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11.000 millones para microchips: cómo puede España subirse al tren industrial más deseado
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¿ES SUFICIENTE?

11.000 millones para microchips: cómo puede España subirse al tren industrial más deseado

El Gobierno sigue el plan de otras potencias europeas y anuncia un Perte dedicado a los semiconductores con el fin de atraer inversiones relacionadas con una industria crítica

Foto: Foto: Reuters/Lim Huey.
Foto: Reuters/Lim Huey.
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No se echa en falta algo hasta que no está. Por culpa del covid, la de los microchips ha pasado de ser una industria invisible, cuya eficacia se daba por descontada, a suponer un asunto de primer orden para gobiernos de todo el mundo. El común de los mortales ha tenido que hacerse consciente, a golpe de escasez, de la importancia de los semiconductores no solo ya en los centros de datos, teléfonos de vanguardia o consolas de última generación, sino también en otros productos como electrodomésticos o automóviles, un gremio que ha sido duramente castigado por esta crisis, que a día de hoy aún no ha sido solucionada.

Hay dos cosas que han quedado muy claras después de la pandemia: que la capacidad de fabricarlos está en muy pocas manos y que la mayoría de estas se concentran en el sureste asiático, y son Taiwán y Corea del Sur los países con mayor músculo productivo a día de hoy. Esta situación ha desembocado en una carrera geopolítica en Occidente, donde actores como Estados Unidos o la Unión Europea han preparado ambiciosos planes para que, una vez se supere esta crisis, no vuelva a suceder y de paso recuperar parte de la soberanía tecnológica perdida, propiciada, entre otras cosas, por una política de deslocalización de estos negocios, bajo el pretexto de que allí había salarios más bajos y competitivos

Foto: Ilustración: Raquel Cano.

Este lunes, España presentó sus credenciales para subirse al tren industrial más deseado del momento. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció que habilitaría un nuevo Proyecto Estratégico para la Recuperación y la Transformación Económica (una herramienta más conocida como Perte) dotado de 11.000 millones de euros. Este sería el décimo Perte puesto en marcha. Actualmente, ya hay nueve en ejecución, entre los que se encuentran uno dedicado al automóvil eléctrico, uno en el ámbito de la salud, otro para la digitalización del ciclo del agua, así como orientado a la modernización del sector agroalimentario.

"Los semiconductores son un elemento básico de todos los sectores energéticos y adquieren una importancia geoestratégica mundial en un contexto de transformación digital", ha destacado el presidente durante su intervención en la segunda edición del 'Wake Up, Spain!'. En este sentido, ha afirmado que este paquete ayudará a atraer a inversiones relacionadas con este nuevo programa, "se avanza" para atraer inversiones y nuevas empresas relacionadas con los semiconductores y tecnologías adyacentes.

placeholder Pedro Sánchez. (EFE)
Pedro Sánchez. (EFE)

Este movimiento es el epílogo español de la hoja de ruta puesta en marcha por la Unión Europea. En Bruselas hace ya meses que se marcaron el objetivo de manejar una quinta parte del mercado mundial de chips a finales de esta década. No hay que olvidar que es un jugoso pastel que mueve más de 430.000 millones de dólares anualmente y que es de esperar que esta cifra aumente en los años venideros.

En ocho años, los líderes del Viejo Continente quieren que dos de cada 10 chips que se fabriquen en el mundo se hagan en su territorio. Para ello, han movilizado 43.000 millones de euros en inversiones público-privadas y ha preparado la Chips Act, una especie de ley de chips que ayude a establecer la normativa necesaria para recuperar esa mencionada autonomía tecnológica frente a otras potencias.

Al otro lado del océano Atlántico, también han movido pieza en este sentido. La Administración Biden ha movilizado 52.000 millones de dólares para planes similares. A todas estas cuantías hay que sumar los planes de terceros países, de fuera y dentro de la UE como pueden ser los de Alemania, Francia e Italia.

Foto: Empleados de ASML, finalizando el montaje de una de las máquinas de litografía extrema ultravioleta. (Reuters)

Paralelamente a los esfuerzos institucionales, los grandes protagonistas de esta compañía también han puesto sobre la mesa enormes cantidades de dinero para aumentar sus capacidades a lo largo y ancho del mundo. Saben que faltan chips y quieren hacer más negocio. Samsung dedicará gran parte de los 205.000 millones que ha movilizado para ganar posiciones en este terreno u otros como la biotecnología. El gigante taiwanés TSMC (una 'fundición' que solo fabrica los diseños de terceros y no diseña sus propios chips) ha anunciado que movilizará 400.000 millones en los próximos años. De momento, estas dos compañías han optado por la construcción de plantas en EEUU, decantándose una de ellas por Arizona y la otra por Texas. A estas hay que sumar las plantas que ya tiene Intel en su país, a las que sumará otras dos, que supondrán una inversión de cerca de 18.000 millones de dólares.

Intel se fija en Europa

Europa no ha conseguido, por ahora, convencer a ninguna de las grandes firmas asiáticas para que hagan lo propio. No ha sido así con Intel, que ha hecho de la necesidad virtud y ha preparado un plan de expansión por estas latitudes que podría alcanzar hasta los 80.000 millones de euros.

Hace unas semanas anunció la fase inicial. El premio gordo se lo llevó Alemania, ya que la compañía levantará una megafábrica en Madenburg, para la que invertirá 17.000 millones de euros. De esta manera, el país centroeuropeo se convertirá en la locomotora de los chips europeos, porque también cuenta, entre otras instalaciones, con una planta de Global Foundries en Dresde. La firma estadounidense, algo venida a menos en los últimos años, ha aprovechado la pandemia para reverdecer viejos laureles. Por ejemplo, ha firmado un acuerdo con Ford para desarrollar chips para la industria automotriz. Este grupo anunció que gastaría 6.000 millones en mejorar sus plantas. El grueso de esta partida irá para la factoría que tienen en Singapur, pero 1.000 se destinarán a su instalación europea.

Foto: Foto: A. Cohen/Reuters.

España se quedó fuera de las grandes inversiones que recayeron también en Irlanda, donde ampliará la infraestructura que ya tenía, Italia y Francia. Solo se hizo referencia a la colaboración con el SuperComputing Center de Barcelona, con quien ha colaborado en la exploración de nuevas arquitecturas y con quien se pondrían llegar a desarrollar laboratorios en común, aunque no se puso ni fecha ni presupuesto para ello.

Las preguntas son clave en estos momentos: ¿qué puede hacer España para no quedar descolgado con un paquete de ayudas más corto que el de algunos de sus socios europeos y, evidentemente, al de EEUU? "Es cierto que se puede quedar corto, pero es un paso en la buena dirección", explica Cristóbal Álvarez, docente en ESIC. Algo que comparte Danny Moreno, presidente de la Asociación Española de la Industria de los Semiconductores (Aesemi), que ha definido la noticia como "muy positiva", aunque ha reconocido a Teknautas que la partida podría ser mayor, debido a lo "intenso que es en capital" este sector. "El alcance dependerá mucho de objetivos y las metas que te marques", remata.

El Gobierno anuncia 11.000 millones para un proyecto de microchips y semiconductores.

Tecnologías maduras, mejor apuesta

Obviamente, ni Europa ni España pueden aspirar a solventar algo que han dejado olvidado durante muchos años, como es la carrera por crear los chips más avanzados, de dos o tres nanómetros. Algo que confirma Moreno, que argumenta que la apuesta debe pasar por tecnologías más maduras como las "de 40, 50 o 60 nanómetros", que es precisamente donde se ha producido la escasez y que no requieren una inversión de capital tan grande.

"La industria automovilística, por ejemplo, es una de las que más ha sufrido la escasez. Es una industria importante para España y para otros países. Y ellos no necesitan chips de vanguardia. Ellos necesitan otros nodos superiores como otros tantos sectores que han quedado descuidados", agrega. ¿Por qué ha ocurrido esto? Cuando llegó la pandemia, las malas previsiones de venta hicieron a los fabricantes de coches cancelar sus pedidos. Sin embargo, cuando vieron que la recuperación podría llegar antes de lo esperado, se encontraron con que eran la última prioridad de los grandes suministradores, más centrados en los chips más modernos y que más margen de negocio dejan.

Si a eso le suma que no existen muchas alternativas para fabricar estas piezas y que levantar nuevas plantas conlleva un plazo de algunos años, se entienden los motivos del atasco sufrido. Además, esto cada vez va a ser más importante. La electrónica ya supone un 40% del coste de los coches más modernos y se espera que a finales de la década se acerque al 50%. "Realmente nos afecta a todo. Automóviles, electrodomésticos... Todo lo que nos rodea".

Moreno asegura que su asociación está pendiente de ser citada con la ministra de Industria, Reyes Maroto, a cuyo departamento han presentado varias propuestas en los últimos meses. Afirma que en el sector esperan la consulta pública que debería ser abierta en mayo para recoger las ideas y aportaciones de los diferentes actores de cara a un buen diseño del Perte. "Es importante también que se acuerde del tejido español, que no se olvide de las pymes y de la industria local", afirma. "No podemos dar cabida solo a las grandes empresas en un modelo cerrado porque eso no va a ayudar a crear ecosistema".

placeholder Robots en fábrica de automóviles. (iStock)
Robots en fábrica de automóviles. (iStock)

"Hay que entender este movimiento, muy importante en cifras a nivel nacional, en conjunto. No se trata de lo que pueda lograr solo España, se trata de lo que puede lograr Europa en su conjunto, que a día de hoy está encerrado en la dependencia que tiene de dos polos tecnológicos como son Asia y Estados Unidos", añade Álvarez, que ve "lógico" apostar por chips más maduros, que son los que tienen "una importantísima demanda", para llegar a ese 20%. Aunque muchas veces lo que acapara los titulares y los focos son las fábricas, este explica que la cadena de los semiconductores es muy larga y hacen falta otras instalaciones como las plantas de empaquetado o de ensamblamiento de los chips. "Sea como sea, para lograrlo, la colaboración público-privada con planes como el de España o el de la UE es indispensable".

Foto: Interior de una fábrica de semiconductores. (Getty Images/Mario Tama)

Diseñar, no solo fabricar

Otra opción que Europa y España podrían explorar es no centrarse únicamente en la fabricación, sino también en impulsar la aparición de algún jugador fuerte en lo que se refiere al diseño. Son los denominados 'Fabless', empresas como Qualcomm o Nvidia, que conceptualizan los chips y que posteriormente encargan su creación a una 'fundición' como puede TSCM o la mentada Global Foundries. Intel, por ejemplo, abrirá sus cadenas de producción a encargos de terceros, algo histórico para una empresa que se había limitado siempre a crear y construir únicamente sus circuitos integrados

"Eso es lo que ha faltado en Europa y es donde hay una mayor oportunidad para engancharse a la primera línea. Primero, porque la inversión es mucho menor, como una décima parte de lo que supone poner en marcha una fábrica, y el plazo para rentabilizar el capital es menor", defendía David Carrascal, director de tecnología de PWC Consulting, en un reportaje sobre cómo desapareció la planta de microchips que brilló en Tres Cantos en la década de los 90.

placeholder Foto: Reuters/T. Huley.
Foto: Reuters/T. Huley.

En este sentido, en España se lleva investigando un tiempo una tecnología llamada Risk-V, una arquitectura abierta, que podría ser una tercera vía en la industria a la hora de crear procesadores más allá de x86 (propiedad de Intel) y ARM (licenciada por la empresa homónima y por la que apuestan empresas como Apple).

"Actualmente, las creaciones con Risc-V tienen salidas claras como son los centros de computación, pero también tienen muchas potenciales aplicaciones en el corto plazo en materia de internet de las cosas o la automoción, especialmente con la llegada de la conducción autónoma", explica a este periódico Mateo Valero, director del Barcelona Supercomputing Center, una de las instituciones que más está empujando el desarrollo de esta tecnología. El BSC es la punta de lanza de los proyectos que Europa ha puesto en marcha para consolidar esta tercera vía. A día de hoy, la institución lidera el plan eProcessor, puesto en marcha por la UE y dotado de ocho millones de presupuesto, que persigue el desarrollo y fabricación del primer chip hecho con código abierto. "Es, probablemente, la última gran oportunidad de España y de Europa para poder ser un actor relevante en esta materia".

Esta tercera vía está cerca de recibir un importante respaldo con la creación de un nuevo centro de desarrollo de microelectrónica en Málaga. Se trata de un laboratorio que está presupuestado en 115 millones de euros, de los que la gran mayoría, 87 millones, saldrán del Ministerio de Industria. El resto de la partida, 29 millones, deberá salir de la Junta de Andalucía. El proyecto se ubicará en el parque tecnológico de la ciudad y se espera que cree 250 puestos de trabajo directo.

No se echa en falta algo hasta que no está. Por culpa del covid, la de los microchips ha pasado de ser una industria invisible, cuya eficacia se daba por descontada, a suponer un asunto de primer orden para gobiernos de todo el mundo. El común de los mortales ha tenido que hacerse consciente, a golpe de escasez, de la importancia de los semiconductores no solo ya en los centros de datos, teléfonos de vanguardia o consolas de última generación, sino también en otros productos como electrodomésticos o automóviles, un gremio que ha sido duramente castigado por esta crisis, que a día de hoy aún no ha sido solucionada.

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