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El desconocido misil ucraniano que ha causado a Rusia su mayor humillación naval
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¿QUÉ PASÓ EN REALIDAD?

El desconocido misil ucraniano que ha causado a Rusia su mayor humillación naval

Los motivos del hundimiento del crucero Moskva son todo un misterio. Ucrania dice que fue un ataque, mientras que Rusia insiste en que es un accidente. Las imágenes que se han visto hasta ahora dan algunas pistas de lo ocurrido

Foto: Lanzador de misiles Neptune en Kiev. (VoidWanderer)
Lanzador de misiles Neptune en Kiev. (VoidWanderer)
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Pocas armas quedaban por usar en manos de Rusia y Ucrania. En una guerra como esta, donde la batalla se libra en tierra, los misiles antibuque parecían condenados al olvido. Tan solo los rusos los habían usado en versiones con capacidad dual para ataque a tierra y con ese cometido. Pero todo cambió con el hundimiento del crucero Moskva y un nuevo ingenio de fabricación ucraniana tomó protagonismo, el Neptune.

Todo empezó el 14 de abril con una serie de anuncios por la parte ucraniana, seguidos de desmentidos por el lado ruso. Según los primeros, el crucero Moskva habría sido atacado con dos misiles antibuque. Los rusos primero desmintieron la noticia, pero poco después reconocieron que el buque había sufrido una “explosión interna” y que se estaba trasladando a Sebastopol. Finalmente, admitieron que el buque se había hundido debido a los daños por la “explosión accidental y del temporal”. El crucero, la unidad más potente y el buque insignia de la flota del mar Negro, se había ido a pique.

Foto: Lanzamiento de un Harpoon desde el destructor USS Curtis Wilbur (DDG 54), de la clase Arleigh Burke (US NAVY)

Unos días después empezaron a circular unas supuestas imágenes del Moskva antes de hundirse. Se apreciaba una gran escora y un incendio que parece que se había iniciado a proa para terminar dañando la popa y la cubierta de vuelo. Los mástiles de radares y sistemas habían casi desaparecido y el buque parecía estar destrozado. Pero en esas imágenes se podía ver una mar en calma, nada de tormenta o temporal.

¿Qué sucedió en realidad? No lo sabemos a ciencia cierta. Ambas causas, la del ataque y la de la explosión, son posibles, pero hay detalles interesantes. El primero es que los ucranianos dieron la noticia primero. ¿Cómo sabían que el buque tenía problemas antes de que los rusos dijeran nada? Luego está el tema del remolque del buque, una maniobra nada sencilla, sobre todo con un barco muy dañado y plagado de armamento pesado, por no hablar de la misteriosa tormenta.

Por otro lado, no es descartable que se debiera a una explosión interna. Hay varios precedentes y recordemos, por ejemplo, el trágico suceso del submarino nuclear Kursk, hundido tras la explosión interna de un torpedo Tipo 65, causa que se da por buena a pesar de que siguen vivas algunas otras teorías, como la de la colisión o el ataque de un submarino americano.

Neptune: la sorpresa ucraniana

El R-360 Neptune es un misil de crucero de los denominados ‘rozaolas’, pues su vuelo hacia el objetivo se realiza a muy baja cota para evitar su detección. Un desarrollo autóctono, aunque se basa en el de origen ruso Zvezda Kh-35 (o X-35), AS-20 Kayak en denominación de la OTAN. Ucrania se lanzó a su diseño a raíz de la ocupación rusa de Crimea. Más aún, se vio forzada en este caso por dos motivos: uno, el hecho de quedarse en la práctica sin flota de superficie, y otro, por haber perdido, junto a la península, sus baterías antibuque Frontier 4K51 (SSC-3 Styx según la OTAN), un tipo de arma ya superada, pero importante para los ucranianos.

Los trabajos de diseño ya habían comenzado en 2012, antes del asunto de Crimea, pero su ocupación fue el espaldarazo para su desarrollo. En 2016 se realizaron las primeras pruebas y en 2018 se hicieron dos lanzamientos, seguidos de otros a finales de 2019. A mediados de 2020, fue formalmente adoptado por el Ejército ucraniano, por lo que es de suponer que se encuentra operativo tan solo desde 2021. Desde luego, no se pudo poner en servicio en mejor momento.

placeholder Lanzamiento de un misil Neptune en 2019. (President.gov.ua)
Lanzamiento de un misil Neptune en 2019. (President.gov.ua)

Tiene más de cinco metros de largo, 380 mm de diámetro y 870 kg de peso. Su sistema de guiado es inercial en la primera fase del vuelo y por radar activo en la segunda. Esto significa que, una vez localizada la posición del blanco, se lanza y vuela en modo pasivo y a baja cota hacia allí, lo que hace que su detección sea muy difícil. Una vez en la zona de ataque, a menos de 50 km del blanco, el misil activa su propio radar de búsqueda y, en función de su parametrización, localiza su objetivo y se dirige hacia él. Todo el vuelo se realiza en velocidad subsónica a unos 900 km/h.

Resumiendo, se podría decir que es un Kh-35 ruso agrandado, ya que éste no llega a los 4,5 metros de longitud y 670 kg en las versiones navales y terrestres. Pese a su mayor tamaño y peso, ambos tienen un alcance similar del orden de 300 km, aunque los rusos habrían implementado un sistema de guiado por Glonass en sus versiones más evolucionadas. La cabeza de guerra del Kh-35 es de 145 kg de explosivo, mientras que la del R-360 es de 150 kg, una potencia ideal para destrozar cualquier buque de hasta 5.000 toneladas.

placeholder Misil antibuque Neptune R-360. (VoidWanderer)
Misil antibuque Neptune R-360. (VoidWanderer)

Aunque el desarrollo del Neptune se llevó con bastante secreto, es muy posible que se introdujeran muchas mejoras respecto al original ruso. Algunas pueden estar en el motor, en principio un MS-400 igual al empleado por el ruso, pero sobre todo en el sistema de guiado inercial y en su cabeza de búsqueda, donde es posible —aunque no confirmado— que se pudiera haber tenido acceso a alguna tecnología occidental.

Según el Ejército ucraniano, la cabeza de búsqueda dispondría de un gran ángulo de barrido, de ± 60 grados. Esto representa un cono dentro del cual el buscador radar puede rastrear y fijar su blanco. En principio, cuanto mayor sea dicho ángulo, más espacio se rastrea, aunque con el matiz de que un excesivo barrido puede ser contraproducente. Esto es así porque es posible que, en el ataque, interese dirigirse contra un objetivo concreto, por lo que un excesivo ángulo de barrido podría hacer que el misil se dirigiese contra otro buque de sus inmediaciones.

Foto: Pieza de artillería ucraniana 2S1 haciendo fuego (Reuters)

En principio, el Neptune solo está disponible para su uso en baterías terrestres, compuestas de varios vehículos sobre plataforma de camión: una lanzadera con cuatro tubos, un camión de recarga con grúa y cuatro misiles, otro de transporte con cuatro más, un camión de radar y otro de mando.

Si las mejoras en la cabeza de búsqueda son tan eficaces como parece, el Neptune podría ser superior al original ruso, pero es muy difícil que supere a uno probado y altamente evolucionado como es el norteamericano AGM/UGM/RGM-84 Harpoon. Este es algo más pequeño y menos pesado que el ruso y ucraniano, pero —según determinadas versiones— estaría en un alcance similar con una ojiva de guerra superior de 221 kg. Además, incluye mejores sistemas de guiado, como la combinación inercial más GPS, lo que permite posicionar el ingenio en cualquier punto con enorme precisión. Otros modelos bien conocidos, como el Exocet francés, tienen un peso similar, un menor alcance (máximo 200 km) y una ojiva de 165 kg.

El ataque al Moskva

Según las declaraciones ucranianas, el crucero Moskva fue atacado con dos Neptune mientras, en lo que podría ser una maniobra modélica, varios drones Bayraktar estuvieron sobrevolando la zona costera de Odesa, probablemente con la intención de localizar la posición del crucero ruso. El lanzamiento se habría producido a primera hora de la mañana y con mal tiempo, momento ideal para que fueran difíciles de detectar. En las fotografías que circulan sobre el buque dañado —siempre que se confirme su veracidad— se aprecian aspectos técnicos relevantes.

El primero es que el buque tiene lo que parecen dos impactos, ambos en la banda de babor, uno a la altura del puente y otro en la superestructura de popa, donde se ubica el hangar del helicóptero. Son justo las dos zonas donde el buque genera un mayor eco de radar. El barco está claro que fue abandonado, ya que no se ven los botes salvavidas, pero se aprecia que hubo un importante incendio en su interior que no se consiguió atajar. El ataque con misiles encaja con todo esto.

Foto: Lanzamiento de un Switchblade, instantes antes de desplegar sus alas. (USMC)

Las mayores dudas, sin embargo, las genera el propio crucero. De entrada, ¿cómo es posible que dos Neptune lograran penetrar tres capas de defensa antiaérea ‘hard kill’? Las defensas antiaéreas se basan en misiles de largo alcance S-300 y al menos podrían haberse disparado contra los drones ucranianos, que seguro se estaban siguiendo. Si bien los S-300 no habrían sido muy eficaces contra los atacantes en vuelo a ras del agua, sí lo hubieran sido los de la segunda capa, los OSA-MA de corto alcance y guiado infrarrojo, que hubieran supuesto la principal defensa ‘hard kill’, pues la eficacia de las armas CIWS, los cañones multitubo AK-630, es siempre una incertidumbre.

Pero también están las dos capas de ‘soft kill’, señuelos y contramedidas de guerra electrónica (EW), que son los medios con los que históricamente los barcos se han defendido mejor de los modelos antibuque. Los señuelos —en este caso, se trataría de lanzadores de ‘chaff’— disparan un paquete que suelta pequeñas tiras de aluminio y crean una nube que genera un falso eco al radar. Esto puede hacer que el buscador lo interprete como un objetivo y el atacante se desvíe hacia esa nube. Las contramedidas de EW realizan emisiones que perturban las señales emitidas y recibidas por el radar del misil, tratando de confundirle.

placeholder Crucero Moskva en 2009. (George Chernilevsky)
Crucero Moskva en 2009. (George Chernilevsky)

Esto nos plantea varias posibles respuestas que van desde que los sistemas, al menos algunos de ellos, no estaban operativos o que no funcionan como se esperaba; es decir, que son radares de baja capacidad. Aquí hay que reconocer que los ucranianos tenían cierta ventaja al conocer a la perfección el funcionamiento de los sistemas defensivos rusos y que, en el fondo, los Slava son de diseño antiguo y no son buques antiaéreos, sino para guerra de superficie. También el mantenimiento general y el adiestramiento de la dotación pudo ser deficiente, lo que de alguna manera se refleja en el hecho de que no fueron capaces de aislar los focos de fuego, perdiendo el buque.

Con todo, hay que reconocer que un ingenio antibuque es un enemigo muy peligroso contra cualquier barco. Recordemos el caso del destructor británico Sheffield (de casi 5.000 toneladas), hundido el 4 de mayo de 1982 por un Exocet lanzado por un avión argentino que falló al no explotar la ojiva, aunque el incendio causado por el combustible remanente del motor cohete acabó con el buque. También tenemos el caso de la fragata USS Stark (4.200 toneladas), atacada por un Mirage F-1 iraquí que le lanzó dos Exocet. Ambos impactaron en el casco por el costado de babor justo debajo del puente, quedando toda la zona destrozada pese a que uno de ellos no explotó. A pesar de los terribles daños, la dotación salvó el buque.

Puede que algún día sepamos si el hundimiento del Moskva, con sus casi 13.000 toneladas, fue un ataque o un accidente. En cualquier caso, la flota rusa no queda en muy buen lugar.

Pocas armas quedaban por usar en manos de Rusia y Ucrania. En una guerra como esta, donde la batalla se libra en tierra, los misiles antibuque parecían condenados al olvido. Tan solo los rusos los habían usado en versiones con capacidad dual para ataque a tierra y con ese cometido. Pero todo cambió con el hundimiento del crucero Moskva y un nuevo ingenio de fabricación ucraniana tomó protagonismo, el Neptune.

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