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Satán II, el nuevo misil nuclear ruso con el que Putin pretende doblegar a Occidente
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Casi imposible de interceptar

Satán II, el nuevo misil nuclear ruso con el que Putin pretende doblegar a Occidente

Rusia anunció esta semana la primera prueba del nuevo misil intercontinental nuclear RS-28 Sarmat, bautizado en Occidente como Satán II. Es solo una prueba, pero las capacidades de este aparato son preocupantes

Foto: Imagen del lanzamiento del misil RS-28 Sarmat, realizado esta semana. (Reuters)
Imagen del lanzamiento del misil RS-28 Sarmat, realizado esta semana. (Reuters)
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La noticia ha ocupado la atención mediática a nivel mundial esta semana: la prueba realizada por los rusos el pasado día 20 de un nuevo tipo de misil diseñado para ataque nuclear. Dado su nombre, Satán II, no es para menos. Tras el ensayo vino lo importante, las declaraciones de Putin anunciando a bombo y platillo el éxito del lanzamiento, así como las enormes capacidades destructivas de este nuevo artefacto. Sobre el papel parece el arma definitiva, pero ¿es tan temible como lo pinta la propaganda del Kremlin?

La prueba consistió en el lanzamiento de un nuevo tipo de ICBM o misil balístico intercontinental, denominado RS-28 Sarmat, bautizado en Occidente como Satán II, pues es el sucesor del R-36M Satán I. El lanzamiento se realizó desde el cosmódromo de Plesetsk, ubicado en la región de Arkhangelsk, y alcanzó su destino a unos 6.000 kilómetros de distancia en el polígono de Kurá, en la península de Kamchatka. Un éxito, no cabe duda, pero dentro de lo que es una primera prueba de un modelo en desarrollo.

Foto: Desembarco de infantería y vehículos. En primer plano un VAMTAC ST5 armado con misiles SPIKE (Juanjo Fernández)

El momento, desde luego, es el ideal. En plena guerra de Ucrania, cuando las cosas no les van muy bien a los rusos y donde se han visto salpicados de fracasos y graves pérdidas. Por eso, este nuevo ingenio y su exitosa prueba hay que enmarcarlos en el contexto bélico del momento. De ahí las encendidas declaraciones de Putin hablando de un arma infalible y capaz de llegar a cualquier rincón del mundo.

Lo que hay tras la prueba del Satán II

Si nos abstraemos de la parte sensacionalista, de la propaganda y de lo terrorífico de su nombre, veremos que lo que hay es un nuevo tipo en desarrollo, aunque con características preocupantes —para Occidente— si lo que se atisba de él llega a ser cierto y operativo. Lo primero que hay que dejar claro es que no constituye ninguna sorpresa. Se sabía de su desarrollo desde hace tiempo y era algo esperado desde el mismo momento en que se conocía que los rusos estaban retirando las versiones anteriores, los R-36M Satán, de los que mantienen hoy en día unas 40 unidades.

placeholder El presidente ruso, Vladímir Putin, sigue el lanzamiento del misil Satán II esta semana. (Reuters)
El presidente ruso, Vladímir Putin, sigue el lanzamiento del misil Satán II esta semana. (Reuters)

Una prueba de lo anterior es que en Estados Unidos no ha causado alarma alguna e incluso se les comunicó la realización del ensayo. Esto es algo normal, pues no debe ser nada tranquilizador, y menos en un clima bélico como el que se vive ahora, detectar el lanzamiento de un ICBM desde un silo. También hay que decir que todavía le faltaría bastante para entrar en servicio, no menos de un año, por lo que a día de hoy no constituye ningún tipo de amenaza. Otra cosa es a futuro.

Se tiene conocimiento del Sarmat —SS-X-30 en denominación OTAN— desde 2015 y ya en 2018 Putin se refirió a él en otro de sus encendidos discursos, en esa ocasión sobre el estado de la nación y ante la Asamblea Federal. Entonces, se hablaba de que su entrada en servicio estaba prevista para 2020, pero sucesivos retrasos han propiciado que su puesta en escena, lo que es su primera prueba real, hayan podido hacerla coincidir con el conflicto ucraniano.

Su diseño es una evolución del de su antecesor, el R-36M (SS-18 en denominación OTAN) Satán y comparte con él sus dimensiones y pesos, en parte para poder utilizar los mismos silos y permitir su reemplazo. Si ya el Satán era el misil ICBM más grande jamás construido, su sucesor va a heredar el título, ya que el Satán II es otro monstruo de 35,5 metros de largo, tres de diámetro y más de 208 toneladas de peso. Para hacernos una idea de su capacidad, baste comentar que los R-36M también se estaban utilizando con fines pacíficos para llevar satélites ligeros a órbitas bajas de la tierra, es decir, como un cohete espacial.

Capacidades muy superiores

Por lo dicho hasta ahora, podría parecer que el Satán II es tan solo una versión mejorada de su antecesor, pero sus capacidades anunciadas, de ser ciertas y funcionales, supondrían un salto cualitativo importante. En cuanto a capacidad de carga de ojivas nucleares, el Satán podía llevar 10 en su vehículo de reentrada o MIRV (Multiple Independently targetable Reentry Vehicle), cada una de hasta 800 kilotones de potencia. El Satán II podría llevar 10 ojivas de las grandes y hasta 15 de menor tamaño, lo que supone una mayor versatilidad.

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El MIRV es, para entendernos, como una cápsula que el misil lanza al espacio y que reingresa en la atmósfera terrestre. Luego la cápsula se abre y libera las ojivas que van en su interior, para dirigirse hacia sus objetivos independientes. También tendrá la posibilidad de incorporar señuelos, algo que los rusos ya han probado incluso con sus modelos pequeños de carga convencional, como los Iskander. Estos señuelos generan un eco de radar equivalente al de las ojivas reales y dificultan su interceptación, por un lado, al generar muchos blancos que pueden llegar a saturar el sistema defensivo o hacer que se lancen los misiles defensivos contra los señuelos.

Otra novedad que incorporaría es la posibilidad de llevar vehículos de planeo hipersónico en lugar de ojivas. Este vehículo sería el modelo Avangard, un sistema hipersónico en el que los rusos, ya se sabe —y ellos han filtrado y anunciado— llevan tiempo trabajando. El Avangard es un vehículo hipersónico sin propulsión independiente, pero que, al ser lanzado a elevadas alturas (límites atmosféricos) y con las velocidades propias de los modelos balísticos, permitiría altísimas velocidades de vuelo y —en teoría— capacidad de maniobra, lo que les haría muy difíciles o casi imposibles de interceptar. El Avangard, según fuentes rusas, habría sido probado en 2017, siendo lanzado por un misil Topol.

El Satán II también supera a su antecesor en otros campos, como son el alcance y la velocidad. Si el R-36M tenía un alcance de entre 10.000 y 16.000 km, el RS-28 podría llegar hasta los 18.000 km, pudiendo alcanzar cualquier objetivo del planeta. También es mucho más rápido y podría volar a velocidades de Mach 20, casi 25.000 km/h. Ambas características suponen importantes ventajas, la primera como amenaza y la segunda como dificultad añadida para su interceptación.

El 'arma definitiva'

Los rusos, como los chinos y casi cualquier país, antes y ahora, siempre han estado buscando una ventaja cualitativa sobre sus enemigos, algo que consiga un desequilibrio de fuerzas. En este sentido, el nuevo misil ruso podría ser eso que se denomina un 'game changer', es decir, algo que consigue cambiar las reglas y otorga a su poseedor una ventaja que resulte decisiva para ganar la partida.

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Esto es así porque podría tener muchas ventajas sobre modelos anteriores a la hora de dificultar su interceptación, que es el verdadero problema de los ICBM, digamos, ‘convencionales’. Este es el punto débil de estas armas y de la efectividad del denominado escudo antimisiles. Los ICBM, como su nombre indica, siguen una trayectoria balística, se pueden detectar desde su lanzamiento por varios medios y, en términos generales, solo están propulsados hasta llegar cerca de la parte alta de su trayectoria de vuelo. A partir de ahí, siguen el recorrido parabólico de un proyectil en su caída.

Una vez detectados y en cuanto cesa su fase propulsada, su trayectoria se puede calcular y predecir, motivo por el que se puede enviar un misil antiaéreo a un punto determinado, haciendo que coincida con el paso del ICBM o de sus ojivas. Si utiliza vehículos de planeo hipersónico la cosa cambia. La capacidad de maniobra del vehículo hipersónico da al traste con cualquier cálculo, pues ya es impredecible y, al volar a altas velocidades, sería muy difícil de interceptar con los medios actuales.

Más aún, el Satán II podría tener otras sorpresas. Una de ellas es una nueva característica que le permitiría realizar una fase de impulso corta. Esta fase del vuelo es una de las que siguen los ICBM y que, en los modelos ‘convencionales’, dura unos tres o cuatro minutos y lleva al aparato hasta los 200 km de altura. Es en esta fase donde son más fáciles de detectar con satélites dotados de sensores infrarrojos e incluso de destruir, pues generan un enorme foco de calor fácil de rastrear. El Satán II tendría esta fase de vuelo de menor duración —no se sabe cuánto—, por lo que el tiempo disponible para su rastreo es menor.

Por último, se supone que tiene capacidad de "bombardeo orbital fraccionado" o FOBS, por sus siglas en inglés. Esto significa que los vehículos de reingreso o MIRV entrarían en la órbita terrestre baja, lo que supone una altura de vuelo de unos 150 km frente a los cerca de 1.200 de los ICBM ‘convencionales’. Una vez en esa órbita baja se enfrían, lo que disminuye su señal infrarroja y, por tanto, dificulta el seguimiento de su vuelo antes de que se lancen sobre sus objetivos.

placeholder Imagen del lanzamiento del misil RS-28 Sarmat, realizado esta semana. (Reuters)
Imagen del lanzamiento del misil RS-28 Sarmat, realizado esta semana. (Reuters)

Como hemos visto, se trata de algo que en Occidente debería preocupar si los rusos consiguen que funcione todo lo que anuncian o se estima sobre sus capacidades. Según el propio presidente ruso, sería un arma capaz de arrasar países enteros —citaba textualmente un territorio como Texas— e imposible de interceptar. Ambas afirmaciones son exageradas, si bien es cierto que, con 10 ojivas de 800 kilotones lanzadas sobre un territorio, los efectos destructivos y de la radiación serían considerables, aunque todo eso ya existe ahora.

Por lo demás, en la eterna lucha por el ‘arma definitiva’, la ventaja dura hasta que se diseña una contramedida. Siempre ha sido así y hay infinitos ejemplos. Si esa nueva arma es imposible de interceptar con los medios actuales, se diseñarán sistemas capaces de hacerlo o se replicarán sus capacidades en un modelo propio, para volver a la situación de equilibrio. Estados Unidos ya está desde hace tiempo trabajando en ello. Mientras tanto, solo queda seguir atentos a los discursos de Putin y a sus continuas amenazas.

La noticia ha ocupado la atención mediática a nivel mundial esta semana: la prueba realizada por los rusos el pasado día 20 de un nuevo tipo de misil diseñado para ataque nuclear. Dado su nombre, Satán II, no es para menos. Tras el ensayo vino lo importante, las declaraciones de Putin anunciando a bombo y platillo el éxito del lanzamiento, así como las enormes capacidades destructivas de este nuevo artefacto. Sobre el papel parece el arma definitiva, pero ¿es tan temible como lo pinta la propaganda del Kremlin?

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