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¿Realidad o propaganda? Lo que esconde el ataque ruso con misiles hipersónicos
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ACCIÓN ENVUELTA EN MISTERIO

¿Realidad o propaganda? Lo que esconde el ataque ruso con misiles hipersónicos

Más allá de la destrucción de un objetivo en suelo ucraniano, utilizar un misil hipersónico podría ser un claro mensaje dirigido a la OTAN para advertir de la capacidad militar convencional de Rusia que no se debe despreciar

Foto: MiG-31 durante un reabastecimiento en vuelo. (Mil.ru)
MiG-31 durante un reabastecimiento en vuelo. (Mil.ru)
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El 19 de marzo, el Ministerio de Defensa ruso anunció el ataque a un depósito de armas ucraniano. No sería nada significativo si la segunda parte de este anuncio no incluyera que dicha acción fue realizada con varios de sus misiles hipersónicos. Podría significar un nuevo paso en la escalada de tensión generada por la guerra en Ucrania. También podría ser un mensaje dirigido a la OTAN sobre la capacidad militar rusa, justo cuando se está poniendo en entredicho. Pero también podría ser una nueva maniobra de propaganda. ¿Qué hay realmente detrás de este ataque?

Foto: Prototipos del Su-57 en vuelo. (Vadim Savitsky).

Según el anuncio del Kremlin, en el ataque se habría utilizado uno de los nuevos ejemplares hipersónicos, el Kh-47M2 Kinzhal, una de esas armas ‘definitivas’ de las que hace un tiempo el propio presidente Putin hacía gala y de las que ya les hemos hablado en este periódico. Entonces se refería a las pruebas de un nuevo misil antibuque, el Zircon, pero implícitamente también se estaba refiriendo al Kinzhal, un ingenio que los rusos ya habían probado unos años antes.

El ataque se habría producido sobre un objetivo estratégico, un depósito de armas (de misiles, se llega a precisar) situado, según la información rusa, en Delyatyn, una población del Óblast (provincia) de Ivano-Frankivsk, al oeste de Ucrania, que ya había sido objeto de ataque unos días atrás. Este enclave está situado a casi 500 km de Kiev. El anuncio iba acompañado de un vídeo del ataque grabado con un dron de reconocimiento Orlan-10.

Algo más que un mero objetivo

Resulta obvio, sobre todo tras el anuncio oficial, que en este ataque hay algo más que la mera destrucción de un objetivo. Desde un punto de vista militar, ese depósito se podría haber batido con diversas armas, desde un ataque aéreo de precisión con bombarderos Su-34, un ataque con misiles de crucero Kalibr, lanzados desde buques o submarinos —que ya se ha hecho—, o un lanzamiento de misiles Iskander, que también han demostrado ser bastante eficaces.

Utilizar un misil hipersónico podría ser un claro mensaje, dirigido a la OTAN, de que Rusia mantiene una capacidad militar convencional que no se debe despreciar, a la vez que deja patente que dispone de armas de alta tecnología que, no hay que olvidar, podrían burlar las defensas antiaéreas más sofisticadas de los países occidentales. Toda una declaración de que, si desde la Alianza hay movimientos que desde Moscú se interpreten como hostiles, se producirán respuestas. Sin embargo, hay unas cuantas cuestiones que no terminan de encajar y que generan muchas dudas sobre la veracidad de este ataque. Antes conviene ver cómo es el misil supuestamente lanzado.

placeholder Armeros rusos trabajando en un misil Kinzhal colocado bajo un MiG-31K. (Mil.ru)
Armeros rusos trabajando en un misil Kinzhal colocado bajo un MiG-31K. (Mil.ru)

El Kinzhal (Daga) es un arma hipersónica para ataque de precisión aire-tierra, es decir, se lanza desde plataformas aéreas para atacar objetivos terrestres. Es un misil bastante grande y, aunque se desconocen muchos de sus datos, su peso podría estar alrededor de los 2.000 kg. Su cabeza de guerra puede ser convencional, con 480 kg de explosivo, o nuclear con ojivas de diferentes potencias. La principal característica es que puede acelerar hasta alcanzar velocidades hipersónicas, de las que en Rusia se ha afirmado serían ‘superiores’ a Mach 10, es decir, más de 10 veces la velocidad del sonido o más de 12.000 km/h. El guiado es inercial con posibilidades de ajuste mediante sistema GLONASS (equivalente ruso del GPS) e incluso por referencias ópticas, aunque esto último hay que tomarlo con cautela.

A esas velocidades y pudiendo maniobrar en su trayectoria, sería un arma muy difícil de interceptar, incluso por sistemas antiaéreos modernos tales como el Patriot para defensa terrestre o el Aegis naval, ambos norteamericanos. Con este misil, según fuentes rusas, se podría atacar un objetivo situado a unos 2.000 km, teniendo en cuenta el propio radio de acción del avión. Con esas características es muy posible que las defensas occidentales actuales tuvieran muy difícil (puede que incluso imposible) su interceptación.

placeholder Interceptor MiG-31P. (Dmitriy Pichugin)
Interceptor MiG-31P. (Dmitriy Pichugin)

La ventaja de lanzarlo desde el aire

El misil parece que utiliza en su parte impulsora la misma etapa que el Iskander, pero tiene una ventaja fundamental al ser lanzado desde el aire. Para ello, se utiliza el MiG-31K, una versión especial del interceptor MiG-31. Se trata de un avión diseñado como reemplazo del famoso y superveloz MiG-25 (el mítico Foxbat) y aunque es un diseño antiguo, de mediados de los 70, se mantiene en servicio gracias a su extraordinaria velocidad máxima de Mach 2,83 (casi 3.500 km/h) a 20.000 metros de altura.

El MiG-31K, del que tan solo se modificaron 10 ejemplares, transporta un único Kinzhal, pero cuando lo lanza a Mach 2,83 el misil ya ha ganado casi un tercio de su velocidad máxima y, además, lo hace a gran altura, por lo que es factible que su aceleración le lleve hasta velocidades próximas a Mach 10. Esto es posible, ya que, a diferencia del misil balístico Iskander, no gasta combustible ni en acelerar hasta casi Mach 3 ni en ganar su altura de vuelo de 20.000 metros.

Este es el motivo por el que este misil únicamente se pueda lanzar desde plataformas aéreas y, además, no desde cualquiera. Se requiere que el avión lanzador sea muy veloz. Por ello, el MiG-31 resulta ideal, aunque también se puede lanzar desde el bombardero estratégico Tupolev Tu-22M3M, la versión más moderna de este ejemplar que alcanza una velocidad máxima de Mach 1,88. En el caso de utilizar el Tupolev, se podrían llevar cuatro misiles, pero, como el radio de acción del bombardero es muy grande, se podría atacar un objetivo a 3.000 km. Esta misma necesidad de lanzamiento a gran velocidad impide que pueda ser utilizado por otros bombarderos, como es el caso del Tupolev Tu-95, un avión mucho más lento.

placeholder Misil Kinzhal colocado en un MiG-31K. (Sputnik Radio-The Diplomat)
Misil Kinzhal colocado en un MiG-31K. (Sputnik Radio-The Diplomat)

Si bien el Kinzhal se sabe que ya se probó en 2018, también es cierto que existe en una cantidad muy limitada y que tampoco están comprobados aspectos críticos tales como la precisión real de dicha arma. Utilizar algo tan sofisticado para un objetivo como un depósito de armas sería un verdadero despilfarro de recursos salvo que, como decíamos, se tratase de un mensaje a Occidente. Pero, en ese caso, tampoco tendría sentido enviar ese tipo de misil hacia un blanco que no se encuentra defendido por una sofisticada red de defensa aérea. Si quieres demostrar que tienes un arma imposible de interceptar, se debería haber enviado sobre algo con sólidas defensas y probar que las supera.

Hay, por otro lado, serias dudas sobre la veracidad del lugar atacado y tenemos varias pistas al respecto. El primer aspecto que no cuadra es la grabación del ataque por un dron. Habría sido normal que el ataque se hubiese monitorizado y que el objetivo estuviese controlado desde antes del ataque. Se habrían analizado las defensas antiaéreas y se habrían estudiado las reacciones de las mismas ante el lanzamiento. Pero hay un pequeño problema.

El dron utilizado para la grabación según parece fue un Orlan-10, un UAV que Rusia utiliza en grandes cantidades para tareas de reconocimiento. Sin embargo, se trata de un modelo táctico de pequeño tamaño. Su radio de acción es de 150 km como máximo y, aunque es cierto que puede volar más lejos en modo ‘sin conexión’, es decir, sin enlace en tiempo real siguiendo una ruta preestablecida, no tendría sentido utilizarlo de esta forma si lo que se quiere es monitorizar un ataque. Y aquí surge la primera incongruencia, porque Delyatyn se encuentra a unos 400 km de Bielorrusia y a otros tantos de Transnistria, lugares más próximos desde donde se podría haber lanzado el dron. ¿Cómo llegó entonces allí?

La posible explicación la dio la publicación especializada en defensa 'The Drive', que realizó una geolocalización de las imágenes del vídeo llegando a la conclusión de que las instalaciones supuestamente atacadas al oeste de Ucrania, en realidad, eran una granja ubicada en la zona este, entre Járkov y la zona de Donbás, un sitio bombardeado anteriormente y a donde resulta fácil enviar un Orlan-10. La geolocalización a partir de fotografías o vídeos supone un trabajo meticuloso de identificar edificios, carreteras, etc., utilizando imágenes de satélite. No es sencillo, pero se consiguen buenos resultados a base de dedicarle tiempo.

También circula un vídeo de ese supuesto ataque donde se ve un misil pasando a gran velocidad. Aunque se trata de algo que hay que tomar con cautela, pues no se ha podido (de momento) establecer su ubicación, de ser cierto y a tenor de lo que se observa, podría ser perfectamente un misil de crucero, uno de los Kalibr que tanto han utilizado las fuerzas rusas.

Algo envuelto en el misterio

Por qué Rusia ha lanzado este mensaje queda de momento envuelto en el misterio. Si el ataque es falso, como así parece, sería un simple acto de propaganda. Por otro lado, los rusos podrían tener interés en utilizar estos misiles en Ucrania, pues, de hacerlo y probarse, sería la primera vez que se utiliza en operaciones reales, aunque también hay cierta polémica sobre ello.

Durante el conflicto en Siria y a mediados de 2021, se desplazaron allí aviones MiG-31. Fuentes rusas afirmaron que se utilizó un misil Kinzhal contra un objetivo que nunca se llegó a especificar y, además, se referían a que ‘fuentes israelíes’ habían monitorizado los vuelos de los MiG-31. Todo muy confuso, pues, si bien lo más normal es que la inteligencia israelí no perdiera detalle de esos aviones rusos tan especiales, todo resulta muy extraño alrededor de esta supuesta prueba del misil hipersónico, por lo que sigue sin estar probado que entonces ya se utilizara.

En cualquier caso, hay demasiadas dudas y aspectos confusos sobre la utilización de estas armas. Pero, aunque fuese falso que ya se hayan utilizado, la realidad es que los rusos tienen esos misiles en algún lado y se podrían utilizar. Hacerlo no estaría exento de riesgos para Moscú. Su empleo podría ser controlado por los drones de reconocimiento norteamericanos, por satélites o por cualquier otra plataforma con capacidades ISR. Si el misil funciona, para los rusos sería un golpe de efecto, pero también desvelarían parte de sus características secretas, como podría ser su velocidad real, capacidad de maniobra y, sobre todo, precisión.

También sería arriesgado si, por alguna circunstancia, quedara algún resto del misil, que sería de inmediato recuperado por las tropas ucranianas, enviado a Occidente y analizado a conciencia para obtener información. Por el contrario, si el misil se utiliza y fracasa, supondría un nuevo golpe de desprestigio para unas fuerzas armadas rusas que no se están desempeñando como se esperaba de ellas.

El 19 de marzo, el Ministerio de Defensa ruso anunció el ataque a un depósito de armas ucraniano. No sería nada significativo si la segunda parte de este anuncio no incluyera que dicha acción fue realizada con varios de sus misiles hipersónicos. Podría significar un nuevo paso en la escalada de tensión generada por la guerra en Ucrania. También podría ser un mensaje dirigido a la OTAN sobre la capacidad militar rusa, justo cuando se está poniendo en entredicho. Pero también podría ser una nueva maniobra de propaganda. ¿Qué hay realmente detrás de este ataque?

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