edad sin familiares longevos.

placeholder Ancianos jugando al ajedrez en Odesa. (Getty/SOPA/LightRocket/Rick Mave)
Ancianos jugando al ajedrez en Odesa. (Getty/SOPA/LightRocket/Rick Mave)

El estudio genético encontró las mismas semejanzas. Los investigadores extrajeron muestras de sangre de los tres grupos y, en ellas, analizaron las células para ver la expresión de sus genes (en concreto, los patrones de expresión de dos tipos de ARN, miARN y ARN mensajero). El resultado es que los genes de las personas que rondan los 100 años y de los descendientes de otros centenarios (que no son hijos de los primeros) se parecen mucho más que los de la gente sin esos antecedentes familiares. Esto quiere decir que existe una "huella genética", según la investigadora, de manera que "los descendientes de centenarios heredan genéticamente unas características especiales".

¿Qué dicen los genes?

¿En qué consisten exactamente esas diferencias? En el primer estudio ya habían identificado hasta 1.700 genes que podían ser decisivos. Sin embargo, "es una cantidad imposible de manejar, así que realizamos un análisis para agruparlos por su función. Así llegamos a la conclusión de que había cuatro genes comunes que eran muy importantes y entre ellos nos interesó uno especialmente", destaca la investigadora del INCLIVA. Es el Bcl-xL, que está presente en todas las personas, pero que se expresa más en las centenarias y en sus descendientes. Además, "tiene muchas funciones relacionadas con un envejecimiento saludable, así que en la actualidad lo seguimos estudiando porque creemos que es clave".

Probablemente, la principal característica de Bcl-xL es que es "antiapoptótico", es decir, que previene la apoptosis o muerte celular programada. En efecto, las células están programadas para suicidarse si tienen algún daño, es decir, que provocan su propia muerte para evitar que ese daño se extienda y perjudique al resto del organismo. Sin embargo, "este gen provoca que esa célula aguante un poco más sin morirse, pero también sin propagar el problema. Al mantener más tiempo las células, Bcl-xL está haciendo que el órgano en el que se encuentran no envejezca tan rápidamente y mantenga durante más tiempo su funcionalidad", explica. Además, la proteína que produce este gen protege a las mitocondrias, que son los centros energéticos de las células.

placeholder Ancianos evacuados por la cercanía de un incendio. (EFE)
Ancianos evacuados por la cercanía de un incendio. (EFE)

Más allá de esa deducción, el equipo trabaja ahora en la demostración experimental. Por el momento, los resultados en modelos animales indican que, efectivamente, esta proteína previene la fragilidad. "Lo hemos visto en gusanos y en moscas, y ahora lo estamos comprobando en ratones: los que tienen una mayor expresión de Bcl-xL son menos frágiles", comenta Borrás. En el modelo de roedor aún no han comprobado si eso se traduce en una mayor longevidad, pero sí parece haber un envejecimiento saludable sin fragilidad. Más adelante, también van a buscar estrategias que permitan aumentar la expresión de este gen, su funcionalidad o su actividad.

Estilos de vida y longevidad

Pero ¿qué conclusiones se pueden extraer de todo esto? ¿Sirve para algo práctico todo este conocimiento? Lo cierto es que, al margen de las características genéticas que nos condicionan, sabemos que los factores que más influyen en la longevidad son la mejora de las condiciones de vida, la atención médica o la alimentación. De hecho, la esperanza de vida ha ido aumentando y, precisamente, hoy en día es cuando más personas centenarias hay en España y en el conjunto de los países desarrollados. "Lo que nosotros pensamos es que hay dos formas de envejecer, un envejecimiento ordinario que sería el que tenemos la mayoría de las personas y que está totalmente influenciado por nuestros estilos de vida, y un envejecimiento extraordinario, el de las personas que viven muchísimo, como los centenarios", aclara Borrás.

En cualquier caso, los genes tienen un papel importante. Es decir, que "probablemente es difícil llegar a 100 años si no tienes la carga genética adecuada". ¿Por qué llegan a esta conclusión los expertos? "Al analizar los estilos de vida de los centenarios, vemos algunas personas que no se han cuidado nada en su vida y, aun así, han llegado a esa edad", destaca la investigadora. Además, es un factor que se hereda, puesto que "hay familias enteras de centenarios". Por lo tanto, "en el caso del envejecimiento extraordinario, podría tener un papel más importante en comparación con el envejecimiento ordinario".

Foto: Arabia Saudí piensa invertir mil millones de dólares al año de manera indefinida para revertir el envejecimiento. (EFE)

No obstante, los estilos de vida también pueden modificar la expresión de los genes en cierta medida. "Buscamos lo que hay en nuestros genes, pero no porque queramos hacer una terapia génica, que sería algo muy complejo, sino porque se podrían realizar cambios nutricionales, farmacológicos o fisiológicos, como hacer ejercicio físico, para modificar la expresión de esos genes. Se trata de localizar las dianas adecuadas y ver qué estrategias o intervenciones son factibles", comenta Borrás. Además, todo esto no significa que sea imprescindible tener un perfil concreto para llegar a viejos.

En cualquier caso, "el objetivo no es alargar la vida, sino alargar la vida libre de enfermedad. Los centenarios son un modelo muy bueno, no porque vivan mucho, sino porque retrasan mucho la aparición de enfermedades hasta los últimos años de su vida. A los 80 años están fenomenal, que es lo que todos queremos, aunque no vivamos 100 años, sino 85". De cara al futuro, la idea es conocer las características de cada persona para optimizar las posibilidades que le da su carga genética, saber cuál es la mejor estrategia con las cartas que tenemos, pero no para prolongar la partida, sino para disfrutarla.

La fuente de la eterna juventud es un mito que acompaña al ser humano, como mínimo, desde la Antigüedad. El manantial que cura y rejuvenece si bebes de sus aguas o te bañas en ellas no existe, aunque los exploradores españoles quisieran creer en él y lo buscaran en América, según algunos relatos que tienen más de leyenda que de documentación histórica. La versión moderna pasa por las teorías de algunos gurús, supuestamente avaladas por la ciencia, que afirman que en pocas décadas seremos capaces de revertir el envejecimiento. Sin embargo, los investigadores más serios tienen un objetivo más modesto pero más realista: no se trata de vivir mucho más, sino de prolongar los años saludables, aquellos en los que disfrutamos de una buena calidad de vida. Aun así, el paradigma ha cambiado: ya no se trata de buscar el milagro fuera, sino de que las claves de la longevidad tienen que estar en nosotros mismos.

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